Con o contra Milei, o con o contra La Doctora.
¿Con o contra Milei? Pregunta que suple a la similar. ¿Con La Doctora o contra?
En el juego de las categorías, Milei es el inapelable Patrón del Poder.
En efecto, el Panelista de Intratables supo cargarse, en simultáneo, a los dos grandes movimientos populares del siglo veinte.
El radicalismo y el peronismo. De yapa, como se encontraba el espacio vacante, desde los medios (que detesta) se cargó también la expresión efímera de PRO, esternón ideológico de Juntos por el Cambio.
Para desconsuelo de Mauricio, El Ángel Exterminador que suele desgastarse con parsimonia en el berretín gestual de colaborar con el Patrón que le birló los votos que creía mantener concentrados en la nevera.
Aunque disgustan los frecuentes exabruptos del Patrón. Expresiones orgánicamente innecesarias de la marca registrada.
Para el Ángel, ayudar a Milei es la manera explícitamente aceptable de ayudarse a sí mismo.
Es dependiente de la ventura del adversario transformado esmeradamente en falso amigo.
Depende de sus posturas, del combo que viene con exabruptos.
La dependencia es recíproca. Para subsistir Milei depende todavía de la influencia providencial de Mauricio, que le permite alcanzar la gloria estratégica de los 87 héroes suficientes para sostener el veto.
Instrumento contundente que muestra la frontal fragilidad legislativa del precipitado gobierno de consultores que contrasta con la robusta presencia del Patrón en el falsario de la opinión pública.
"Hay fracaso, pero no es mío"
El desplazamiento de La Doctora por Milei reitera la persistencia del mecanismo de funcionamiento.
Para mantener vigente la insustancialidad del poder en el país donde todo termina invariablemente mal.
Administrar la hegemonía del poder significa garantizar el crecimiento de la imagen negativa, asociada siempre al destino colectivo de fracaso.
Cualquier ciclo histórico, democrático o de facto, arrojó leños para la hoguera de la degradación nacional que sólo genéricamente se acepta.
“Hay fracaso, pero el fracaso no es mío”.
O probablemente sea peor.
“Argentina fracasa, pero no es culpa nuestra”.
Nada termina nunca de morir
Como tampoco nada termina nunca de morir, los prestigios adquieren pronto la resina de la opacidad.
O se superan a través de la acción de otros opacados que se recuperan con fuerza para emprender el derecho a la venganza.
Aunque se arriesguen al infortunio de volver a estallar.
En el oficio ingrato del poder, el afecto o el rencor necesitan instrumentadores.
Abundan los cruzados buscapinas que procuran la conquista del salario que mantenga, en el combo, la caja respectiva.
Pero brotan con frecuencia los contradictores vocacionales que se ufanan por destruir lo que intente construir cualquier Patrón relativamente fundacional.
La multiplicación de los “con o contra Milei” habilitan las instrumentaciones que reconfiguran la fragmentación del tinglado.
Adherir al “contra Milei” induce naturalmente al malentendido de situarse “a favor de La Doctora”.
Tripulantes de la nave de los condenados
Resulta explicable que el centro inviable procure sostenerse con la ilusión previsible de la tercera vía.
Himno que suele cantarse en el juego de lotería, cuando emerge el tramo audaz para lanzar al océano “la nave de los condenados”.
Con tripulantes que contienen la memoria rescatable. Hastiados que ya no quieren saber nada con las amarguras que les provocó La Doctora.
Que tratan con suerte relativa de conmoverse con encontrar apenas un espacio para aparcar y mojar la medialuna.
Ilusión de la tercera vía
"Ni Milei ni La Doctora".
Consigna del centro que atormenta la ilusión de la tercera vía.
La comparten los restos de los radicales fragmentados con los peronistas que paulatinamente se decepcionaron.
Carecen de contención y en la nave se mezclan y danzan con los socialistas eclipsados, a su vez, por la presencia del Maire Horacio Rodríguez Larreta, Geniol, que también quiso ocuparse de la presidencia, aunque la señora Patricia, La Montonera del Bien, lo expulsó del escenario con los sufragios de las (inútiles) PASO.
El desarrollismo centrista de Geniol permite balancear el mambo con socialismo moderado de la señora Mónica Fein, Maire de Rosario.
Seres perversos que consideran que La Doctora y Milei “ya fueron”.
Entonces proponen sospechosamente polarizar con “el adversario estratégico”.
Con Axel, el gobernador que se muestra harto, fastidiado por las “luchas internas de poder”.
Pastor romántico que reclama, profeta en el desierto, “unidad, unidad”. Porque solo acepta pelear con Milei. Con quien pretende polarizar. Es en vano.
Porque Milei es el maestro autodidacta que aprendió el juego de las categorías. Prefiere privilegiar enfrente a La Doctora.
Aunque el Fenómeno se equivoque, como en su momento la pifió el Ángel Exterminador para concluir -en efecto- exterminado.
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