Las expectativas oficiales sostienen que la senda para lo que resta del año es alcista, mientras que los privados se preparan para un freno. Además, ya especulan con una inflación de 70% para 2022.
Los escenarios que se plantean de uno y otro lado tienen varias diferencias importantes y muestran la desigualdad de visiones que hay respecto del futuro.
Mientras desde el Gobierno nacional se asegura que el congelamiento del nivel de consumo en supermercados que, según el Indec, se registró en marzo pasado no es más que un dato circunstancial del tercer mes del año y no da para pensar en una tendencia, consultoras y empresas ya advierten que se comienzan a hacer más evidentes los efectos de la inflación.
El jueves pasado, la vocera presidencial, Gabriela Cerruti, afirmó que en el Gobierno "no hay ninguna preocupación" por el estancamiento de la actividad en los supermercados, una postura diferente a la que muestran los privados ante la misma situación.
"Lo que se comienza a ver ahora es un proceso hacia la baja. Hoy es difícil determinar a qué niveles se podrían llegar, pero lo que se ve es una tendencia negativa tanto en el consumo como en la actividad", sostuvo el economista Lorenzo Sigaut Gravina, de Analytica.
Esto tiene que ver, según los especialistas, en que las últimas mediciones "se hicieron contra meses de mayor contracción en algunos sectores", a raíz de las restricciones que todavía pesaban a raíz de la pandemia, pero que ahora comienzan a ser comparados con períodos "más normales".
Las estimaciones privadas indican que, dentro de esa tendencia a la baja, se dará también cierta volatilidad. Estos movimientos podrían estar relacionados con aquellos meses en particular en los que algún gremio en particular reciba algún aumento pautado en paritaria o alguna compensación extra, lo que podría empujar hacia arriba el índice general.
De todos modos, los especialistas apuntan que esto no será una constante, sino "cuestión de momentos en particular".
Empresarios consultados afirmaron que todavía no tienen previsiones concretas respecto de cuánto podría ser la baja del consumo, aunque sí reflejan que ven ese menor ritmo de ventas, lo que también tendrá un impacto obligado sobre el nivel de actividad.
Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado que realiza el Banco Central, Argentina registrará este año un crecimiento del PBI del 3%, cifra que ya estaría por debajo del programa acordado con el Fondo Monetario Internacional, donde se pautó que se mueva entre 3,5% y 4,5%.
Si se confirma la tendencia de consultoras y empresas, esa marca se podría complicar todavía más. Los últimos números del Indec sostienen que la economía se contrajo en marzo pasado 0,7% mensual, en tanto que se estima que en abril podría lograr un apunte de apenas 0,5%.
Todo esto podría llevar de la mano a otro efecto no deseado. Las empresas entienden que, ante la baja de consumo y actividad que se prevé, también se podría resentir el ritmo de toma de personal, un área que ya de por si se encuentra reprimida.
El motor central de toda esta situación, sin dudas, es la inflación. En abril pasado se plantó en 6% y redondeó un 58% en el último año, la más alta en 30 años, y el Gobierno planteó en varias ocasiones que para mayo y los meses siguientes caería hasta moverse cerca de 4%.
Los privados siempre entendieron que esto se trataba más de una declaración tendiente a bajar las expectativas inflacionarias que de una posibilidad cierta, y el jueves Cerruti admitió que en mayo la inflación "va a ser un poco más baja" que la de abril, que marcó un 6%.
En esta oportunidad los analistas están de acuerdo con esa visión, aunque las perspectivas respecto de mayo vuelven a alejar a las puntas, ya que el Gobierno insiste con un 4%, mientras que los especialistas se mueven entre el 5% y el 6%.
La expectativa para el segundo semestre es clave. Tanto el Gobierno nacional como las consultoras dicen que se podría ver una desaceleración de la inflación.
Según algunos economistas, hoy el piso de inflación anual ya toca el 70%, aunque para lograr esto habrá que ver si el IPC se mantiene en el 4% y no más durante el resto del año. "Si esto no pasa, ya tendríamos que estar hablando de otra cosa", sostiene Sigaut Gravina.