Es difícil describir con letras y signos lingüísticos lo que irradia el espíritu humano cuando la realidad lo desborda. Nos desbordó la alegría. Nos desbordó la felicidad.
Esos sentimientos naturales e ilimitados se impusieron en medio de las limitaciones humanas y se manifiestan de mil coloridos modos, casi infinitos.
Ganar la copa mundial de fútbol es algo único, inigualable, con reivindicación histórica y social, con chispazos de gesta heroica, con fe poética como dice Dolina para creer que lo que se está viviendo es algo que nos puede cambiar la vida.
Es que este acontecimiento tiene ribetes asombrosos. Como que la FIFA esperaba que la final fuese vista por 1.500 millones de personas en todo el mundo o que el tráfico de Google haya alcanzado su récord histórico durante la final generando el mayor caudal de tráfico en 25 años del buscador.
Los festejos en Bangladesh, en la India, Indonesia, Valencia, Madrid, Miami, Barcelona, Buenos Aires, Base Marambio, Dublín, Nápoles, Caracas, Haití, Pakistán hablan del fenómeno del fútbol y lo que significa Argentina superando los límites de lo deportivo.
Dígame si no coincide querido lector, aunque no tengamos el dato para verificar: la mayoría lo hacía porque quería que Messi se coronara campeón del mundo. Por la cantidad de valores que encarna nuestro crack.
Y una vez que se alcanzó la hazaña, necesariamente se liberó esa energía por todos lados.
Como si fuese una gran fiesta donde todos son bienvenidos. Así, hermanados sin pedir explicaciones ni credenciales, salimos a las calles para festejar la conquista de la selección Argentina el inolvidable 18 de Diciembre de 2022.
Con destellos, estuvimos en cada rincón del planeta quienes por algún motivo nos identificamos con el deseo de manifestar los mejores sentimientos e identificarnos en el arraigo.
Arraigo con lo que es propio de los seres humanos como es el festejo y arraigo con lo que es propio de lo culturalmente argentino como es el fútbol.
El domingo, por algún motivo que no siempre es coincidente, nos identificamos en el deseo de manifestar alegría y felicidad.
Y eso, sin más, es motivo de una verdadera fiesta.
¡Felicidades campeones del mundo!