Lunes, 12 Noviembre 2018
El tiempo - Tutiempo.net
Miércoles, 17 Octubre 2018 21:50

Hannah Arendt, el jerarca hitlerista Eichmann y el asilo del Pocho Perón a los nazis

Por Ernesto Simón

Cada año se celebra el nacimiento de Hannah Arendt en Alemania, quien llegó al mundo un 14 de octubre de 1906. Un testimonio de resistencia y convicción.

No hace falta decirlo, Hannah Arendt es una autora notable de la filosofía del siglo XX, porque produjo obras fenomenales referidas a la democracia, el totalitarismo y las libertades políticas. Aunque, se sabe, su trabajo más importante fue La banalidad del mal. En realidad, el título completo de la obra es Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Arendt lo publicó en 1963, tras haber asistido como periodista al juicio que se le hizo a Adolf Eichmann en Israel. El texto es un tratado minucioso sobre la condición humana.

Esta es la parte donde entra en escena el pro nazi fascista Juan Domingo Perón. Hay que recordar que el criminal nazi, Adolf Eichmann, había sido secuestrado en Argentina, en 1960, y había sido llevado a Jerusalén para ser enjuiciado por crímenes cometidos contra el pueblo judío durante el régimen nazi de Adolf Hitler. ¿Qué hacía en Argentina este jerarca nazi? La respuesta es sencilla: Hacía lo que muchos otros hacían, se escondía tras haber cometido brutalidades indescriptibles contra otros seres humanos. Huían de la justicia y buscaban disipar sus culpas en este país donde un presidente, el Pocho Perón, les daba asilo sin preguntarles demasiado y tras el aporte de un emolumento que garantizaba la complicidad silenciosa del presidente y de todas las autoridades de su gobierno.

Durante el proceso judicial que se le hizo a Adolf Eichman en Israel se llegó al veredicto de que sus crímenes fueron contra la Humanidad, entonces fue condenado a la horca. Entre los años 1945 y 1951, periodo donde el Pocho Perón gobernó Argentina, entraron al país una cantidad incalculable de militares y civiles que habían participado en el nazismo. En el pago criollo recibieron protección y se les permitió el anonimato que necesitaban para borrarse del mapa por un tiempo.

Arendt, que había sufrido en carne propia los atropellos del nazismo contra los judíos, presenció el juicio y sus reflexiones la llevaron a ahondar en las causas del accionar desmedidamente cruel y malvado de Eichmann. La frase "la banalidad del mal" hace referencia a ciertos aspectos de la conducta humana que llevan a actuar con crueldad extrema, no por maldad intrínseca sino por seguir las reglas del sistema sin reflexionar sobre sus actos. El bien y el mal, dos palabras vaciadas de contenido y banalizadas. Se podría decir, si se me permite el eufemismo, fatalmente relativizadas.

Hannah Arendt detalló que Eichmann no tenía convicciones profundas ni trayectoria antisemita. Tampoco tenía un carácter retorcido ni era un enfermo. Simplemente, hizo lo que hizo para ascender en su carrera. Cumplió órdenes sin cuestionarlas. Sólo perseguía su miserable y diminuto éxito individual. Era un burócrata que no reflexionaba sobre sus actos. Era eficiente pero no tenía sentimientos sobre el "bien" y el "mal".

La importancia del planteo acerca de "banalidad del mal" es que Eichmann sólo es uno más de los criminales que atentan contra la humanidad cumpliendo órdenes y posicionando su carrera. Lo hacen por codicia y, en apariencia, no por malvados. De esta manera, la filósofa advertía la necesidad de estar siempre alertas a este fenómeno de personas "normales", sin perversiones especiales que se convierten en monstruos cuando el sistema así se los requiere.

La frase se popularizó para definir a aquellos que, sin tener una personalidad perversa, son capaces de cometer grandes atrocidades. Hoy el mundo tiene millones de Eichmann dispersados en todas partes. Algunos haciendo el mal sea por acción, omisión o pensamiento. Otros esperando su momento.

Así nos va.