Ante un oficialismo que desde la derrota de las PASO quedó alelada, la oposición de Juntos por el Cambio superó el resultado de septiembre y este domingo 14 de noviembre dio señales de haber resucitado, luego del fracaso que significó el Gobierno de Euforia Macri.
El PJ perdió el quórum en el Senado de la Nación por primera vez desde 1983, año en que retornó la democracia al país.
Juntos por el Cambio se impuso este domingo en los principales distritos del país. En algunas provincias incluso obtuvo un mejor resultado que en las PASO, elección que el Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner buscó revertir sin éxito, lo que en adelante deja al oficialismo ante un escenario de extrema polarización en el Congreso a partir del 10 de diciembre.
La caída del Frente de Todos y el resurgimiento de Juntos por el Cambio es una derrota fenomenal para el pueblo argentino. Si se tiene en cuenta que entre el Gobierno de Fernández y el de Macri no hay demasiadas diferencias, sino más bien fraternales similitudes.
Si se comparan ambas gestiones, las coincidencias causan escozor: ninguno de los dos presidentes, ni Macri ni Fernández, tuvieron un plan de gobierno. Los dos dispararon el desempleo, la inflación, la pobreza y el dólar. Sólo hubo una variante en la que el Frente de Todos perdió contra Cambiemos: Macri redujo el déficit fiscal y dejó a todas las provincias con equilibrio, mientras que Fernández aumentó el déficit y lo incrementó irresponsablemente, aunque en este punto el factor pandemia fue desequilibrante.
Sencillamente perdimos todos porque desde hace años todo sigue igual o peor, y ninguno de las dos fracciones políticas que gana y pierden alternativamente, pudieron arrimar a los argentinos ni una sola solución.
De hecho, hay un dato no menor: más de un 1.000.000 de personas votaron en blanco o anularon su sufragio en todo el país. El desencanto es palpable y ya nadie cree en la Casta Política, mucho menos en la Casta Gremial, en la Judicial o la Empresarial, verdaderos estamentos sociales a los que ya muy pocos acceden y desde donde la vida se ve muy diferente.
En las inalcanzables alturas desde donde estas cuatro castas miran pasar la vida, todo es diferente y la mañana sonríe cada día.
Otro dato no menor que es preciso no dejar escapar: el Frente de Todos hizo la tercer peor elección del peronismo desde la vuelta a la democracia, en 1983. En 2017 no alcanzó el 22% de los votos para Diputados mientras que este año supera por apenas el 31%.
Este artículo también podría titularse: "Atrapados sin salida", poniendo en plural aquella impactante película de los años 80 que protagonizó Jack Nicholson. Eso somos hoy los argentinos y argentinas: atrapados sin salida, y es lamentable que esto nos esté sucediendo.
En San Juan pasaron cosas
Si nos focalizamos en lo que sucedió en San Juan, entenderemos que aunque el Gobernador Uñac pudo lograr poco más de un punto y salvar el triunfo para el justicialismo, no pudo escapar a una tendencia nacional que casi lo hace perder por primera vez una elección.
En San Juan el Frente de Todos logró dos diputados nacionales: Walberto Allende y Fabiola Aubone. En tanto, Juntos por el Cambio consiguió sólo una banca, la cual ocupará Susana Laciar.
Resultados en San Juan
Walberto Allende - Frente de Todos 43,46%
Susana Laciar - Juntos por el Cambio 42,22%
Marcelo Arancibia - Consenso Ischigualasto 8,58%
Cristian Jurado - Frente de Izquierda Unidad 5,17%
Votos en Blanco: 1,62%
Votos nulos: 2,26%
Votos impugnados: 0,09%
San Juan tuvo sus particularidades
Es importante mirar el mapa de San Juan para entender que hubo algunas curiosidades en la elección del domingo.
Se advierte cómo el eje Santa Lucía, Capital y Rivadavia fueron claramente favorables a los candidatos de Marcelo Orrego. También en Iglesia Juntos por el Cambio recibió un respaldo taxativo.
Mientras que en el resto de los departamentos, la victoria del Frente de Todos alcanzó para que el Gobernador Uñac logre un triunfo ajustadísimo, algo que hasta hace dos años era impensable en el peronismo vernáculo.
Se advierte cómo la línea interna Lealtad Justicialista, que responde al Clan Gioja, jugó fuerte para debilitar a Sergio Uñac en Capital y en Rawson. La pelea en el peronismo local no ha terminado. Es más, se podría decir que recién comienza. José Luis Gioja saldrá sin dudas a dar pelea para recuperar distritos con la mirada puesta en 2023.
Gioja y su Clan, una familia abocada a los cargos públicos, a los negocios con el Estado y adictos a jugosas pautas publicitarias con medios de comunicación de dudoso origen, saben que no volverán a ser gobierno nunca más, pero sueñan con recuperar intendencias y diputaciones que les permita negociar.
Porque sinceramente a Gioja ya no le interesa volver, sabe que no le dan los números, no puede: pero le interesa estar en el juego, poder canjear favores por negocios. Ha sido siempre el derrotero de un hombre que quiso ser presidente pero la vida lo terminó poniendo en el lugar que le tocaba: esa pequeña gatera miserable desde donde apenas se puede aspirar a picotear migajas que caen de las suculentas cuentas patrias, esas cuentas que todos los políticos miran con tentación indisimulable.
En adelante, será un problema de Uñac y de Gioja la batalla que se viene. Y será también una ventaja para Marcelo Orrego y Fabián Martín, que también miran con cierta ilusión un 2023 cargado de sorpresas.
La banda y el bastón de mando que hoy ocupa el peronismo no les queda tan lejos a los dos dirigentes más votados de la oposición. Diría que están a un tilín de sentarse en el sillón que otrora ocupó Sarmiento. Habrá que ver si querer es poder.
¿En qué fallamos, Alberto?
Cuentan que en una reunión reducida que mantenía el Presidente Fernández junto a sus personas de confianza mientras llegaban los primeros números, uno de los presentes preguntó desencantado: ¿En qué fallamos, Alberto?
Relata uno de los que ahí estuvo que el presidente lo miró, acomodó su posición en el sofá donde estaba posado, y le dijo: Todo, fallamos en todo.
El Tío Beto sabe que su poder está terminado, que deberá atravesar dos años sin estructura, sin apoyos sustanciales, sin plata y sin un plan que le permita dar un giro a su gestión.
Tras perder las PASO, Fernández hizo cambios en su Gabinete que no fueron bienvenidos, habría que ser un atolondrado para darle al bienvenida a un sujeto como Aníbal Fernández o mirar con buenos ojos a Juan Manzur.
Ni bien perdió en las PASO, el presidente mandó a imprimir plata y repartirla, como si los argentinos y argentinas no se dieran cuenta que es papel pintado que sirve para unos días.
No supo encarar un plan de Gobierno apetecible para el sector productivo y para la clase media. No supo contener a los pobres. No supo manejar la pandemia. No supo hilvanar un discurso coherente: metió la pata cada vez que habló. Y tampoco supo controlar a esa mujer desquiciada, psicópata y enferma que es Cristina Kirchner, curiosamente vicepresidenta por voluntad y voto de los ciudadanos argentinos, un pueblo en su mayoría ignorante y limitado, arrinconado por la pobreza y condicionado en su liberad por la dependencia con el Estado.
La escolástica peronista no funciona en la derrota
En la escolástica peronista, las derrotas no tiene explicación. Sencillamente no se puede perder, el Pocho Perón los crió así, intolerantes, bravucones, fascistas.
Es por eso que a los peronistas les cuesta conjugar con equilibrio la fe y la razón, porque al momento de subordinar la razón para que prime la fe, termina mandando la avaricia y la desesperación imparable de manejar las suculentas cajas del Estado, ese tesoro nacional que los políticos, de un lado y del otro, se reparten como verdaderos botines de guerra.
Así nos va.