Argentina está devastada. Lo que no se vio es que antes de la debacle del sistema político, es que el modelo económico se había fundido hace más de 15 años.
Después de la salida de la convertibilidad en el 2002, Argentina creció por exportaciones, inversiones directas, marcado interno y gasto público.
Pero en el kirchnerismo en su afán por perpetuarse en el Poder hizo crecer tanto el gasto público, el consolidado entre Nación, Provincias y Municipios pasó del 24% al 45% en lo que se refiere al Producto Bruto Interno, y se incentivó el consumo interno, hasta que el Gobierno comenzó a consumirse los superávit fiscal, comercial y energético, perder las reservas del Banco Central, que eran mayores a la base monetaria, los excedentes bancarios, habían más depósitos que préstamos, y dejar de contar con un dólar competitivo para el mercado externo.
La respuesta a la crisis auto provocada por el Gobierno de CFK con, ¿el hoy presidenciable?, Axel Kicillof fue poner el "cepo cambiario" y aumentar la presión Tributaria.
Dos medidas básicamente letales que, con honrosas excepciones, pero de modo parcial y por un breve lapso, Gobierno de Macri, nos llevaron a la destrucción de la economía, la multiplicación de pobres e indigentes, y al vaciamiento del Estado, que dejó de cumplir sus funciones Constitucionales y quedó en manos de una asociación ilícita para saquear las arcas públicas conforme alegato de los Fiscales en la causa por corrupción de Vialidad Nacional en Santa Cruz contra CFK y otros.
Estamos los argentinos como los europeos o los japoneses después de terminada la Segunda Guerra Mundial; en la obligación de levantar el país con la convicción que no debemos cometer los errores del pasado reciente en materia económica, con la esperanza que la interminable decadencia dé lugar a un ciclo de estabilidad y porque no, de crecimiento y distribución equitativa de la renta.
En ello entra la política.
Mientras el otrora oficialismo discute su interna como si el 2027 fuera para San Juan, el 2019 para el país, el retorno al Poder nacional de CFK y su frente político, la ciudadanía provincial se debate entre aguantar o no aguantar el fenomenal ajuste del Gobierno Libertario.
Esta es la cuestión, como hacer para que el esfuerzo infinito de una sociedad harta de tanta malaria y frustración en un País que no deja de retroceder no sea víctima de una nueva frustración.
El Gobierno de Milei perdió la oportunidad histórica de revertir esa decadencia eterna. No haber salido del "cepo cambiario" y eliminado el "impuesto país" al toque de asumir en vez de mega devaluar y fijar una tablita devaluatoria al 2% mensual a lo Martínez de Hoz; llamando a los Gobernadores y Congresistas a un "Pacto de Diciembre o Enero" solo para acordar reglas para recuperar un dólar competitivo, pro exportador y atractivo para las inversiones, y una reforma tributaria (al 10/12 debió tener al menos un proyecto de reformas en lo tributario y laboral) como condición sine qua non para ingresar a posteriori a la etapa de la "sintonía fina" para reparar la economía.
Pero para eso había que hacer política, pero la retórica anti casta y la concepción sobre la naturaleza corrupta de los acuerdos políticos dentro de la forma de Estado Federal y Republicano que tiene la Argentina, lo impidió.
Hoy la economía del país, como es su estado normal, está atada con hilos. La sombra de una nueva devaluación y una profundización de la recesión pone en riesgo su principal logro que fue parar la inercia hiperinflacionaria que nos legó Sergio Massa.
No basta ni el DNU 70/23, su vigencia es el mayor apoyo del Congreso a un oficialismo con representación ínfima en el mismo, ni la Ley Bases (ni sus emergencias, superpoderes, moratoria y blanqueo) ni la adhesión del RIGI por parte de la provincia de San Juan, ni el acta de Mayo, 10 voluntariosas buenas intenciones, si antes este País no resuelve, no se pone de acuerdo sobre dos cuestiones: el valor del dólar (competitivo y pro exportador, a mi entender, por oposición a un dólar barato que promueva la importación y el consumo); y ponerle fin a la corrupción (reparando las Instituciones Republicanas).
Por lo pronto estamos lejos de ambas metas, pues el Gobierno juega a la mesa de dinero para reducir la brecha cambiaria, y sostiene al Juez Lijo para la Corte Suprema de la Nación.