El expresidente rompió el silencio en una entrevista con el periodista Joaquín Morales Solá. Hubo autocrítica hacia su mandato y apuntó a sus aliados "filoperonistas".
Mauricio Macri tuvo hace 24 horas dos triunfos consecutivos. Ganó porque fue el padre intelectual del banderazo más fuerte de la serie de protestas callejeras contra el Gobierno que comenzó el 20 de junio y, además, porque en la entrevista televisiva en la que rompió un largo silencio le tendió una mano al sector más dialoguista de Juntos por el Cambio y de esa forma fortaleció su propio liderazgo.
Ese gesto hacia adentro de la coalición quedó representado en la primera autocrítica de sus cuatro años de gobierno, "dejé de escuchar" dijo, algo que le venían reclamando dirigentes moderados de su espacio, y en su revelación de que no se veía como candidato para las elecciones de 2021 y que sí se siente "cómodo acompañando a los que tienen vocación de liderar y ayudarlos a crecer" como Horacio Rodríguez Larreta, cuyo "crecimiento y consolidación", confesó, le causa "alegría".
Mucho más de lo que se esperaba en medio de la pulseada interna para determinar quién se ponía al frente de la reconstrucción de JxC luego de la derrota en las últimas elecciones. El ala moderada de la coalición se quejaba de que Macri no daba un paso al costado para permitir la irrupción de nuevos dirigentes que permitieran competir con el peronismo gobernante. Y advertían, sobre la base de las encuestas, que la sociedad reclama estilos sobrios y no radicalizados como los del expresidente.
El expresidente, más allá de algunas declaraciones específicas y contadas apariciones en las redes sociales, cumplió lo que se había propuesto cuando dejó el poder y se planteó bajar su perfil lo máximo posible. Según sus allegados, creyó que debía mantenerse alejado durante seis meses como una contribución que tenía que hacer al nuevo gobierno y a sus aliados.
Ahora, Macri está convencido de que su palabra es necesaria. El golpe que representó el recorte de fondos de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires lo dejó reposicionado en el tablero opositor: "Yo les anticipé que venían por todo", repite hoy como un mantra.
Quienes hablan seguido con el fundador del Pro afirman que teme que el Gobierno "se lleve puesto todo en las próximas semanas": la combinación de una crisis económica, social, laboral, financiera y cambiaria, a juicio del ex presidente, augura un conflicto de aristas impredecibles. Y a ese panorama complejo, alerta, se le suma la crisis en la propia coalición gobernante.
Por eso está convencido de que Juntos por el Cambio tiene que mantenerse más firme que nunca ante los avances de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, y, a la vez, unido para que esa estrategia no termine diluida, que es, en la interpretación de Macri, lo que pretendió el Presidente con su estrategia de elegir al jefe de gobierno como su opositor favorito.
El exmandatario, aseguran sus interlocutores habituales, no está preocupado por la inesperada revelación de Elisa Carrió en el programa de Jorge Lanata de que Cristina Kirchner "no fue presa porque el gobierno de Cambiemos no quería que se hiciera justicia". Conoce a Lilita, sabe de sus exabruptos y no piensa contestarle, aunque en la intimidad se desahogó ante un puñado de leales: "Ella sabe que en mi gobierno funcionó realmente la independencia de la Justicia".
Con la certeza de que acertó en su pronóstico sobre el Gobierno, Macri apuesta a que la llama de los banderazos no se apague y sirva como contrapeso de una administración que, según teme, se irá radicalizando en la medida en que se profundice la crisis económica. Un ejemplo, sostiene, es la creación de un organismo para supervisar qué noticias se publican en los medios. "La imaginación de esta gente es inagotable", asegura.
De todas formas, el latiguillo que adoptó Macri en las últimas horas es que "no es tiempo de candidaturas". Para el expresidente, el peso de la crisis obliga a desistir de la tentación de apurar las definiciones electorales. Ante Joaquín Morales Solá incluso avanzó más y así diseñó la pieza maestra que le permitirá realinear a Juntos por el Cambio: su revelación de que "no se ve" como candidato en 2021 aunque algunos de sus rivales internos, implacables, no quedaron conformes porque el ex jefe del Estado no dijo explícitamente que no se postulará.
Una señal de tregua interna fue el campus virtual organizado este sábado por Hernán Lombardi. Allí, después de muchas semanas de intrigas y de reuniones por Zoom sin testigos, la plana mayor del Pro compartió un espacio en el que abundaron los guiños de distensión. Como el de Rodríguez Larreta cuando admitió que los dirigentes de Juntos por el Cambio tienen "roles complementarios", detalló que "algunos desempeñan roles ejecutivos como el que me toca en la Ciudad", elogió a Patricia Bullrich y dijo: "Lo estamos haciendo bien".
Esa amabilidad de ida y vuelta fue la que no tuvo Macri con dirigentes como Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, a quienes, sin nombrarlos, los puso en la mira por haberles "delegado la negociación política" durante su gobierno: "Yo la delegué en mi ala más política con filoperonistas tanto en la Cámara de Diputados y los gobernadores; yo tendría que haber puesto el foco ahí porque claramente se jugaba mucho en la Argentina en poder convencer", señaló en la entrevista de este lunes con Joaquín Morales Solá.
Allí también hay señales de que el expresidente no resignará mansamente un papel que busca ser determinante en Juntos por el Cambio. Parece haber elegido un rol de constructor activo de nuevos liderazgos opositores, pero también el de la figura que tiene derecho de veto. Y sobre todo, eligió empezar a reconvertir su perfil con algunos cambios, como una capacidad de autocrítica tardía pero necesaria, y una confirmación implícita: si alguna vez tiene que jubilarse de la política será por su propia decisión.
Sobre Cristina Kirchner
Por otra parte dio su visión sobre el Frente de Todos. En ese sentido, opinó que "el peronismo está secuestrado por Cristina Kirchner, eso significa que está cooptado por la irracionalidad y por eso es muy difícil sentarse a dialogar con ellos".
Alberto Fernández ya cumplió 11 meses al frente del Gobierno, Macri los calificó de "muy dañinos" porque se "ha tomado una actitud de miedo, mezclado con autoritarismo".
"Todos teníamos la esperanza de que el kirchnerismo volviera habiendo aprendido algo, pero cuando empezó a aumentar impuestos, a no respetar la propiedad privada queriendo expropiar Vicentin, a tomar regulaciones de todo tipo, a dar de baja la ley de economía del conocimiento, al ataque del sistema institucional, eso destruyó la credibilidad", analizó.
En ese sentido dijo que hay "un avance sistemático" que lo encabeza Cristina Kirchner: "La vicepresidenta está conduciendo el Gobierno como todos pensamos que iba a suceder. Tiene una agenda propia en la que ella necesita, bloquear, someter a la Justicia".
Por otra parte se victimizó al sostener que "ella" se ha dedicado "a perseguirme con las causas como el Correo Argentino y ha logrado que no se respeten los derechos de las partes".
En este contexto reclamó que haya "un peronismo razonable" como el último gobierno de Juan Domingo Perón, como el de Carlos Menem "a quien se le puede cuestionar muchas cosas, pero no había irracionalidad, no se avalaban las tomas de tierras", comparó.