El problema radica entre el sindicato de trabajadores mineros AOMA y la empresa Minerar, que abastece la piedra necesaria para producir cemento en la planta de Olavarría.
Loma Negra es la primera empresa cementera en el país, con aproximadamente el 45% de las ventas totales. Este desabastecimiento impactará en la economía, que se venía recuperando tras la pandemia, alertaron fuentes del sector.
El conflicto y la suspensión de producción de cemento se dan en una de las plantas en Olavarría donde Loma Negra está realizando obras de ampliación, y en la cual la compañía está destinando 350 millones de dólares, la mayor inversión privada en la provincia de Buenos Aires.
Este hecho se produjo a pocos días de que el Gobierno nacional anunciara la decisión de monitorear el abastecimiento de materiales para la construcción, para asegurar el flujo a obras privadas y públicas.
Las negociaciones entre la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) y Minerar se iniciaron en la última semana de octubre e incluyeron una conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo de la Nación.
La cartera conducida por Claudio Moroni dictó una nueva conciliación obligatoria el jueves pasado, pero el sindicato decidió no acatarla.
El exministro de Menem sería parte de una compra hostil de la cementera, aunque sus dueños brasileños se resisten a vender.
José Luis Manzano no tuvo suerte cuando quiso comprar Vicentin. Pero lejos de darse por vencido, el exministro de la presidencia de Carlos Menem, quien una vez declaró: "Yo robo para la corona", tendría la intención de quedarse con Loma Negra, la cementera que desde 2005 está en manos del grupo brasileño Camargo Correa. Sin embargo, sus dueños se resisten a vender.
El exministro del Interior del delincuencial Gobierno de Menem estaría apuntando a la cementera cuyo valor de mercado se estima que promedia los 500 millones de dólares. El grupo brasileño la pagó más del doble en 2005: 1.025 millones de dólares.
El empresario José Luis Manzano parece haberse especializado en tomar el control de compañías que atraviesan dificultades financieras y comprarlas mediante escasos desembolsos, haciéndose cargo de los pasivos de la empresa que adquiere.
Así lo hizo con Araucaria Energy, la empresa de energías renovables de la canadiense Stoneway, que tenía deudas por 600 millones de dólares. Lo mismo quiso hacer con Vicentin, pero no le salió.
En el caso de Camargo Correa, un reclamo ante la SEC por los ADRs de Loma Negra tras su mención en la causa de los Cuadernos de la Corrupción kirchnerista perjudicó el valor de mercado de la empresa y Manzano podría aprovechar la ocasión.
Pero los brasileños no están interesados vender. La división argentina es la única que en el actual contexto le está dando ingresos y aunque sean pocos, comparten la expectativa de que la reanudación de la construcción en el país será una oportunidad para aprovechar. La salida de Loma Negra al mercado en Wall Street en 2017 les permitió embolsar nada menos que 954 millones de dólares.
La experiencia en el país mostró que el sector es redituable a pesar de los cambios de signo político. Con el kirchnerismo ladrón sus ganancias se explican principalmente por el volumen de las obras, más que por el precio del cemento.
Kirchner peleaba los precios de algunos insumos de la construcción pero les garantizaba a las cementeras suficiente volumen de trabajo como para compensar por escala. En cambio, con el estafador de Mauricio Macri las obras se redujeron pero se incrementó el margen empresario, por lo que el cemento continuó siendo rentable.
José Luis Manzano, José Luis Gioja y Daniel Vila, un trío inolvidable para la democracia argentina.
Además se trata de un sector altamente cartelizado y uno de los pocos a los que Defensa de la Competencia les pudo probar el accionar colusivo para que las cuatro empresas de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland se comportaran como un monopolio: Holcim (ex Minetti), Loma Negra, Cementos Avellaneda y Petroquímica Comodoro Rivadavia. Esto les da una posición estratégica de cara a la recuperación de la construcción y la obra pública.
Para los brasileños, la situación es compleja: Manzano es un empresario con cintura y contactos políticos mientras que ellos ya no cuentan con el respaldo de Lula Da Silva o Dilma Rousseff para proteger sus intereses internacionalmente. La relación con Bolsonaro quedó fuertemente resentida tras la causa Lava Jato, que también le pegó al grupo Camargo Correa, aunque no tanto como a Odebrecht.