Indio: surfeando avalanchas

Por Marcelo Castro Fonzalida
@mcmarcecastro
Fue una paradoja, pero llegar al barrio después de tanto andar y que nadie camine por una calle, que no estén sembradas las veredas de carpas y que los vendedores ambulantes te ofrezcan sus “choris” o hamburguesas era raro. Fue el final de un viaje agitado y con miles de recuerdos que quedarán grabados en la memoria de miles; tanto por lo bueno que por lo malo.

El Indio Solari convocó a más gente de la que se esperaba. Si bien es cierto que se especulaba en un número, esa cifra quedó atrás tras conocerse la cantidad estipulada que declararon las autoridades de Olavarria. Más de 350 mil personas llegaron a Buenos Aires a ver una vez más al ex Redondo. Pero al final no todos volvieron a sus casas.

Nadie se imaginó mientras se coreaban las canciones del Indio que algunas personas estaban muriendo por una avalancha humana producida por los mismos fanáticos del cantante.

El viaje para ver a Solari fue planeado por todos, hasta los más improvisados tenían en sus mentes como llegar e irse luego de Ji ji ji. Todo estaba arreglado, menos las muertes de jóvenes que dejaron su último aliento en un lugar dónde nadie los cuidó.

El Indio Solari hace rato dejó de ser él. Su vida, sus canciones, su música y sus shows ya no le pertenecen; sus dueños son los millones de personas que lo escuchan y viajan dónde sea para oirlo cantar otra vez. El mito y la leyenda superaron ampliamente al artista.

El olor popular se sentía desde el primer pedazo de tierra que se pisaba en la ciudad dónde el ex líder de Patricio Rey y su banda no pudieron tocar hacía 20 años porque las autoridades municipales no se lo permitieron.

La revancha se hizo realidad y el Indio volvió y cantó, por lo menos tres canciones seguidas hasta que la desidia cobró vida. Luego de una terna de temas el ídolo del rock del país le pidió por favor a sus seguidores que dejaran de avanzar hacía el escenario. Es que en ese momento muchas personas se caían, se desmayaban y eran golpeadas por el tsunami de gente.

El cantante pedía responsabilidad en un momento en que muchos hombres y mujeres no entendían nada. La policía puesta por el municipio bonaerense (si es que estaba) no se vio jamás. Ni una presencia policial en varios metros a la redonda se divisaba. Como si hubiesen liberado la zona. Y como si la presencia de la seguridad pública era garantía para que nadie salga lastimado. Por otro lado la seguridad privada también era poca. En resumidas palabras estaban (mos) solos. Nadie cuidaba de nadie, solo y cada uno de los que había viajado cientos de kilómetros juntos se solidarizaban con el que tenían al lado para que no les pasara nada.

Seguramente la producción del recital tuvo culpa de lo que pasó, pero el Estado municipal olavarriense tampoco se quedó afuera de esto. Ellos sabían o deberían haberlo previsto que la cantidad de gente que iba a visitar su ciudad iba a colapsar el sitio.

La higiene del lugar tampoco fue responsabilidad de los ricoteros ya que no había un solo baño químico y cestos de basura para que la masa fanática deposite sus residuos en algún lugar. Literalmente dejaron a su ciudad a la buena de sus visitantes. Descuidaron no solo a sus habitantes sino también a los que llegaban a una misa más.

Mientras todos al unísono cantaban las canciones del Indio, otros peleaban por vivir. Nadie se enteró de lo que pasaba o por lo menos el ochenta por ciento de los que estaban expectantes a las canciones. Fue tristísimo enterarse por algunos comentarios que había más de un muerto en esa famosa avalancha maldita.

Nadie lo podía creer en lo inmediato, pero pasaban los minutos y la razón le daba la verdad a la euforia de haber hecho el pogo más grande del mundo a medias.

Como nunca, una hora antes del recital las puertas del predio La Colmena de la Rural se abrieron para todo el público, tanto para los que tenían entrada como los que no. “Tranquilo chicos que las puertas están libres para todos” gritaba el ínfimo número de seguridad que estaba apostado en la puerta del predio dónde iba a tocar el Indio.

La pena es inconmensurable. Primero por las vidas que se fueron en un viaje sin retorno y por otro lado saber que luego de este trágico final, tal vez sea la última vez que el Indio se suba a un escenario para cantar.

Mucho se dijo ya sobre el Indio Solari y todavía se sigue hablando. Voces a favor y en contra sobre uno de los shows más convocantes del artista y la historia de la música argentina. Lo cierto es que hubo fallas y esos errores mataron personas; jóvenes con ilusiones intactas en un mundo que está con los pies para arriba.

La politización partidaria del hecho queda atrás, si se toma en cuenta que las letras eternas de Los Redonditos de Ricota y el Indio como solista están cargadas de contenidos. Tal vez es el artista que más imprimió en su lirica los embates de una sociedad que descuidad al ciudadano suburbano y lo despoja de sus derechos.

Todo tiene que ver con todo, menos las muertes. Ahí hay responsables siempre. En mayor o menor medida.

Aún no me saco la remera y no paro de pensar, atrás, en la espalda, decidí imprimir una frase del Indio que dice que “vivir, solo cuesta vida”.

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