Étinne Decroux

Cuando Étinne Decroux enterró sus libros en el jardín de su casa de Boulogne-Billancourt, asediado por la ocupación nazi en Francia, no imaginaba la enorme trascendencia que tendría su persona en los tiempos futuros.

Solo a duras penas podía pensar en algo, pues el desánimo y la desesperación imperaban en ese momento lleno de represiones y asesinatos.

Étinne miraba con tristeza sus libros y los enterraba para alguna vez poder rescatarlos. Él, que había sido un promulgador de ideas que defendían siempre a los pobres y excluidos, ahora se llamaba a silencio.

Y no era el mismo silencio que promovía desde su arte cada vez que concretaba un espectáculo, que daba una conferencia, que trabajaba en los ensayos en su atelier. Era un silencio conformando por la angustia de tener frente a sí un estado totalitario y cruel. Étinne observó entonces la paradoja que representaban esos silencios en su vida.

Mucho tiempo atrás, un joven Étinne Decroux había experimentado con el silencio desde su cuerpo. Tenía la certeza de que si producía un espectáculo desde la rítmica de sus movimientos, eso bastaría para llevar la propuesta del Mimo hacia un lugar central en su búsqueda de la pureza de un arte mayor.

En 1931 crea su primer obra de mimo: La vida primitiva, que es representada en el escenario del Theatre de L`Atellier. Allí comienza la búsqueda de una forma expresiva que no se relacionaba con ninguna de las propuestas de ese momento.

Pero si con las ideas de Gordon Craig y Antonín Artaud. Una nueva concepción de las expresividades del cuerpo, donde la columna es el eje fundamental, donde piernas y brazos sólo son portadores de lo que se gesta en el tronco, hacen que su escuela se disemine poco a poco a lo largo del mundo.

No es realismo, no es danza, lo que busca Decroux. Es más bien, algo que se emparenta con la poesía, con una manifestación del ser en toda su potencialidad.

En 1937, bajo toda esta poética, crea su obra emblemática: Carpintero. Allí se despliega todo su saber. Un trabajo que, de solo mirarlo aún hoy, está bajo el halo de la magia y el misterio. Uno de sus amigos y colegas, Jean Louis Barrault, ha escrito en "Mi vida en el teatro" que el espacio comprime, que quiere ganarle a la vida. Y que el cuerpo lucha contra eso.

Cada movimiento, entonces, está atravesado por esa resistencia. Esto es lo que lograba Étinne Decroux en cada una de sus creaciones. Desde el Mimo Corporal Dramático, desde la Máscara Neutra. Desde esos trabajos breves en donde llevaba a cabo lo que él había aprendido de la vida al observar al carpintero, al transeúnte, a las mujeres y hombres de su pueblo en sus actividades cotidianas.

Luego de la segunda guerra mundial Decroux siguió creando. Su actividad fue imparable. Creó un corpus teórico y fundamentalmente práctico, que dejó como legado. Un legado que se inscribe como una de las técnicas y concepciones esenciales del teatro de hoy.

Juan Carlos Carta Silva
Juan Carlos Carta Silva
Dramaturgo, escritor y crítico de arte.
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