Pensar las cosas todos los días para no ser un Tartufo

Por E. Simón
@simondixit 
Por estos días ha rondado en mi cabeza la vana idea del intelectual y su importancia en esta sociedad corroída por un paradigma de Neodecadentismo Irreversible. 

Podrán tomarse las siguientes líneas como una declaración de principios personal, aunque, lo anticipo, no es original para nada. Apoyaré mi razonamiento en pensadores que admiro con profunda intensidad y silenciosa devoción.

Vivimos inmersos en una civilización chata, pobre y reduccionista, que no aspira al debate sino al confort. Intuyo que hoy, más que nunca, el paradigma de intelectual que la sociedad moderna necesita es aquel que escribe filosofando. Bástenos citar a pensadores de la talla de Diderot, D'Alembert, Holbach, Helvétius y Francois Arouet (Voltaire). Estos philosophes anticiparon la figura del intelectual y lo definieron como alguien sin lealtad a nada, excepto a su propia razón; crítico frente a la autoridad, sobre todo frente a los poderosos. Es condición imprescindible que el librepensador sea genuinamente burlón, satírico, polemista y desenmascarador.

Debo hacer acá una aclaración rayana en lo obsoleto: No es al erudito ni al académico al que refiero en este pobre y rudimentario texto. Hablo de aquel ciudadano desdibujado por estos días, cuya preocupación es el presente. Aquel que vive interesado en las absurdas acciones de los gobiernos y se esmera en dejar al descubierto los bochornosos defectos de la sociedad en que vive.

Con los años he llegado a elaborar algunas elementales conclusiones: 
- La razón es La Ley Suprema que debería imperar en toda organización social.
- Es imprescindible declarar la guerra a los mitos, las tradiciones, los dogmas y las supersticiones.
- Es indubitable para mí señalar a la Iglesia como la representante del oscurantismo y entiendo que el cristianismo es particularmente absurdo.

Baptiste Moliere.
No quiero olvidar en esta apocada y breve reflexión al inasible Jean-Baptiste Moliere (1622-1673), cuyo verdadero nombre era Jean-Baptiste Poquelin. Moliere es el creador de la comedia francesa. Su talento para el teatro le permitió tanto escribir, dirigir y aveces hasta interpretar papeles memorables. Moliere, con su obra Tartufo, ha dado nombre al hipócrita. Se trata de un empalagoso farsante que, gracias a su desenfrenada lisonja, se gana la confianza del ingenuo Orgon, un burgués parisiense que goza de una buena situación económica y social. Tartufo se entromete en su vida privada, lo aleja de su familia y se hace con su fortuna, hasta que se delata a sí mismo acosando a la mujer de Orgon.

Tartufo tipifica y da nombre a todos los virtuosos de la hipocresía que hoy abundan en nuestro país y en el mundo.

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