El Gobierno no quiso que la información trascienda, pero hubo un plan de evacuación porque los barrabrava habían tomado la Casa Rosada y eran jefes en el Patio de las Palmeras.
Desde el Gobierno nacional optaron por culpar al Gobierno de Ciudad Autónoma por el desmadre durante el velorio de Diego Maradona.
La situación se puso áspera durante aquel jueves de euforia, donde el coronavirus pasó a un segundo plano y el caldo de cultivo para contagios masivos fue obra del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, su jefa.
El velorio de Diego Maradona tuvo momentos de angustia y tensión en Casa Rosada. Los barrabrava estuvieron a metros del Presidente Fernández y la Vicepresidenta Cristina fue llevada a la oficina de Wado de Pedro por seguridad.
Como si fuese el endeble alambrado de una cancha de fútbol, los fanáticos que fueron a despedir al ídolo sintieron que eran locales: treparon sobre las rejas de la explanada de calle Balcarce e invadieron la Casa de Gobierno como muestra de manada organizada, lista para cualquier irracionalidad.
Además, inquietó sobre manera la presencia de Rafael Di Zeo, exlíder de la barrabrava de Boca. Fue uno de los protagonistas cuando hicieron rodar por el piso el busto imperturbable del expresidente Hipólito Yrigoyen.
El punto cúlmine de aquella pasión arrolladora y violenta sucedió unos minutos después de que ingresara Cristina Kirchner, a quien un grupo de fanáticos alcanzó a ver y hasta le gritaron improperios irreproducibles.
Hacía unos segundos, Alberto Fernández había salido al balcón, acaso para experimentar qué se siente ser un émulo de Perón, y por qué no de Evita. El general Galtieri ya había caído en la misma tentación hace algunas décadas, en 1982, durante la Guerra de Malvinas.
Ese balcón está embrujado, tiene algo. Todos quieren estar ahí. Hasta Diego pasó por el bendito balcón y no una vez, sino varias. Macri bailó al rimo de Gilda y Alfonsín anunció que "la casa está orden". Menem saludó también desde ese lugar energizado y esotérico al que llegan muy pocos ciudadanos.
En el equipo de seguridad de Casa Rosada evaluaron evacuar al presidente. Un conspicuo agente que se encarga de seguir los pasos del mandatario recordó que esta situación "no se vivía desde que Fernando de la Rúa huyó en helicóptero", en diciembre de 2001.
Lo cierto es que Eduardo Wado de Pedro refugió a Cristina en su despacho hasta que se calmó la situación. El ministro del Interior no podía creer lo que se estaba viviendo en Casa Rosada. Mientras tanto, Santiaguito Cafiero, el hippy snob, brillaba por su ausencia.
Fue el momento en que el intrépido Wado de Pedro salió a dar batalla por Twitter. Le exigió al Jefe de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y a Diego Santilli, "que frenen ya esta locura que lleva adelante la Policía de la Ciudad". "Este homenaje popular no puede terminar en represión y corridas a quienes vienen a despedir a Maradona", agregó el temerario ministro.
Otra que salió a hacer la revolución por Twitter fue la Ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, quien expresó: "Deslindamos responsabilidades a las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales de los incidentes registrados, debido a que los mismos han sido generados por la policía de la CABA".
Finalmente la horda de argentinos salvajes fue controlada y la seguridad de los integrantes de la Casta Política no sufrió daños físicos. Apenas un inesperado susto.
Nada más.