Lo que une a Wim Wenders, con Herzog y Alexander Kluge, los tres directores alemanes, es aquella necesidad de buscar en las imágenes que ofrece el mundo, su belleza oculta.
Desentrañar esa belleza. Desde sus comienzos como cineasta esto ha sido una constante a lo largo de toda su carrera. Tempranamente, en films como “Alicia en las ciudades” (1973) o “En el curso del tiempo” (1975), Wenders ha hecho de cada fotograma un tratado sobre la imagen. Cada una de sus fotografías puede existir autónomamente como obra de arte.
Por otro lado, el trabajo constante con grandes dramaturgos y guionistas, como pueden ser Sam Shepard en “Paris - Texas” (1984) o Peter Handke en “Cielo sobre Berlín” (conocida en Argentina como “Las alas del deseo” 1987) lo ha elevado a la altura de los grandes maestros del arte cinematográfico.
Textos exquisitos, para imágenes de una potencia y hermosura inigualables. Dos ángeles que deambulan entre la gente, preguntándose cómo será eso de estar vivo, de ensuciarse las manos con el periódico, de sentir el gusto del café todas las mañanas... hasta que uno de ellos, gracias al deseo, puede transformarse en ser humano. Un hombre que camina solo, habitado por la angustia, la sed y el hambre, ante un desierto inconmensurable, buscando a su mujer amada que habita en una ciudad lejana. O aquella que nos habla desde el fondo del mar, que es el fondo, los abismos de nosotros mismos (Inmersión, 2017)Todas potentes historias para desarrollar su devenir en el ámbito oscuro de una sala de cine.
Hablar de Wim Wenders, es hablar de un poeta que ha decidido buscar y hacer poesía a través de las imágenes. De un rostro. De una ciudad urbanizada. Del desierto agreste. Pero también es hablar de alguien que ha buscado en la fuerza de la realidad esa belleza. Los trabajos que emprende Wenders con determinadas figuras, films tejidos con diferentes géneros, entre documental, biográficos y de búsquedas, son parte fundamental del corpus de su producción.
"Relámpago sobre agua" (1980) que describe los últimos momentos de la vida de otro maestro del cine: Nicolas Ray; o " Tokyo Ga" (1985) un diario filmado que quiere rastrear las huellas del gran Yasujiro Ozu, son films cuya experiencia al verlos no se olvida. En uno de sus recientes trabajos, la figura de la maravillosa Pina Bausch se alza lentamente en la memoria de todos los entrevistados.
La unión de la exquisita fotografía, con la danza de los cuerpos, en las coreografías de Pina, hacen de esta película un objeto de culto. Una muestra del paso del hombre, del artista, por este mundo muchas veces violento y sin sentido.
Wenders recupera en sí, la belleza de las cosas y de las personas. Recupera a ese niño que todos llevamos dentro, que alguna vez soñó con la pureza y la hermosura de la vida...
Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.
Peter Handke, Wim Wenders, para "Las alas del deseo".
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