Amado Game Over

Por Juan Carlos Rotter 
El Cristinismo ya no sólo lo desconoce como al hijo prodigo, lo entrego con pitos y cadenas. El inescrupuloso Boudou pasó de delfín a gusarapo. 

Para su consuelo, sólo queda el acompañamiento de los impresentables de siempre: Mariotto, Delia y Esteche, que están adentro del cementerio con él y con ramos de flores en mano. ¡Sólo resta que los cumpas le cierren el portón y chau pinela!

En el Senado paso de presidente a prescindente hasta para el mozo que le servía café todas las mañanas. No queda registró alguno de este paladín de la política, salvo para un par de senadores fundamentalistas, ni en el libro de sesiones. Ya nadie tiene presente a la esperanza blanca cristinista que podría haber dirigido los destinos de la patria. ¡Y como el movimiento se demuestra andando a otra cosa mariposa!

El elegido por Cristina Elisabet ya no tiene quien le escriba. Ni Ella le atiende el portero eléctrico ni su socio Nariga Núñez Carmona lo invita a tomar unos wiscachos. Como decía el filósofo Oscar Natalio Bonavena “cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo” algo de eso le paso al galán marplatense pero en lugar del ring es a las puertas de la cárcel.

Amado paso de ser un rockstar nac&pop a delincuente común por intentar  pasar al cuarto a sus compañeros revolucionarios y quedarse con la fábrica de hacer billetes. Es cierto que por entonces allí solo se fabricaban papelitos de colores pero en este bendito país uno nunca sabe cuándo se pasa al frente aunque sea por zurda y después ser alabado por la pasta de Campeón. ¡Imagínenoslo a Amado haciendo billetes para todos y todas!

En el momento menos pensado  mientras pernoctas una noche de verano abrazado a tu media naranja te tocan el timbre para embargarte por fraude por el pago de la casa que compraste hace seis meses con guita trucha. Y encima tenes que ir reclamarle a Ale Vandenfrula como titular de la Casa de la Moneda S.A. por daños y perjuicios.

Hay que prenderle una vela a Vandenfrula que se pidió un flete a la madrugada y se llevó hasta el colchón del derpa que le usurpaba a Amado para darnos cuenta que todo era una truchada y salvarnos de terminar engrampados de por vida.

La pregunta del millón. ¿Quién paga este porrón en la mutación populista? Triste y solitario final para el príncipe heredero. Pero como todo pillo que sabe que puede zafar Amado repite a quien quiera oír que oiga; “que solo confía en la justicia”. ¿Será otra picardía del Vicepresidente de la década ganada y de sus secuaces  o vendrá asomando una nueva justicia en la Argentina?

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