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Taller de dirección teatral y puesta en escena a cargo de Juan Carlos Carta

Organizado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Capital, desde el 21 de febrero, Juan Carlos Carta ofrecerá un Taller de dirección teatral y puesta en escena en el Cine Teatro Municipal, situado en calle Mitre 41 este, Ciudad.

La propuesta está destinada a personas mayores de 18 años con experiencia escénica y estudios teatrales. El taller es anual y gratuito para los residentes en Capital.

Los contenidos que se abordarán son:
Dirección de actores
Análisis de textos
Iluminación
Espacio teatral
Puesta en escena
Montaje
Sonido
Teorías y estéticas de la Dirección Teatral.

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Ricardo Darín cumplió 65 años

Este domingo 16 de enero, el consagrado actor argentino cumplió 65 años. En esta nota hacemos un breve repaso por su carrera.

Ricardo Darín nació en 1957, en provincia de Buenos Aires. Desde muy pequeño estuvo ligado con la actuación, debido a que sus padres, Ricardo Darín y Renée Roxana, son actores.

Pese a no tener una formación académica, Ricardo tenía tan solo diez años cuando debutó en teatro junto a sus padres. Mientras que a los dieciséis años supo deslumbrar en programas como Alta Comedia o Estación Retiro.

Uno de sus papeles más reconocidos es el del estafador Marcos en la película del año 2000 Nueve reinas, y del retirado agente judicial Benjamín Espósito en el drama ganador del Premio Óscar El secreto de sus ojos (2009).

Darín realizó más de 40 películas en toda su carrera, entre ellas Luna de Avellaneda, El aura, Carancho, Un cuento chino, Elefante blanco, Tesis sobre un homicidio y Relatos salvajes. Entre sus películas protagonizadas, 3 fueron nominadas al Óscar.

Además, entre sus reconocimientos se incluyen doce nominaciones al Cóndor de Plata y cuatro al Premio Goya, 2 que ganó en 2015 por mejor actor, y la Concha de Plata al mejor actor por su actuación en la comedia dramática Truman.

También recibió el premio Donostia por su trayectoria en el Festival de San Sebastián. Fue el primer argentino en recibirlo.

Los primeros pasos

Era una habitación de seis o siete metros por tres. Tenía una puerta vieja de madera en la entrada y luego otra que daba al patio.

En la habitación había un baúl de donde sacábamos trapos o máscaras que él había construido. También uno o dos afiches de teatro alemán. Un cuadrito con un poema y un dibujo del amigo Alberto Sánchez.

Y luego tachos de luces hechos justamente con tarros de leche Nido. No más que eso. Pero a nosotros nos movía una pasión que es difícil de transmitir.

Todos los días desde las 15 horas hasta muy tarde en la noche acompañábamos a nuestro maestro.

Con el tiempo, Oscar Kümmel, nos dejó dar alguna clase para todos los alumnos que llegaban. Teníamos la idea de recorrer el país con una obra de mimos larga, a la que nuestro maestro le había puesto Angelino. Lo hicimos. La representamos en muchos lugares del país, incluido el Teatro Cervantes, que en estos días cumple años. No sabíamos de horas ni de días calurosos o con lluvia.

Si sabíamos que amábamos profundamente esa profesión. Yo tenía 16 años y sabía, gracias a él, que ya no me movería nunca más de ese espacio lleno de metáforas, de vida y de sueños, ese al que la gente conoce como "Teatro".

Un momento, allá lejos

Por la tarde, después del ensayo, salimos a caminar rumbo a la heladería. Córdoba en octubre es hermosísima.

El olor a jazmín, a toda clase de vegetación impregna la ciudad. Hemos estado en el teatro San Martin lidiando con las estructuras móviles de la escenografía. Estoy cansado, ya que el personaje que hago en la obra es un maratonista.

Es decir, me la paso corriendo durante todo lo que duran los ensayos. Con Óscar tenemos esa costumbre: terminamos el ensayo y nos vamos a tomar un helado. Luego me voy con mi novia cordobesa a recorrer la ciudad y a sacar fotos durante la tarde noche.

Mientras la ciudad duerme, nosotros la recorremos y registramos imágenes de esas noches maravillosas. Tengo 18 años. Y estoy en la Comedia Federal, un proyecto nacional que estrenará su primer trabajo en el Festival Latinoamericano de Teatro que se lleva a cabo en Córdoba. Nos dirige Antonio Germano, lo asiste mi maestro Óscar Kummel. Y tengo compañeros a los que nunca olvidaré como Enrique Iturralde y Batí Diebel actriz de la cochera de Paco Giménez.

Cuando llegamos a la heladería y mientras tomamos un helado conversamos con Óscar. Le pregunto cómo es que sabe tanto. Estoy maravillado con mi maestro y su concepción del trabajo sobre el cuerpo del actor. La conexión que tiene con grandes escuelas como las de leqoc, Marceau, incluso con la antropología teatral de Barba que por esos días estamos conociendo. Él me dice que aprendió viendo pelis que llegaban al Instituto Alemán o a la Alianza Francesa. Sobre todo aprendí haciendo, me dice. Después la conversación se va hacia las expectativas y sobre la experiencia de lo que estoy viviendo. Todo es gracias a él, que me ha elegido para este trabajo. Yo le digo que mi idea es en el futuro viajar.

Conocer el país de mochilero e ir haciendo teatro mientras viajo. También estudiar teatro en Buenos Aires. Cosa que se cumplirá años después con una beca con Carlos Gandolfo, Luis Pedreira, Justo Gisbert, etc.

Pero en ese momento, el de esa tarde y ese helado, sentimos que a pesar de que en algún momento nos alejaremos uno del otro, estamos viviendo los dos la felicidad de algo que nos sobrepasa, en esa tarde, esa obra y el proyecto, ese festival enorme, esa Córdoba lindísima, en dónde en cualquier lugar y a cualquier hora, hay un grupo de actores llevando a cabo su trabajo.

Las razones de una vida

El gran Stanislavski no sólo fue un gran director, un gran pedagogo, el primero en sistematizar la educación del actor. Además fue un gran ser humano, el único que protegió a Meyerhold de las fauces del stalinismo mientras pudo.

Fue algo más, tuvo una actitud para con su búsqueda que siempre me interesa traer en mis clases sobre él: fue alguien que no se conformó nunca con lo que había hallado.

Enemigo de los dogmatismos, aún los propios, siempre fue un buscador incansable. A él le cabe aquella frase de Picasso: "Yo no busco, encuentro". Y es así. En el último periodo de su vida, Stanislavski, se dio cuenta que todo lo que había investigado podía ser mirado a la luz de una nueva hipótesis.

Entonces crea su "método de las acciones físicas". El que viene a interpelar todo lo descubierto anteriormente.

Para contradecirlo. Para complementarlo. Tener este procedimiento en él, hace del gran pedagogo ruso el enorme maestro que es.

Yo no me canso de estudiarlo. No me canso de asistir a la magnífica luminosidad de su enseñanza.