Martes, 19 Noviembre 2019
El tiempo - Tutiempo.net
Martes, 22 Octubre 2019 11:27

La necropolítica nacional

Por Luciana Sabina

Lejos de lo que el revisionismo actual quiere forzar, Juan Domingo Perón no simpatizó con Juan Manuel de Rosas.

Alguna vez Borges señaló sin anestesia que los peronistas eran una maravilla porque tenían todo el pasado por delante. Observando el despliegue del último 17 de octubre, esa máxima parece increíblemente vigente.

Como sabemos, celebrar el día de la lealtad constituye un clásico, a través del cual numerosos partidarios recuerdan al líder carismático con añoranza.

Juan Domingo une a generaciones y multitudes, que ven en él un ideal. Lo cierto es que, su figura ha sido edulcorada y bastante manipulada en los últimos años.

Siendo un hombre que nació en 1895, respetar al pie de la letra su ideario traería inconvenientes legales. Por ejemplo el 8 de septiembre de 1947 expresó “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores”, mientras que el 7 de mayo de 1952 dijo: “Compañeros, cuando haya que quemar, yo voy a salir a la cabeza de ustedes a quemar”. Todo esto puede observarse en la prensa de entonces y fue recogido por José Sebreli en el libro “Los deseos imaginarios del peronismo”.

Debemos comprender como algo completamente natural el hecho de que su pensamiento no pase los filtros actuales. Pensemos que el “primus inter pares” del justicialismo llegó a ser contemporáneo de Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca, tenía 11 y 19 años respectivamente cuando estos próceres fallecieron. Nos detenemos aquí para señalar algo interesante: lejos de lo que el revisionismo actual quiere forzar, Juan Domingo no simpatizó con Juan Manuel de Rosas. Él admiró a Mitre, Roca y Sarmiento.

Basta con repasar los nombres que dio a los ferrocarriles, o los  textos escolares peronistas, allí el maestro sanjuanino es desatacado.

El joven Perón forjó su pensamiento sobre bases liberales que posteriormente maridó con el fascismo, pues se perfeccionó como militar en la Italia de Benito Mussolini. Por otra parte su modo de entender el papel del Estado, nacionalizando, fue parte del Estado de Bienestar como política económica en todo Occidente. Fue la manera que encontró el capitalismo para evitar el avance del comunismo, mejorando la vida de las masas. El avance en derechos fue parte de este “combo”, como generalmente sucede.

Por lo que es tan ridículo decir que “gracias a Alfonsín podemos divorciarnos” como concluir que “gracias a Evita las argentinas votamos”.

Más allá de estas consideraciones, resulta llamativo el uso que aún hacen de la figura del caudillo. Perón sirve como una especie de escudo a los políticos que hoy se presentan como sus continuadores. Pueden menospreciarse o denunciarse mutuamente de manera grave, pero todo se olvida entonando juntos la “marchita”. Basta con googlear a Sergio Massa para refrescar nuestra  memoria. El general los aglutina y terminan practicando una especie de “necropolítica”, sumando a Evita y al mismísimo Néstor Kirchner. Las ideas, las acciones pasadas, las causas en la justicia no interesan, sólo importa Perón. Aunque después de ganar lo envíen de regreso al pasado.

La pregunta que nos hacemos muchos es ¿Por qué esta mecánica funciona? Bueno, llamativamente una gran cantidad de ciudadanos argentinos, independientemente de su ideología o partido, militan esgrimiendo razones sentimentales. Como si se tratase de un equipo de fútbol al que adhieren por tradición familiar. Reminiscencias de otros siglos, cuando el sistema político se estaba aún conformando. Esperemos que con los años semejante falencia mengüe para que, finalmente, dejemos de tener tanto “pasado por delante”.

Fuente: diario Los Andes