Decir que la expresidenta Isabel Martínez de Perón es una mujer nefasta, es caer en apenas un eufemismo a la hora de definir a la exesposa del Pocho Perón.
Fue la primera presidenta mujer en Argentina, ejerciendo el poder entre 1974 y 1976, tras la muerte de su esposo, Juan Domingo Perón.
Nombró a Videla como Jefe del Ejército y su marido, Perón, había nombrado a Massera titular de la Marina.
Fue la continuadora del terrorismo de Estado que ya había puesto en marcha Perón en el país, y le digo vigor y relevancia a la cacería asesina de argentinos y argentinas.
Ordenó a la Triple A "aniquilar" al terrorismo que había surgido de militantes civiles.
Martínez de Perón fue hábilmente influenciada por José López Rega, su ministro de Bienestar Social, que fue considerado un virtual primer ministro.
Isabelita, junto a López Rega, creó la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como Triple A, órgano armado paraestatal con el que se comenzó a secuestrar y matar a argentinos que ofrecían resistencia al Gobierno peronista.
Isabelita, tal como la llamaban, fue tan inútil que prácticamente despejó el camino para darle paso a la Dictadura Cívico Militar que comenzó con el golpe de 1976, donde nos encontramos con un Gobierno asesino y oscuro, criminal, durante casi una década.
Fue derrocada mediante un golpe de Estado acordado entre ella y las fuerzas militares, ya que el peronismo no sabía cómo salir del fracaso estrepitoso de un tercer periodo marcado por los peores resultados de la historia.
Su gestión fue un fracaso de punta a punto, y se la recuerda por una profunda crisis económica que provocó tanto Isabelita como su Minsitro, Celestino Rodríguez, etapa que se recuerda como "el Rodrigazo".
Durante sus años de gobierno imperó la violencia política y el abuso de poder de grupos parapoliciales, tal el caso de la Triple A, liderado por su Ministro José López Rega.
El 24 de marzo de 1976, el día del golpe, Isabelita fue detenida por la Junta Militar y estuvo presa bajo arresto domiciliario durante 5 años. Primero en la residencia El Messidor, ubicada en Villa La Angostura, Neuquén, y posteriormente en la Quinta de San Vicente, situada en Buenos Aires.
Más tarde se exilió en España, donde ha residido desde entonces, manteniendo un perfil muy bajo.
Isabel Martínez de Perón nació un 4 de febrero de 1931 en La Rioja. Sembró, junto a su marido, el Pocho Perón, el peor ejemplo y dejó una cría inefable que los ciudadanos y ciudadanas de Argentina padecemos hasta hoy.
Argentina: 24 marzo de 1976. El país deja de ser una república. Lo que era inminente se concreta. La violencia impera en las calles y se vuelve cotidiana, aunque todo ya estaba sucediendo desde mucho antes. El peronismo necesitaba el golpe de Estado para tapar así su propia inoperancia y sus crímenes. Todo había empezado mucho antes del 24 de marzo.
1 La historia da cuenta de una maniobra deliberada para invisibilizar el terrorismo de Estado del Gobierno peronista de Isabel Péron. Ya había empezado a correr la sangre y los desaparecidos se contaban por cientos.
2 Isabel Martínez, viuda del Pocho Perón, no puede dominar la furia con que la historia se comporta. Cae, o, mejor dicho, es derrocada. Ni la diplomacia de Ítalo Lúder, ni la astucia esotérica de López Rega pueden frenar la caída. El poder es débil como la carne: se esgrime trémulo, se estaciona, se mantiene algún tiempo, finalmente, se deteriora y muere. Con la Triple A, comandada por funcionarios justicialistas, en democracia, ya habían empezado a secuestrar y desaparecer ciudadanos argentinos. Pocho, fuiste un chanta, nos dejaste en manos de una lunática improvisada y muerta de miedo. El periodismo observa la marcha de los hechos. Unos graban. Otros escriben. Casi todos recordamos.
3 Cada año, cuando se cumple un nuevo aniversario del golpe, aparecen imágenes que retrotraen a la fecha. Los principales canales de televisión realizarán producciones especiales. Ediciones fantasmas aparecen en la pantalla. Testimonios nunca antes mostrados serán editados con música incidental. Como si no bastara con lo que sucedió. Años pasados, algunos canales se animaron a pasar la propaganda oficial con la que aquel gobierno ilegítimo e ilegal se autoproclamaba patriótico y necesario. El poder de los medios legitima, morigera, mata.
4 Los diarios se ponen a tono. Todos preparan algo. Muchos hacen un despliegue exagerado, como si la ecuación fuese directa: a más páginas, más rápido se enjuaga la conciencia sucia. Aparecen artículos valiosos y notas que más de un lector guarda. Alguno pensará en mostrarle el material a sus hijos y nietos. La historia se escribe en casa, eso pensé el día que se lo llevaban en un Falcon verde.
5 Algo molesta: luego de tantos años, el periodismo todavía no hizo su autocrítica. A su modo, muy sutilmente, cada sector ya hizo la suya. Las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, alguna porción minúscula de la dirigencia política y una ínfima fracción del sindicalismo. Son muchos los que ya se sacaron el peso de encima. ¿Sirvió? Tal vez sí, tal vez no. La historia se escribe constantemente. Las conclusiones son como los días: cambian a cada rato. Jefes montoneros y dirigentes guerrilleros ya aceptaron lo suyo. Empresarios y funcionarios involucrados con la dictadura, todos dijeron algo. Hipócritas o sinceros, se animaron a hablar. Estuvimos ahí, parecen haber dicho. Fui parte, acepto mi cuota de responsabilidad, piensan y lo dicen. Arrepentidos y soberbios hicieron su descarga en la tele. El periodismo sigue mudo al respecto. Que alguien lo advierta: los errores se repiten. Lo que no se larga afuera, se pudre adentro.
6 Siguen vivas hoy las campañas de prensa interesadas, la degradación del lenguaje, el escarnio gratuito, la deformación de la verdad, la alteración de datos, el incumplimiento del principio que obliga a respetar la pluralidad de las fuentes y la invasión de la intimidad. Pecados de juventud, parece ser la justificación que usa el periodismo. Pasaron décadas desde que volvimos a vivir en democracia y el tiempo hace que las cosas se vuelvan rancias: en ocasiones los pecados se convierten en maldiciones.
7 Un 23 de marzo de 2006, el entonces presidente ladrón, Néstor Kirchner, pidió a la prensa nacional que "algún 24 de marzo, los medios también hagan autocrítica". Al día siguiente, solo el diario Ámbito Financiero respondió al reto presidencial y publicó una columna en su portada titulada: "Autocrítica". Hipocresía argentina. Tradición que no lleva poncho: los mismos diarios y canales que acompañaron en silencio a los militares, hoy dedican páginas enteras a las víctimas del proceso. Ferocidad de la palabra. Narrativa que va y viene empujada por el viento. Todo puede significar una cosa u otra. A eso los saben todos.
8 Es menester un sinceramiento para llegar a un balance equilibrado de los hechos. La historia espera hasta el final, y cuando se cansa, se vuelve en contra. La gran mayoría de los argentinos no tenemos nada que ver con las especulaciones perversas que se hacen. Pero para pensar un futuro en libertad, es necesario que desatemos el debate.
9 Aún conservo la edición de un número del año 1995 de la revista Humor. Andrés Cascioli, director de la publicación, tituló en tapa: "¿Qué hiciste tú en el proceso, papá?". En ese número escribió sobre el rol del periodismo. El artículo se tituló: "Del elogio a la hipocresía". Entre otras cosas, puso que "algunos medios y periodistas que, sin arrepentimiento ni autocrítica, primero apoyaron el golpe de 1976 y ridiculizaron la cuestión de los derechos humanos, luego hablaron de crímenes y terrorismo de Estado". Menciona algunos ejemplos: "Editorial Atlántida, revistaExtra, dirigida por Bernardo Neustadt, revista La Semana, y los diarios Clarín y La Nación". Mientras el Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, los medios criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono. Mariano Grondona, quien alguna vez redactó comunicados para los golpistas, hizo luego un tibio mea culpa. Neustadt fue casi un vocero de los poderosos de entonces.
10 El periodista Carlos Ulanovsky, un gran recopilador de la historia de los medios, dijo lo suyo hace rato. Nos recordó que el terror no empezó con la irrupción de Videla y la junta militar en marzo de 1976, sino antes. Después de la muerte del Pocho Perón, en julio de 1974, fueron clausurados los diarios El Mundo, Noticias, y los semanarios Satiricón y Chaupinela.
11 Otras revistas y diarios tuvieron que cerrar tras el golpe: Mayoría, Cuestionario y Crisis.Humor fue una de las pocas que ofreció resistencia. Dijo lo suyo a tiempo y con dignidad. Hoy, en plena democracia, ya no está en la calle. Ingratitud de los que olvidan con afanosa prisa. Lectores invisibles de una historia que se desdibuja en la memoria porosa de los argentinos.
12 Réquiem fatal de los que pagaron con su vida. No quiero terminar sin recordarlos: Enrique Raab, Edgardo Sajón, Rodolfo Walsh, Julián Delgado, Vicky Walsh, Hernán Ferreirós y Héctor Oesterheld, autor de El Eternauta.
13 En aquel entonces, la vida en el país no se detuvo. Siguió. Los que podían rajaban a Miami a comprar televisores a color. Otros se emocionaban con Galtieri cuando dijo que a los ingleses: "les presentaremos batalla". Canal 13 no hablaba de la noche que imperó en las calles. Argentino Luna cantaba: "vea que lindo mi país paisano, si usted lo viera como yo lo vi". Palito Ortega entonaba: "La felicidad". Revista Gente, la que hoy pone en tapa a modelos esculturales, durante la guerra de Malvinas titulaba: "Estamos ganando". Es verdad: hubo censura. Nadie olvida. Y para los que olvidan, es bueno recordárselos: La Razón, Clarín y La Nación fueron, además de cómplices, socios del Gobierno en el fabuloso negocio de Papel Prensa S. A. En San Juan, algunos periodistas que ahora se presentan como progres exudaban alegría frente al micrófono. Muchos de la prensa gráfica vernácula hoy extrañan íntimamente aquellos tiempos en que los argentinos éramos "derechos y humanos". Medios locales de tradición fascista hicieron notas verdaderamente festivas frente a la llegada al poder de los militares. Ningún periodista del país se animó a leer al aire la carta que dejó Rodolfo Walsh antes de que lo asesinaran. Antes de amagar con cualquier especial sobre el golpe, primero los medios deberían hacer una profunda y sincera autocrítica.
14 Muchos argentinos presentían lo que vendría. Un tiempo abominable y terrible. Trágico. Algunos periodistas esperaban el golpe con indisimulable ansiedad. Lo cierto es que el 24 de marzo de 1976 los medios no se animaron a titular lo que realmente estaba ocurriendo. Era la instauración de un régimen militar totalitario que había tomado el poder por asalto. Las urnas quedaban guardadas bajo llave.
15 Eufemistas empedernidos: casi nadie usó la palabra "golpe" o "dictadura". El ultraje no sólo fue para muchos conciudadanos, también le ocurrió al lenguaje. Algunos medios no hacen autocrítica porque creen que actuaron bien. Otros porque piensan que sería una acción poco aconsejable para el marketing de la empresa. El consumo es uno de los peores enemigos de la memoria.
16 Chicos y chicas de 12, 15, 17, 20, 26 o 30 años, hoy se preguntan qué hacíamos cada uno de nosotros cuando sucedió el golpe. Yo tenía 7 años e iba a la escuela. Para ustedes escribí esta nota.
(Esta nota fue publicada por primera vez en marzo de 2013 y cada año es actualizada en El País Diario).
Denunciaron que se "replica un modelo económico, social y político similar" al de la última dictadura militar. Entre otros, adhirieron León Gieco, Selva Almada, Sergio Olguín, Liliana Herrero, Indio Solari, Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Tute y Claudia Piñeiro.
Más de 1.000 intelectuales, artistas, escritores, docentes, periodistas y activistas firmaron una solicitada en la que denuncian que el Gobierno de Javier Milei "replica un modelo económico, social y político similar al desplegado por la última dictadura", relativiza e incluso reivindica los crímenes cometidos entre 1976 y 1983 y promueve un "apagón cultural".
"Su intención era dar marcha atrás el reloj de la historia: modificar de raíz la realidad de una sociedad altamente movilizada por los derechos colectivos, sociales y laborales, con una industrialización floreciente y una vida cultural excepcional", sostuvieron acerca de aquel periodo oscuro.
La iniciativa provino de la presidenta del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, Florencia Saintout, "a título personal y no institucional", aclaró.
Entre los firmantes, varios de relevancia internacional, aparecieron León Gieco, Estela de Carlotto, Taty Almeida, Indio Solari, Tata Cedrón, Teresa Parodi, Adolfo Pérez Esquivel, Víctor Heredia, Marilina Ross, Cecilia Roth, Claudia Piñeiro, Rita Cortese, Juan Minujín, Liliana Herrero, Juan Falú, Pablo Echarri, Dolores Fonzi, Lito Vitale, Albertina Carri, Selva Almada, Guillermo Saccomanno, Adriana Varela, Liliana López Foressi, Diego Capussotto, Pedro Sabrido, Guillermo Martínez, Analía Couceyro, Maitena, Tute y Gabriela Cabezón Cámara.
También convocaron a movilizarse a Plaza de Mayo este martes 24 de marzo "para que el Nunca Más sea definitivo".
El Centro PEN Argentina, la Unión de Escritoras y Escritores de la Argentina, la Asociación de Dibujantes de Argentina, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina y el Colectivo de Literatura para Niños, Niñas y Jóvenes participarán de la marcha "por la democracia", a partir de las 14.30 horas, en la esquina de Tacuarí y Avenida de Mayo.
"La otra dimensión del horror perpetrado fue la política cultural: cientos de miles de libros quemados y prohibidos, facultades cerradas, películas y obras de teatro canceladas, actores y actrices perseguidos, exiliados o desaparecidos, teatros clausurados e incendiados", dice el documento elaborado.
La solicitada afirma que "hoy nos encontramos con un gobierno nacional cuyo modelo económico, social y político parece calcado de aquellos años feroces: incluso relativiza y hasta reivindica los crímenes de la dictadura".
Y denuncian "el ajuste permanente sobre el presupuesto estatal, salvo para el pago de deuda externa, el alineamiento con las políticas neocoloniales y el desmantelamiento de la legislación laboral", al tiempo que consideran la represión de la protesta social "una marca de estos tiempos".
También suscriben la solicitada Sergio Olguín, Cristian Alarcón, Vivi Tellas, Benjamín Rojas, Florencia de la V, Raúl Zaffaroni, Dolores Reyes, Alejandra Kamiya, Marina Bellati, Dora Barrancos, Baltasar Garzón, María Eugenia Ludueña, Gloria Carrá, Gerardo Romano, Ana María Picchio, Luciano Cáceres, Cristina Banegas, Jean Pierre Noher, Virginia Innocenti, Helen Zout, Benjamín Avila, Sergio Pujol, Emilia Mazer, Valentina Bassi, Julián López, Pablo Semán, Marina Mariasch, Fernando Spiner, Lidia Borda, Inés Ulanovsky, Carmen Guarini, Natalí Incaminato, María Victoria Menis e Ignacio Copani, entre muchos otros.
El comunicado fue firmado por rectores, decanos y docentes de universidades públicas nacionales.
Por su parte, la Secretaría de Cultura de la Nación informó a este diario que no tenía prevista ninguna actividad asociada a la conmemoración del 24 de marzo.
Fue el presidente elegido para salir de la dictadura cívico militar y en 1983 protagonizó el regreso a la democracia.
El 12 de marzo de 1927 nació en Chascomús, Buenos Aires, Raúl Alfonsín, apodado El Padre de la Democracia argentina.
Hijo de Ana María Foulkes y Serafín Raúl Alfonsín, fue un notable dirigente de la Unión Cívica Radical. Cursó los estudios primarios en la Escuela Normal Regional y los secundarios en el Liceo Militar General San Martín, donde se graduó como subteniente en la reserva y tuvo de compañero de clase al dictador asesino Leopoldo Fortunato Galtieri.
En 1946 ingresó a la carrera de Ciencias Jurídicas en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, de la cual egresó como abogado en 1950.
Fue allí donde comenzó a militar en el Movimiento de Intransigencia y Renovación, una fracción que se había desmembrado de la Unión Cívica Radical, que en aquel entonces era liderado por Ricardo Balbín.
Tras casarse con María Lorenza Barreneche, Alfonsín abrió un estudio de abogados y comenzó con su carrera política. También empezó a colaborar como periodista en diario El Imparcial.
Cierre de campaña de Raúl Alfonsín frente al Obelisco, en octubre de 1983
Camino a la presidencia
En 1954 fue elegido concejal por Chascomús, sin embargo, al año siguiente fue encarcelado por la Revolución Libertadora, tal como se llamó al golpe de Estado que derrocó al Presidente fascista Juan Domingo Perón.
En 1958 fue elegido diputado provincial por provincia de Buenos Aires, y diputado nacional durante el Gobierno radical de Arturo Illia, que se desarrolló entre 1963 y 1966.
Durante aquel gobierno ejemplar y honesto, Alfonsín fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo. Llegado el 1965 fue electo presidente del Comité Provincia de Buenos Aires de la UCRP.
Por entonces ya era conocido en todo el país, y decidió lanzarse como precandidato a gobernador de Buenos Aires en los comicios que debían celebrarse en 1967.
Pero un nuevo golpe de Estado, el de 1966, encabezado por el asesino Juan Carlos Onganía, despojó a Alfonsín de su banca como diputado y terminó con el Gobierno honesto de Arturo Illia.
En aquel tiempo, el joven dirigente estuvo nuevamente detenido por los militares cómplices del peronismo.
Defensor de Balbín
Alfonsín ejerció como abogado la defensa legal de los perseguidos por el régimen militar, entre ellos al propio Ricardo Balbín.
Una vez que murió el líder radical Ricardo Balbín, en septiembre de 1981, el joven Raúl decidió ponerse a la cabeza de la UCR.
En el transcurso de los días previos al regreso de la democracia en Argentina, Alfonsín marcó profundas diferencias con el Partido Justicialista, acompañó a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y denunció a los golpistas de la dictadura.
Ya en campaña, rumbo a la presidencia, Alfonsín fue el candidato que más habló sobre la democracia y de las Fuerzas Armadas como institución subordinada al poder civil.
Tras el proceso militar que dejó en el piso al país, Argentina llegó a las elecciones del año 1983, las cuales ganó Raúl Alfonsín, venciendo a la fórmula peronista integrada por Lúder y Bittel.
En su campaña ofreció a los electores un discurso de unión entre los argentinos y de justa condena a las juntas militares.
La fórmula conformada por Raúl Alfonsín y el cordobés Víctor Martínez llegó a las elecciones y se impuso en las internas del partido radical, venciendo a Fernando De la Rúa.
El Justicialismo, por su parte, presentó como candidatos al binomio Ítalo Argentino Lúder y Deolindo Felipe Bittel, quienes pasarían a la historia como los primeros peronistas en perder, sin condicionamientos ni proscripciones, unas elecciones nacionales ante otra fuerza política.
El 10 de diciembre de 1983, asumió la presidencia Raúl Alfonsín, dejando atrás una dictadura cívico militar sangrienta y asesina.
Durante su gobierno, tal como lo había prometido en campaña, anuló la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), con el fin de investigar los crímenes cometidos por las tres juntas de la dictadura.
En 1984 se publicó el Nunca Más, el informe donde se detallan los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura en Argentina.
A fines de 1985, la Justicia argentina condenó a cinco mandatarios militares a penas que iban de cuatro años a la reclusión perpetua.
La amenaza de un nuevo golpe de Estado de los militares era constante y fue casi obligado a firmar la Ley de Punto Final, pero no fue suficiente: ante el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987, se vio sin apoyo militar alguno y para evitar nuevos enfrentamientos debió promover la Ley de Obediencia Debida.
La economía fue el el factor que terminó por desgastar su gestión. Lejos habían quedado los buenos resultados que, en un principio, mostró el Plan Austral.
La brutal inflación y la falta de fondos estatales estaban sepultando su presidencia.
El Plan Primavera fue una última medida que no bastó para frenar la hiperinflación, la corrida cambiaria del dólar, el aumento de la pobreza y saqueos. Las elecciones presidenciales se adelantaron al 14 de mayo de 1989, y Alfonsín debío entregar el gobierno 6 meses antes. Eso sucedió el 9 de julio, cuando cedió el mandato a su sucesor, el peronista delincuente Carlos Saúl Menem.
El 31 de marzo de 2009, Alfonsín falleció en su domicilio situado en avenida Santa Fe. Aquel día se decretó duelo oficial por tres días y tuvo su funeral de Estado, que se llevó a cabo en el Congreso.
El 1 de abril de 2009, los restos inmortales de Alfonsín se velaron a féretro abierto en el Salón Azul del Senado.
Quedó vivo y para siempre en el corazón de cada argentino y argentina. No robó, no enfrentó juicios por enriquecimiento ilícito y fue muy diferente a todos los presidentes delincuentes que le sucedieron.
Fue un símbolo del espionaje ilegal en dictadura y luego también en democracia. Operó en múltiples centros clandestinos y nunca reveló información sobre los desaparecidos. En 2024 recibió la visita de diputados libertarios en la cárcel.
El multicondenado represor Raúl Antonio Guglielminetti, conocido como: El Mayor Guastavino o El Ronco, murió a los 84 años sin arrepentirse ni romper el pacto de silencio sobre el destino de sus víctimas.
El exagente de inteligencia de la dictadura militar falleció en su domicilio de Mercedes, donde cumplía arresto domiciliario desde septiembre pasado, debido a un grave deterioro en su salud.
Su figura cobró renovada notoriedad en julio de 2024, cuando fue uno de los genocidas recibió en la cárcel de Ezeiza a un grupo de diputados de La Libertad Avanza, a quienes les entregó un sobre con "propuestas" para lograr la libertad de los represores.
Guglielminetti inició su carrera en la inteligencia militar en 1970 y operó como agente civil PCI del Batallón 601.
Su prontuario criminal atravesó diversos centros clandestinos y etapas represivas.
Neuquén y la Triple A: Se desempeñó como mano derecha del interventor de la Universidad del Comahue, Remus Tetu, y operó en el Destacamento de Inteligencia 182 hasta mediados de 1976.
Orletti y la SIDE: En la segunda mitad de 1976 se integró a la banda de Aníbal Gordon en Automotores Orletti.
Superintendencia de Seguridad Federal: Formó parte de las patotas de la Policía Federal y fue reconocido por sobrevivientes de El Olimpo y el Club Atlético.
Se ensañaba particularmente con ciertos secuestrados y obligaba a las mujeres a plancharle la tropa.
"ubversión económica: En el Primer Cuerpo de Ejército se dedicó a secuestros extorsivos en Campo de Mayo, como en la causa Chavanne Grassi.
El espía que sobrevivió a la democracia
En 1987, ante la Cámara Federal, confesó con soberbia: "He sido preparado como agente de inteligencia para obrar, en el noventa por ciento de los casos, al margen de la ley".
Tras años prófugo, fue detenido en 2006 en su campo de Mercedes. Acumuló condenas a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad en múltiples causas, pero murió en su cama, amparado por una prisión domiciliaria otorgada tras sufrir un hematoma subdural en la cárcel.
Tras una etapa oscura que tiñó de muerte y locura al país, las elecciones democráticas volvían a celebrarse luego de aquellos tristes años de dictadura cívico militar.
La etapa oscura de militares secuestrando personas y montoneros matando ciudadanos se terminaba para siempre en Argentina. Raúl Alfonsín, el candidato de la UCR, como pocos en la historia, había logrado interpretar el deseo de las mayorías y logró encausar esas expectativas rumbo a las urnas.
Un 30 de octubre de 1983, Alfonsín ganaba las elecciones y Argentina recuperaba la democracia pic.twitter.com/EBpFsv3bwU
Del otro lado, Ítalo Argentino Lúder, el candidato del peronismo, había quedado derrotado luego de un pasado turbio y truculento que había sabido ocultar muy bien durante la campaña.
En 1983, el padrón electoral era de 18.000.000 de habitantes habilitados para votar. El Partido Justicialista tenía 2.795.000 afiliados, en tanto, la UCR contaba con 1.400.000 afiliados.
Por aquel entonces se registraron actos multitudinarios. El cierre de campaña de ambos partidos reunió a más de 1.000.000 de personas alrededor del Obelisco y avenida 9de Julio.
En las provincias no fue menor la euforia democrática: en rosario se hicieron actos de 400.00 personas. En Córdoba se llegaron a juntar unos 300.000 ciudadanos. En La Plata llegaron a ser 200.000, en Mendoza 120.000, en Tucumán se registraron actos de 70.000 y en Mar del Plata se juntaron unas 60.000 almas.
Es indudable que Alfonsín había ganado con votos de los independientes, pero también con sufragios de peronistas que no estaban convencidos de su propio candidato.
No en vano, el candidato radical había disparado hasta el hartazgo durante la campaña aquella famosa frase que, luego lo entendimos, le sirvió para colectar votos de todas las estratificaciones ideológicas y políticas: "He convocado en toda la republica a todos los compatriotas sin distinción de partidos, y les he dicho que los radicales ya estamos en marcha. Y al frente de nuestra columna van nuestros grandes muertos: Yrigoyen Alem, Pueyrredón, Sabattini y Lebensohn; Larralde, Balbín, Illia".
Pero el discurso no se detenía ahí, era un verdadero compendio de la historia argentina, porque seguía así: "Los que estén a nuestra derecha pueden inspirarse si lo desean en Sáenz Peña o en Pellegrini. Los demócratas progresistas en Lisandro de la Torre, Luciano Molina. Los socialistas en Juan B. Justo o Alfredo Palacios. Los peronistas en Perón o en Evita, pero todos juntos los argentinos".
El PJ y su complicidad con la violencia de Estado
El 18 de agosto de 1983 había comenzado oficialmente la campaña. Pasó un mes para que la Junta Militar decretara la Ley de Pacificación Nacional. La ley era un intento camuflado de amnistía para todos los militares por los crímenes cometidos entre el 25 de mayo de 1973, día en que asumió la presidencia el peronista Héctor Cámpora, hasta el 17 de junio de 1983.
Los argentinos se encontraron ante dos paradigmas en plena elección: el candidato justicialista, Ítalo Lúder, quien se manifestó cómplice y aseguró que respetaría la ley de amnistía y perdón a los militares. Y del otro lado estaba Raúl Alfonsín, quien anunció que la vetaría y juzgaría a los responsables.
Además, denunció un pacto entre el sindicalismo y las fuerzas armadas. Dos miradas, dos historias, dos propuestas para un electorado que volvía a las urnas luego de una década nefasta.
El candidato peronista, Lúder, venía de firmar los decretos 2770/75, el 2771/75 y 2772/75, extendiendo a todo el país y bajo el mando directo de las Fuerzas Armadas la política represiva de "neutralizar y aniquilar el accionar de los elementos subversivos".
El aniquilamiento a civiles comenzó en pleno Gobierno peronista, cuando Lúder había sido presidente interino en el año 1975, tras el pedido de licencia de la inepta María Estela Martínez de Perón, que presidió el país entre el 1 de julio de 1974 hasta el 24 de marzo de 1976, día del golpe militar a las instituciones.
Por su parte, Alfonsín había sido siempre el hombre de la democracia. Fue miembro de la asamblea permanente por los derechos humanos, firmando cientos de pedidos de habeas corpus ante la Junta Militar requiriendo información sobre detenidos desaparecidos y poniendo a disposición su estudio jurídico en forma gratuita para los familiares de las víctimas.
Resultados
Aquel 30 de octubre de 1983 el resultado fue inequívoco: la Lista 3 de la UCR ganó las elecciones obteniendo 7.724.559 votos, es decir, un 51.7%, contra 5.995.402 sufragios del peronismo que logró el 40.16%.
Epílogo
La democracia ha sido en Argentina algo zigzagueante, pendular, motivo de orgullo y también de frustración.
Lejos quedaron aquellas palabras que se convirtieron en un mantra de libertad para una república que pretendió ser justa e igualitaria: "Con la democracia se come, se cura y se educa", dijo Alfonsín alguna vez.
Todavía eso no ha sucedido, pero se puede pensar que sí, que algún día sí. Por ahora, y al ritmo que vamos, es un "no", pero hagamos algo para que un día sea "sí".
La entidad dará una conferencia de prensa para dar más detalles este lunes por la tarde a las 14 horas en Avenida Del Libertador 8151 en esta capital.
La asociación Abuelas de Plaza de Mayo anunció este lunes la aparición del nieto recuperado 140, apropiado durante la última dictadura militar, por lo que convoca a todos los medios de comunicación a una conferencia de prensa que se realizará este lunes a las 14 horas.
"Abuelas de Plaza de Mayo convoca a los medios a una conferencia de prensa hoy, lunes 7 de julio, a las 14 horas, para dar detalles sobre la feliz noticia del encuentro de un nuevo nieto, el 140", indicó un comunicado difundido por la organización defensora de los Derechos Humanos.
La rueda de prensa se llevará a cabo en el auditorio de la Casa por la Identidad del Espacio Memoria, en Avenida Del Libertador 8151.
La última vez que Abuelas había hecho un anuncio similar fue el 21 de enero de este año, cuando se dio a conocer que fue hallada la nieta 139, apropiada durante la dictadura argentina, hija de Noemí Macedo y Daniel Inama, secuestrados en 1977 y desde entonces desaparecidos.
El presidente argentino sostuvo que "jamás habrá justicia" sin "memoria completa". Aseguró, además, que se irá "a fondo en la búsqueda de la verdad".
Milei celebró la decisión de desclasificar los archivos de la SIDE sobre la dictadura, y la determinación de declarar delito de lesa humanidad el asesinato de Humberto Viola y su hija propiciado por el ERP que anunció el Vocero presidencial, Manuel Adorni.
"A fondo en la búsqueda de la verdad. En su defecto, jamás habrá Justicia", escribió el presidente en su cuenta de X, minutos después de la difusión del video grabado que protagonizó el portavoz, en el marco del 49° aniversario del Golpe Cívico Militar de 1976.
Al mandatario se lo vio muy activo en sus redes este lunes, replicando varios mensajes alusivos a la batalla cultural que encarna para desmentir la cifra de 30.000 desaparecidos y responsabilizar al kirchnerismo de "negociar con los derechos humanos".
Desde la Oficina de la Presidencia, sostuvieron: "Cabe recordar que, en 2022, la administración de Alberto Fernández, en representación del país, sostuvo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que este crimen no constituía un delito de lesa humanidad y que, por lo tanto, era prescriptible".
"En contraste, el Presidente Javier Milei ha tomado la decisión de acompañar el pedido de justicia de la familia Viola, instruyendo a la Secretaría de Culto y Civilización de la Cancillería Argentina, para que reconozca ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que este crimen debe ser considerado un delito de lesa humanidad, ocurrido en el marco de un conflicto armado interno", aseveraron.
Otro de los que se expresó fue el secretario de Culto y Civilización de la Cancillería, Nahuel Sotelo, encargado de se establezca ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el crimen de la familia Viola debe ser considerado un delito de lesa humanidad.
"Por instrucción del Presidente Javier Milei hemos avanzado para reconocer ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el crimen contra la familia Viola a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo debe ser considerado un delito de lesa humanidad", planteó por el mismo canal, y añadió que "no más discriminación para las víctimas del terrorismo".
Cada vez que iba a empezar un partido de la selección argentina, su viejo metía unos troncos en el hogar que había en el living.
Apuntaban el televisor, se sentaban en un sillón largo y esperaban a que empiece. Afuera, las bestias comían personas y destrozaban cuerpos. Y aunque nadie decía nada, todos sabían que algo estaba pasando. En secreto, la vida intentaba sobreponerse a la muerte. Él tenía 9 años y con esa edad aprendió algo: todo lo que se oculta, más tarde o más temprano, sale a la luz.
Emociones encontradas, eso dicen todos que sentían. Él no. Era muy niño para dimensionar de qué manera se expresaba el mal. Después aprendió que la vida es enrevesada. Te enseña todo de golpe, se encontró diciendo un día. Y también entendió que el mal está en cada cosa que nos toca.
En la calle, en ciertas personas, en algunas comidas, en los malos gobiernos. Un día, conversando, le dijo a un amigo: El mal es la sustancia que más densidad tiene.
En cada casa, en cada oficina, en cada barcito, latía secretamente una esperanza. Pero también, y esto sí que fue triste, en cada rincón había una historia amarga que sucedía sin remedio.
Su viejo era médico. Trabajaba en la morgue del hospital público. Una vez contó que veía pasar camillas con muertos que venían de no se sabe dónde y que luego salían del hospital blanqueados con el certificado de defunción.
Una siesta, su padre sufrió el primer infarto. Argentina había pasado a los cuartos de final. Antes había denunciado el episodio de los muertos. "Vamos, vamos, Argentina...", decía un cantito que la tele repetía hasta el hartazgo. Parece que vienen de las camas de tortura, acusó su viejo ante no se sabe quién. Probablemente, fue ante las autoridades.
Una noche lo detuvieron durante dos días. Después lo soltaron.
Cuando llegó la democracia ya no tenía 9 años. Tenía más. Y la Historia le había dado una lección: desconfiar de todo. Quedarse o irse. Jugar o no. Luchar o salvarse. Siempre estamos en medio de dos opciones extremas, pensó. Y se preguntó por qué nunca nos abrazamos. Nunca nos ponemos de acuerdo. Cada tanto, cuando un gol argentino estalla en la televisión, nos olvidamos un rato de eso que arrastramos desde la Conquista de América a esta parte. Luego, todo sigue.
La tarde del infarto, a su viejo lo internaron. A los pocos días se recuperó. Salió. Corazón fuerte en una patria injusta y débil, pensó él, que apenas tenía 9 años y nunca se quitaba la remera de la selección argentina.
En el Juicio por las Brigadas de Quilmes, Banfield y Lanús también sentenciaron a cadena perpetua a otros represores.
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de La Plata sentenció a cadena perpetua a 2 de los represores que participaron de La Noche de los Lápices el 16 de septiembre de 1976, durante la dictadura militar, por delitos de lesa humanidad.
Los condenados fueron Jaime Lamont Smart, exministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura, y el exmédico de la Dirección de Investigaciones, Jorge Bergés.
Ambos recibieron la pena de cadena perpetua, entre ortos crímenes, por la desaparición de un grupo de jóvenes militantes de la Unión de Estudiantes y de la Juventud Guevarista en 1976.
Qué fue La Noche de los Lápices
La Noche de los Lápices es el nombre que se le dio a una serie de secuestros y asesinatos de estudiantes de secundaria que reclamaban por el boleto estudiantil, el 16 de septiembre de 1976 y días posteriores en la ciudad de La Plata.
Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro permanecen desaparecidos hasta el día de hoy. Mientras que Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler fueron los cuatro sobrevivientes.
Juicio por las Brigadas
Estos no fueron los únicos condenados ayer. También se desarrolló el Juicio por las Brigadas de Quilmes, Banfield y Lanús, que operaron de manera clandestina durante la década del 70' y que tuvieron más de 600 víctimas.
La lectura del fallo se proyectó el martes por la tarde, en la puerta de los Tribunales de 7 y 50, mientras una multitud de gente miraba la transmisión en las afueras del edificio.
Además de los mencionados previamente, recibieron las penas de prisión perpetua Federico Antonio Minicucci, Guillermo Alberto Dominguez Matheu, Carlos Gustavo Fontana, Carlos Maria Romero Pavón, Jorge Héctor Di Pasquale, Roberto Armando Balmaceda, Juan Miguel Wolk y Horacio Luis Castillo.
Julio Condioti fue condenado a 25 años de prisión y Enrique Barre fue absuelto. Por su parte, Miguel Etchecolatz murió antes de la condena.
"¡Cárcel común y efectiva a los genocidas!", expresaron desde la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo en un comunicado.