Malvinas y Fogwill según Sarlo

 En el año 1983, Ediciones De la Flor publica Los pichiciegos, de Fogwill, escrita durante el transcurso de la Guerra de Malvinas. “La aventura en Malvinas fue para la dictadura militar una ocasión para intentar la construcción de una unidad nacional indispensable a la supervivencia política de su régimen", escribió Beatriz Sarlo en la revista Punto de Vista de agosto de 1994. Una reflexión imprescindible para leer cada 2 de abril.
Sarlo y Fogwill, dos escritores
sin concesiones.
"Si en el teatro de la Argentina continental, durante los meses que duró la guerra, ese objetivo fue parcialmente alcanzado en la medida en que millones encontraron", dice Sarlo, y añade: "en un patriotismo recién descubierto el 2 de abril, un punto de identidad que la dictadura, entre otras cosas, precisamente había corroído; en el teatro material de la guerra, las islas Malvinas, la novela de Fogwill muestra que esa identidad nacional es lo primero que se disuelve cuando sus hipotéticos portadores han sido jugados como peones en una escena donde la debilidad de los principios unificadores se potencia con la proximidad de la muerte".

La pensadora explica que "entender a los pichis es entender precisamente lo que una guerra (no cualquier guerra, sino ésa, la desencadenada por la aventura de Galtieri) hace con los hombres. Con alguna razón, Fogwill ha dicho que su novela no es pacifista. En efecto, el pacifismo plantea los problemas de la legitimidad de la guerra y concluye que la guerra no es un recurso último sino un extremo indeseable. Esa cuestión no es la de Los pichiciegos: la novela no quiere demostrar nada y sus personajes no están en condiciones ideológicas ni discursivas para reflexionar".

Sarlo es taxativa: "Los pichis carecen absolutamente de futuro, caminan hacia la muerte y, en consecuencia, sólo pueden razonar en términos de estrategias de supervivencia. Su tiempo es puro presente: y sin temporalidad no hay configuración del pasado, comprensión del presente ni proyecto. Como muertos futuros, los pichis sólo pueden pensar en un aplazamiento, hora a hora, de ese desenlace, sin dejarse capturar por el desenlace y, a la vez, sin la ilusión de que exista algún tiempo para ellos. En esas condiciones de miseria simbólica, la novela presenta las condiciones de la miseria material y las astucias de las transacciones en un mercado que también es puro presente".

"La novela imagina, así, cómo es materialmente una guerra: la ficción, puesta en situación concreta a partir del registro de las acciones y del inventario de las cosas, piensa cómo es el frío, el dolor de una herida, el olor del cuerpo vivo o descomponiéndose, en situación de guerra", afirma la intelectual, y añade que "se trata de una guerra del siglo XX, la ficción piensa con los números, las cantidades, los pesos, las medidas, las distancias, la materia. Sin héroes y sin traidores (porque la suspensión de los valores en el teatro de esa guerra hace casi imposible su emergencia), la novela evalúa en términos de un mercado de sobrevivientes y, se sabe, un mercado es abstracto en sus reglas de funcionamiento general de intercambios y concreto en la apreciación particular de las mercancías que se intercambian en cada acto”.

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