Atahualpa Yupanqui: Años de soledad

Por E. Simón 
Ilustración: Diego Parpaglione
Un 31 de enero del año 1908, nacía en Pergamino don Atahualpa Yupanqui. Acá un sincero y acaso insuficiente homenaje.

uno 
Es acaso uno de los más profundos compositores de Latinoamérica. Inspiró a músicos de todo el continente y España. César Isella, Violeta Parra, Víctor Jara, Mercedes Sosa, León Gieco, Víctor Heredia, Piero, Daniel Viglietti, Serrat, Sabina y Silvio Rodríguez, son sólo algunos de los cantautores que lo tomaron de referente a la hora de seguir la huella para avanzar en busca de la luz señera.

dos
Atahualpa Yupanqui es una de las últimas leyendas que aún vive en el imaginario colectivo. Porque su canto no se voló por ser liviano. Por el contrario, se difundió de boca en boca y hoy es parte de la cultura popular de América del Sur y de muchos países del mundo.

tres
Nació el 31 de enero de 1908, en Pergamino, Buenos Aires. Ya pasaron más de 100 años de aquel enero. En el campo creció viendo madurar sus sueños de buen paisano y de pobre criollo. Masticó la hierba amarga que suele ponernos la vida entre los dientes. Y de esa amalgamaza sacó sus mejores canciones. “Dicen que no tienen canto / los ríos que son profundos. / Mas yo aprendí en este mundo / que el que tiene más hondura, / canta mejor por ser hondo, / y hace miel de su amargura.”.

cuatro
En Francia, donde vivió sus últimos años, fue un artista reconocido en su plenitud. Un 23 de mayo de 1992, a los 84 años, murió en aquel país lejano y frío de Europa. Su nombre era Héctor Roberto Chavero, pero decidió convertirse en Atahualpa Yupanqui. Nos queda el profundo recuerdo de su canto y su vigüela. Sus maravillosas coplas que pintan los paisajes de nuestra tierra y el sufrimiento del pueblo. Fue un hombre sabio y un artista sencillo. Primero se exilió en París porque era perseguido por el peronismo. Más tarde lo persiguió otro tipo de fascismo, el de la dictadura militar.

cinco
Buen paisano, criollo mestizado con sangre quechua, dejó su legado a toda la humanidad. Su obra se convirtió en la silenciosa prédica de un maestro que hizo de su vida un derrotero peregrino. “Tal vez otro haya rodao / tanto como he rodao yo. / Y le juro, créamelo, / he visto tanta pobreza / que yo pensé con tristeza / Dios por aquí no pasó.”.
Escribió más de 1.200 canciones. Una decena de libros. Sería imposible enumerar acá todo su trabajo.

seis
Una noche de mayo, don Atahualpa tenía que actuar en una ciudad de Francia. Llegó al teatro una hora antes del comienzo. Le dijo a sus compañeros: “Quiero ir a tomar aire fresco”. Caminó hasta el hotel. A la madrugada siguiente, apoyado sobre unas almohadas, amaneció entreverado con la parca. Ni muerto se dobló, estaba sentado. Así volvió a la Pachamama. Dios lo hizo humano, él se convirtió en leyenda.

siete
Pobre viejo, si supiera las cosas que hoy se cantan en su nombre. Bástenos recordar aquellos versos surgidos de su infatigable sabiduría: “Cantor que cante a los pobres / ni muerto se ha de callar. / Pues ande vaya a parar / el canto de ese cristiano, / no ha de faltar el paisano / que lo haga resucitar.”.

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