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Gobernar para los descartados

Por Lucas González
Si entendemos a la política como una actividad humana orientada a un fin en particular, se podrían, esquemáticamente, identificar dos concepciones de la misma. Para aquellos que ya hemos estudiado exhaustivamente estas definiciones, no es una noticia nueva. Sin embargo, es importante partir desde las bases para edificarnos hacia los problemas que enfrenta nuestra realidad.

Es así que algunos podrán entender a la política como una actividad marcada por la lucha por el poder, pero también puede comprenderse a la política como actividad humana que busca el bien común para la comunidad. En consonancia con esta concepción, en la exhortación apostólica Christifideles Laici, Juan Pablo II define a la política como la "multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el Bien Común".

Ateniéndonos a esta concepción, el Bien Común implica una actividad que no mira solamente a una mayoría circunstancial, ni que beneficia a unos pocos con capacidad de presionar sobre los decisores políticos. El bien común comprende y busca el desarrollo tanto material como espiritual de todos los miembros de la comunidad, en tanto son personas dotadas de una dignidad que no depende de su productividad.

Esta última declaración no es ingenua. Hoy día se habita en un mundo que, recordando las palabras del Papa Francisco, vive dominado por una "cultura del descarte", presente en las distintas esferas de la sociedad, entre ellas, por supuesto, la política.

Francisco dijo: Cuando en el centro del sistema ya no está el hombre sino el dinero, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a simples instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, más bien dominado, por profundos desequilibrios. Y así se "descarta" lo que no sirve a esta lógica: es aquella actitud que desprecia a los niños y a los ancianos, y que ahora golpea a los jóvenes.

Variados y diversos son los tipos de descartes que existen en la sociedad. Mientras que algunos pueden ser evidentes, existen otros que son más sutiles. Se manifiestan en la omisión de desarrollo o la evasión del mejoramiento de políticas públicas, las cuales deberían mirar el desarrollo integral de la persona y el respeto a su dignidad.

Al hablar de las personas mayores, no nos podemos permitir tratar este asunto como uno marginal o transitorio. Es un problema que cada vez tiene más entidad. De acuerdo con el INDEC, en Argentina viven alrededor de 7.400.000 personas de 60 años o más, lo que representa el 16% de la población total.

Las proyecciones oficiales hacia 2040 indican que la población de "65 años y más" pasará del 12% a cerca del 17%; que la esperanza de vida alcanzará los 78,7 años para los varones y 83 para las mujeres, las proyecciones hacia esta década apuntan a una convergencia entre ambos grupos.

Se trata de lo que se conoce como "envejecimiento poblacional", un proceso que debe atenderse desde el presente. No solo porque afecta a nuestros adultos mayores, sino porque nos afectará a nosotros cuando seamos quienes compongan aquel sector; nadie escapa al natural proceso de crecer y envejecer.

Mucho se podría decir, sin embargo, de las distintas problemáticas que se hallan a la hora de hablar sobre nuestros abuelos. Un tema recurrente es el deterioro del poder adquisitivo de los haberes previsionales, al que se suman las crecientes tensiones sobre la sostenibilidad del sistema que este cambio demográfico anticipa.

Otro problema es la brecha digital causada por la aparición y uso de tecnologías: el 87,7% de los mayores de 60 usa celular, pero solo el 20,6% usa computadora, y entre los mayores de 70 el acceso a internet cae al 63%, justo cuando el Estado y el sistema de salud migraron sus trámites a plataformas digitales, o la soledad que experimentan los adultos mayores en la República Argentina: entre 2010 y 2022 los hogares unipersonales de mayores de 65 años pasaron de 843.427 a 1.261.800, un aumento del 50%.

Vemos que muchos son los problemas. Pero un tema en particular, del cual se habla poco y que lamentablemente es tema de debate público cuando sucede algún hecho escandaloso, es el caso de las residencias para adultos mayores.

En 2026, la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N° 25 de la Ciudad de Buenos Aires solicitó el allanamiento de urgencia de una residencia en el barrio de Almagro.

El caso se había iniciado a partir de un informe del Programa Proteger, dependiente de la Subsecretaría para Personas Mayores porteña, cuyos profesionales entrevistaron de forma individual y reservada a los residentes. Constataron alimentación que no respetaba las dietas prescritas, ausencia de personal durante la noche, falta de atención profesional y maltrato verbal. Una de las residentes, en estado de extrema delgadez, manifestó repetidamente que necesitaba comer. El establecimiento fue clausurado y los hechos se encuadraron como abandono de persona.

Ese mismo año, en Mar del Plata, el Ministerio de Salud bonaerense dispuso la clausura transitoria de otro geriátrico tras denuncias por un cuidador que golpeaba a las residentes. La causa formal de la clausura, sin embargo, fue administrativa: el establecimiento no había iniciado el trámite de renovación de su habilitación sanitaria pese a haber sido intimado meses antes.

En 2025, en Eduardo Castex, La Pampa, se allanaron simultáneamente dos residencias tras denuncias de familiares por deficiencias alimentarias y malos tratos. Los denunciantes declararon que habían intentado plantear la situación ante las autoridades municipales sin obtener respuesta, y que por eso acudieron a la Justicia. La responsable terminó admitiendo su culpabilidad por abandono de persona.

Estos son solo algunos de los muchos casos que llegan a los medios. Pero los problemas no se agotan ahí. Hay muchos más que ocurren de manera más amplia y silenciosa: mayores que son "depositados" en residencias y no reciben ningún tipo de visita (derivando en un descuido por parte de los enfermeros, ya que nadie va a "custodiar" el estado de esa persona), que no mantienen una conversación que exceda lo simplemente funcional, que no permita advertir si algo anda mal, etc.

Dentro del sistema constitucional argentino, podemos encontrar con jerarquía constitucional la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, donde el artículo 12 establece que: "los Estados Parte deberán adoptar medidas tendientes a desarrollar un sistema integral de cuidados que tenga especialmente en cuenta la perspectiva de género y el respeto a la dignidad e integridad física y mental de la persona mayor".

Es fundamental resaltar que este "sistema" al que apela la Convención se encuentra, en la práctica, inconcluso en la Argentina. Inconcluso, y no "abandonado", porque existe una realidad, que es el PAMI. Dicha entidad es el principal financiador de plazas geriátricas del país, que fija por vía de resolución estándares detallados para todas las residencias que contrata.

El problema es que ese marco no rige en razón del territorio sino del contrato: alcanza a los establecimientos que el Instituto contrata, y a ningún otro. Fuera de ese perímetro, nuestro país carece de una ley nacional que regule de manera uniforme el funcionamiento de las residencias para adultos mayores, lo que fragmenta la protección de sus derechos.

La responsabilidad ha quedado atomizada y distribuida entre las diversas provincias y la Ciudad de Buenos Aires, lo que resultó en un escenario de normativas dispersas y desiguales que impiden la consolidación de un sistema nacional coherente y efectivo.

Se han presentado proyectos para establecer un marco normativo de alcance nacional, pero ninguno prosperó. Ejemplo de esto es el Proyecto de Ley de Marco Normativo para los Establecimientos Geriátricos en el Territorio Nacional (Expediente 3590-D-2017).

¿Qué hacer entonces? En principio algo se puede diagnosticar en nuestra patria, un concepto erróneo como lo es tratar a las residencias como un asunto más privado o de las familias, regulado de manera fragmentada, y que únicamente se controla durante la aparición de casos que conmocionan a la sociedad (ya sea a nivel local o nacional).

Dado esto, y en búsqueda de ciertas ideas que puedan arrojar luz a la resolución de estos problemas, no es necesario "reinventar la rueda", sino mirar como ejemplo lo que hicieron los países de afuera. Los casos son muchos, pero nos detendremos en un caso vecino: el de Uruguay.

El país ratificó la misma Convención Interamericana que nosotros, pero, a diferencia de la Argentina, la tradujo en normas operativas. Su arquitectura combina la Ley N.º 17.066 (1998), que fija las condiciones mínimas de habilitación y el régimen de sanciones; la Ley N.º 19.353 (2015), que crea el Sistema Nacional Integrado de Cuidados y consagra el cuidado como un derecho; y los artículos 517 y 518 de la Ley N.º 19.355, que reparten competencias entre el Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Desarrollo Social.

Pero lo decisivo no está en las leyes sino en su reglamentación, porque allí el derecho abstracto se vuelve obligación verificable. El Decreto N.º 356/016 fija ratios obligatorios de personal: en turnos nocturnos, un cuidador cada veinte residentes autoválidos y uno cada diez con dependencia.

Conviene comparar ese número con lo constatado en Almagro, donde directamente no había personal durante la noche. El mismo decreto establece plazos obligatorios para capacitar a la totalidad del plantel y exige que cada establecimiento cuente con un profesional del área social encargado de generar actividades con los familiares. Aún el vínculo con la familia, que entre nosotros queda librado a la buena voluntad, allí está normado.

Pero el sistema uruguayo no se agota en la regulación. La propia ley define al SNIC como un modelo "solidario y corresponsable entre familias, Estado, comunidad y mercado" (art. 2), y establece entre sus principios la universalidad de los derechos a la atención y la solidaridad en el financiamiento (art. 4). Esa definición se ve en la realidad concreta cuando la norma obliga a que las partidas presupuestales destinadas al Sistema se identifiquen en un programa específico dentro del presupuesto de cada organismo y prohíbe transponerlas hacia otros programas (art. 14). El cuidado, en definitiva, dejó de ser un problema exclusivamente familiar para pasar a ser una partida que el Estado no puede desviar hacia otro destino.

Retomemos entonces lo que dijimos sólo unos párrafos atrás: que en nuestra patria se puede ver y abstraer de cada caso un concepto erróneo sobre cómo tratar la problemática de las residencias: como un asunto más privado o de las familias, regulado de manera fragmentada, y que únicamente se controla durante la aparición de casos que conmocionan a la sociedad, como señalamos más arriba.

En cambio, Uruguay trata la dependencia en la vejez como un riesgo social que debe asegurarse colectivamente, del mismo modo que la enfermedad o el desempleo.

En base a todo esto, y con un espíritu que propone no solo observar y diagnosticar, sino también traer luz a futuras propuestas, se presentan a continuación algunas ideas principales para futuros cursos de acción.

En primer lugar, la creación de un registro nacional único y obligatorio de establecimientos residenciales. De lo contrario, no se puede fiscalizar lo que no se conoce. De esta forma se le permite a cualquier familia verificar si una residencia está habilitada antes de confiar o, lamentablemente, "depositar" a un familiar mayor.

Es una medida de, suponemos, gran impacto inmediato. Esto debe complementarse con un régimen sancionatorio riguroso, que recaiga con la máxima severidad sobre los administradores de residencias clandestinas.

Cabe preguntarse, además, si corresponde algún grado de responsabilidad a los familiares que internan a una persona mayor en un establecimiento no habilitado. La cuestión en verdad quizá radique más en la obligación del Estado de notificar de manera fehaciente cuando un establecimiento pierde su habilitación o funciona sin ella, y arbitrar los medios para reubicar a los residentes. Solo frente a quien, debidamente notificado, mantiene a un familiar en un lugar clandestino, cabe discutir consecuencias jurídicas.

En segundo lugar, un régimen de fiscalización e inspección programada y preventiva. Se trata de visitas periódicas, obligatorias, con entrevistas reservadas a los residentes, gracias a las entrevistas es que se pudieron detectar las irregularidades de la residencia de Almagro.

En tercer lugar, iniciar un debate sobre la potencial formulación y financiación de políticas públicas para el cuidado de nuestros abuelos en el largo plazo. Mientras el cuidado dependa del bolsillo de cada familia, la calidad de la vejez (de nuestros mayores, pero la nuestra también a futuro) seguirá determinada por el ingreso.

A estas tres ideas, podríamos sumar una cuarta, más relacionada con el desarrollo de un espíritu cívico y comunitario que incentive la solidaridad en un mundo dominado por una lógica individualista; y que trata sobre el armado de un programa de voluntarios para la visita y acompañamiento en las residencias geriátricas. Claro está que esta iniciativa no debe depender del Estado únicamente, sino que, invocando el principio de subsidiariedad, sea el Estado el que promueva y articule entre los sectores medios de la sociedad (universidades, parroquias, sindicatos, entre otros), dicho accionar.

Para finalizar, conviene detenerse en una expresión que en los últimos años se volvió moneda corriente dentro del lenguaje político argentino del día a día: la "batalla cultural", el término proviene de la "hegemonía cultural" de Gramsci, luego retomado a nivel nacional por el sector liberal libertario. Lo tomaremos aquí para resignificarlo. Se debe dar una batalla cultural, sí, pero contra la cultura del descarte denunciada por Francisco y contra esa concepción de la persona humana que estipula que uno vale por lo que produce.

Para dar dicha batalla, que debe hacerse desde los distintos ámbitos de la sociedad, a nivel político, se exige una transformación política que salga en defensa de la dignidad de la persona humana y la promoción del bien común, y que encierre en dicho bien a los mayores.

Porque no son un sector más al que se pueda dejar de lado, sino que son un eslabón más de nuestra sociedad, que nos vincula con lo que Argentina anteriormente fue. Son nuestra historia viva; y nosotros también seremos historia viva a futuro.

El autor de esta nota es parte del proyecto Conciencia Politica, revista del Centro de Estudiantes de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina, dirigido por Julián Ornella.
Se publica la nota que surge electa de un concurso mensual. Este artículo es el resultado de una relacion editorial establecida entre Conciencia Política, de la UCA, y El País Diario.

Espert insultó a Florencia Kirchner en una charla en la Universidad Católica Argentina y fue abucheado

El diputado también llamó "chorra" a Cristina Kirchner y dijo que el auditorio estaba lleno de "kukas".

Durante una disertación de comunicación política en la Universidad Católica Argentina, el Diputado José Luis Espert insultó a Florencia Kirchner al recordar una frase que había pronunciado en el pasado y fue abucheado.

"¿Cómo no vas a estar amargada si sos la hija de una gran puta?", expresó Espert ante los asistentes.

La afirmación provocó una reacción inmediata del auditorio, que respondió con gritos, abucheos y pedidos para que se retractara o abandonara la sala.

En medio de la tensión, una de las moderadoras del evento intentó contener la situación y pidió "por favor nos manejemos con respeto". La intervención no logró apaciguar los ánimos, y el ambiente siguió cargado.

El diputado continuó con su exposición e insistió con nuevas declaraciones. Se refirió a Cristina Fernández de Kirchner como una "chorra" y, al escuchar nuevas críticas desde el público, respondió: "No sabía que estaba lleno de kukas". Estas frases dividieron al auditorio, donde también se registraron algunos aplausos.

Finalmente, ante lo desatado por sus manifestaciones, la charla fue interrumpida y Espert se retiró del lugar por una puerta trasera, escoltado por personal de seguridad.

Según la UCA, la pobreza llegó al 49,9% en el tercer trimestre

Bajó desde el pico de 55% registrado en el inicio del año, pero sigue más alta que en 2023.

La pobreza alcanzó al 49,9% de la población, alrededor de 23 millones de argentinos, lo que representa una baja respecto del comienzo del año, aunque aún se encuentra por encima en la comparación interanual, de acuerdo con la medición del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

A principio de año, con el efecto inicial del ajuste en los primeros meses de Gobierno de Javier Milei, la pobreza había llegado a casi 55% de la población, desde el 44,7% de fines de 2023.

Sin embargo, en el segundo trimestre el número empezó a revertirse y en el tercer trimestre retrocedió a 49,9% de pobreza.

En tanto, la indigencia pasó de 11,9% en 2023 a 12,9% en el tercer trimestre de este año.

En este contexto, se relevó que 29,4% de los hogares debió recortar el gasto en medicamentos; 29,9% no pagó tasas o impuestos; y 27,1% no pudo pagar algún servicio.

Agustín Salvia, Director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dijo que "lo que estamos sufriendo hoy no es sólo el efecto de una política de ajuste sino el agotamiento de un ciclo económico que tiene más de 20 años" y consideró que "la política del actual Gobierno era de alguna manera necesaria".

Al presentar el informe a la prensa, sostuvo que las políticas de ajuste "se hicieron a un ritmo muy acelerado y con alto costo inmediato", aunque "tuvieron un impacto regresivo de menor profundidad de lo que podía esperarse".

Afirmó que "los datos tiene efecto estadístico de la caída de la inflación y que no haya caído el empleo, aunque sí creció la informalidad".

La baja de la pobreza "no necesariamente se expresa en mayores niveles de consumo" debido a que "hay un incremento del gasto en servicios", agregó.

Entre 2022, 2023 y 2024 aumentó la proporción de personas en situación de indigencia y pobreza.

Al analizar la pobreza e indigencia en la infancia, se relevó que actualmente 2 de cada 10 niños viven en pobreza extrema.

El 65,5% de los niños en Argentina viven en situación de pobreza y 19,2% en situación de indigencia.

Salvia observó que "hay una desinversión generacional" dado que en 2011 y 2012, el 40% de los niños eran pobres y hoy ese número asciende a 65,5%.

Se observó un incremento de la pobreza infantil en los estratos medios, pero sobre todo una mayor concentración de pobreza extrema en los estratos más bajos de la estructura social.

Los niños y niñas de hogares con menor capital social son los más sufrientes y afectados por la crisis.

Por otra parte, en Argentina urbana actual el 36,3% de los hogares reciben asistencia económica directa o indirecta por parte del Estado Nacional, provincial o municipal.

Si se calcula la situación sin Asignación Universal por Hijo, otros programas ni pensiones no contributivas, se estima que la indigencia ascendería a 23,2% y la pobreza a 55,4% de la población.

En este contexto, Salvia acotó que "buena parte del problema está en la estructura ocupacional. Argentina no genera buenos empleos".

Se observó un aumento del subempleo inestable, al que denominan changas, que alcanzó al 23,6% de la población económicamente activa; mientras que sólo 40% de la fuerza de trabajo tiene empleo pleno de derechos, con salario que cubre el costo de vida, estabilidad y aportes de seguridad social.

El deterioro de las oportunidades de empleo y de las remuneraciones se correlaciona con el aumento del porcentaje de ocupados que residen en hogares pobres, con marcadas diferencies entre estratos socioeconómicos.

De acuerdo con el relevamiento, el 35,3% de los trabajadores es pobre.

El Observatorio de la UCA advirtió que "no solo hay que estabilizar la macroeconomía, sino también proyectar un desarrollo con mayor productividad, empleo e inclusión social" y llamó a definir "políticas orientadas a fomentar la inversión, introducir nuevas tecnologías, multiplicar las exportaciones, recuperar el ingreso y hacer posible la creación de más y mejores empleos, junto a un cambio radical en el sistema de seguridad social".

Salvia sostuvo que "la tendencia de la pobreza es a la baja; es de esperar que la pobreza siga bajando y el Gobierno termine el año por debajo del último trimestre del año pasado".

"Esperábamos indicadores más graves. La sociedad argentina tenía reservas que no medíamos, que hizo que el proceso de crisis se viera amortiguado"; sin embargo, "tenemos problemas estructurales que la crisis actual no los resuelve y está abierto el futuro", concluyó.

Advirtieron que 6 de cada 10 niños y adolescentes escolarizados en Argentina son pobres

Un informe de la Universidad Católica Argentina reveló el complejo panorama que atraviesan los jóvenes argentinos que asisten a establecimientos educativos.

El impacto de la crisis económica en la Argentina cada vez se siente más en los niños y adolescentes, lo que se viene reflejando en distintos informes que alertan sobre la creciente población juvenil que cae bajo la línea de pobreza.

Esta realidad no es ajena al ámbito educativo y así queda demostrado en el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, que reveló que 6 de cada 10 niños y adolescentes escolarizados en el país son pobres, es decir el 62,9%.

La mayor proporción de este grupo la componen los alumnos de escuelas públicas, donde la pobreza alcanza a 7 de cada 10, que sería el 71,6%.

En tanto que en el caso de las escuelas privadas laicas, el porcentaje cae a 26,8%, mientras que la cifra asciende al 33,9% entre los alumnos de colegios parroquiales o religiosos.

Al tener en cuenta ambos sectores de gestión privada, el análisis arroja que 3 de cada 10 alumnos de escuelas privadas, 29,4%, se encuentran en situación de pobreza, lo que representa cerca de 356.000 niños y adolescentes.

El informe Caracterización de la población de niños/as y adolescentes escolarizados según el tipo de gestión educativa de la Universidad Católica Argentina, que abarca a niños y adolescentes entre 0 y 17 años que asisten a instituciones educativas, precisó también que el 16,2% de los alumnos argentinos se encuentran en situación de indigencia.

La mayoría de los niños y adolescentes escolarizados del país asisten a escuelas de gestión estatal, 72,4%, según datos del último Relevamiento Anual elaborado por el entonces Ministerio de Educación de la Nación. De los tres niveles obligatorios, inicial, primario y secundario, el jardín de infantes es el que tiene los mayores porcentajes de matrícula en el sector de gestión privada.

El estudio que fue publicado este lunes y corresponde al segundo semestre de 2023, supone una leve mejora con respecto a las cifras de 2022.

El informe fue elaborado por los investigadores Ianina Tuñón y Matías Maljar, en base a los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, referidos únicamente a centros urbanos con más de 80 mil habitantes, para indagar en algunas características de la población en edad escolar, con el objetivo de ofrecer evidencia que pueda servir a "la construcción de políticas públicas orientadas a poblaciones que en esta coyuntura pueden enfrentar dificultades para continuar estudiando" en las escuelas privadas.

El documento, que fue entregado a funcionarios de la Secretaría de Educación, pone el foco en “la población de niños/as y adolescentes que en situación de vulnerabilidad social asisten a escuelas de gestión privada laica o religiosa, cuya escolarización supone una contribución económica por parte de los hogares”.

El relevamiento de la Universidad Católica Argentina se sumó al informe elaborado por Unicef que se conoció en la jornada de este martes, que reveló que 7 de cada 10 niños viven en condiciones de pobreza en Argentina.

La cifra abarca a cerca de 8.600.000 de menores de 18 años que viven en hogares que no alcanzan el umbral mínimo de ingresos económicos o en entornos donde se ven privados de sus derechos.

Alertan que la pobreza podría superar el 60% tras el ajuste más fuerte de los últimos 20 años

El Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina alertó que más sectores sociales tienen problemas para afrontar la canasta básica en febrero.

El avance de la pobreza en Argentina no se quedó en el 57% detectado en enero, sino que avanza para ubicarse por encima del 60% en febrero, a medida que el costo de bienes y servicios se incrementa y los ingresos de la población se deterioran.

En ese escenario, cada vez más familias tienen serias dificultades para llegar a fin de mes, y, en el caso de las que tienen que pagar un alquiler, la situación es alarmante.

Agustín Salvia, titular del Observatorio Social de la UCA, advirtió que el escenario en febrero podría ser "todavía más complicado".

"Es de esperar que se agrave", indicó Salvia, quien advirtió que la pobreza lleva muchos años instalándose como "un problema estructural" en Argentina.

Un estudio publicado por el Observatorio Social de la UCA, indicó que la pobreza alcanzó en enero a 57,4% de los argentinos, lo que equivale a 27 millones de personas, medición que en un mensaje en sus redes sociales el Presidente Javier Milei consideró como "la verdadera herencia del modelo de la casta".

"La situación es complicada y grave, no es un fenómeno nuevo, sino que es un problema que se viene acumulando", explicó Salvia.

El especialista dijo que la indigencia alcanzó en enero pasado al 15% de los argentinos, unos 7 millones de habitantes, en tanto que la pobreza superó el 57%, números que marcaron una sensible suba respecto de las cifras de fines de 2023, cuando se las estimaba en 14% la indigencia y una pobreza de 49%.

La medición del Observatorio de la UCA alertó que la pobreza se encuentra en el nivel más alto de los últimos 22 años. Es preciso recordar que en 2002 había alcanzado el 54%.

Salvia recalcó que los procesos que llevan a semejante deterioro son consecuencias de largo plazo, pero puntualizó también que la dramática situación social que recibió la administración de Javier Milei, vio agravarse los índices en enero por "un proceso constante de inflación, el inicio de una recesión económica y porque no hubo ajustes salariales importantes".

"En los últimos 20 años se mantuvo en general la estadística que marcaba que el 30% de los argentinos eran pobres, pero el proceso actual es el más grave en más de 20 años", aseveró Salvia.

Según la UCA, la pobreza trepó al 44,7% en el país y ya afecta a 17.500.000 personas

Así lo señaló el último estudio de la Universidad Católica Argentina en 2023. Reveló además un incremento al 9,6% de la indigencia en el último trimestre y aclaró que sin los planes sociales la pobreza llegaría al 49%.

El último índice de pobreza en Argentina mostró un incremento del 43,1% en 2022 al 44,7% en el 2023, lo que expuso que hay 17.500.000 de argentinos sumergidos en niveles bajos de ingresos, vivienda precaria, salud y educación insuficiente o inseguridad alimentaria

Reveló, además, un incremento al 9,6% de la indigencia, en el último trimestre del 2023 y aclara que sin los planes sociales la pobreza llegaría al 49%.

El trabajo del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, último de 2023, fue realizado sobre un muestreo de 5.760 hogares en un universo geográfico de grandes conglomerados urbanos que abarca el área metropolitana del Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza, Salta, Neuquén La Rioja, San Juan Tierra del Fuego, Chubut y Chaco.

Además sostuvo que hay 9,6% de personas que son indigentes, que serían 4.200.000 personas.

"Los efectos de la inflación sumados al estancamiento de la economía y la situación de empleo informal hacen que en Argentina los niveles de pobreza hayan aumentado. Y todos los indicadores muestran que esa suba de cantidad de pobres o nuevos pobres seguirá en aumento el año entrante", alertó Agustín Salvia, director del OSDA.

Bajo el título Deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes. Desafíos para la agenda pública (2004-2023), reveló que, si no existiese una contención de los planes sociales, la pobreza escalaría al 49,1% de la población. Es decir que 5 de cada 10 argentinos está en potencial situación de pobreza.

Salvia alertó en este sentido que "es necesario que persista una contención social a los sectores vulnerables para que no haya un desborde social".

En el estudio se destacó que la tasa de pobreza pegó más en los sectores muy bajos alcanzando el 68% mientras que en los sectores altos apenas llegó al 11% y en el promedio total alcanzó en el 2023 al 44,7%. Estos son índices que se vieron antes de la pandemia del Covid-19 en el 2020 y son similares a los años de la presidencia de Néstor Kirchner en el 2004 y 2005.

El otro dato alarmante es el de la inseguridad alimentaria. Esto es: personas y hogares donde padecen hambre al menos una vez por día. El 20,6% de los hogares en Argentina tiene signos de inseguridad alimentaria, lo que implicó en el 2023 un incremento de esta variable respecto del 18,7% del 2022.

Así, en el promedio total de los chicos de 0 a 17 años se registró el índice de inseguridad severa alimentaria más alta de los últimos 18 años: el 13,9% de los niños expuso que padece hambre en la Argentina durante 2023.

"Casi 7 de cada 10 personas presentaba en 2023 al menos una de las carencias consideradas en dimensiones de derechos, el 44% registraba 2 o más, mientras que el 28% de las personas se encontraban en la situación más crítica mostrando 3 o más carencias en dimensiones de derechos", sostiene.

Para Salvia, "la causa de la pobreza ha sido y sigue siendo la falta de inversión y de un crecimiento equilibrado entre sectores dinámicos y sectores tradicionales, con capacidad de generar más y mejores empleos, o, incluso, trabajos dignos en la economía informal. El resultado es un aumento sostenido de la población "sobrante".

La brecha de ingresos entre los trabajadores de más alta y más baja remuneración, más que duplica la brecha de ingresos entre la ganancia media de los empresarios y la remuneración media de los trabajadores asalariados. De esta manera, el informe mostró que el 35,7% de la población no tiene acceso al empleo y a la seguridad social.

"Frente a la pobre creación de más y mejores empleos, y la imposibilidad de generar mejores remuneraciones, el gasto en transferencias sociales ha sido el mecanismo por excelencia más eficiente para mantener una relativa paz social. Sin este aumento en el gasto social la pobreza sería muy superior", reveló el informe.

Según la Universidad Católica: 4 de cada 10 argentinos son pobres y se llegó al nivel más alto desde 2006

La pobreza treparía al 50%, de no ser por la Asignación Universal por Hijo y otros planes sociales, de acuerdo con las mediciones de la Universidad Católica Argentina.

Cuatro de cada diez argentinos están bajo la línea de pobreza, el nivel más alto desde el 2006, según un informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

La pobreza treparía al 50%, de no ser por la Asignación Universal por Hijo y otros beneficios sociales.

La Tasa de Indigencia, que abarca a las personas con un ingreso insuficiente para cubrir una canasta básica de alimentos, alcanzó el 8,1% de la población a fines de 2022, según los datos oficiales de Indec, y sería del 19,6% si no se contemplara el cobro de la Asignación Universal por Hijo, pensiones no contributivas y otros programas.

El índice de pobreza en Argentina alcanzó al 38,9% de la población, una tasa similar a la que se padecía en 2006, es decir, 17 años atrás.

Por otra parte, se refuerza una tendencia preocupante: la tasa de pobreza es más alta en la franja etaria hasta 17 años, en el 61,6%, un nivel que proyecta un muy elevado piso de pobreza para los próximos años.

El estudio detectó que a partir del 2013 la tasa de pobreza fue en crecimiento a la par del aumento del gasto social del Gobierno en relación al PBI.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina define la pobreza como "privaciones económicas injustas que afectan el desarrollo de las capacidades humanas en diferentes dimensiones de la vida social".

Un estudio de la UCA indica que el 65% de los chicos argentinos viven en la pobreza

El dato surge del relevamiento presentado por el Observatorio de la Deuda Social elaborado por esa Universidad Católica Argentina, que señala que la pobreza bajó 1 punto con respecto al año 2020.

El 43,8% de los argentinos se encontraba bajo la línea de la pobreza hacia octubre último, mientras que el 65% de los chicos permanecía en esa condición.

El dato representa una leve baja respecto de 2020, cuando la pobreza arrojaba 44,7%, pero sigue por encima del 39,8% de 2019.

Entre julio y octubre de 2021, el 43,8% de las personas eran pobres, mientras el 8,8% eran indigentes.

Sin los planes, la pobreza subiría del 43,8% a 48,9%, de acuerdo con el estudio.

Los niveles de indigencia se encuentran en valores relativamente similares a los de la prepandemia: la pobreza por ingresos es aún superior a la que se registraba en 2019, cuando llegaba al 39,8%.

Salvia señaló que los planes sociales son "fundamentales para evitar que se dispare la indigencia", y sostuvo que sin estas ayudas, ese índice subiría del 8,8% al 18%.

Los expertos de la UCA alertaron que la franja etaria de los más jóvenes es la única en la que la pobreza volvió a subir, al presentar los nuevos datos del barómetro de la deuda social.

La medición tiene registros mejores a los de 2020, aunque advierten que persiste el deterioro socioeconómico, en buena medida por la inflación.

Según el relevamiento, entre el tercer trimestre de 2021 y el mismo período del 2020, la pobreza se redujo del 44,7% al 43,8%, mientras el desempleo retrocedió del 14,2% al 9,1%.

Por el efecto del confinamiento severo que generó la pandemia, entre 2019 y 2020 la tasa de desocupación se incrementó de 10,6% a 14,2%.

Tanto en 2020 como este año, impactó fuerte el "efecto desaliento", de desocupados que abandonaron la búsqueda de empleo al ver que disminuían las chances de conseguir trabajo.

La UCA estima que sin ese fenómeno la desocupación se habría incrementado a niveles cercanos al 28,5% en 2020, y al 12,5% en 2021.

En 2021 sólo el 42,1% de la población económicamente activa tenía un empleo pleno de derechos, mientras el 29,6% tenía uno precario, el 19,2% un subempleo inestable y el 9,1% estaba desocupado.

Esta situación, unida al efecto de la inflación, hizo que entre 2019 y 2021 el poder adquisitivo del total de los ocupados disminuyera 7,4%.

En 2021, la media de los ingresos mensuales del total de los ocupados fue de $50.534.

Para trabajadores con empleo pleno el ingreso medio fue de $68.973 y para los que tienen un subempleo inestable fue de $18.637.

Agustín Salvia, responsable del trabajo, dijo que el empleo se recupera más en el sector informal, pero allí a su vez golpea fuerte la inflación.

Dijo que observaron un "empobrecimiento de las clases medias con capacidades de ahorro".

El impacto sobre la niñez

El relevamiento estimó que en 2021 el 64,9% de los niños y adolescentes vivían en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza, y el 14,7% en viviendas con ingresos por debajo de la frontera de la indigencia.

En 2020, la pobreza había llegado al 44,7%, y no escaló más allá por el impacto de medidas como el Ingreso Familiar de Emergencia, con tres bonos de $10.000 para 9 millones de personas.

Salvia alertó que a la Argentina le tomará varios años volver a los niveles de pobreza del 2017, cuando el indicador estaba en 28%.

El índice de pobreza de la UCA alcanzó el 44,2%

La pobreza en Argentina avanzó casi cuatro puntos porcentuales con respecto al mismo informe presentado un año atrás.

Cifra que deberá achacársele al Presidente Fernández, sin olvidar las responsabilidades de Macri, Duhalde, Néstor, Cristina y Menem, todos promotores de la pobreza en el país.

El índice de pobreza subió al 44,2% de acuerdo a la medición realizada por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina durante el período de julio y octubre. 

De ese total, un 34,1% se ubicó en la categoría de "pobres no indigentes" mientras que un 10,1% están en la "indigencia", quienes no pueden cubrir la canasta alimentaria básica.

La mayor cantidad de pobres, que ya rondarían los 20.300.000 de personas, se disparó en medio de la pandemia de coronavirus, que impactó muy fuerte sobre la actividad económica.

Para la UCA, en el período comprendido entre julio y octubre, el desempleo ya llegaba al 14,2%, lo que representa unos 2.700.000 de personas sin trabajo.

La UCA difundió el "Informe de Avance: Deudas Sociales en la Argentina 2010-2020. Crisis del empleo, pobrezas y desigualdades estructurales en el contexto COVID-19", el cual mostró subas en tasas de pobreza, indigencia y desempleo, todo un logro que la Casta Política argentina deberá acreditarse con justa responsabilidad y notoria complicidad de la Casta Gremial.

En 2019, durante la presidencia del farsante estafador Mauricio Macri, el mismo estudio de la UCA había arrojado que un 40,8% de los argentinos se ubicaban bajo la línea de pobreza. Medidos por hogares, los afectados por la pobreza subieron del 32,1% al 34,9%.

"El dato de pobreza también se agrandó", explica el informe de la UCA, "porque se amplió la consulta a 30 partidos del Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, 6 más que los consultados por el organismo oficial de estadística".