En septiembre del año 2010, el filósofo Juan José Sebreli visitó San Juan. Como no muchos periodistas vernáculos lo habían leído, Radio Sarmiento invitó a Ernesto Simón para hacerle la entrevista a uno de los intelectuales más importantes del país. La charla se concretó en vivo desde el café de la Biblioteca Franklin.
Durante el programa radial, se le preguntó a Juan José Sebreli sobre su obra, sus pensamientos, su experiencia como testigo vivo de la historia argentina.
Juan José Sebreli nació en Buenos Aires, el 3 de noviembre de 1930, y murió hace poco, en la misma ciudad, el 1 de noviembre de 2024.
En su derrotero se anotan momentos históricos de Argentina. Por caso, en 1955, tras el golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Juan Domingo Perón, ascendió al poder la Revolución Libertadora. Sebreli publicó una solicitada en el diario Crónica en la que criticaba la represiva política universitaria del dictador Pedro Eugenio Aramburu.
En los años 70 formó parte del Frente de Liberación Homosexual junto a Manuel Puig, Néstor Perlongher, Blas Matamoro y Héctor Anabitarte, y también fue uno de los primeros en abandonar el grupo por diferencias ideológicas con el resto de los miembros.
Durante la charla, sostiene Sebreli que tras la llegada de la democracia al país, "muchos de los compromisos con el pueblo argentino no fueron saldados".
"Este desencanto incita a los intelectuales populistas, a través de Ricardo Forster, mentor de la agrupación Carta Abierta, a hacer un balance pesimista de las casi tres décadas de restablecimiento de la democracia", recuerda Sebreli.
Agrega que el intelectual Ricardo Forster, muy ligado al kirchnerismo y al programa 678, "olvida que la mayor parte de esos años sucedieron con gobiernos peronistas, y los últimos siete, con el kirchnerismo. Forster habla despreocupadamente, como si él no fuera un intelectual orgánico de ese movimiento, cuando debería hacerse cargo del aumento de la desigualdad social, que alcanza cifras sin precedente, con el vertiginoso enriquecimiento de los nuevos ricos de la era kirchnerista, incluidos los propios Kirchner y sus allegados", a los que el filósofo señala como "oligarquía plebiscitada", haciendo uso del término que utilizó Osvaldo Guariglia.
Si hubo dos intelectuales fetiche a los que el matrimonio Kirchner prestó atención, dice Sebreli, "esos dos son Ernesto Laclau y su esposa, la belga Chantal Mouffe. Ellos impulsan fuertemente el populismo latinoamericano, un engendro que aún no está del todo claro, ya que no se entiende si el marco para llevarlo adelante es la democracia, o proponen una nueva forma de gobierno que, ojalá que no, es rayana al autoritarismo de izquierda".
Sostiene Sebreli que Laclau, "ex trotskista-peronista convertido al posestructuralismo, sucumbió también a la fascinación de Carl Schmitt, jurista nazi rehabilitado por la izquierda posmoderna, que postula la división de la sociedad en amigos-enemigos, el decisionismo contra el debate parlamentario, el movimientismo contra el pluralismo y el poder del líder contra la mediación de los partidos y las instituciones republicanas".
"Todo esto concuerda muy bien con el kirchnerismo", afirma, y sigue: "Cristina se dice discípula de Chantal Mouffe, la mujer de Laclau".
En otro tramo de su opinión, explica que "la supuesta redistribución del ingreso se reduce, a la manera de los bonapartismos del siglo XIX, a planes asistenciales, subsidios y prebendas clientelistas, en tanto que la proclamada recuperación del salario es socavada por la inflación, tema que el Gobierno no quiere ni puede hablar porque es una consecuencia inevitable del modelo económico populista, sesgado productor de pobreza".
Durante aquella entrevista, realizada en el año 2010, pleno Gobierno de Cristina Kirchner, hoy condenada por ladrona, Sebreli dijo que el kirchnerismo es un Gobierno "apoyado en el sindicalismo corrupto, los empresarios subsidiados, las dinastías provinciales, los barones del conurbano, cómplices del narcotráfico, y los políticos tránsfugas".
"Tanto Forster como Laclau incurren en una falsa dicotomía entre igualdad y libertad, compartida, aunque con signo contrario, tanto por la izquierda como por la derecha no democráticas”, sostiene Sebreli, y añade que "después de la trágica experiencia de los totalitarismos de izquierda del siglo pasado, no se puede seguir sosteniendo la necesidad de limitar las libertades para alcanzar la igualdad: por el contrario, no puede haber igualdad donde no hay libertad. Igualdad de derechos y de oportunidades, y condiciones sociales adecuadas para elegir el propio estilo de vida, son inseparables".
"Más allá del socialismo y del liberalismo", sostiene Sebreli, "del autoritarismo antidemocrático de izquierda o de derecha, creo en la necesidad de llegar a un delicado equilibro entre individuo y sociedad, estado y mercado, libertad e igualdad, reconociendo que el Estado no debe sustituir al mercado, pero, a la vez, no puede renunciar a tareas que le son inherentes: la educación, la salud, la seguridad, la justicia, en las que, precisamente, el kirchnerismo no se ha mostrado eficaz y ni siquiera demasiado interesado".
Sobre el final, sostiene Sebreli que "los Kirchner no llegaron ni siquiera a construir un populismo cabal como lo hicieron Perón y ahora Chávez, porque le faltan algunos de sus elementos constitutivos: ni Néstor ni Cristina son líderes carismáticos ni tienen capacidad de convocatoria para movilizar a las masas, fuera de algunas minorías universitarias, ni suscitan adhesiones apasionadas. Y un populismo frío es una contradicción en los términos".
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