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Santo Don Orione y las 10 profecías sobre el futuro de Argentina

En el año 1937, el padre Don Orione dejó predicciones sobre el futuro de Argentina. Sus seguidores creen que anticipó el golpe de Estado de 1955 y el Cordobazo.

El sacerdote italiano, Luis Orione, quedó inmortalizado en Argentina y en el mundo luego de que fuera santificado el 16 de mayo del 2004.

En la plaza San Pedro de Roma, ordenado por el Papa Juan Pablo II, el nombre de Don Orione fue grabado a fuego para siempre en los argentinos y argentinas.

San Orione dio a conocer sus predicciones allá por el año 1937. Con el correr de los años, sus vaticinios cobraron valor ya que algunos creen que anticipó la Revolución Libertadora, ocurrida en el país 1955.

Revolución Libertadora fue el nombre con el que se autodenominó la dictadura cívico militar que derrocó al entonces Presidente Juan Domingo Perón en aquel año.

No obstante, otras predicciones comenzaron a ser recordadas unos años más tarde. En las épocas del Cordobazo, a fines de los años 60, también habría sido una profecía de Don Orione.

Incluso, todavía hay predicciones que aún no se explican hasta el presente, y que pueden ocurrir a lo largo del siglo XXI, ya que el santo dató algunas de sus profecías para este período.

Predicciones

Algunos historiadores escribieron sobre las predicciones del cura. La más conocida es su anticipo en 1937 de la quema de iglesias, algo que ocurriría en el año 1955.

Además, predijo que "el dictador no iba a morir en la revolución". El antiperonismo de la época de la Revolución Libertadora atribuyó ese vaticinio a los sucesos de 1955 y "el dictador" sería el Pocho Perón.

Don Orione vaticinó que "el golpe de estado no iba a solucionar los problemas del país". Dijo también que los sucesores del golpe de Estado serían "gobiernos anodinos". Estas dos predicciones podrían considerarse cumplidas: Ni el golpe militar solucionó nada y los gobiernos democráticos fueron anodinos.

La quinta, la sexta y la séptima se reflotaron en la época del Cordobazo. Son las que adelantaron que "Córdoba se iba a convertir en un hervidero", que "el caudillo (lo dijo por Perón) iba a regresar al país" y agregó que "ríos de sangre iban a correr en Argentina".

Las últimas predicciones son difíciles de explicar tanto para sus seguidores como para sus detractores, porque aún no se han cumplido. 

La octava, por ejemplo, anuncia que "un presidente será colgado en la Plaza de Mayo".

Don Orione vaticinó que "la bandera no flameará por dos días en la Casa Rosada" y que, finalmente, "se encontrará la paz y la tranquilidad cuando un hombre del norte, católico, gobierne por muchos años".

51 años de "El Cordobazo", la huelga general que desafió a la dictadura militar de Onganía

Dirigentes sindicales de la izquierda clasista y el peronismo organizaron hace 51 años El Cordobazo, una huelga con movilización que ganó las calles de la capital de la provincia mediterránea y que desembocó en un estallido social que hizo tambalear a la dictadura militar de Juan Carlos Onganía.

En mayo de 1969, el descontento popular contra el régimen militar, instaurado tres años antes con el derrocamiento del Presidente radical Arturo Illia, comenzó a manifestarse con huelgas y marchas en las ciudades más importantes del país.

El gobierno de Onganía, además de infringir las libertades públicas, imponía una política de congelamiento de salarios de la mano del ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena, por la que se derogó la Ley del "sábado inglés", una medida que establecía que cada hora trabajada después de las 13 de esa jornada, debía pagarse doble.

En Córdoba, por esos años el centro de la industria automotriz y metalmecánica, el rechazo a la medida fue generalizado y, a pesar de las divisiones, el movimiento obrero alcanzó rápidamente un acuerdo para realizar una huelga general.

De esta forma, Agustín Tosco, dirigente de Luz y Fuerza enrolado en la izquierda clasista y referente de la CGT de los Argentinos, acordó junto con Elpidio Torres (Smata) y Atilio López (UTA), ambos de extracción peronista, la realización de un plan de lucha.

El viernes 16 de mayo, los trabajadores realizaron un paro por 24 horas con alto acatamiento, y la respuesta del gobernador de facto, Carlos Caballero, fue decretar un aumento salarial para la Policía.

En un plenario, celebrado el miércoles 21 de mayo, los dirigentes gremiales redoblaron la apuesta y convocaron a un paro activo de 37 horas que se iniciaría a las 11 del jueves 29 de ese mes en curso.

Esa mañana de jueves, la capital cordobesa amaneció sitiada por la Policía, que se apostó sobre los puentes ubicados sobre el río Suquía.

Los primeros choques ocurrieron en torno a los puentes sobre la cañada del Suquía, y, cerca de las 13, la policía no pudo contener la movilización que, a pesar de los gases lacrimógenos y las ráfagas de FAL, rebasó los bloqueos.

Ante esta situación, Onganía ordenó al Tercer Cuerpo de Ejército retomar el control de la capital mediterránea, lo que pronto se concretó con aviones de la Fuerza Aérea sobrevolando la ciudad.

Si bien el Ejército evitó el combate nocturno, retomó barrio por barrio el control de la ciudad de Córdoba en las primeras horas de la mañana del viernes 30, mientras dispersaba a los últimos grupos de manifestantes.

Tosco fue detenido en la sede de Luz y Fuerza y se lo sometió a un Consejo de Guerra, que lo condenó a 8 años de prisión, al igual que a Torres, a López y a otros dirigentes.

Sin embargo, tras 17 meses de prisión, todos los dirigentes detenidos recuperaron la libertad y volvieron a Córdoba para retomar la actividad sindical.

En términos políticos, la consecuencia inmediata significó la pérdida de legitimidad de Onganía, que se manifestó con la renuncia del ministro Krieger Vasena, el 4 de junio, menos de una semana después del Cordobazo.