Día de la Tierra: Población mundial, hambre cero y Neodecadentismo

Por E. Simón 
@simondixit 
Como una fruta agotada por la inconsciencia y el apetito voraz de la humanidad, la Tierra empieza a dar señales de agotamiento. Etapa inevitable de un mundo corroído que ingresa sin remedio en el tramo final del Neodecadentismo Irreversible.

Desde el 22 de abril de 1970 se celebra el Día Mundial de la Tierra. Es una fecha conmemorada en muchos países a partir de la iniciativa del senador estadounidense Gaylord Nelson, quien instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la superpoblación, la producción de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales que tienen que ver con nuestro planeta. 

¿Qué hicimos para que todo esto suceda? Y la pregunta invertida: ¿qué hicimos para que esto no suceda? Nadie conoce a ciencia cierta la respuesta, pero todos la intuimos. Acaso la solución esté en la información que traemos en la carga cromosómica. Puede ser. En los genes, dicen, está todo. La preservación también está ahí.


Datos que angustian

>> En el año 1800, la población mundial era de casi 1.000 millones de habitantes. 

>> Hoy, somos algo más de 7.000 millones entre mujeres y hombres que habitamos el planeta. 

>> De la población total del planeta, 795 millones de personas padecen hambre en el mundo y un 98% de éstas viven en países en vías de desarrollo. 

>> Unos 2.000 millones de personas no tienen acceso a comida saludable y nutritiva. Es decir, comen cualquier cosa, lo que se pueda. 

>> La nutrición deficiente es la causa de casi la mitad (45%) de las muertes en niños menores de cinco años. Unos 3 millones de niños muere por esta causa cada año.

>> Uno de cada seis niños, aproximadamente 100 millones, en los países en desarrollo presentan peso inferior al normal.

>> Si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos, el número de personas con hambre del mundo podría reducirse hasta en 150 millones.

>> Cerca de 66 millones de niños en edad escolar primaria asisten a clases con hambre en los países en desarrollo. 



El peligro de acostumbrarnos al Neodecadentismo Irreversible

Debilidad irreversible de los que perdieron antes de empezar la carrera. Competencia mundial donde la perversión gana trofeos que luego se exhiben en el podio adulterado de la canallada primermundista.

Mundo desarrollado contra mundo subdesarrollado, explican los que dicen que saben. La historia se ha hecho demasiado larga. Dos mil años es mucho tiempo como para seguir con esto.

La especie humana ha sido la más corrosiva, la más destructiva y la más invasora de todas las que habita el planeta Tierra. Gracias a la actividad del hombre, hay unas 11 mil especies de animales y plantas en peligro de extinción, ya que han sido degradados sus ambientes naturales.

Cerca de 55 millones de personas por año son víctimas de inundaciones. Esto es debido al incremento de las tormentas. El Consumo ha decidido producir a cualquier precio. La ganancia es el rumbo que marca la brújula que nos conduce hacia el triste horizonte de los que alardean con el Capitalismo. Trampa efectiva de un mundo esquilmado que ingresa sin remedio en el tramo final del Neodecadentismo Irreversible.

Cerca de 1.200 millones de habitantes respiramos aire contaminado. De esa cifra, algo más de 3 millones mueren por año. La causa principal es la liberación de dióxido de carbono que emiten las industrias. Además se libera dióxido para generar energía. Ecuación simple: mientras más energía eléctrica consumamos, más contaminamos el aire y más grande hacemos el agujero de ozono. El siglo de las luces debiera retrotraerse a los tiempos en que era un buen síntoma la amistad. Sentarse en el patio y encender un fueguito, y ahí charlar hasta que llegue el sueño.

La desertificación afecta a un cuarto del total de la superficie de tierra que hay en el planeta. Esto pone en riesgo a unos 1.500 millones de coterráneos. El 40% de la población mundial enfrenta la escasez de agua potable. Ya está faltando, pero no nos damos cuenta. En este caso, el agua no nos llegará al cuello. Al revés: tendremos que hundir la cabeza en pozos cavados en el suelo para ver si encontraos un poco de agua. Paradojas de la vida. Fruta amarga que ofrece un trago mezquino. La Tierra fue una fruta jugosa de la que todos podíamos vivir. Ahora está en riesgo y no estamos haciendo nada. ¿Hasta donde llega la ambición atolondrada de la especie humana?

Hagamos el intento, animémonos a conseguir el Hambre Cero. 
Se puede.

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