Nació en San Juan y revistaba en el Regimiento de Infantería Monte 4 de Monte Caseros. Ofreció su vida mientras cubría el repliegue de sus hombres al grito de: "Viva la Patria, carajo".
La muerte lo encontró en Monte Tumbledown. Combatió con valentía y fiereza, según relatan quienes lo vieron.
Por propuesta del oficial infante de marina, jefe de la fracción a la que se sumó Silva, y por la declaración de sus soldados, el joven oficial recibió posmortem la condecoración denominada La Nación Argentina al valor en combate.
Oscar Augusto Silva, conocido por sus amigos como El Sapo Silva, inició su carrera militar durante su mocedad en el Liceo Militar General Espejo, de Mendoza.
Allí egresó como subteniente de reserva del arma de Infantería. Luego, entró a la Escuela Naval y en tercer año abandonó para cursar ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. Al año comprendió que no era lo suyo y, luego de rendir las equivalencias, encaró los estudios como cadete del Colegio Militar de la Nación.
El día de su egreso, en el viaje a Buenos Aires su madre perdió la vida en un accidente. Días después de este duro golpe, recibiría el sable y el despacho en la oficina del director del Colegio Militar.
En la guerra de Malvinas, el Subteniente Silva estuvo apostado en Monte Wall. La unidad, que formaba parte de la III Brigada de Infantería, tenía la misión de defender la capital, distante unos 17 kilómetros.
La noche del 13 y madrugada del 14 de junio, en el combate de Monte Tumbledown, en su repliegue, se presentó ante el Teniente Vásquez, oficial infante de marina de la Armada Argentina, condecorado al heroico valor en combate, y, según cuenta el oficial, le preguntó si necesitaba ayuda. Se quedó combatiendo con ellos a la par.
Lo vieron saltando de posición en posición, preocupado por su gente, gritando órdenes a viva voz. El ímpetu del subteniente es especialmente recordados por quienes fueron testigos de su bravura.
Cuando las tropas argentinas se vieron sobrepasadas, Silva asiste a un soldado herido de muerte y es alcanzado por un proyectil. Decidió en un solo instante si vivir o morir luchando. Les ordenó a sus soldados que se replieguen, pidió una ametralladora y un FAL, y los cubrió al grito de "Viva la patria, carajo", mientras los ingleses avanzaban.
El Sapo Silva
Nacido en la provincia de San Juan, Oscar Silva era alguien especial desde temprana edad. "Era muy querible", aseguran quienes lo conocieron.
En la familia era "el gordito", ya que había sido un bebé de bastantes kilos. En la escuela primaria, la Normal Sarmiento, fue elegido como el "mejor compañero".
Estudió en el Liceo Militar General Espejo, de Mendoza. Luego, entró a la Escuela Naval. Finalmente, luego de un paso por la Facultad de Ingeniería, encaró los estudios como alumno de segundo año del Colegio Militar.
Siempre que tenía franco, iba a su casa. "Su comida preferida era el churrasco con un huevo frito", contó una vez su hermana.
"Era muy paternal y con nosotras, sus hermanas, era muy celoso. Hacía un par de años estaba de novio con Patricia, con quien tenía pensado casarse durante 1982", recordó su hermano en una entrevista concedida a un medio nacional.
El Subteniente Silva murió como un héroe, combatiendo y dando un ejemplo para todo el mundo. Sin dudas fue un héroe de Malvinas.
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