Mujeres que hicieron historia, rescatadas del olvido en el cementerio El Salvador

Por Paola Cándido 
(publicado en diario El Ciudadano de Rosario) 
 “La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”, reza uno de los carteles en el cementerio El Salvador, ubicado en Ovidio Lagos 1840. En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y a través de la Secretaría de Ambiente y Espacio Público de Rosario, un colectivo de artistas presentó ayer la performance Funebria donde a través de un recorrido guiado los asistentes conocieron historias de mujeres y relatos que se esconden allí.

Sylvia Lahitte fue quien se encargó de relatar las historias de vida de estas mujeres educadoras, artistas y filántropas con una visible vida pública. A modo de homenaje se mencionó a: María Saroli de Echesortu, Josefina Prats, Lucrecia Castagnino, Dolores Dabat, Agostina Prelli, Margarita Mazza y Hugolina Roldán de Correa, entre otras.

Funebria es la caminante que acompañó el recorrido, representando lo que se le ocurre a cada cementerio: es versátil y es mientras está. En un cementerio de la provincia de San Juan fue una sobreviviente del terremoto.

Para Funebria el cementerio es un lugar de memoria que permite conjurar el terror máximo que tiene cada uno: el olvido.

El cementerio El Salvador se puede entender como un museo a cielo abierto, una racionalidad del espacio, una ciudad de los muertos o un espacio de memoria para los vivos.

Mientras se realizó el recorrido, apareció Lobito, un perro que vive en el cementerio que, cuando llega un cortejo fúnebre, aúlla al lado de la persona que más llora. Y lo acompaña hasta el final.

Ellas
—Lucrecia Castagnino tuvo una personalidad polifacética. Fue gran impulsora del teatro independiente. Nacida en una tradicional familia rosarina, volcó sus cualidades artísticas a la literatura, el periodismo, la traducción, la composición musical, la coreografía y la dirección y actuación teatral. Fundó en Rosario distintos teatros independientes, como el Centro Dramático del Litoral y en Buenos Aires, el Teatro de Bolsillo La Recova, un reducido local para 20 espectadores invitados, donde presentó en los años 60 La Estatua, Los Juanes y el Caleidoscopio. Inició por esa época el Teatro del Jardín Botánico de Verano, el que inauguró con el estreno de su comedia musical ¡Oh! Aquellos buenos tiempos, en 1961. La leyenda cuenta que fue amante de Umberto Eco.

—Josefina Prats participó activamente en las comisiones de la Sociedad de Beneficencia de Rosario, Hogar del Huérfano, teatro El Círculo y Amigos del Arte, entre otras instituciones de beneficencia y culturales.

—María Hortensia Echesortu de Rouillón: el espectro de Villa Hortensia. Dicen que el fantasma de María Hortensia se cansó de prender y apagar luces cuando la mansión estaba abandonada y sin energía eléctrica y que, aún ahora en la casona de Warnes 1917 donde funciona el Centro Municipal de Distrito Norte, los guardias nocturnos suelen ver pasear a “alguien” por los jardines. Creer o reventar.

—María Saroli de Echesortu, alias la Sarolita. Detrás de la escultura de María Saroli, representada como una bella mujer, se esconde una triste historia. Se casó con Aneto Echesortu –hermano de Ciro Echesortu, que fundó el barrio–. Aneto y Sarolita tuvieron dos hijos que murieron muy pequeños. Al poco tiempo murió María. Aneto se volvió a casar y no tuvo descendencia. Su última esposa lo dejó en el mismo lugar con Sarolita.


Memorabilia
Es un espacio diferente dentro del Cementerio, un escenario con valor y sentido de pertenencia concebido desde y para la memoria. Está delimitado por una pared para que no interrumpa donde pasan los cortejos fúnebres. Rostros de ángeles y placas recordatorias ya desalojados del espacio funerario, motivan al observador a hacer una lectura diferente, a resignificar los tradicionales símbolos asociados con la muerte.

Cientos de fotos confluyen en un collage de imágenes, donde aquellos ciudadanos comunes que históricamente han “desaparecido”, de pronto “aparecen” devolviendo la mirada, su imagen proyectada.


Camposanto
El Salvador se edificó como un cementerio monumental por influencia de tradiciones arquitectónicas y urbanísticas europeas. Ocupa unas cinco hectáreas comprendidas por las calles Ovidio Lagos, Pellegrini, Godoy y Francia, donde se emplazan más de 50 mil tumbas, estimativamente.

En ese predio, desde finales del siglo XIX se popularizó la construcción de panteones familiares de gran valor arquitectónico. De esta forma, la necrópolis cuenta con un patrimonio artístico, histórico y cultural que lo convierten en un espacio propicio para el desarrollo de actividades que ofrezcan al público un recuerdo de personajes y vivencias pasadas valoradas por la comunidad.

Actualmente el cementerio cuenta con un patrimonio artístico e histórico digno de rescatar, valorizar y difundir entre los rosarinos y los visitantes de la ciudad. En este sentido, además de los servicios propios que presta un cementerio, se suman aquellos de tinte cultural que ofrecen al visitante recorridos que rescatan parte de la historia.

Los horarios de visita al cementerio: de lunes a domingo, 7 a 18.


LOS ARTISTAS
Los artistas que intervienen en el proyecto participaron en diferentes oportunidades en la Bienal de Performance de la Argentina, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y en el cementerio de Dolores. Organizado por la Secretaría de Ambiente y Espacio Público, tendrán su primera presentación en Rosario. El elenco está formado por Verónica Meo Laos (Funebria) y Mariano Francisco, acompañados por la música de Los Refractarios a la Novedad: Martín Inchausti (guitarra), Silke Eitle (flauta traversa), Pilar Aitana Francisco (fagot).


El perro del cementerio El Salvador se llama Lobito y es una especie de pastor alemán que acompaña todos los cortejos fúnebres cuando llegan. Su particularidad es que se le acerca a la persona que más llora y no la deja sola hasta el final.

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