En el Predio Gaucho José Dolores de Rawson, y ante un público multitudinario que superó las 30.000 personas durante la Fiesta de la Destreza Criolla y el Folclore, Orrego y Munisaga mostraron que el oficialismo y la oposición conviven en un sano engranaje de supervivencia, hasta que pase la ola libertaria que viene arrasando desde hace tiempo en las urnas.
Extraña conjunción, buenos modales, mutuos agradecimientos y, casi seguro, la mirada puesta en las elecciones del 2027, donde quizá deberán enfrentar la tendencia libertaria en las urnas.
Sucede que la derecha liberal es el nuevo fetiche de los argentinos, sobre todo en la franja etaria de jóvenes y adolescentes, que ven en Javier Milei una propuesta acorde a sus vivencias generacionales.
Ni Marcelo Orrego ni Carlos Munizaga comulgan con esa derecha que propone ajuste, achicamiento excesivo del Estado y una suerte de filosofía basada en el "sálvese quien pueda".
Milei cree que un joven de Formosa, que acaso no terminó la escuela, tiene las mismas posibilidades de progresar que un muchachos de Ciudad Autónoma, egresado del Colegio Cardenal Newman de Buenos Aires.
Bajo esa mirada, es casi un hecho que las generaciones venideras deberán enfrentar una competencia desigual, con chances dispares, con injusticias de clase y con todo aquello que el ya descartado Karl Max explicó cuando habló de una "falsa conciencia", donde los trabajadores, debido a la ideología dominante o la alienación, no perciben su explotación y aceptan las reglas del capital.
Engranaje de convivencia hasta que pase la tomenta
Obviando el análisis que presenta esta rudimentaria nota, se entiende que ninguno de los dos está consustanciado con el paradigma libertario que presenta un Javier Milei que desconoce la extensión y la realidad argentina.
Munisaga ha mostrado en numerosas oportunidades su política, ejecutando programas de asistencia al ciudadano, dando señales de un Estado presente y vinculándose cara a cara con los vecinos de Rawson.
Por su parte, Orrego, también muestra un esquema de Estado presente, donde no se desentiende de los problemas de los ciudadanos. Durante sus dos primeros años de gestión puso especial atención en una administración económica y financiera ordenada, además de destinar esfuerzo y recursos en Educación, Salud y Seguridad, tres ejes que ya había anticipado en su campaña, cuando se lanzó como candidato a gobernador de San Juan.
Orrego sabe bien que desde Nación los recursos enviados son cada vez más escuálidos, y ha debido arreglárselas con lo que llegó a San Juan en concepto de coparticipación. La situación es difícil pero no imposible. Son nuevos tiempos y el paradigma cambió su eje de manera diametrial y brusca. Los gobernadores de todo el país debieron adaptarse a la nueva realidad económica y financiera.
El gobernador de San Juan es un dialoguista por naturaleza y mantiene muy buenas relaciones con el Ministro del Interior, Diego Santilli y con Lule Menem, hombre del círculo rojo del Presidente Milei y su hermana Karina. Esto abre una especulación sobre un futuro acuerdo monitoreado directamente desde Casa Rosada, aunque por ahora es muy prematuro analizar ese esquema.
Frente a este esquema, que podríamos denominar como "presente político", La Libertad Avanza vernácula se organiza en todos los departamentos, aprovechando la tendencia en alza de Javier Milei. Es por eso que José Peluc, líder del espacio, dejó en claro que el partido libertario competirá en 2027 sin intenciones de alianzas.
Además, está claro que si La Libertad Avanza tuviese buenos resultados en San Juan, el ajuste no se haría esperar, y el achicamiento del Estado sería una realidad palpable.
Cuidado, no se tome este análisis como una critica impía a los espacios políticos mencionados, por el contrario, es una lectura pausada y minuciosa de las ideologías que hoy gravitan en San Juan.
El juego está abierto y las amistades y buenos modales, por ahora, son una cuestión del futuro. Todavía no es la hora, es cierto, pero sí hay señales como la que se advirtió este sábado por la noche en el Predio José Dolores de Rawson.
Orrego y Munisaga, cada uno en su espacio, concentran una cantidad importante de votos. Ambos quizá busquen la reelección en sus respectivos territorios. Uno es gobernador, el otro quiere serlo.
Los buenos y cordiales modales a veces importan, y una sana convivencia puede llegar a convertirse en un engranaje efectivo que podría favorecer a todos los sectores políticos que forman parte de esa maquinaria impredecible y vertiginosa que algunos llaman "elecciones".
Habrá que ver.