Falleció el poeta Jorge Leonidas Escudero: Acá una entrevista de hace algunos años

Chiquito Escudero
Con sus 95 años y una vida particularmente apasionante, falleció el poeta Jorge Leonidas Escudero. Acá una entrevista que realizó Ernesto Simón hace seis años para una revista que ya no está en circulación.


El Chiquito, como le llamaban, nació en San Juan, el 4 de septiembre de 1920. En su juventud cursó estudios universitarios mas no concluyó la carrera de ingeniero agrónomo. Dedicó su vida a la exploración minera y a la poesía. 

Entrevista a Jorge Leonidas Escudero
El poeta que bajó de la montaña 

Por Ernesto Simón 
Fotografías: Leo Ponis 
Poesía
Escudero en el patio de su casa, situada
en Trinidad, San Juan.
Es, sin hesitación, uno de los escritores más reconocido del país. Considerado un artista que ha sabido hallar la huella por donde encausar su poesía señera, lleva sus versos al punto de la precisión espontánea. Antes de ser poeta, fue pirquero y cateador. Acaba de cumplir 89 años (la entrevista fue realizada hace años). Vive en San Juan, con su hija. Tiene una vasta obra publicada: más de veinte libros. Acá la charla con un hombre sencillo que supo hacer de su vida un poema constante.

Ni bien llegamos a su casa, nos hace pasar al taller que tiene al final, atravesando el patio. “Síganme el rastro”, dice, y encara al fondo. Escudero es un ser especial. Habla poco, pero cuando se interesa por algún tema, ofrece una charla generosa. En ese cuarto que él ocupa cuando escribe o lee, se descubre un mundo propio. Muestras de piedras recogidas en los cerros, libros, dibujos y un sin número de objetos que convierten al espacio en un sitio místico.

- Cuéntenos de sus años en el cerro, haciendo cateos.
- Yo trabajaba en la Cámara de diputados en el año 1958 y 1959. Me invitaron a ir a los campos y empecé a ir. Renuncié a la cámara, y estuve catorce años en eso. Anduve de pirquinero. Después vine, volví al trabajo en lo público hasta que me jubilé.


Ernesto Simón
Jorge Escudero intercambia con
Ernesto Simón algunos de sus escritos
inéditos durante una jornada cultural.
Sobre su infancia, cuenta que la pasó en San Juan, que nació en 1920, en la calle Santa Fe, antes de Santiago del Estero. Y recuerda un corto tramo en el que vivió en Tucunucu, Jáchal. “Ve esa fotografía donde estoy en un burrito”, dice, “mírela”, y señala un cuadrito blanco y negro colgado en la pared, adonde se ve un chico montado a un burro. “Por lo menos tuve un verano ahí. Eso me dejó impregnado para toda la vida en la búsqueda por las piedras y también por la naturaleza, los árboles, esas cosas”, concluye.

Es difícil remontarse a los orígenes de su escritura. Él siempre cuenta que empezó a escribir porque vio a su madre que escribía una novela, La maestrita de los yarcos. “Por ahí tengo un ejemplar todavía”, aclara, y vuelve a señalar hacia una biblioteca atestada de libros. “Esa la escribió en Tucunucu”, recuerda. “Se basó en una escuelita que había en el pueblo. Y la publicó un montón de años después”.

- ¿Aún conserva en la memoria algo de aquel San Juan en el que nació?, ¿lo ve distinto?
- Sí. Era el San Juan antes del terremoto. Casi todas las casas de adobe se cayeron y dejaron las calles tapadas de escombros.

- Más allá de lo arquitectónico, ¿usted cree que el país cambió en otros aspectos?
- Debe haber cambiado algo. Han influido mucho los medios de comunicación y todo lo que hay ahora. La gente con la televisión y los celulares, todo eso, ha ido modificando el modo de considerar la vida y las relaciones sociales. Veo que las personas se van metido más en la soledad con esa observación de las imágenes que nos dan para que las veamos no más y no reflexionemos.

- ¿Usted publicó todo lo que escribió o alguna vez ha desechado poemas?
- He desechado, pero no completamente. Por ejemplo, nunca he preparado un libro y después me he arrepentido de él. Me he arrepentido de algo que he pergeñado en un poema, y lo he eliminado o modificado, tratando de acercarme más a lo que quiero decir. Y no lo he logrado ni entonces ni ahora. Porque son todos intentos para ver si uno logra expresar eso inefable que tenemos todos respecto a una expresión total.


Comenzó a publicar cuando tenía cincuenta años. En su poesía se escuchan las voces del hombre de campo y de ciudad, del minero y del vagabundo suburbano que busca lleno de esperanzas, como dice el tango. Escudero recibió premios y distinciones. Ha escrito letras de canciones que luego fueron grabadas por distintos autores. El Senado de la Nación le otorgó un Diploma de Honor. Hace dos años fue declarado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de San Juan. Cuenta que cuando era adolescente escribió sobre cosas sencillas, un pájaro o un insecto. “Pero lo que sí decidió la poesía en mí”, recuerda, “fue cuando anduve en el campo, con el tema de la minería, y me relacioné con el modo de vivir de la gente que vive en la montaña, que vive en los valles. Los que viven de la agricultura o la ganadería en poca escala, como decían ellos”. Y agrega: “bueno, esos pensamientos y esas relaciones, de algún modo las reflejé en un libro de poemas, que se llama La raíz en la roca. Como el nombre lo dice, estuve yo arraigado en la montaña durante bastante tiempo. De ahí saqué la temática, no solamente para ese libro, sino que siempre ha aparecido en mis libros el tema de las serranías, las travesías en la montaña y la soledad que la he tratado de expresar de alguna manera”.

- Cuáles son los temas que siempre han estado presentes en su poesía?
- Uno es el tema que ya le dije, el mis andanzas en el campo a raíz de mi afición por la minería. Otro, que es inevitable cuando uno es joven, es la pretensión de ser amado; el amor. Y después, las reflexiones sobre la muerte, que también entran en cada uno. El otro día pensaba: nosotros vivimos, se nos va haciendo tarde, y se hace de golpe la noche y no lo hemos logrado. No hemos logrado la finalidad de trascendencia que interiormente tuvimos.

- Pero en el sentido artístico usted no se puede quejar. Ha sido reconocido dentro y fuera del país. La crítica lo señala como el escritor sanjuanino más trascendente de la actualidad.
- Amén de la crítica. La crítica interior de uno dice que estamos en la búsqueda. Buscamos la expresión absoluta de las cosas y no la hallamos nunca. Estamos en el atardecer y de pronto se nos hace la noche.


Hay un costado que no muchos conocen de este fenomenal poeta, su pasión por el juego. Llegó a pensar en martingalas, métodos y elucubraciones que lo llevaran a ganar. Este es un gran tema en su vida, y quedó reflejado en el libro Los grandes jugadores. Él mismo se encarga de darle sentido a eso y dice: “El juego está presente en mi obra. Para mí ha sido un desafío. Yo apostaba como cualquier ciudadano que piensa que va a ganar, y así le va también. Una cosa es soñar que se va a ganar y otra es ganar. Pero la investigación de eso me llevó a pensar ciertas teorías de juego y ponerlas en práctica”. Entonces remata: “es una búsqueda más que no me llevó a nada, pero me hizo relacionar con otro montón de cosas”.

- ¿Entonces hay un paralelismo entre la búsqueda de la poesía y la búsqueda en el juego?
- Hay un paralelismo, sí, porque es un desafío. El desafío de la poesía es a ver cómo expresas esto. Y expresar los sentimientos es muy difícil. Y lo mismo pasa con el juego. Una cosa es pensar que voy a ganar y otra cosa es saber cómo.

- ¿Cuántos amores recuerda usted haber tenido?
- Le diré que en la adolescencia todos tenemos amores, imposibles muchas veces. Por que se dan las cosas así. Algunos cuajan bien y son definitivos, pero otros quedan en el intento. Después, a través de la vida, conocí a quien fue mi esposa. Y con ella concreté mi anhelo de amor espiritual y de amor también físico. Hasta que ella falleció hace ya como quince años.

- ¿Cuántos hijos tuvieron?
- Dos. Dos mujeres. Una que vive en Ushuaia y trabaja de maestra. Y la otra que vive acá, conmigo.


Escudero hace de su obra un viaje a las entrañas de la tierra y se mete en la fibra íntima de los hombres y mujeres que atraviesan sus días sin saber por qué. Busca respuestas. Señales de algo mágico que se insinúa pero no siempre aparece, esa explicación de aquello que la enrevesada vida nos depara sin pedir permiso. Acaso sea el punto donde las hebras de su experiencia se retuercen para sobrevivir, y se meten en la zona más oscura y sensible de la humanidad.

Siempre recuerda a sus amigos ausentes. Los que ya no están. Dice que ese es un tema que permanece en él. “Realmente nos reuníamos y después, el tiempo nos iba llevando a ser testigos del fallecimiento de esos amigos”, cuenta. “Esa nostalgia me llevó a hacer referencia a esos encuentros”. En uno de sus últimos libros tiene un poema referido al tema. “¿Quiere que se lo lea?”, pregunta. Le digo que por supuesto.  Entonces busca el libro Dicho en mí, presentado en la Biblioteca Nacional. Busca los anteojos. Ubica el poema Todavía. Hace una pausa, aclara la voz y lee: “Me encontré en el suburbio donde vegeto / con otro vegete con el que me junto para recordar ausencias. / He andaba en el Douglas fuimos a ver si aún tomábamos un traguito. / Llegamos. Y entre salu y salu, sacábamos la cuenta de los amigos muertos. / Nombramos uno a uno, y fueron como cuarenta. / Que divertido ¿no? / Hablamos de lo ayer, jamás y nunca. / Nos pusimos alegres. Y cuando conté un chiste, largamos tóces y carcajadas a granel. / Sí, aqué estoy no más, casi en la puerta de nuestra total ausencia”.  

- ¿Pensó alguna vez volver a vivir a la montaña?
- Sí, lo he pensado, pero el medico fue clarito conmigo. Me dijo que no me daba el cuero para hacer las cosas que hacía en la juventud. Me puso un marcapasos y me dijo: “quedate acá en la ciudad a ver que pasa”. (Carcajadas).


Dice que todavía escribe a mano, y que después pasa los poemas en una máquina de escribir que lo acompaña desde hace una pila de años. Por estos días trabaja en la corrección final de su próximo libro. Explica que en ocasiones “algunas letras molestan” para componer la poesía, por eso las anda recortando y las pega con antojo. Algunos de sus títulos más destacados son: La raíz en la roca, Le dije y me dijo, A otro hablar, Viaje a ir, Los grandes jugadores, Aguaiten, Senderear, Verlas venir, Endeveras, Divisadero, Tras la llaveCaza nocturna, A un ira unir y Poesía Completa.

-  ¿Sobre  qué cosa, sensación o situación piensa usted que le faltó escribir?
- Yo creo que lo que no se escribió cuando se tenía cierta energía para acercarse a al expresión total de lo que uno quiere decir ... lo que no llegó, ya no va a llegar. Entonces, a los 89 años, uno mira con cierta nostalgia la posibilidad de manifestarse totalmente, y se conforma con alguna expresión más o menos cercana a lo que sabe que no va a llegar.

- Le gustaría hablar sobre sus años en la montaña ligado a la minería rudimentaria.
- Me ofrecieron ir a buscar minerales a la cordillera. Después me enganché con otros amigos allá para extraer bentonita y plomo. La sacábamos para venderla sin elaborarla. Nosotros no hacíamos los concentrados. Trabajamos también con sulfato de aluminio. De toda aquella experiencia en el cerro, resultó el libro Andanzas mineras.


Última página 
Sus versos llevan un ritmo que parece arrancar y después quedarse. Como una mula retobada que se hace esperar entre paso y paso. Bástenos escuchar a Escudero leer sus poemas para entender esto. Recita acompasadamente, como esperando que la naturaleza respire y exhale. Sus escritos son como la vida misma: un ir y venir que se pierde y se encuentra y se oculta y se manifiesta. Un escurridizo juego que en algún momento, todos lo sabemos, termina en el último latido.



Fragmentos escogidos

Para las cumbres voy donde los guanacos
cruzan cogote con las nubes,
donde si se me cruza un pájaro en la mirada
sea la mejor idea que se me ocurra.


He perdido la cuenta de las ilusiones
que he ido arrojando a esa jauría
para que se entretenga y me olvide.
Pero lo escrito ya está escrito en mí
y deambulo debiendo caminar asiduamente
mientras soy objeto de cacería.

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