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Gobierno difundió polémico video titulado: "Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia completa"

Con las voces del exfuncionario de Menem, Juan Bautista Tata Yofre, y de Luis Labraña, quien fuera del guerrillero de la FAR y Montoneros, un violento que entendía que el país se arreglaba matando gente, difundieron un penoso trabajo visual sin intensiones revisionistas. También aparece la hija del excapitán Humberto Viola. Con este trabajo, el Gobierno libertario ofreció otra mirada del Golpe Cívico Militar contra la democracia que se desató el 24 de marzo de 1976.

El incompleto video, sin rigor histórico y de muy medio pelo, es una respuesta a tantas décadas de manipulación de la historia que ejerció el kirchnerismo ladrón.

Es presentado por el Tata Yofre, un farsante que trabajó en los Servicios de Inteligencia durante el Gobierno del peronista Carlos Menem, otro delincuente que llegó a presidente en Argentina durante los años 90.

El kirchnerismo se abalanzó sobre los Derechos Humanos de manera vergonzante, y quiso hacer creer a los jóvenes que los juicios a los militares eran obra del delincuente Néstor Kirchner, obviando todo el trabajo que se hizo durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, donde se condenó a la Junta Militar y se publicó el informe del Nunca Más.

Desde las filas de Milei, priorizaron hacer foco en los hechos llevados adelante por las agrupaciones armadas de los años 70, y no hablaron de violencia de Estado, y se trata de una reacción frente al violento tratamiento que hicieron Néstor, Cristina y toda la runfla de delincuentes que acompañaron ambas gestiones en la presidencia kirchnerista.

En el marco del 24 de marzo, a 48 años del Golpe Cívico Militar encabezado por la Junta Militar, liderada por el asesino Jorge Rafael Videla, el Gobierno de Javier Milei compartió un video donde se pronuncian por "la Memoria, la Verdad y la Justicia completa".

Con las voces del periodista Juan Bautista Tata Yofre, el exguerrillero Luis Labraña, y María Fernanda Viola, la hija del excapitán Humberto Viola, la administración libertaria priorizó darle lugar a los pedidos de justicia para a las víctimas de agrupaciones armadas, sin hacer mención de las desapariciones, torturas y asesinados propiciados por la dictadura.

En la pieza audiovisual, que dura unos 12 minutos, se cuestiona la cifra de 30.000 detenidos desaparecidos, se habla de guerra respecto a lo sucedido entre 1976 y 1983, reclaman indemnizaciones para las víctimas de terrorismo y critican con dureza al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.

El video inicia con una cita del escritor checoslovaco, Milán Kundera, de su obra El libro de la risa y el olvido, en la que sostiene que "para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria". 

La voz en off que lee el textual es la del farsante Tata Yofre, peronista ligado al menemismo ladrón, dice que "se destruyen sus libros, su cultura, su historia y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante lo olvida aún mucho antes".

"Mientras estaban los Kirchner se habían prohibido hasta los actos que se hacían en el cementerio en homenaje a mi papá. Tengo la esperanza de que se haga justicia, este año can a hacer 50 años desde que mataron a mi papá", recuerda la hija Viola.

Por su parte, el exguerrillero de Montoneros, el asesino que mató gente, Luis Labraña cuestiona además los métodos de las organizaciones que combatían a la dictadura al plantear: "¿Qué hombre puede ser revolucionario o humano poniendo una bomba vietnamita en el centro de la ciudad? ¿Qué es lo que sucedió? ¿Por qué nos convertimos en monstruos?".

Asimismo, subraya que los desaparecidos "fueron un gran negocio", se adjudica haber "inventado" el número de 30.000 desaparecidos, y argumenta que los ataques de las agrupaciones armadas fueron influidos por la Unión Soviética y por el expresidente Juan Domingo Perón.

"Se determinó un número. Alguien dijo 30.000, pónganle 30.000. Fui yo, y ese número fortaleció el odio y aparte comenzó a oscurecer la verdadera historia. No señores, 30.000 fue falso, lo puse yo el número", concluye el guerrillero, que no presenta una sola prueba, más que sus dichos.

Era esperable que entre ambos bandos, kirchneristas y mileístas, iban a intentar deformar y prostituir la historia argentina, porque ninguno de los dos se apega a la verdad, y porque en ninguno de los dos bandos hay gente decente con la capacidad de hacer un revisionismo serio de los hechos.

Así nos va.

Juicio por Lesa Humanidad en San Juan: 7 condenados a perpetua y 9 con penas menores

Entre quienes recibieron perpetua, se encuentran el exfiscal federal, Juan Carlos Yanello, y el represor Jorge Antonio Olivera.

Este viernes 7 de julio, se dio a conocer la sentencia para los 24 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar ocurrida en Argentina.

Hubo 8 absueltos, 7 fueron condenados a prisión perpetua y el resto recibió una condena temporal.

Es necesario detallar que la audiencia final del megajuicio en San Juan comenzó a las 14.30 horas, y sobre las 17.30 estaba pautada la lectura de la sentencia a cargo del Tribunal Oral Federal, integrado por los jueces Paula Marisi, Alberto Carelli y Gretel Diamante.

Pasadas las 19 horas, dieron comienzo con la lectura del fallo ante la atenta mirada de los imputados.

Prisión perpetua

Jorge Antonio Olivera: prisión perpetua 

Daniel Rolando Gómez: prisión perpetua 

Eduardo Daniel Cardozo: prisión perpetua

Juan Francisco Del Torchio: prisión perpetua 

Miguel Ángel Nicolás Mejías: prisión perpetua

Juan Carlos Coronel: prisión perpetua 

Juan Carlos Yanelo: prisión perpetua

Condenas temporales

Eusebio Jurczyszyn: 12 años de prisión

Marcelo Edgardo López: 10 años de prisión

Felipe Pedro Molina: 10 años de prisión

Andrés Walter Alderete: 8 años y 6 meses de prisión 

Rubén José Mondaca: 7 años de prisión

Araldo Alfredo Medina: 7 años de prisión

Eduardo Ernesto Traverso: 6 años y 6 meses de prisión

Juan Carlos Turón: 4 años de prisión

Absueltos

Carlos Alberto Olha

Nolberto José Trigo

Miguel Ángel Bergouninan

Carlos Ángel Castro

Horacio Antonio Estrada

Gustavo Adolfo La Fuente

Ricardo Claudio Kalisinsky

Carlos Antonio Saavedra

1976

En memoria de Marie Anne Erize, detenida desaparecida el 15 de octubre de 1976 en San Juan.

Esta es una historia triste. De esas que suceden a menudo en un lugar desolado. De esas que se cuentan en susurros. Es sobre una chica joven. Ella llega al pueblo buscando a su amor. El hombre, ella sabe, hace unos meses llegó a esa provincia desierta.

Viene escapando de algo. Han quedado los dos en verse allí, cuando las cosas se hayan calmado. Bueno, nada se ha calmado.

Ella llega y lo busca por todos los rincones del pueblo, pero no lo encuentra. Alquila una casita, se compra una bicicleta para buscarlo.

Se relaciona con la gente pobre de las villas. Ella es muy hermosa y buena y pronto toda la gente la conoce.

Un día se le desinfla una rueda de la bici, va hasta una gomería, pero no alcanza a llegar. Un camión del ejército la detiene y se la lleva. Y nunca más la volvemos a ver.

Fin de la historia…

Una pequeña historia que podría ser transportada en una botella arrojada al mar. Alguien en otro lugar destaparía la botella, leería el mensaje, vería en él cosas que no cuenta, pero que están, como por ejemplo las sucesivas sesiones de tortura y violación a la que es sometida la protagonista. Y pensaría, acertadamente, que tiene suerte de no vivir en un lugar tan horroroso.

La dictadura cívico militar y el nacimiento del "periodismo independiente"

David Graiver, accionista mayoritario de Papel Prensa.

Una vez producido el golpe de Estado de 1976, la línea editorial ofreció lo que llamó un "consenso expectante" a la dictadura cívico militar.

Apoyó la "restauración del orden" y reclamó que se implementaran las soluciones redentoras anunciadas. En ese sentido Clarín coincidía con el anhelo refundacional manifestado por el régimen militar.

En marzo de 1976, en los tramos finales del Gobierno de Isabel Perón, y en sintonía con la ya desembozada voluntad golpista de las Fuerzas Armadas, Clarín juzgó como "inevitable" el golpe de Estado, no solo por la "ineficacia" del Gobierno, sino también por lo que juzgaba como una crisis de legitimidad de todos los actores tradicionales del sistema institucional, que les impedía ofrecer una salida duradera a la "crisis nacional".

Para el diario, las soluciones emanadas de tales actores tradicionales y de una sociedad civil a la que consideraba "enferma" y presa de un extravío "moral", no eran capaces de emprender la "refundación" que necesitaba el país a través de la aplicación de "soluciones desarrollistas".

Una vez producido el golpe, la línea editorial ofreció lo que llamó un "consenso expectante" a la dictadura cívico militar, apoyó la "restauración del orden" y reclamó que se implementaran las soluciones redentoras anunciadas. En ese sentido Clarín coincidía con el anhelo refundacional manifestado por el régimen militar.

La compra del paquete accionario de Papel Prensa por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, combinó política y negocios en una oscura trama de intereses.

Luego de la sospechosa muerte de David Graiver, accionista mayoritario de Papel Prensa, en un confuso accidente aéreo en agosto de 1976, la dictadura encabezó una cruzada para confiscar las propiedades que habían pertenecido al empresario y ofreció las acciones de Papel Prensa a los cuatro diarios de mayor circulación del país: La Nación, Clarín, La Razón y La Prensa (este último rechazó el ofrecimiento).

El 2 de noviembre de 1976, la dictadura obligó mediante presiones y amenazas a la viuda de Graiver, Lidia Papaleo, a firmar el pre boleto de venta de las acciones a Fapel S.A., la empresa que habían constituido los tres diarios en 1974, con peso mayoritario del Grupo Clarín.

Esta empresa, que se había creado para construir una planta ante la eventualidad de quedar fuera del proyecto de Papel Prensa, solo tenía en 1976 una existencia formal.

Lidia Papaleo no tuvo más opción que ceder las acciones y el gobierno apuró la resolución de la venta, para inmediatamente secuestrar a la familia Graiver y a otros colaboradores del grupo por sus relaciones con la "subversión".

La Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial incautó la mayor parte de los bienes de Graiver. En el caso de Papel Prensa, la operación se concretó el 18 de enero de 1977.

Con esta asociación entre el Estado y los diarios, las Fuerzas Armadas, que ya tenían en sus manos a los medios radiales y televisivos, se aseguraron un control directo sobre la estratégica producción de papel, ya que el 25 por ciento del paquete accionario que mantuvo el estado le otorgaba derecho a veto sobre sus socios privados.

Las irregularidades denunciadas en el traspaso de las acciones son demasiadas para tratarse de una transferencia normal. Por ejemplo, la compañía Fapel S.A. utilizada por los diarios Clarín, La Nación y La Razón para comprar las acciones, no registró ninguna actividad desde su creación, el 10 de julio de 1974, hasta el 2 de noviembre de 1976, cuando se realizó la operación.

Fapel S.A. no se encontraba, al momento de la transacción, legalmente regulada ante la Inspección General de Justicia. Como la empresa no contaba con capital suficiente para comprar las acciones, por el total de 7.345.400 dólares en que la habían valuado los propios compradores, se hizo efectiva con un adelanto de 7.000 dólares, es decir, menos del 0,1% del total. La última actividad de Fapel S.A. fue el 10 de noviembre de 1976, ocho días después de la adquisición, cuando vendió esas acciones adquiridas a los diarios La Nación, Clarín y La Razón en partes iguales. El 1 de julio de 1988 fue disuelta por "impracticable su objeto".

Otra circunstancia totalmente inusual tiene que ver con que al momento de la compra se desconocía la cantidad de acciones involucradas en la negociación. Recién el 5 de noviembre de 1976, en el juicio por la sucesión de David Graiver, se ordenó realizar un inventario de las acciones de Papel Prensa S.A. que se encontraban en el Banco Nacional de Desarrollo.

Ese inventario fue entregado casi un mes después de firmada la cesión. A los cuatro meses, el 24 de marzo de 1977, el asesor de menores de María Sol Graiver, hija del empresario asesinado, pidió informes acerca del valor de las acciones, y el 4 de agosto el Banco Nacional de Desarrollo presentó un informe sobre el precio de las acciones compradas por Fapel S.A. que demostraba que el valor pagado había sido "sensiblemente inferior" al real.

El acta número 14, de diciembre de 1976, de la Junta Militar daba un plazo de noventa días para que los acreedores reclamaran sus derechos, pero esto no pudo concretarse, ya que exactamente cuando se cumplía ese plazo comenzaron las detenciones ilegales y desapariciones de los integrantes del grupo Graiver.

En abril de 1977 fue designado el General de Brigada Oscar Gallino como "preventor militar" de la investigación sobre el tema que encabezó la CONAREPA; al día siguiente de ser designado Gallino recibió la visita de los directores de Clarín, La Nación y La Razón. Le exigieron que el paquete accionario del grupo fundador de Papel Prensa S.A. no fuera incluido en la investigación. Dos días después fue visitado nuevamente, esta vez por los directores y sus abogados.

En medio de la masacre que los militares dirigían, la posibilidad de condicionar a la prensa nacional a través del papel, una prensa ya autocensurada por cuestiones de supervivencia en relación con la cuestión de las desapariciones y las disputas inter e intrafuerzas, era una significativa herramienta política.

Al mismo tiempo, los dueños de los diarios habían tenido que agradecer que se les permitiera continuar funcionando, y solo se les exigía a cambio mantener silencio sobre ciertos temas sensibles y colaboración cuando les fuese requerida.

El acuerdo final sobre Papel Prensa incluyó diferentes privilegios, protección y exenciones de parte del Gobierno de facto. Sobre todo, se destacó el decreto que gravó con aranceles de hasta el 53% a la importación de papel, lo que constituía una protección estatal arbitraria que contradecía el discurso de libre mercado y eficiencia competitiva adoptado por la conducción económica. Esto acarrearía controversias con otros funcionarios del gobierno, como el Secretario de Hacienda, Juan Alemann, durante 1979, y con los diarios que habían quedado fuera del negocio.

Las concesiones que el Gobierno militar otorgó a los grandes diarios, y en particular a Clarín, Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto, contaban con el control del 82% de las acciones, pueden integrarse en el marco de la existencia, durante la dictadura, de ámbitos privilegiados de acumulación que beneficiaban a grandes grupos económicos afines a la gestión.

Clarín apelaba, al igual que hoy en día, al efectista argumento de la necesidad de contar con un periodismo "independiente" y garantizar la libertad de prensa. Si bien ambos reclamos son legítimos, poco tienen que ver con las acciones y la política de Clarín, especializado en conspirar contra gobiernos populares y democráticos, y florecer al amparo de las bayonetas y el genocidio, incrementando así sus pingües negocios privados.

Además, no debe olvidarse que, en lo referido a la libertad de prensa, Clarín había aceptado voluntaria e interesadamente su restricción, atendiendo a las circunstancias "excepcionales" de la "lucha antisubversiva" que atravesaba el país.

Los familiares de Graiver e integrantes de su grupo fueron detenidos ilegalmente y desaparecidos por las fuerzas de seguridad a partir de marzo de 1977: el día 8 de marzo Juan Graiver de Papaleo; el 12, Dante Marra, Julio Daich y Enrique Brodsky; el 14, Lidia Papaleo, Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi; el 15, Jorge Rubinstein; el 17, Isidoro Graiver; el 22, Martín Aberg Cobo; el 1 de abril, Edgardo Sajón; el 12, Rafael Ianover; el 15, Jacobo Timerman y Osvaldo Papaleo; el 19, Orlando Reinoso; el 22, Eva Gitnacht. Todos ellos fueron llevados al centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Banfield, donde sufrieron torturas de todo tipo para que "confesaran" su relación con Montoneros e informaran dónde se hallaba el dinero del secuestro de los hermanos Born. Algunos de ellos continúan desaparecidos, otros murieron a causa de las torturas aplicadas, mientras que varios integrantes de la familia Graiver pasaron a estar detenidos legalmente y sometidos a un proceso militar, acusados de estar vinculados con la "subversión".

Los diarios Clarín y La Nación coincidieron en presentar una conveniente explicación que los liberaba de culpa y cargo: las detenciones de la familia Graiver se habrían debido a la vinculación de David Graiver con la organización guerrillera Montoneros y no con la venta/cesión de Papel Prensa, que había ocurrido cinco meses antes.

La relación entre Clarín y la Junta Militar puso de relieve la importancia de los intereses económicos en la acción concreta de las empresas periodísticas. Se dio una articulación de intereses empresarios y perfiles ideológicos particulares.

Clarín fue el principal divulgador de las políticas de la dictadura, formador de una opinión pública favorable y legitimante de la gestión y recibió como compensación la sección fraudulenta de Papel Prensa, que le permitió consolidarse como grupo mayoritario y así iniciar el proceso de construcción de su oligopolio mediático.

La propaganda permanente del régimen estuvo ligada, la mayor parte de las veces, a la construcción en sentido público de enemigos de la causa nacional. Esto no debe ser pensado como una acción homogénea y coherente del conjunto de las Fuerzas Armadas, ya que la única acción publicitaria consensuada remitió a su pretendida lucha contra la subversión.

En las demás cuestiones, las diferencias se acrecentaban a medida que avanzaba el plan de Gobierno. La competencia entre el Ejército y la Marina, especialmente, fue una constante del período, pero no la única.

También se registró, dentro del Ejército, la puja entre "duros" y "moderados". La subversión era enemiga no solo porque implicaba un modelo de construcción social y económica muy diverso del chauvinismo de derecha, conservador, católico y liberal exportador que imponía la dictadura, sino que además se remarcaba que la militancia social, la izquierda y la guerrilla respondían a intereses foráneos. Era la "subversión apátrida", que no pertenecía a la "argentinidad" que se arrogaban para sí los genocidas y los beneficiarios de sus crímenes.

En este sentido, el conflicto limítrofe con Chile por las islas del canal de Beagle, que fue impulsado por la Marina en 1978 y llevó a Argentina al borde de la guerra con el país vecino, fue explotado con fines chauvinistas y propagandísticos. Puede considerarse un antecedente en términos de manipulación de la opinión pública de lo que luego sería la Guerra de Malvinas.

Paralelamente a la necesidad de propaganda interna para adoctrinar a una población inmovilizada y amedrentada por el terror, aumentaban el descrédito externo y las críticas internacionales.

En función de estos dos aspectos fue planificado el Mundial de Futbol de 1978. En lo que respecta a política internacional, 1977 fue un momento amargo para los conductores del Proceso Militar, debido a la asunción como presidente de Estados Unidos del demócrata James Carter, quien alentó una política exterior vinculada al respeto y control de los derechos humanos.

Además, grupos de argentinos exiliados, desde el momento mismo del golpe, hacían acusaciones públicas de las acciones de una dictadura sangrienta y se reiteraban las denuncias de organismos internacionales como Amnesty International. Ante las múltiples imputaciones, el Gobierno estadounidense optó, en 1977, por reducir los créditos hacia Argentina y, en 1978, le efectuó un embargo de armas.

En este contexto de presiones internacionales se puso en marcha una poderosa propaganda con el fin de deslegitimar las denuncias realizadas desde el exterior, así como las que comenzaban a surgir internamente.

El Campeonato Mundial de Fútbol realizado en 1978 en el país pretendió ser el trasmisor de una imagen de gobierno equilibrado y de una sociedad comprometida con la causa.

Frente a las acusaciones de violación de los derechos humanos, la propaganda oficial exclamaba: "Los argentinos somos derechos y humanos". El gobierno procuraba ocultar cualquier indicio sospechoso y demostrar que los argentinos vivían libres, en paz y disfrutando de la "fiesta de todos".

Los progres kirchneristas deberían saber que su jefa Cristina despidió los restos de un cómplice de la dictadura militar

No se puede tener una memoria selectiva, esto hace hipócritas a los militantes kirchneristas y a la izquierda filokirchnerista que se rajan las vestiduras por los derechos humanos cada 24 de marzo, aniversario del funesto Golpe Cívico Militar de 1976, mientras avalan que su jefa política, Cristina, despida al expresidente que indultó a todos los militares asesinos.

Dicho esto, ya no debería hacer falta seguir escribiendo esta nota. Pero vamos a intentar aportar un poco más: un 29 de diciembre de 1990, el entonces presidente argentino, Carlos El Turco Menem, indultaba a los genocidas de las Juntas militares.

El nefasto indulto firmado por Menem permitía la liberación de los asesinos Videla, Massera, Agosti, Viola, Lambruschini, Camps y Riccheri.

Además, el indulto del Turco Menem incluyó a dos integrantes de la criminal organización paraestatal llamada Triple A: Norma Kennedy y Duilio Brunello, y al jefe político de Montoneros: Mario Firmenich.

Los progres kirchneristas repiten como cyborgs programados que Cristina lo hizo por "protocolo". Y cuando tenía que entregarle la banda presidencial al estafador Mauricio Macri, ¿no había protocolo?

¿Qué está primero, la ideología o el protocolo? El Che Guevara hubiese dicho: "La ideología". Los kirchneristas te dicen "el protocolo". Como escribió alguna vez Andrés Rivera, ese gran narrador argentino: La revolución es un sueño eterno.

El cuerpo del expresidente corrupto, Carlos Menem, fallecido el domingo 14 de febrero de 2021 a los 90 años, fue recibido en el Congreso Nacional por la Vicepresidenta progre, Cristina Kirchner, antes de la apertura de la capilla ardiente al público.

A ese expresidente rindió honores en el Congreso la ecléctica Cristina Kirchner, una progresista que siempre utilizó el tema de los derechos humanos para conseguir votos.

La Muchacha Progre se encargó de la recepción del féretro en calidad de presidenta del Senado.

La TV oficial mostró el momento en que la Jefa de la tropa recibió a la familia Menem en el Salón de los Pasos Perdidos y los acompañó hasta el Salón Azul.

Ha muerto un caro hijo de la patria: Carlos Menem, quien vivió del Estado toda su vida y ahora nos ha dejado a su prolífica familia para que la sostengamos con fondos del erario público.

No es sólo un caro hijo de la patria, es un hijo de puta que indultó a los militares asesinos que mataron a argentinos y argentinas, robaron bebés y violaron mujeres en cáceles clandestinas durante la última dictadura cívico militar que vivió Argentina.

A Cristina Kirchner nada de esto le importó, al Presidente Fernández tampoco, fueron presurosos a despedir a este cómplice de una de las masacres más virulentas de la historia criolla. La Casta Política jamás perderá sus códigos cuasi mafiosos.

Así nos va.

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Nunca Más: se cumplió un nuevo aniversario del juicio a las Juntas Militares

El 22 de abril de 1985, durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, comenzó el juicio civil a los integrantes de las Juntas Militares que habían sido protagonistas del Golpe Cívico Militar de 1976.

El 9 de diciembre de 1985 se leyó la sentencia con cuatro absueltos pero con la condena de reclusión perpetua para el dictador Videla y prisión perpetua al asesino Massera.

Esta sentencia fue y es reconocida por su gran trascendencia histórica, política, jurídica y ética. Sin antecedentes en el mundo, era la primera vez en América Latina que los responsables de un régimen militar eran condenados en un juicio público por los crímenes del terrorismo de Estado.

El juicio de la Causa 13 comenzó el 22 de abril de 1985, cuando el Gobierno de Raúl Alfonsín llevaba menos de dos años, con una democracia aún no consolidada y con presiones de los sectores castrenses.

En el banquillo de los acusados estuvieron Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Emilio Eduardo Massera, Roberto Eduardo Viola, Omar Graffigna, Armando Lambruschini, Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Anaya, integrantes de las Juntas militares que gobernaron Argentina entre marzo de 1976 y junio de 1982.

El tribunal fue la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal, compuesta por los jueces Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Aráoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D'Alessio, y Julio César Strassera como fiscal.

Strassera fundamentó su acusación en el "Nunca Más", el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada por un decreto del Presidente radical Raúl Alfonsín, y corroboró las pruebas en base a las declaraciones de los testigos.

El 9 de diciembre, Videla y Massera resultaron condenados a reclusión perpetua con destitución; Viola, a 17 años de prisión, Lambruschini a 8 años, y Agosti a 4 años y 6 meses de prisión, todos con destitución. Por su parte, Graffigna, Galtieri, Lami Dozo y Anaya fueron absueltos.

Se abrieron expedientes por crímenes cometidos en el Primer cuerpo de Ejército, el Segundo, el Tercero, Campo de Mayo, La ESMA y el Circuito Camps.

Ante esta situación, el sector militar presionó al poder político que cedió con las sanciones de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, tras la rebelión Carapintada de Semana Santa de 1987.

Más allá de lo que sucedió en los años posteriores, la realización de ese juicio es un logro histórico.

Haber juzgado a sus criminales, a sus dictadores es uno de los grandes méritos que tiene esta sociedad, que asumió una responsabilidad histórica de que esas cosas no pueden volver a suceder.

Se cumplieron 90 años del golpe militar que derrocó al Presidente Hipólito Yrigoyen

Hace 90 años, en Argentina se interrumpió la vigencia de la Constitución por un golpe de Estado que fue el comienzo de una seguidilla de nefastos ataques contra la democracia nacional.

Fue el comienzo de un periodo donde las Fuerzas Armadas se constituyeron en una fracción política que actuaba al servicio de los intereses de las clases sociales dominantes y que se prolongaría hasta 1983.

Ocurrió un 6 de septiembre de 1930, donde la toma del poder político fue ejecutado por un grupo de militares argentinos encabezado por el Teniente general José Félix Uriburu, un delincuente que luego huyó a morir a Europa. El asalto derrocó al Presidente Hipólito Yrigoyen estableciendo una dictadura militar. Fue el primer golpe de Estado que obtuvo aceptación entre los argentinos y argentinas.

El general José Félix Uriburu, al mando del Ejército, derrocaba hace 90 años a Hipólito Yrigoyen, dos veces presidente constitucional de Argentina, por medio de un golpe de Estado que interrumpía por primera vez la continuidad institucional que regía en el país desde 1853.

Fue una asonada que inauguró un mecanismo de recambio mediante el cual las Fuerzas Armadas se constituyeron en una fracción política que actuaba al servicio de los intereses de las clases sociales dominantes y que se prolongaría hasta 1983.

La crisis del capitalismo que tuvo lugar tras el crack bursátil de Nueva York, en 1929, determinó un fuerte descenso de los precios internacionales de las materias primas y esto significó un duro golpe para la economía Argentina y su modelo agroexportador.

El radical Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, el primer jefe de Estado electo por el voto universal y secreto tras la implementación de la Ley Sáenz Peña de 1916, cumplía su segundo mandato y su autoridad comenzó a ser cuestionada por sectores que creían que el Ejército debía hacerse cargo de la situación.

Diarios como La Nación, La Prensa y Crítica, propiedad del empresario Natalio Botana, iniciaron una campaña de desprestigio contra el Gobierno y la figura del viejo caudillo popular.

En medio del clima de libertades públicas que reinaba, se sucedían manifestaciones contra la figura del presidente por parte de conservadores, radicales antpersonalistas y socialistas, quienes en las ciudades de Buenos Aires, Rosario y La Plata llamaban "tirano" a Yrigoyen.

Al amparo de los sectores terratenientes, que veían con preocupación que ante la crisis el gobierno tomara medidas que pusieran en riesgos sus intereses, los militares pusieron en marcha la conspiración.

Desde un comienzo se vislumbraron dos posturas claras en el movimiento golpista: los que pretendían instaurar un Estado fascista y corporativo al estilo del que regía en Italia con Benito Mussolini y los conservadores que soñaban con volver al régimen político anterior al de 1916, caracterizado por el fraude electoral.

Los que soñaban con un Estado corporativo se identificaban con el chanta Uriburu y estaban inspirados en las ideas que proclamaba el escritor Leopoldo Lugones, en tanto que los conservadores se aglutinaban detrás de la figura del general Agustín P. Justo.

El golpe

El sábado 6 de septiembre de 1930, una partida de cadetes del Colegio Militar marchó sobre Buenos Aires y desalojó de la Casa de Gobierno al Vicepresidente Enrique Martínez, en ejercicio del Poder Ejecutivo, ya que Yrigoyen se encontraba de licencia por enfermedad.

El presidente fue apresado y llevado a la isla Martín García. Uriburu asumió la presidencia dos días después y el 10, la Corte Suprema emitió una sentencia que convalida el golpe en una abierta violación a la Constitución Nacional.

El régimen naciente de ese hecho ilegal impone una fuerte censura, estado de sitio, ley marcial, interviene las universidades y las provincias, con excepción de Entre Ríos y San Luis.

En lo económico, ante la necesidad de afrontar compromisos externos toma créditos de parte las entidades financieras internacionales y aplica fuertes reducciones del déficit fiscal.

En medio del descontento, en 1932, Uriburu se ve obligado a llamar a elecciones para luego partir a Europa, donde morirá el 29 de septiembre.

El gobierno proscribió al ex presidente Marcelo T. de Alvear y el radicalismo decide no presentarse, lo que favorece a Justo, que se impuso con facilidad en medio de un fraude generalizado.

Se inició así un período signado por el fraude electoral, denominado como Década Infame, y que se prolongará hasta 1943, cuando mediante otro golpe de Estado se inicie una transición para que el General fascista Juan Domingo Perón llegué a la presidencia.

El represor Gustavo De Marchi tiene coronavirus

Al igual que su colega de fuga, Jorge Olivera, De Marchi se contagió de coronavirus y fue trasladado a otra unidad para ser tratado.

El represor Gustavo De Marchi tiene coronavirus. Así lo informaron desde el Servicio Penitenciario Federal de Ezeiza.

El nefasto personaje fue condenado por delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia de San
Juan durante la dictadura cívico militar iniciada en 1976.

El exmilitar se habría contagiado por contacto estrecho con otro interno. Para recibir tratamiento, fue trasladado a la Unidad 21 en Buenos Aires y no se conocen detalles de su estado de salud.

Cabe recordar que hace una semana, el represor condenado Jorge Olivera se contagió de coronavirus también en la cárcel federal.

Jorge Olivera fue Jefe de Inteligencia en la provincia de San Juan durante la última dictadura cívico militar, y fue acusado de cometer delitos de lesa humanidad. Ahora se contagió de Covid-19 en la cárcel.

El represor fue condenado en San Juan por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar. Cumplía sentencia en una celda del Servicio Penitenciario Federal, en Buenos Aires, y allí contrajo coronavirus.

Es preciso recordar que tanto Olivera como De Marchi están cumpliendo una sentencia de prisión perpetua en el pabellón VI del sector ARAM, luego de que fueran condenados hace algún tiempo en San Juan.

Jorge Olivera pidió en 2019 salir de la cárcel para asistir a su esposa, precisamente la mujer que lo ayudó a fugarse en 2013. Su pareja tiene problemas psíquicos y este represor pretendía cuidarla, pero le rechazaron el planteo.

Este año, en abril pasado y en el marco de los pedidos de prisión domiciliaria por la emergencia sanitaria por el Covid-19, los condenados por delitos de lesa humanidad también solicitaron cumplir condena en sus cálidos hogares, pero no tuvieron suerte.

Los represores que pidieron domiciliaria son: Jorge Olivera, Gustavo De Marchi, Francisco Del Torchio y Eduardo Cardozo. Las cuatro solicitudes fueron rechazadas por el Tribunal Oral Federal.

"Ausencia, según Maité", de Juan Carlos Carta

Maité y Juan se vieron, por última vez, una tarde fría de invierno del 77. Ella se iba por tener la certeza que todo estaba perdido. Él se quedaba por orgullo. Por sentir que algo, aún, podía cambiar.

Revolución era una palabra que siempre le acompañaba por esos días. Ella temía y preanunciaba el horror de ese sacrificio. No lo soportaba. Por eso se iba. Cuando se despidieron en esa terminal fría, salieron de ella unas palabras empobrecidas. Una justificación. Un perdón. Un gesto inconcluso. Él simplemente la miró en silencio.
Tal es así, que Maité y Juan se separaron en aquel invierno. Luego vendría el reproche de aquello que no tuvo lugar y que tardíamente encontró las palabras adecuadas, ya agotadas, en esa calle vacía de aquel domingo lluvioso o en ese ómnibus de vidrios empañados y paisaje difuso.

Muchos años más tarde, en una de sus giras por el país, Maité lo buscó casi con temor al llegar al pueblo. Lo buscó en las calles en que se dejaron, en domicilios ahora inexistentes; preguntó y nadie sabía nada sobre Juan. O si… Aún quedaba el miedo de hablar en la gente. Entonces lo buscó en la memoria, en fotos viejas, en palabras sueltas, en el llanto tardío.

Una noche, en una ciudad donde representaba una versión de Orfeo, Maité sintió la presencia de Juan mientras actuaba. Y, extrañamente, las palabras de su texto vibraron de otra forma, con otra cualidad. La invadió, también, una alegría inusitada. Luego, en la cama del hotel y junto a otro hombre que dormía, Maité no dejó de pensar. Tenía la sensación de que Juan había estado con ella y que esa sensación ya no la abandonaría. Y no se equivocó. En las noches siguientes, siguiendo los derroteros de Eurídice, sucedió algo extraño en ella. Tenía la sensación, mientras actuaba, que los poros de su piel se dilataban, que sus ojos podían percibir todo lo que acontecía en la sala, que el torrente de su sangre fluía llena de una fuerza vital. Sentía que podía cargar con sí misma, y también, con todas sus ausencias. Por una paradoja del destino, era Eurídice la que buscaba en su vida. Pero sin encontrar nada, ni siquiera la imagen de aquel Orfeo…

Y entonces ella, sentía que Juan renacía fugazmente en algún sitio, en alguna mirada, en el aliento, durante esas noches de gira por el país del que alguna vez se fue.

"“Somos un cuerpo que envejece, la memoria de lo que vivimos, la ausencia de los que ya no están. Todo eso está en nosotros y nos acompañará hasta el último día. La ausencia es presencia. No hay olvido allí. Sólo lo perdurable de aquel amor que fue. De esa tristeza por lo que no pudo ser. El instante en que decidiste unirte a la idea de cambiar al mundo, en un lugar infecto de asesinos. El instante en que me besaste por primera vez. El instante de la partida".

Así pensaba Maité mientras la ruta hacia otro pueblo se expandía interminable.

Autor: Juan Carlos Carta.