Tal como expresaba Michael Moore en Bowling for Columbine, para que se cometan crímenes aberrantes hace falta una cadena de voluntades diseminadas en la sociedad, que operen a favor.
Muchos medios de comunicación hegemónicos de San Juan trabajan día a día para lograr nuevos femicidios.
El último femicidio ocurrido en la provincia de Mendoza dejó claro que las instituciones del Estado funcionaron mal. No funcionaron.
Y no funcionaron porque las personas encargadas de realizar su trabajo, no actuaron en consecuencia. No estaban correctamente capacitadas o fueron negligentes.
La llamada al 911 de los vecinos, minutos antes del asesinato de Florencia Romano, fue una muestra de lo que puede hacer la solidaridad y el involucramiento de los vecinos frente a hechos que a todas luces aparentan ser violentos. Sin embargo, esta red social sirvió de poco. Tuvo su límite cuando se topó con la responsabilidad de funcionarios públicos. Esos empleados a cargo de nuestra seguridad incurrieron en negligencia o en desinterés total por su trabajo. Y eso nos costó una vida de una chica de 14 años. Nos cuesta vidas cada hora que pasa.
¿Por qué digo que la negligencia del Estado nos cuesta vidas, y no cargo las culpas directamente sobre las manos que asesinan? Porque desarmar la inercia natural de un sistema patriarcal fuertísimo y letal, no es algo que podamos hacer como individuos. Ni siquiera con grupos o instituciones. Necesitamos una fuerza equivalente y la única que conocemos, la única a la que delegamos constitucionalmente todo el uso de la fuerza es el Estado. Es esa la fuerza que tiene en su mano el poder de educar, limitar, prevenir e impartir justicia cuando se llega tarde para salvar una vida.
Y en este panorama, la Comunicación de los Medios Hegemónicos tiene mucho que hacer.
En nuestra provincia ocurrió recientemente un nuevo femicidio. Desde el principio, como ciudadana, me sentí desprotegida por la forma en que la Policía filtró datos a los periodistas y estos, fieles a un oficio que no quieren alterar porque vende mucho, espectacularizaron la vida privada de una más de tantas víctimas. Medios como Diario de Cuyo lo hicieron ayer, lo vuelven a hacer hoy.
Llenan sus crónicas con vívidos detalles; revictimizan diseccionando hábitos de víctimas que nada tienen que ver con la intención y saña de las manos que asesinan; reafirman estereotipos de género, exponen imágenes de víctimas a todo color, exponen a sus familiares, entorpecen la causa judicial brindando multiplicidad de datos de una de las hipótesis. Todo esto no solo atenta contra todas las buenas prácticas recomendadas para el tratamiento de femicidios, por instituciones nacionales e internacionales, sino que además, a través de la práctica reiterada y sistemática, fija sentidos comunes en la población que consume esos mensajes.
Esto tiene un poder multiplicador en la conciencia de quienes formamos parte de esa red de vecindad, de potencial solidaridad sobre la que me refiero al comienzo de la nota: personas que en lugar de actuar con rapidez, podrían, influidas por la manera en que los medios hegemónicos cargan las tintas sobre las víctimas, optar por no meterse, por pensar que quien sufre violencia de género fue una persona descuidada o "se lo buscó".
Así las cosas, lo que se logra es ni más ni menos que volver a ejercer violencia de género. La responsabilidad fue de quien recibió el ataque. Contribuyen debilitar el sentido de responsabilidad social que puede salvar vidas.
Tal como comunicó recientemente la Asociación Civil Mujeres Con Nuevas Raíces, "los medios de difusión hegemonico-machistas- esclavistas sostienen y avalan la cultura patriarcal que genera conductas femicidas.
Según expresa la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en la Recomendación General N° 35, “las mujeres tienen derecho a una vida sin violencias”. Este medio de comunicación hizo caso omiso a la recomendación de este acuerdo Internacional que tiene carácter constitucional.
El tratamiento periodístico que se da al informe sobre un reciente femicidio vuelve a violentar y agredir a la víctima, dando detalles de su vida íntima totalmente innecesarios, desviando el foco del asesino femicida y colocándolo en la víctima, como un modo de obsequiarle al mismo la justificación de su accionar y sometiendo a la víctima real a un trato cruel, inhumano y degradante.
Así es como intenta sostener y avala el estereotipo del rol sumiso femenino de la cultura asesina de mujeres.
Este accionar ya reiterado en muchas oportunidades es lo que esta Asociación Civil repudia enérgicamente".
Las coberturas de Diario de Cuyo respecto al último femicidio ocurrido en San Juan se enmarcan en lo que la Ley N° 26.485 define como violencia mediática: "Aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres (…), legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres".
La falta de chequeo, diversificación y verificación de fuentes; la tendencia a culpabilizar, descreer y sexualizar a la víctima; la reproducción de comentarios ofensivos; la difusión de detalles morbosos e innecesarios; la resistencia a hablar de femicidio; el sistemático uso de la incorrecta expresión "crimen pasional" y la incitación constante a la respuesta denigrante por parte del público, fueron parte de los abordajes con gran llegada al público.
Poner el foco en la "vergüenza" de una mujer desaparecida, construir una novela sobre la base del relato único del presunto femicida y de su entorno constituyen formas de violencia mediática, que no solo banalizan el flagelo de la violencia de género sino que también contribuyen a la justificación social del femicidio y a la reproducción de la cultura machista en las diversas audiencias.
Este tipo de coberturas, que buscan desconocer la raíz cultural que promueve y avala el femicidio, ya no pueden ser toleradas.
Como periodista y comunicadora pido al Estado provincial de San Juan la urgente reglamentación y real implementación de la Ley 26.485 de Protección Integral de la Mujer y solicito a las unidades gubernamentales correspondientes que tienen el poder a través de la Pauta Oficial que exijan, en este marco, la formación específica en Comunicación con Enfoque de Género a todo/a periodista y comunicador/a de San Juan de medios públicos y privados.
Por todo lo explicado, estimados periodistas y empresas de comunicación, las malas prácticas informativas, con la comunicación de los temas en que está involucrada la violencia de género, matan.