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Sábado, 24 Noviembre 2018 19:24

Barbarie: la Superfinal se suspendió hasta el domingo a las 17 horas

Por Ernesto Simón

Una horda de incultos apedreó el micro Xeneize y Pablo Pérez resultó herido. Hay 16 detenidos por los incidentes que provocaron las bestias salvajes. Se suspendió la final.

Si Ezequiel Martínez Estrada o Sarmiento se levantaran de la tumba, ordenarían expulsar del país a esa legión de animales con morfología humana que no saben convivir en libertad. Son bestias atolondradas y bárbaras, incultas en su mayoría y empobrecidas por la Casta Política.

La Superfinal de la Copa Libertadores, tan esperada en la semana, se atrasó a las 19.45 tras la agresión al micro de Boca que terminó con varios jugadores heridos y afectados por el episodio.

Los casi 2.000 policías y agentes de seguridad que estaban a cargo del operativo, se vieron desbordados ante la llegada de los miles de hinchas que poco a poco se acercaron al Monumental y no pudieron controlar el ataque.

Un claro ejemplo de bestialidad anacrónica y primitiva fue la llegada del micro de Boca al estadio de River, que ingresó a toda velocidad y con los vidrios rotos, producto de los piedrazos de los hinchas millonarios, tan pobres de espíritu y mente, que se lanzaron contra el vehículo en su afán destructivo y violento.

El episodio terminó con varios jugadores del xeneize heridos, producto del estallido de los vidrios. Algunos deportistas tuvieron malestar estomacal, debido al gas pimienta que tiró la policía durante el ataque y que afectó a los futbolistas, que fueron atendidos en el vestuario.

Carlos Tevez, el referente del plantel que conduce Guillermo Barros Schelotto, fue uno de los más afectados. El experimentado delantero, uno de los pocos deportistas del país con cierto grado de cordura, caminó los metros que separaban la puerta del micro con el vestuario al borde del colapso. A Carlitos le costaba reponerse de haber respirado el gas pimienta.

Nahitan Nández también entró mal y muy enojado por lo que había pasado. Pablo Pérez, que no se pudo controlar, le pegó una piña a la puerta del vestuario y casi se lesiona la mano. Se habla incluso de algunos integrantes del plantel que terminaron con cortes.

Casi al mismo momento el atorrante de Rodolfo D'Onofrio, Presidente de River, fue al vestuario de Boca para ver qué había pasado y conocer el estado de salud de los futbolistas. Horacio Paolini, directivo del Xeneize, fue muy claro: "El operativo es un fracaso, reprimían a la gente y nos llegó el gas pimienta a nosotros", aseguró.

En una sala del Monumental se reúnen dirigentes de Conmebol, más los presidente de River y Boca, para resolver cuándo y cómo seguir. La entidad pidió jugarlo a las 18 pero los clubes no quieren, aunque la FIFA, de la mano de Gianni Infantino, presiona para que la final se resuelva este sábado, bajo la amenaza de descalificar al equipo que no quiera presentarse.

Infantino es un mafioso de la primera hora, un desgraciado con suerte a quien no le interesa otra cosa que el negocio del fútbol. Para ese terrible imbécil, los jugadores son esclavos contemporáneos, generadores de divisas. No los ve como personas. Es un discípulo de Baal. 

Los hinchas de River chocaron con la Policía de la Ciudad luego de que cientos de simpatizantes intentaron ingresar sin entrada al estadio Monumental. Producto de los diferentes incidentes, hay varios detenidos y heridos que debieron ser asistidos.

Pasadas las 15 horas, y cuando faltaban 2 horas para el inicio del encuentro, miles de hinchas se apuraron para ingresar a las tribunas del Monumental, lo que provocó la caída de vallas, el choque entre simpatizantes y efectivos y varios heridos.

La serie de incidentes incluyó piedrazos al micro que trasladó a los jugadores de Boca. Incluso, varios de los integrantes del plantel, entre ellos Carlos Tevez y Pablo Pérez, resultaron heridos. El conductor del micro debió ser asistido por una ambulancia.

Fue una desgracia criolla, típica de un país violento y enfermo, intolerante para con el prójimo y con una dirigencia delincuencial y estafadora.

Así nos va.