A los 97 años, murió el artista plástico mendocino Carlos Alonso

Fue el gran referente del realismo expresionista argentino. Dibujante, grabador y pintor, construyó una obra estremecedora, atravesada por la memoria, las heridas de las pérdidas y la violencia política.

Dibujante, grabador, pintor inmenso, maestro de maestros, hizo de la pintura una manera de entender el mundo y de mantener viva la memoria. Como una herida abierta. Con una fuerza y una capacidad de interpelar que impedía despegar la mirada de sus obras. Había en sus retratos, de una técnica sublime, una furia y una expresión casi tangibles. Con el trazo del gran dibujante que era y el compromiso con la realidad que le tocó vivir que marcó todo su trabajo.

Tenía 97 años, y se sumó a la lista de grandes artistas que murieron en estas semanas. Su muerte se conoce a pocos días de la del escultor Juan Carlos Distéfano y, pocos días después, de quien fuera su mujer de toda la vida, la gran escritora y dramaturga Griselda Gambaro.

La vida de Alonso, a través de su obra, y como la de León Ferrari, expone las heridas de una dolorosa memoria histórica. Desde su Mendoza natal, irrumpió en el panorama artístico de los sesenta con una potencia indómita, que no dejaba a nadie indiferente. Su lenguaje personal y su compromiso político estaban ya ahí, en lienzos que lo convertirían en uno de los grandes referentes del arte argentino.

Consagrado, expuesto, publicado, se exilió en Italia después del Golpe de Estado del 76 y la desaparición de su hija Paloma, en 1977. Un golpe que se sumaba al de la pérdida de su esposa Beba, que murió ahogada en las playas de Río de Janeiro, en plena luna de miel.

Volvió al país desde Madrid, que fue su segunda casa en el exilio, a principios de los ochenta. Su pintura y su dibujo, entrelazados, mostraron con mayor vigor entonces la profundidad de las heridas. Pero también las pulsiones vitales, el erotismo y el amor, el caos y las turbulencias de la creación.

Las pinturas de Alonso deslumbran por su virtuosismo; siempre está en ellas el enorme dibujante que era. Su capacidad de expresión podía poner los pelos de punta, con los temas más diversos. Cuerpos y reses, sangre y locura, dramatismo y pasión.

Quien haya visto muestras como Carlos Alonso en el infierno, su serie inspirada en La Divina Comedia del Dante, o la conmovedora Vida de pintor, en el Museo Fortabat, que incluía varios de sus tremendos auto retratos, sabe de ello. Del impacto y el grito de sus imágenes, que no se olvidan.

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