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Gobernar para los descartados

Por Lucas González
Si entendemos a la política como una actividad humana orientada a un fin en particular, se podrían, esquemáticamente, identificar dos concepciones de la misma. Para aquellos que ya hemos estudiado exhaustivamente estas definiciones, no es una noticia nueva. Sin embargo, es importante partir desde las bases para edificarnos hacia los problemas que enfrenta nuestra realidad.

Es así que algunos podrán entender a la política como una actividad marcada por la lucha por el poder, pero también puede comprenderse a la política como actividad humana que busca el bien común para la comunidad. En consonancia con esta concepción, en la exhortación apostólica Christifideles Laici, Juan Pablo II define a la política como la "multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el Bien Común".

Ateniéndonos a esta concepción, el Bien Común implica una actividad que no mira solamente a una mayoría circunstancial, ni que beneficia a unos pocos con capacidad de presionar sobre los decisores políticos. El bien común comprende y busca el desarrollo tanto material como espiritual de todos los miembros de la comunidad, en tanto son personas dotadas de una dignidad que no depende de su productividad.

Esta última declaración no es ingenua. Hoy día se habita en un mundo que, recordando las palabras del Papa Francisco, vive dominado por una "cultura del descarte", presente en las distintas esferas de la sociedad, entre ellas, por supuesto, la política.

Francisco dijo: Cuando en el centro del sistema ya no está el hombre sino el dinero, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a simples instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, más bien dominado, por profundos desequilibrios. Y así se "descarta" lo que no sirve a esta lógica: es aquella actitud que desprecia a los niños y a los ancianos, y que ahora golpea a los jóvenes.

Variados y diversos son los tipos de descartes que existen en la sociedad. Mientras que algunos pueden ser evidentes, existen otros que son más sutiles. Se manifiestan en la omisión de desarrollo o la evasión del mejoramiento de políticas públicas, las cuales deberían mirar el desarrollo integral de la persona y el respeto a su dignidad.

Al hablar de las personas mayores, no nos podemos permitir tratar este asunto como uno marginal o transitorio. Es un problema que cada vez tiene más entidad. De acuerdo con el INDEC, en Argentina viven alrededor de 7.400.000 personas de 60 años o más, lo que representa el 16% de la población total.

Las proyecciones oficiales hacia 2040 indican que la población de "65 años y más" pasará del 12% a cerca del 17%; que la esperanza de vida alcanzará los 78,7 años para los varones y 83 para las mujeres, las proyecciones hacia esta década apuntan a una convergencia entre ambos grupos.

Se trata de lo que se conoce como "envejecimiento poblacional", un proceso que debe atenderse desde el presente. No solo porque afecta a nuestros adultos mayores, sino porque nos afectará a nosotros cuando seamos quienes compongan aquel sector; nadie escapa al natural proceso de crecer y envejecer.

Mucho se podría decir, sin embargo, de las distintas problemáticas que se hallan a la hora de hablar sobre nuestros abuelos. Un tema recurrente es el deterioro del poder adquisitivo de los haberes previsionales, al que se suman las crecientes tensiones sobre la sostenibilidad del sistema que este cambio demográfico anticipa.

Otro problema es la brecha digital causada por la aparición y uso de tecnologías: el 87,7% de los mayores de 60 usa celular, pero solo el 20,6% usa computadora, y entre los mayores de 70 el acceso a internet cae al 63%, justo cuando el Estado y el sistema de salud migraron sus trámites a plataformas digitales, o la soledad que experimentan los adultos mayores en la República Argentina: entre 2010 y 2022 los hogares unipersonales de mayores de 65 años pasaron de 843.427 a 1.261.800, un aumento del 50%.

Vemos que muchos son los problemas. Pero un tema en particular, del cual se habla poco y que lamentablemente es tema de debate público cuando sucede algún hecho escandaloso, es el caso de las residencias para adultos mayores.

En 2026, la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N° 25 de la Ciudad de Buenos Aires solicitó el allanamiento de urgencia de una residencia en el barrio de Almagro.

El caso se había iniciado a partir de un informe del Programa Proteger, dependiente de la Subsecretaría para Personas Mayores porteña, cuyos profesionales entrevistaron de forma individual y reservada a los residentes. Constataron alimentación que no respetaba las dietas prescritas, ausencia de personal durante la noche, falta de atención profesional y maltrato verbal. Una de las residentes, en estado de extrema delgadez, manifestó repetidamente que necesitaba comer. El establecimiento fue clausurado y los hechos se encuadraron como abandono de persona.

Ese mismo año, en Mar del Plata, el Ministerio de Salud bonaerense dispuso la clausura transitoria de otro geriátrico tras denuncias por un cuidador que golpeaba a las residentes. La causa formal de la clausura, sin embargo, fue administrativa: el establecimiento no había iniciado el trámite de renovación de su habilitación sanitaria pese a haber sido intimado meses antes.

En 2025, en Eduardo Castex, La Pampa, se allanaron simultáneamente dos residencias tras denuncias de familiares por deficiencias alimentarias y malos tratos. Los denunciantes declararon que habían intentado plantear la situación ante las autoridades municipales sin obtener respuesta, y que por eso acudieron a la Justicia. La responsable terminó admitiendo su culpabilidad por abandono de persona.

Estos son solo algunos de los muchos casos que llegan a los medios. Pero los problemas no se agotan ahí. Hay muchos más que ocurren de manera más amplia y silenciosa: mayores que son "depositados" en residencias y no reciben ningún tipo de visita (derivando en un descuido por parte de los enfermeros, ya que nadie va a "custodiar" el estado de esa persona), que no mantienen una conversación que exceda lo simplemente funcional, que no permita advertir si algo anda mal, etc.

Dentro del sistema constitucional argentino, podemos encontrar con jerarquía constitucional la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, donde el artículo 12 establece que: "los Estados Parte deberán adoptar medidas tendientes a desarrollar un sistema integral de cuidados que tenga especialmente en cuenta la perspectiva de género y el respeto a la dignidad e integridad física y mental de la persona mayor".

Es fundamental resaltar que este "sistema" al que apela la Convención se encuentra, en la práctica, inconcluso en la Argentina. Inconcluso, y no "abandonado", porque existe una realidad, que es el PAMI. Dicha entidad es el principal financiador de plazas geriátricas del país, que fija por vía de resolución estándares detallados para todas las residencias que contrata.

El problema es que ese marco no rige en razón del territorio sino del contrato: alcanza a los establecimientos que el Instituto contrata, y a ningún otro. Fuera de ese perímetro, nuestro país carece de una ley nacional que regule de manera uniforme el funcionamiento de las residencias para adultos mayores, lo que fragmenta la protección de sus derechos.

La responsabilidad ha quedado atomizada y distribuida entre las diversas provincias y la Ciudad de Buenos Aires, lo que resultó en un escenario de normativas dispersas y desiguales que impiden la consolidación de un sistema nacional coherente y efectivo.

Se han presentado proyectos para establecer un marco normativo de alcance nacional, pero ninguno prosperó. Ejemplo de esto es el Proyecto de Ley de Marco Normativo para los Establecimientos Geriátricos en el Territorio Nacional (Expediente 3590-D-2017).

¿Qué hacer entonces? En principio algo se puede diagnosticar en nuestra patria, un concepto erróneo como lo es tratar a las residencias como un asunto más privado o de las familias, regulado de manera fragmentada, y que únicamente se controla durante la aparición de casos que conmocionan a la sociedad (ya sea a nivel local o nacional).

Dado esto, y en búsqueda de ciertas ideas que puedan arrojar luz a la resolución de estos problemas, no es necesario "reinventar la rueda", sino mirar como ejemplo lo que hicieron los países de afuera. Los casos son muchos, pero nos detendremos en un caso vecino: el de Uruguay.

El país ratificó la misma Convención Interamericana que nosotros, pero, a diferencia de la Argentina, la tradujo en normas operativas. Su arquitectura combina la Ley N.º 17.066 (1998), que fija las condiciones mínimas de habilitación y el régimen de sanciones; la Ley N.º 19.353 (2015), que crea el Sistema Nacional Integrado de Cuidados y consagra el cuidado como un derecho; y los artículos 517 y 518 de la Ley N.º 19.355, que reparten competencias entre el Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Desarrollo Social.

Pero lo decisivo no está en las leyes sino en su reglamentación, porque allí el derecho abstracto se vuelve obligación verificable. El Decreto N.º 356/016 fija ratios obligatorios de personal: en turnos nocturnos, un cuidador cada veinte residentes autoválidos y uno cada diez con dependencia.

Conviene comparar ese número con lo constatado en Almagro, donde directamente no había personal durante la noche. El mismo decreto establece plazos obligatorios para capacitar a la totalidad del plantel y exige que cada establecimiento cuente con un profesional del área social encargado de generar actividades con los familiares. Aún el vínculo con la familia, que entre nosotros queda librado a la buena voluntad, allí está normado.

Pero el sistema uruguayo no se agota en la regulación. La propia ley define al SNIC como un modelo "solidario y corresponsable entre familias, Estado, comunidad y mercado" (art. 2), y establece entre sus principios la universalidad de los derechos a la atención y la solidaridad en el financiamiento (art. 4). Esa definición se ve en la realidad concreta cuando la norma obliga a que las partidas presupuestales destinadas al Sistema se identifiquen en un programa específico dentro del presupuesto de cada organismo y prohíbe transponerlas hacia otros programas (art. 14). El cuidado, en definitiva, dejó de ser un problema exclusivamente familiar para pasar a ser una partida que el Estado no puede desviar hacia otro destino.

Retomemos entonces lo que dijimos sólo unos párrafos atrás: que en nuestra patria se puede ver y abstraer de cada caso un concepto erróneo sobre cómo tratar la problemática de las residencias: como un asunto más privado o de las familias, regulado de manera fragmentada, y que únicamente se controla durante la aparición de casos que conmocionan a la sociedad, como señalamos más arriba.

En cambio, Uruguay trata la dependencia en la vejez como un riesgo social que debe asegurarse colectivamente, del mismo modo que la enfermedad o el desempleo.

En base a todo esto, y con un espíritu que propone no solo observar y diagnosticar, sino también traer luz a futuras propuestas, se presentan a continuación algunas ideas principales para futuros cursos de acción.

En primer lugar, la creación de un registro nacional único y obligatorio de establecimientos residenciales. De lo contrario, no se puede fiscalizar lo que no se conoce. De esta forma se le permite a cualquier familia verificar si una residencia está habilitada antes de confiar o, lamentablemente, "depositar" a un familiar mayor.

Es una medida de, suponemos, gran impacto inmediato. Esto debe complementarse con un régimen sancionatorio riguroso, que recaiga con la máxima severidad sobre los administradores de residencias clandestinas.

Cabe preguntarse, además, si corresponde algún grado de responsabilidad a los familiares que internan a una persona mayor en un establecimiento no habilitado. La cuestión en verdad quizá radique más en la obligación del Estado de notificar de manera fehaciente cuando un establecimiento pierde su habilitación o funciona sin ella, y arbitrar los medios para reubicar a los residentes. Solo frente a quien, debidamente notificado, mantiene a un familiar en un lugar clandestino, cabe discutir consecuencias jurídicas.

En segundo lugar, un régimen de fiscalización e inspección programada y preventiva. Se trata de visitas periódicas, obligatorias, con entrevistas reservadas a los residentes, gracias a las entrevistas es que se pudieron detectar las irregularidades de la residencia de Almagro.

En tercer lugar, iniciar un debate sobre la potencial formulación y financiación de políticas públicas para el cuidado de nuestros abuelos en el largo plazo. Mientras el cuidado dependa del bolsillo de cada familia, la calidad de la vejez (de nuestros mayores, pero la nuestra también a futuro) seguirá determinada por el ingreso.

A estas tres ideas, podríamos sumar una cuarta, más relacionada con el desarrollo de un espíritu cívico y comunitario que incentive la solidaridad en un mundo dominado por una lógica individualista; y que trata sobre el armado de un programa de voluntarios para la visita y acompañamiento en las residencias geriátricas. Claro está que esta iniciativa no debe depender del Estado únicamente, sino que, invocando el principio de subsidiariedad, sea el Estado el que promueva y articule entre los sectores medios de la sociedad (universidades, parroquias, sindicatos, entre otros), dicho accionar.

Para finalizar, conviene detenerse en una expresión que en los últimos años se volvió moneda corriente dentro del lenguaje político argentino del día a día: la "batalla cultural", el término proviene de la "hegemonía cultural" de Gramsci, luego retomado a nivel nacional por el sector liberal libertario. Lo tomaremos aquí para resignificarlo. Se debe dar una batalla cultural, sí, pero contra la cultura del descarte denunciada por Francisco y contra esa concepción de la persona humana que estipula que uno vale por lo que produce.

Para dar dicha batalla, que debe hacerse desde los distintos ámbitos de la sociedad, a nivel político, se exige una transformación política que salga en defensa de la dignidad de la persona humana y la promoción del bien común, y que encierre en dicho bien a los mayores.

Porque no son un sector más al que se pueda dejar de lado, sino que son un eslabón más de nuestra sociedad, que nos vincula con lo que Argentina anteriormente fue. Son nuestra historia viva; y nosotros también seremos historia viva a futuro.

El autor de esta nota es parte del proyecto Conciencia Politica, revista del Centro de Estudiantes de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina, dirigido por Julián Ornella.
Se publica la nota que surge electa de un concurso mensual. Este artículo es el resultado de una relacion editorial establecida entre Conciencia Política, de la UCA, y El País Diario.

Informe de la UCA: la pobreza volvió a subir en el primer trimestre de 2026

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina estimó que el índice de pobreza alcanzó el 30%, en tanto que el de indigencia llegó al 6,5%. Atribuyó el deterioro al aumento de la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el menor dinamismo de la economía.

La pobreza volvió a aumentar en Argentina durante el primer trimestre de 2026 y alcanzó al 30% de la población, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. La indigencia, por su parte, se ubicó en 6,5%.

De acuerdo con el estudio, elaborado sobre la base de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, ambos indicadores mostraron un leve incremento respecto del último trimestre de 2025.

La pobreza subió 0,1%, mientras que la indigencia aumentó 0,4%, interrumpiendo la tendencia descendente que se había registrado desde fines de 2024.

No obstante, la comparación interanual continúa mostrando una mejora: en el primer trimestre de 2025 la pobreza era del 31,4% y la indigencia alcanzaba el 6,9%.

Factores que explican el deterioro

El Director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, Agustín Salvia, atribuyó el repunte de la pobreza a una combinación de factores económicos.

Entre ellos destacó la aceleración de la inflación, que provocó que las canastas básicas crecieran por encima de los salarios, el aumento de la informalidad y la subocupación, una distribución desigual de la recuperación de los ingresos, la desaceleración de la actividad económica, la pérdida de poder adquisitivo de jubilaciones y prestaciones sociales debido al rezago en sus actualizaciones, y el incremento de los gastos fijos de los hogares, como tarifas de servicios, transporte y alquileres.

Según el informe, durante el primer trimestre la Canasta Básica Alimentaria aumentó 11,6% y la Canasta Básica Total 9,6%, mientras que los ingresos salariales crecieron en promedio 8,6%.

Regiones más afectadas

El relevamiento identificó a Concordia, 52,5%; Gran Resistencia, 49,7%; Posadas, 42,6%; Gran Santa Fe, 39,7%, y Corrientes, 38,4%, como los aglomerados urbanos con mayores niveles de pobreza.

En cuanto a la indigencia, los porcentajes más elevados se registraron en Gran Resistencia, 24,3%; Concordia, 11,2%; Posadas, 10,7%; Gran Santa Fe, 10,4%, y Corrientes, 9,1%.

El estudio también estimó que, al comparar períodos sin el efecto del aguinaldo, alrededor de 1.300.000 de personas se incorporaron a la condición de pobreza entre el tercer trimestre de 2025 y el primer trimestre de 2026.

Finalmente, el estudio de la UCA sostuvo que una reducción sostenida de la pobreza dependerá de que el crecimiento económico logre traducirse en empleo formal, productivo y mejor remunerado, un escenario que, según el informe, todavía no se observa de manera generalizada.

El desempleo y la informalidad se profundizaron en los últimos 2 años, según la UCA

Un reciente informe de la Universidad Católica Argentina indicó que los mejores salarios los perciben quienes ocupan puestos formales con respaldo gremial.

Según un nuevo informe elaborado por el Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, se puso de manifiesto la preocupación por el incremento de la precarización laboral en los últimos 15 años. En este sentido, señaló que las personas con sueldo en blanco y protección gremial tienen los mejores ingresos.

La investigación también dio cuenta de que la reforma laboral promovida por el Gobierno nacional de Javier Milei brinde una solución de fondo al tema.

Los datos se desprendieron de la investigación que dio a conocer la Universidad Católica Argentina este miércoles en relación a los cambios de la estructura social del trabajo en el ámbito urbano del país entre los años 2010 y 2025, que dio cuenta y lanzó una advertencia sobre el deterioro de las condiciones laborales, aunque el desempleo mantenga números bajos.

Qué dice el escrito del Observatorio de Deuda Social de la UCA

"Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en Argentina, 2010-2025". Así se denomina el documento de la Universidad Católica Argentina en el cual, tras el análisis hecho por el Observatorio, se dejó ver que entre 2010 y 2025 ganó terreno sectores vinculados a los recursos naturales, las finanzas y los servicios empresariales que tienen bajo impacto del factor productivo trabajo, por sobre aquellos que demandan más empleados y son menos productivos.

Desde el Observatorio de Deuda Social señalaron que "los sectores más dinámicos de la economía no tradujeron su crecimiento en puestos de trabajo suficientes para mejorar las oportunidades de acceso a empleos más productivos y bien remunerados" y sostuvieron que "la principal transformación ocupacional de los últimos años fue la recomposición del empleo hacia los sectores de baja productividad sin alzas en el desempleo".

En este sentido, el informe indicó que "durante el período ha crecido en 4,5% la proporción de ocupados que, estando en puestos registrados, se encuentran por fuera de los convenios colectivos".

Asimismo, la investigación del Observatorio de Deuda Social reconfirma la relación entre las posibilidades que tiene una persona para ubicarse en lugares de ingresos más altos con la de una que aúne los criterios de productividad alta con protección. Al respecto, Ramiro Robles, uno de los responsables del informe, clarifica diciendo que "se están agravando las brechas laborales por la precarización".

Perspectivas a futuro

Junto a Robles, quienes también formaron parte de la redacción del documento están Julieta Vera y Alejo Giannecchini y todos coinciden en un panorama poco optimista sobre el repunte del empleo de calidad. Para ello también se basaron y explicaron que la reforma laboral no es de ayuda.

En este punto, Robles dijo que: "Una reforma laboral que esté orientada mayormente a estimular mayores flexibilidades en el funcionamiento de las empresas y la fluidez del mercado de trabajo, difícilmente pueda atender la otra pata, que es el empleo de calidad, sobre todo cuando esas grandes brechas de empleo de calidad están relacionadas con cuestiones productivas que sobrepasan lo que planteen las normas".

Por otro lado, en cuanto a las modificaciones en la movilidad laboral en los últimos 24 meses, desde la Universidad Católica Argentina señalaron que, al momento de comenzar a implementarse la reforma laboral que le dio impulso el gobierno nacional, entre 2023 y 2025, en la UCA mostraron que los cambios en el mercado laboral fueron escasos.

Entre los principales puntos describieron que muchas personas desocupadas comenzaron a trabajar por cuenta propia de manera informal. Además, cayeron las oportunidades de los desocupados para ocupar puestos con salarios formales o públicos. También se incrementaron los pases de trabajos formales hacia los informales por cuenta propia.

Al respecto, dijeron que "esto sugiere más obstáculos para acceder a empleos productivos y más protagonismo de las estrategias del empleo autogenerado, características del sector microinformal no asalariado".

Y cerraron diciendo que "la movilidad laboral reciente no parece expresar una ruptura drástica respecto del ciclo inicial, sino una reorientación regresiva de las trayectorias: el sector microinformal refuerza su papel como destino de trabajadores desocupados y ocupados que necesitan generar ingresos, en un contexto de bajo dinamismo de los sectores formal y público".

Según la UCA, más del 50% de los niños argentinos son pobres

Según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, el índice se ubicó en el 53,6% al cierre de 2025.

Más de la mitad de los niños y adolescentes permanece en la pobreza en Argentina, según los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina con cierre en diciembre de 2025.

El informe que procesó Agencia Noticias Argentinas muestra que el 53,6% de los chicos entre 0 y 17 años no cubre sus necesidades mínimas de alimentación y ambiente social.

Este valor muestra un marcado descenso en los últimos dos años, impactado por una mejora en los ingresos de las prestaciones sociales.

Al inicio del Gobierno de Milei la pobreza afectaba al 62,9% de los niños y adolescentes. Ese porcentaje se redujo a 59,7% en 2024 y a 53,6% el año pasado.

La serie que presenta la UCA muestra que la mejor situación se observó en 2011 cuando la pobreza de este conjunto se redujo a 35,7%.

Los primeros saltos se dieron en 2018, 51,7%, y desde 2020 el porcentaje de chicos pobres se mantuvo por encima de 60%.

La baja de la inflación y la política de ingresos sociales del gobierno de Milei modificaron la tendencia.

La UCA presentó este miércoles los resultados del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia correspondientes al periodo 2010-2025.

El trabajo señaló que la cantidad de hogares que tienen niños y adolescentes entre sus miembros decrece de manera sistemática.

En 1991: el 56% de los hogares tenía miembros menores de 18 años mientras que en 2022 ese valor se redujo al 44%.

Para 2025, se proyectó que todas las jurisdicciones del país estarán por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer.

El informe añade que el 42% del conjunto de chicos pobres vive en condiciones de insuficientes de saneamiento de vivienda, donde se incluye por ejemplo tratamientos de residuos y cloacas.

Otro dato relevante es que el 61,2% no tiene cobertura médica a través de obra social, mutual o prepaga.

La situación se agrava cuando se observa que el 82% no realiza actividades culturales extra escolares.

A su vez, el 18% presentó síntomas de tristeza o ansiedad, según sus adultos de referencia.

La incidencia es mayor en la adolescencia, 21,2%, y, dentro de este grupo, las mujeres adolescentes superan en riesgo a los varones, 24,7% frente a 18%.

Las desigualdades sociales son marcadas: el estrato muy bajo, 20,7%, registra el doble de probabilidades de experimentar malestar emocional que uno del estrato medio alto, 10,6%.

Además, la tristeza o ansiedad aumenta en un 46% la probabilidad de no aprender mucho en la escuela.

En lo que respecta a la formación, apenas la mitad tiene una computadora en la casa y solo el 16% tiene acceso a internet.

Por otra parte, sólo el 6,3% de los chicos escolarizados recibe algún tipo de ayuda económica para estudiar.

Según la UCA, un 36,3% de los argentinos está bajo la línea de pobreza

Los números son del tercer trimestre de este año y representan una caída de 9,3 puntos en relación con el mismo período del año pasado y de 8,4 puntos frente al tercer trimestre de 2023.

La pobreza en Argentina tocó al 36,3% de la población durante el tercer trimestre, según el informe del Observatorio de la Deuda Social que realiza la Universidad Católica Argentina en base a la Encuesta Permanente de Hogares. A su vez, la indigencia fue del 6,8%.

El documento, Estrés y bienestar en una Argentina en transición de la UCA, mostró que Argentina transitó un proceso de "ajuste más normalización", pero no un proceso de desarrollo.

Eso es porque si bien bajó la inflación, se ordenaron precios relativos, se redujo la nominalidad y el Estado recuperó capacidad fiscal, la cotidianeidad de millones de hogares sigue marcada por ingresos insuficientes.

También se ve afectada por menor calidad laboral, inseguridad alimentaria persistente y un nivel de malestar subjetivo que no encuentra piso.

Los números representan una caída de 9,3 puntos en relación con el mismo período del año pasado y de 8,4 puntos frente al tercer trimestre de 2023, previo a la asunción del Presidente Javier Milei.

Mientras que en 2024 la pobreza había llegado al valor más alto desde 2005, este año cayó a su nivel más bajo desde 2018.

Desde la UCA advirtieron que la caída que se ve en los números oficiales está inflada por cambios en la captación de ingresos de la EPH. Sin esa corrección, la baja sería considerablemente menor.

Agustín Salvia, Director del Observatorio de la Deuda Social, explicó: "No importa quién gobernó durante todo este periodo, hay un proceso agotado, un modelo que tenía déficit en producción, inversión y creación de empleo pleno. Se agotó desde lo productivo, lo económico y lo social".

La UCA cuestionó los datos de pobreza del Gobierno: la caída no sería tan pronunciada

El Observatorio argumentó que, desde el tercer trimestre de 2024, el Indec modificó la forma de medir los ingresos y el Índice de Precios al Consumidor no hace un registro sobre los cambios en los hábitos de consumo.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina cruzó al Gobierno por el dato que anuncia una baja de la pobreza al 31,7% y asegura que estaría sobreestimado en hasta un 5%.

Argumentaron que desde el tercer trimestre de 2024, el Indec modificó la forma de medir los ingresos y que el Índice de Precios al Consumidor no hace un registro sobre los cambios en los hábitos de consumo.

"Las cifras oficiales informadas en materia de ingresos y de pobreza, con base en la Encuesta Permanente de Hogares, están siendo raras, esto ocurre desde el tercer trimestre de 2024", señaló, Agustín Salvia, Director del Observatorio de la Deuda Social, en diálogo con Ámbito.

Para los analistas de la UCA, los datos sobre evolución de salarios, consumo y tasa de empleo no coinciden con la baja al 31,7% anunciada por el Ministerio de Capital Humano.

"Uno no puede estar en contra de que mejoren los índices, pero el Indec tiene que informar si hubo un cambio metodológico", planteó Salvia.

El último relevamiento llevado a cabo por la UCA reveló que el 47% de la población no tiene ingresos suficientes para cubrir los gastos del mes.

Esto se debe a que el pago de los servicios pasó a tener mayor incidencia en el salario, que el de los bienes transables.

Por más que la gente perciba mejores salarios, tienen que destinar más plata para pagar tarifas.

Eso indica que hay una mejora de ingresos, pero no así del consumo.

"Hay un cambio también en el sistema de precios y no está siendo actualizada la canasta básica", explicó el titular del Observatorio de la Deuda Social.

Según la UCA, la pobreza llegó al 49,9% en el tercer trimestre

Bajó desde el pico de 55% registrado en el inicio del año, pero sigue más alta que en 2023.

La pobreza alcanzó al 49,9% de la población, alrededor de 23 millones de argentinos, lo que representa una baja respecto del comienzo del año, aunque aún se encuentra por encima en la comparación interanual, de acuerdo con la medición del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

A principio de año, con el efecto inicial del ajuste en los primeros meses de Gobierno de Javier Milei, la pobreza había llegado a casi 55% de la población, desde el 44,7% de fines de 2023.

Sin embargo, en el segundo trimestre el número empezó a revertirse y en el tercer trimestre retrocedió a 49,9% de pobreza.

En tanto, la indigencia pasó de 11,9% en 2023 a 12,9% en el tercer trimestre de este año.

En este contexto, se relevó que 29,4% de los hogares debió recortar el gasto en medicamentos; 29,9% no pagó tasas o impuestos; y 27,1% no pudo pagar algún servicio.

Agustín Salvia, Director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dijo que "lo que estamos sufriendo hoy no es sólo el efecto de una política de ajuste sino el agotamiento de un ciclo económico que tiene más de 20 años" y consideró que "la política del actual Gobierno era de alguna manera necesaria".

Al presentar el informe a la prensa, sostuvo que las políticas de ajuste "se hicieron a un ritmo muy acelerado y con alto costo inmediato", aunque "tuvieron un impacto regresivo de menor profundidad de lo que podía esperarse".

Afirmó que "los datos tiene efecto estadístico de la caída de la inflación y que no haya caído el empleo, aunque sí creció la informalidad".

La baja de la pobreza "no necesariamente se expresa en mayores niveles de consumo" debido a que "hay un incremento del gasto en servicios", agregó.

Entre 2022, 2023 y 2024 aumentó la proporción de personas en situación de indigencia y pobreza.

Al analizar la pobreza e indigencia en la infancia, se relevó que actualmente 2 de cada 10 niños viven en pobreza extrema.

El 65,5% de los niños en Argentina viven en situación de pobreza y 19,2% en situación de indigencia.

Salvia observó que "hay una desinversión generacional" dado que en 2011 y 2012, el 40% de los niños eran pobres y hoy ese número asciende a 65,5%.

Se observó un incremento de la pobreza infantil en los estratos medios, pero sobre todo una mayor concentración de pobreza extrema en los estratos más bajos de la estructura social.

Los niños y niñas de hogares con menor capital social son los más sufrientes y afectados por la crisis.

Por otra parte, en Argentina urbana actual el 36,3% de los hogares reciben asistencia económica directa o indirecta por parte del Estado Nacional, provincial o municipal.

Si se calcula la situación sin Asignación Universal por Hijo, otros programas ni pensiones no contributivas, se estima que la indigencia ascendería a 23,2% y la pobreza a 55,4% de la población.

En este contexto, Salvia acotó que "buena parte del problema está en la estructura ocupacional. Argentina no genera buenos empleos".

Se observó un aumento del subempleo inestable, al que denominan changas, que alcanzó al 23,6% de la población económicamente activa; mientras que sólo 40% de la fuerza de trabajo tiene empleo pleno de derechos, con salario que cubre el costo de vida, estabilidad y aportes de seguridad social.

El deterioro de las oportunidades de empleo y de las remuneraciones se correlaciona con el aumento del porcentaje de ocupados que residen en hogares pobres, con marcadas diferencies entre estratos socioeconómicos.

De acuerdo con el relevamiento, el 35,3% de los trabajadores es pobre.

El Observatorio de la UCA advirtió que "no solo hay que estabilizar la macroeconomía, sino también proyectar un desarrollo con mayor productividad, empleo e inclusión social" y llamó a definir "políticas orientadas a fomentar la inversión, introducir nuevas tecnologías, multiplicar las exportaciones, recuperar el ingreso y hacer posible la creación de más y mejores empleos, junto a un cambio radical en el sistema de seguridad social".

Salvia sostuvo que "la tendencia de la pobreza es a la baja; es de esperar que la pobreza siga bajando y el Gobierno termine el año por debajo del último trimestre del año pasado".

"Esperábamos indicadores más graves. La sociedad argentina tenía reservas que no medíamos, que hizo que el proceso de crisis se viera amortiguado"; sin embargo, "tenemos problemas estructurales que la crisis actual no los resuelve y está abierto el futuro", concluyó.

La pobreza trepó al 52% en el primer semestre, según datos de la UCA

Además, aproximadamente el 18% de la población argentina se encuentra en estado de indigencia, tras el detalle de la Encuesta Permanente de Hogares.

Según los datos revelados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, la pobreza se instaló en el 52% de la población argentina, mientras que el 17,9% en la indigencia durante el primer semestre. Se trata de los valores más altos desde el 2004.

Estos números corresponden al primer semestre del año, y muestran un aumento del 41,7% y 11,9% respectivamente, con lo publicado por el Indec el año pasado.

Además, el cálculo refleja un promedio entre los dos primeros trimestres del año, donde el ODSA destacó que la pobreza alcanzó al 54,9% en enero, febrero y marzo, mientras que un 49,4% fue alcanzado en los correspondientes a abril, mayo y junio.

En el caso de la indigencia, el 20,3% de la población se encontraba en ese estado durante el primer período, y al 15,9% en el segundo. Cabe destacar, que los datos provienen de la Encuesta Permanente de Hogares.

Los factores principales de estos niveles de pobreza e indigencia

El Director del observatorio, Agustín Salvia, declaró: ''Se recuperaron principalmente las clases medias trabajadoras, el segmento técnico profesional, con cierta calificación, en ramas dinámicas".

"Mientras tanto, los trabajadores del mercado de consumo, la industria y la construcción no recibieron aumentos salariales en la misma proporción que la inflación debido a la caída del nivel de actividad'', agregó.

A su vez, señaló que, tanto la pérdida de puestos de trabajo en el sector informal de la economía y el bajo salario en el sector privado son dos factores cruciales a la hora de los altos niveles de pobreza e indigencia. Además, aquellos que trabajan en dicho ámbito tienen una remuneración inferior a la canasta básica.

''El sector de los trabajadores informales pobres, que cayó en la indigencia y que depende en gran medida de los programas sociales, no se recuperó. Es en este contexto que se observa una mayor desigualdad entre los distintos sectores trabajadores'', dijo.

Por último, explicó que la caída de la inflación acompañada de un aumento en los salarios de los empleados formales del sector privado, que recuperaron solo parte de lo perdido en enero, febrero y marzo. En tanto, en el caso de los trabajadores del sector público y los informales, la recomposición fue menor.

Cifra alarmante: más de 5.000.000 de jubilados y pensionados están bajo la línea de pobreza

La cifra es alarmante y refleja la crítica situación económica que atraviesan los jubilados en Argentina, quienes se convirtieron en uno de los sectores más afectados por la fuerte inflación del primer semestre del año.

Según la Defensoría de la Tercera Edad, la canasta básica de un jubilado rondaría los $800.000 mensuales, mientras que la jubilación mínima en agosto de 2024 fue de $225.497. Aún con el bono de $70.000, que eleva el ingreso a $295.000, continúa siendo un número muy por debajo de lo que se necesita en el país para cubrir los gastos básicos.

Sin embargo, esta situación empeora ya que se suman 500.000 personas que cobran la Pensión Universal para el Adulto Mayor, que equivale al 80% de la jubilación mínima, y un millón de personas con pensiones no contributivas que perciben solo $220.000 mensuales.

En este sentido, Eugenio Semino, defensor de la tercera edad, reveló que la situación económica de los jubilados se observa en la malnutrición que sufren muchos de ellos.

Incluso, aseguró que entre el 80% y el 90% de los adultos mayores sufren de hipertensión y problemas de colesterol, pero sus jubilaciones les impiden acceder a los alimentos necesarios para cuidar su salud.

Además, este grupo enfrenta dificultades para comprar medicamentos y pagar servicios básicos como la calefacción, lo que contribuye a un deterioro general de su calidad de vida.

La pobreza alcanzó al 55% de la población en el primer trimestre del año, según UCA

Con los datos oficiales del Indec, y por aglomerado urbano, las estimaciones de la UCA ubican a la región de Gran Resistencia, Chaco, como la más pobre del país con una tasa del 79,5%.

El último informe de la Universidad Católica Argentina señaló que el 55% de la población es pobre y el 20,3% indigente. Lo cual significa que 1 de cada 5 personas es indigente, en el primer trimestre del 2024.

Las cifras surgen del análisis de la base de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.

En su último informe, realizado en el período abril-mayo, el Observatorio se había acercado a la tasa de pobreza, 55,5%, pero sus cálculos respecto a la indigencia se ubicaron un tanto por debajo, 18,5%.

Con los datos oficiales del Indec, y por aglomerado urbano, las estimaciones de la UCA ubican a la región de Gran Resistencia, Chaco, como la más pobre del país con una tasa del 79,5%. La indigencia alcanza al 38,6% de la población. 

Le sigue Formosa con un 72% de pobres y Santiago del Estero, La Banda con casi 30% de indigentes. Pero la mayoría de las regiones tienen niveles de pobreza por encima del 50% y del 15% para la indigencia.

Por su parte, la que registra los menores niveles de la catástrofe social, aunque no la exime de la crisis general, es la Ciudad de Buenos Aires, el 25,5% de los porteños es pobre y el 8,5% indigente.

Niveles de pobreza en los aglomerados urbanos de Argentina

Gran Resistencia: 79,5%.
Formosa: 72,1%.
La Rioja: 68,0%.
Santiago del Estero/La Banda: 67,1%.
Concordia: 67,0%.
Partidos del GBA: 61,9%.
Gran Santa Fe: 60,6%.
Gran Tucumán/Tafí Viejo: 60,2%.
Gran San Juan: 58,0%.
Gran Catamarca: 57,3%.
Viedma/Carmen de Patagones: 57,1%.
Salta: 56,8%.
Rawson/Trelew: 56,5%.
Corrientes: 55,7%.
Posadas: 55,7%.
Jujuy/Palpalá: 54,1%.
Río Gallegos: 53,8%.
Río Cuarto: 53,5%.
Gran Mendoza: 52,5%.
Gran La Plata: 52,4%.
Mar del Plata/Batán: 52,2%.
San Nicolás/Villa Constitución: 52,2%.
Gran Córdoba: 50,7%.
Comodoro Rivadavia/Rada Tilly: 50,5%.
Gran Paraná: 50,5%.
Gran Rosario: 49,1%.
San Luis/El Chorrillo: 48,3%.
Ushuaia/Rio Grande: 47,6%.
Bahía Blanca/Cerri: 45,8%.
Neuquén/Plottier: 36,6%.
Santa Rosa/Toay: 36,2%.
Ciudad de Buenos Aires: 25,4%.
Total País: 54,9%.

Niveles de Indigencia por Aglomerado Urbano

Gran Resistencia: 38,6%.
Santiago del Estero/La Banda: 29,9%.
Concordia: 25,7%.
Partidos del GBA: 25,1%.
Formosa: 24,0%.
San Nicolás/Villa Constitución: 21,9%.
Gran Rosario: 21,4%.
Posadas: 20,7%.
Gran La Plata: 20,1%.
Gran Tucumán/Tafí Viejo: 19,7%.
Jujuy/Palpalá: 19,5%.
Gran San Juan: 19,2%.
Salta: 19,2%.
Gran Santa Fe: 18,3%.
Gran Córdoba: 16,8%.
Gran Catamarca: 16,4%.
Santa Rosa/Toay: 15,8%.
Rawson/Trelew: 15,4%.
La Rioja: 15,1%.
Corrientes: 15,0%.
Gran Mendoza: 14,2%.
Bahía Blanca/Cerri: 14,1%.
Comodoro Rivadavia/Rada Tilly: 14,1%.
Neuquén/Plottier: 14,0%.
Viedma/Carmen de Patagones: 13,6%.
Gran Paraná: 13,4%.
Río Cuarto: 13,2%.
Río Gallegos: 11,8%.
Ushuaia/Río Grande: 11,2%.
Mar del Plata/Batán: 10,2%.
San Luis/El Chorrillo: 9,0%.
Ciudad de Buenos Aires: 8,5%.
Total País: 20,3%.

La pobreza trepó al 55,5% y la indigencia al 17,5% en el primer trimestre, según la UCA

Los datos obtenidos de un estudio de la Universidad Católica Argentina advierten sobre un estremecedor crecimiento de los niveles de pobreza, que ya afectarían a casi 25.000.000 de personas en áreas urbanas del país.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, que viene midiendo indicadores socioeconómicos hace años, difundió este lunes un informe según el cual la pobreza trepó del 44,7% en el tercer trimestre del 2023 al 55,5% en el primer trimestre de este año, en tanto que la indigencia pasó del 9,6% a 17,5% en el mismo período.

De acuerdo al mismo estudio, la pobreza, que se determina por el valor de la canasta básica alimentaria, ya alcanza a 24.9 millones de residentes en áreas urbanas en el país, mientras que unos 7.8 millones de personas de ellos está sumergido en la pobreza extrema o indigencia.

"La inseguridad alimentaria total para áreas urbanas relevadas por la encuesta del ODSA-UCA, alcanza al 24,7% de las personas, al 20,8% de los hogares y al 32,2% de los niños, niñas y adolescentes", destaca un informe bajo el título Deudas sociales estructurales en la sociedad argentina.

"Por otra parte, se encuentran en una situación aún más grave, con inseguridad alimentaria severa el 10,9% de las personas, el 8,8% de los hogares y el 13,9% de los niños, niñas y adolescentes (NNyA)", agrega.

"Al considerar el AMBA, los valores de inseguridad alimentaria total se ubican en el 26,4% de las personas, el 21,8% de los hogares y el 35% de NNyA. Al considerar la inseguridad alimentaria severa se ubican en 9,9%, 12,7% y 16,5%, respectivamente", expresa el documento elaborado por el observatorio de la UCA.

Asimismo, se advierte que "los elevados valores de privaciones alimentarias que sufre la población tratan de ser compensados con acciones realizadas desde los diferentes niveles del Estado".

"Considerando a los niños, niñas y adolescentes, el 42,6% de ellos reside en hogares que reciben la AUH+Tarjeta Alimentaria, el 50% asiste a comedores escolares, el 36,7% recibe caja o bolsones de alimentos de comedores y el 11,1% recibe caja o bolsones de alimentos de comedor no escolar; sumando muchos hogares más de un beneficio", se detalla.

En el relevamiento también se hace foco en la situación educativa, y en ese aspecto se destaca el dato de que el 23% de niñas y niños de entre 3 y 5 años no asiste a establecimientos educativos formales, el 0,4% de los que tienen entre 6 a 12 años no va a la escuela primaria, el 9,1% asiste con sobre edad a la escuela primaria y el 35,3% de los jóvenes de 18 a 29 años no terminó la secundaria.

"Estos indicadores expresan valores adversos, a pesar de que el sistema general de gestión pública, 80,7% de los alumnos de menos de 18 años, se ve fortalecido por la acción de la gestión privada, 12,6% en establecimientos privados laicos y 6,8% en establecimientos religiosos", se especifica.

Al poner la lupa en el mercado laboral, el sondeo revela que "el 32,5% de los ocupados son trabajadores que residen en hogares en situación de pobreza, el 30,9% de los ocupados trabaja en la economía social y, al considerar a la población económicamente activa el 26,5% tiene un empleo precario y el 24,3% un subempleo inestable".

Como contracara a un contexto de deterioro creciente en Argentina de los últimos años, se consigna que los índices de mortalidad infantil registraron mejoras entre el 2005 y el 2022, aunque el panorama es dispar y depende de en qué provincia se ponga el foco.

"La tasa de mortalidad infantil, de menores de 1 año y de menores de 5 años, presenta una mejora general a través del tiempo, 2005 a 2022, pero una mayor heterogeneidad entre la situación de cada una de nuestras provincias", afirma.

"En general, al considerar los datos por provincias, se observa que los altos niveles de mortalidad infantil tienden a correlacionarse con altos niveles de indigencia monetaria", se analiza en el informe del ODSA.