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Dejaron inaugurado un monumento a Cerati en Costa Rica

Se trata de la escultura "Siempre es hoy" que realizó el artista argentino Martín Di Girolamo, que tiene una altura de 2,30 metros y fue modelada en arcilla sobre una estructura metálica construida con perfilería de hierro soldado.

Argentina le obsequió a Costa Rica la escultura por cumplirse el bicentenario de independencia del país centroamericano.

La obra escultórica que homenajea a Cerati está en la Plaza de las Artes de San José de Costa Rica.

Costa Rica emplazó el monumento del músico y compositor ya que Argentina lo había obsequiado como regalo para el bicentenario de la independencia de aquel país.

El acto de emplazamiento fue encabezado por el Embajador argentino en Costa Rica, Luis Eugenio Bellando, quien aseguró ante autoridades de la nación centroamericana que el hecho conforma "un momento de expansión del corazón de la Argentina hacia Costa Rica por el bicentenario de su independencia".

¿Ya pasó el Bicentenario?

A más de 200 años de habernos declarado como un país libre y soberano, hace tiempo que el Bicentenario nos encontró heridos de bala.

El Bicentenario, declamado por muchos y comprendido por muy pocos, nos pasó por arriba en medio de una sociedad con alto grado de hipocresía, una corrupción impúdica y poco apego a la democracia republicana.

Si acordamos que el 25 de mayo de 1810 comienza la idea de soberanía en el Virreinato del Río de La Plata, entenderemos también que estamos ante una Casta Política, Gremial y Judicial que ha decidido entregar los recursos naturales al capital imperial y hacer vista gruesa a la corrupción estructural que afecta a casi todos los estratos del poder.

Música que escuchamos a diario y que se contradice con el intento de valorización del Bicentenario. Al menos en el sentido histórico revisionista, la celebración estruendosa que se hizo en 2010, durante el Gobierno de la ladrona Cristina, guarda relación inversa a la decencia política e intelectual de quienes, con desfachatez, se montaron sobre el escenario de la Patria.

Bástenos advertir con qué tremenda liviandad hablaron y hablan del tema tanto Néstor, Gioja, Cristina, Macri, Massa, Duhalde, Scioli, Manzur, Fernández, Cornejo, Uñac, Suarez, Morales, Insfran, Michetti, Lole, Peña, Dujovne, Cobos y otros tantos militantes del imperialismo internacional que suelen presentarse como artífices de un país emancipado.

A esta altura todos los sabemos: la República es un espejismo que se rompe en mil pedazos cada mañana. La realidad tiene la facultad de imponerse aún a pesar de nuestra voluntad autista.

En la práctica, la división de poderes no funciona. En el país donde el saqueo es un deporte sin riesgo que se practica desde la cima del poder, el ciudadano no deja de añorar con jugar al menos una temporada en el equipo de las coimas. Prima fácil que se le da al goleador y también al suplente. Que nadie quede afuera.

Es imposible olvidar que San Juan apoyó con marcada mayoría y entusiasmo servil a la dictadura cívico militar de los años 70 y finales de los 80. Cuando en 1983 se votó a Leopoldo Bravo, quien había sido interventor de la provincia durante el Gobierno Militar, el veredicto fue brutal: San Juan atrasa unos 5 años y estuvo a favor de la violencia de Estado. (Ver nota aparte).

Las provincias feudales de Argentina son un cóctel extraordinario que termina siendo un campo fértil para la siembra de gobernadores chantas.

Comarcas ovejunas con aspiraciones de gran ciudad y complejos de pueblo chico. En la coctelera se mezcla la pervertida impunidad el conservadurismo generacional con la tradición católica culposa.

Ya dejado atrás el 2010, año en que se cumplió el Bicentenario de la Patria, y en medio de un presente problemático y febril, la pregunta que emerge es ¿Cómo estamos?

Permítase en esta nota un ensayo de respuesta: Saturados de actuaciones rimbombantes y descaradas, sin esperanza de un futuro mejor y hastiados de una realidad tan virulenta.

Es en el realismo sucio, donde el ciudadano puede ver a figuras portadoras de un pésimo histrionismo subidas a un escenario político convulsionado, el público sin dudas será el pueblo, ya habituado a un ambiente social enrarecido. Hombres y mujeres más pobres, menos felices. 

Así nos va.