Yo escribí contra Gioja cuando el periodismo local fue cómplice y sepultó el oficio

Argentinos por nadaPor E. Simón
@simondixit 
Escribí contra Gioja cuando supe que vendería a la Patria. Lo hice en su momento de fuego, cuando estaba armado con todo el poder del feudo que gobernó. Enfrenté y denuncié desde el periodismo y las letras a ese hombre alto, adusto e intolerante, que manejó durante una década el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, más los medios de comunicación, los gremios, las empresas y las hinchadas de fútbol.

Lo hice sin temor, aún a riesgo de ser segregado, atacado o lo que fuera que pudiese hacer en mi contra un cobarde con poder. Sé lo que es enfrentar a Gioja mientras el periodismo vernáculo agachaba su cabeza y sepultaba el oficio hasta nuevo aviso. Hubo excepciones, fueron pocas. Muy pocas.

Convertidos en lisonjeros pagos, los periodistas locales fueron la peor calaña, el mal ejemplo, la ralea putrefacta y la prueba del miedo.

Hoy veo a los periodistas de la aldea golpear a ese pobre veterano acabado y frágil, que desvaría en política y reboza en plata pública confundida en cuentas privadas. Veo con lástima a ese pueblo ovejuno y sumiso atreverse a opinar, luego de haberlo votado una y otra y otra vez, haciéndolo poderoso y abusivo, y a veces cruel.



Escribí contra Gioja sin saber cuál sería mi destino. Lo hice sin contar con la previsibilidad de un puesto en la administración pública y sin la tranquilidad de la pauta oficial. Escribí y dije al Mandamás que era un vendepatria cuando el hombre atravesaba su mejor momento. Fui censurado en los medios, arrojado al ostracismo e ignorado por los colegas que se volvieron partisanos de la canallada y cómplices del robo al Estado.

Él era el hombre más poderoso de la comarca y yo acaso uno de los más insignificantes. Pero alguien, acaso otro loco como yo, me enseño que con la pluma se puede ir al frente de batalla, Y a veces, hasta se tiene chances de ganar. Gracias, Sarmiento, fuiste el loco más audaz e irremediable de este país emancipado que alguna vez quiso ser una república.


Escribí contra Gioja y lo volvería a hacer. Soy ese hombre rudimentario e iluso que enfrentó desde el periodismo escrito al hombre más poderoso del pueblo, aunque otros me creyeran loco y suicida. Y lo hice mientras los colegas me miraban confundidos y sucios, esbozando con impudicia una sonrisa desagradable y grotesca, que dejaba al desnudo la cobardía mediocre que los impregnó para siempre.

Ernesto Simón, autor de esta nota,
denunció el episodio de censura
ante Inadi, ASFCA y
Subsecretaría de Derechos Humanos.
Nunca tuvo respuesta.
Una legión de inmorales y de conciudadanos hipócritas me vio caer y levantarme, y volver a caer. Pero fui testarudo y avancé sin reparo, sin dejarme llevar por el fervor apabullante de un hombre poderoso y ladrón, a quien siempre creí cobarde y mentiroso. Un vendepatria siempre es, en el fondo de sus entrañas, un mentiroso avaro. A ése sujeto combatí sin temor.

Fui librepensador y entusiasta, aún en los peores momentos, y esa actitud me modificó para siempre. Fui, en adelante, más insensible y duro, menos sensible. Agradezco la lección que la vida me ha dado. Aprendí mucho durante esa década y que dejó al país esquilmado y a la provincia saqueada. Supe de mis límites y cavilaciones y fui aquel inconsciente temerario que trocó miedo por escritura.

Escribí, escribo y escribiré para no tener miedo.

Fui, poco a poco, convirtiéndome en anarquista involuntario, librepensador desenfrenado, crítico infatigable y adversario inesperado. Quisieron desaparecer mis ideas y mi escritura, aún hoy intentan fatigar mis esfuerzos. Pero no pudieron. Fueron impotentes e ineficaces.

Esta nota ya no es una nota, es acaso una confesión tardía o una memoria anticipada. Quién sabe.

Quienes quisieron silenciarme terminaron por darme la lección más grande de mi vida: me mostraron cómo son ellos. Así supe que nunca quisiera ser como ellos. Me enseñaron a saber quién no quiero ser. Entonces por fin fui el que escribe inquebrantable hasta convertirse en lo mismo que está escribiendo.

Creyeron en el silencio los que permanecieron mudos. Alguien les hizo pensar que callando se está bien. La quietud de la palabra no lastima, dijeron mientras curaban en secreto sus abominables llagas invisibles.

Año 2013: Corto documental donde se denuncia la censura 
en San Juan por parte del Gobierno de Gioja

 

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