El precio que Brasil pagó

Por Diego Castro 
(desde Brasil) 
La República Federativa del Brasil ha vivido en sus últimos años uno de los momentos más difíciles de su historia. 

El país que siempre fue visto como una referencia en América, pasó a ocupar posiciones vejatorias en los rankings de desconfianza y retroceso en el continente, teniendo su ápice entre 2014 y 2016, donde una crisis política inimaginable asoló el país, con consecuencias desastrosas en la economía y Por último, en el campo social.

Inspirada en la idea globalista del dicho "voluntarismo social" y, más aún, en el modelo "bolivariano", paternizada en el continente por Hugo Chaves, el Partido de los Trabajadores que, asumió el poder en el año 2003 con LULA da Silva, se benefició de políticas económicas abiertas, las cuales, cuando oposición, siempre se mostró contrario y, en la situación, se utilizó de éstas como la gran salvavidas de garantía para viabilizar los dichos " "Programas sociales" exhibidos como grandes trofeos de su gestión que, en la práctica, podemos traducir en "fondo" de una gran plataforma de marketing político electorero.

Para entender con claridad y, más aún, fuera del sentido común, sin embargo, aún bajo el riesgo de ser tachado por la "elite políticamente correcta", con las peores etiquetas novilinguisticas a quienes se omiten a pensar divergentemente, es preciso, en principio, el uso del razonamiento lógico para entender el núcleo de la pertinente cuestión: Un gobierno realmente preocupado y dispuesto en combatir la pobreza, no se jactaría jamás con el aumento del número de beneficiarios en sus programas asistencialistas y sí, conmemoraría su reducción, una vez que , la justificación de su objetivo final, sería la erradicación de la pobreza. Sin embargo, esta no es la intención final de un populista. No está interesado en disminuir la pobreza, sino, colectivizarla cada vez más, para que todos se estabilicen en un mismo nivel desigual, inhibiendo toda y cualquier oportunidad de ascenso económico y social, dependiendo siempre del Estado que, embutiéndola Idea de que, por medio de su carismático y soberano "jefe político", va a proveer el sustento y el destino paradisíaco de su pueblo.

Para que no quede tan sólo en escritos de visiones estrictamente personales, a fin de elucidar aún más la cuestión, me sumerja un poco en la oculta historia política occidental que no vamos a ver en los libros didácticos de los currículos escolares-académicos modernos, o, si encontramos, ciertamente aparecerá de una forma bien distorsionada.

Fuertemente influenciado por las ideas radicales del filósofo comunista Antônio Gramsci, que, remodeló de una forma más estratégica, las ideas de Karl Marx, el activista radical Saul Alinsky, hacia la década de los 60, las reenvasó y vendió a correligionarios contemporáneos. Entre estos discípulos, destacamos la pareja Richard Clowerd y Frances Fox Piven, genitores de la llamada estrategia política "Clowerd-Piven". A partir del supuesto marxista de que el capitalismo es la raíz de todos los males sociales y que sólo en un estado colectivista -se lee comunista- sería posible una sociedad literalmente "igualitaria", ambos entendieron que eso sólo sería viable por medio de la totalidad Sobrecarga del sistema, haciendo que todos dependieran del Estado. También se conoció muy bien como "Estrategia de Crisis" que se disipó bastante en los años 60, más precisamente en torno a mayo de 1966, cuando la pareja publicó su artículo "El peso de los pobres" en la revista americana "The Nation" Delineando dicha maniobra. La intención era colapsar la economía capitalista a través de la implementación de una serie de "garantías", en especial, asistencialistas, haciendo que el mayor número de personas posibles dependan del Estado. Esta estrategia fue vorazmente aplicada por casi todos los gobiernos y partidos de izquierda en el continente, con el fin de llegar al poder, mantener y expandir cada vez más su lista de votantes, se valiendo de un ciclo continuo de pobreza.

La continuación del proyecto político de Lula, desaguó con la elección de su sucesora Dilma Roussef, que, llevó al país al abismo, dando continuidad a una catastrófica cíclica y generalizada crisis. En este período, la iniciativa privada nunca fue tan perseguida. Factor este crucial para el desfase de la salud económica del país.

El gasto público irracional tuvo reflejos profundos. El país llegó a tener un déficit histórico de casi US $ 50 BI (o el 2,4% del Producto Interno Bruto) y, como si no fuera suficiente, la gran estatal del país, PETROBRAS - con una dimensión nunca vista antes- fue Utilizado como la gran fuente de corrupción para sostener la entonces elite política. El resultado de tal corrupción, fue el número récord de 12 millones de desempleados, inflación del 11,2% (siendo el 4,5% la meta central), un aumento desenfrenado de la deuda pública , Corte en los programas sociales, en las inversiones de la salud y, peor: en las inversiones de la educación que, aún, fue utilizada como objeto principal de la publicidad de su segundo mandato. A pesar de ello, el principal Banco de Desarrollo Económico del País - BNDES- fue políticamente utilizado, incluso de forma oculta, financiado dictaduras regionales y fuera del continente, con la intención de fortalecer su articulación política externa. En una profunda inestabilidad que, combinada con una gigantesca insatisfacción popular, desaguó en un juicio político, por el cual el legislativo brasileño, bajo la supervisión del Poder Judicial, apartó a la presidenta de la república por la comisión de delito de responsabilidad fiscal-Constitucional- aclarando la utilización de forma Irresponsable y oscura del dinero público que, como explicó las razones arriba, no tuvo otra finalidad a no ser ocultar el catastrófico rombo fiscal del gobierno. El programa populista ya no está en el mando central del poder brasileño. Sin embargo, el país seguirá cosechando, por largo tiempo, los resultados de su fracaso, teniendo que enfrentarse a medidas extremadamente impopulares. Una gran prueba de que, responsabilidad, poder y gestión gubernamental, no se combinan con locura, megalomanía y mucho menos retroceso.

¡Que Dios bendiga a Brasil!

(Diego Castro es Presidente Internacional Organización Latinoamérica Unidad / Líder de juventud brasileña / Activista por la democracia Latino-américana / Estudiante de derecho / Edificador / Columnista del Portal brasileño Vale Sin Fronteras).

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