Pensar el futuro desde el arte. Para mi el arte siempre ha contribuido a pensar el futuro, pero también nuestro presente y nuestro pasado.
Ese pasado que se va dando en una forma de no- olvido. Y que se proyecta desde allí, desde esa historicidad, para pensar un futuro mejor. Un futuro que se deja entrever como un anhelo, como una forma de utopía.
Y es que el arte viene entonces, a ser una condensación y una potencialidad de ese futuro probable. De un presente y un pasado que se incrusta en nosotros, que nos condiciona a ser de una manera y no de otra, que construye nuestra identidad a partir de allí y quizás, sólo de allí.
Porque observemos en la historia: ¿Cuántas veces pudo el arte vislumbrar formas que después se darían en la realidad, en un futuro muy cercano? ¿Qué son sino esas sociedades extremadamente coercitivas y burocráticas en lo obra de Franz Kafka?
Esa obra que pudo preanunciar muchos horrores que tomarían cuerpo después en el nazismo. ¿Qué es sino, la descripción pormenorizada, la estadística y la cartografía que traza Rodolfo Walsh en su obra para hablar de una maquinaria que después lo exterminaría a él mismo?
¿Qué son todas estas narraciones sino una manera de proyectarse al futuro, descubrirlo desde su formas más siniestras, denunciarlo y tener a la vez la convicción, el deseo, de que ese futuro se presente como un mejor modo de vida para todos nosotros?
Es decir entonces, que el arte siempre ha pensado en el futuro y se ha pensado a sí mismo inscripto en ese futuro. Es algo inherente al mismo arte. El viejo dicho de que toda obra es hija de su propio tiempo, que habla por él, y que se extiende hacia el futuro es una de las improntas esenciales del arte. La obra siempre va a decir lo que quiso expresar el artista y también, si sabemos ver, va a decir más, mucho más. Nos va a hablar de un tiempo histórico y de cómo las personas de ese tiempo tratan de pensar su pasado, su presente, su porvenir.
A mi me interesa particularmente, al construir mi trabajo, interrogar algunas problemáticas que mi sociedad se quiere sacar de encima, que quiere tapar en la banalidad de un discurso político. Me interesa todo aquello que es considerado la escoria, lo que perturba, lo que no se debe ver.
Es allí, para mi, donde el arte puede contribuir para un futuro mejor, pues todo aquello que la sociedad se ha sacado de encima es justamente lo que la constituye como sociedad. Y hasta que nuestra sociedad no se enfrente con todo esto, que lo mire y que se haga cargo, no va ser una sociedad con buen futuro.
El arte entonces, como espejo de nosotros mismos.
Pensar el futuro desde el arte. Yo creo que ya Homero en la vieja Grecia lo pensó. Lo pensó en la mirada de miedo de Héctor ante la furia de Aquiles. En esa mirada en donde se dibuja ya la muerte, está toda la historia de Grecia y toda la historia de la humanidad.
Es como si Homero nos dijese que no habrá consideración de un ser humano ante otro, que nunca habrá un tiempo de paz, y desde allí, el poeta se expande hacia su futuro, que somos nosotros hoy acá. Y en eso estamos aun, con esos mismos miedos, preguntándonos las mismas cosas, vislumbrando apenas un porvenir que se nos aparece y se nos desaparece cuando lo pensamos.
Pienso finalmente que el arte se inscribe en lo por venir para describirlo, para preanunciarlo, para volver hacia las cosas que aún no se resolvieron. Pero también el arte se inscribe como una ética, una estética, una filosofía, una antropología de nosotros, en toda las posibilidades de ese futuro.
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