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El cine de David Lynch

Desde siempre el cine se ha ubicado del lado del realismo, de la fábula clásica, con actores que respondían a algo tan artificial como cualquiera de las posiciones en donde se ubica esta estética.

La finalidad siempre ha sido alcanzar esa realidad que se nos escapa constantemente. Pero, aun en películas cuyo paradigma es el naturalista, este realismo, se presenta extraño, armado, lejos de lo que nosotros entendemos por sucesos de la vida.

Y es que el arte no es la vida. Sólo puede acompañarla creando un objeto que indague en ella, pero con una autonomía propia. Y es que el hecho artístico puede nutrirse de la vida, pero nunca pretender ser ella.

En el cine sólo cuando un film ha vencido sus propios lugares comunes, esto es, con un guion que se aleja de los gustos e imposiciones del mercado, de las preceptivas de toda estructura dramática ortodoxa, o de los clichés propios de las técnicas de actuación, sólo allí, se asemeja, se acerca, a ciertas instancias de lo real.

Entonces gracias a los tiempos muertos, los diálogos que no pretenden nada, las actuaciones que se dejan transcurrir en busca de ese momento inasible que da lo vivo, el cine va acercándose a eso que llamamos realidad. Es decir, el devenir de hombres y mujeres en este mundo.

Y esto es lo que hace, de algún modo, el cine de David Lynch. Este cineasta que ha indagado desde sus primeras experiencias en el terreno de lo onírico, de lo siniestro, llevando parte de su saber en las artes plásticas a su cine, ha comprendido algo muy interesante que tiene esta herramienta artística: para acercarnos a la dimensión de lo real, de nuestro suceder en el mundo de hoy, tenemos que encontrar una forma periférica, un comprender la fábula desde otro lugar, sabiendo que hoy, más que nunca, que el que termina de construir el mensaje es el espectador. Es decir, otorgar la posibilidad al espectador de ser tan creativo como el artista mismo.

En uno de sus primeros trabajos Eraserhead (1977), traducida como Cabeza Borradora, David Lynch entraba de lleno en un mundo sombrío, absolutamente extraño, más cerca de los sueños que de un relato lineal. Tardó seis años en concretar esta película, pues nadie quería financiarla. Hoy es un objeto de culto.

La historia de un hombrecito nervioso que trabaja en una imprenta, le sirve a este director para presentar un conjunto de imágenes y de hechos, casi inconexos, que poco a poco producen un hondo efecto en el espectador.

En otros trabajos, quizás los más destacados de su filmografía, Blue Velvet (1986) y posteriormente Mulholland Drive (2001), Lynch llega al fondo de la cuestión. Esto también, lo podemos encontrar en su serie para la tv: Twin Peaks (1992) y sobre todo en su tercera temporada en 2017. En estos trabajos, desarrolla todo lo que ha comprendido de su propio lenguaje.

Allí puede describir la maldad como ninguno, la soledad, el misterio de la vida y la muerte. Y sobre todo: minar lo que entendemos por realidad. Pues, a la manera platónica, sabe que el mundo sensible donde nos movemos es una mera copia de aquel otro, el mundo ideal. Sólo que, para David Lynch, por una paradoja que describe lo que es el hombre mismo, no hay Bien en ese otro lado. Todo lo contrario.

Para resumir, podemos contar cualquier clase de historia, basta que las enfoquemos desde otra mirada, libre de los prejuicios y las formalidades que la misma forma del cine nos impone.

A los 78 años, murió David Lynch, gran cineasta y creador de la serie Twin Peaks

El director y cineasta llevaba varios meses batallando un enfisema pulmonar que le provocó el tabaquismo. Entre sus películas más destacadas sobresalen Dune, Blue Velvet, Mulholland Drive y Lost Hoghway.

David Lynch, creador de notables obras como Blue Velvet, Mulholland Drive y Twin Peaks, falleció este jueves a los 78 años.

En 2024, el artista anunció que había sido diagnosticado con enfisema pulmonar causado por su adicción al cigarrillo y que, probablemente, ya no iba a tener las fuerzas para salir de su casa a dirigir proyectos.

Su familia fue la encargada de difundir la triste noticia de su partida: "Hay un gran agujero en el mundo ahora que ya no está con nosotros. Pero, como él decía: Mantén la vista en la rosquilla y no en el agujero", escribieron a través de un posteo en su cuenta de Facebook. A su vez, la familia del cineasta pidió privacidad en este difícil momento.

Un cineasta de culto

David Lynch comenzó su carrera como pintor antes de incursionar en el cine, con cortometrajes animados y de acción real.

Su primer largometraje, Eraserhead (1977), se convirtió en un clásico de culto en el circuito de proyecciones de medianoche.

La obra, realizada durante cinco años, llamó la atención de Mel Brooks, quien contrató a Lynch para dirigir The Elephant Man (1980). El drama sobre John Merrick, un hombre deformado que vivió en la Inglaterra victoriana, recibió ocho nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo mejor director para Lynch.

A pesar de este éxito, su carrera tuvo altibajos. En 1984 dirigió Dune, una adaptación del clásico de ciencia ficción de Frank Herbert que fue un fracaso comercial y crítico.

Sin embargo, Lynch se recuperó con Blue Velvet (1986), un relato inquietante sobre el lado oscuro de una pequeña ciudad estadounidense, y con Wild at Heart (1990), que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

En televisión, Lynch revolucionó la narrativa con Twin Peaks (1990), creada junto a Mark Frost.

La serie, que seguía la investigación del asesinato de la estudiante Laura Palmer, introdujo temas tabú y elementos sobrenaturales en la televisión de horario estelar, obteniendo 14 nominaciones a los Premios Emmy en su primera temporada.

Aunque perdió audiencia en su segundo año, Twin Peaks mantuvo un culto de seguidores que impulsó una película precuela (Twin Peaks: Fire Walk With Me, 1992) y un renacimiento en 2017 con una tercera temporada en Showtime.

Entre sus otras obras destacadas se encuentran Lost Highway (1997), The Straight Story (1999) y Mulholland Drive (2001), esta última considerada una de sus películas más aclamadas y por la que recibió una nominación al Oscar como mejor director.

Además de cine y televisión, Lynch exploró otras formas de expresión artística. Exhibió sus pinturas en galerías internacionales, publicó discos de música experimental y fue autor de un cómic titulado The Angriest Dog in the World.

Como defensor de la meditación trascendental, fundó la David Lynch Foundation para promover esta práctica.