El Movimiento Todos por la Patria, liderado por Enrique Gorriarán Merlo, llevó adelante un intento irresponsable para copar el Regimiento de Infantería 3 del Ejército argentino. Sucedió el 23 de enero de 1989, durante el Gobierno de Raúl Alfonsín.
El incongruente ataque del MTP dejó 41 muertos y constituyó la última acción de importancia que concretó un grupo guerrillero en Argentina.
Durante la calurosa mañana del 23 de enero de 1989, el entonces presidente, Raúl Alfonsín, quien atravesaba su último año de gestión, tuvo que afrontar un episodio inesperado y lamentable.
Por aquel entonces, Argentina atravesaba una crisis energética grave y había cortes de electricidad programados. Además, la economía estaba montada sobre una hiperinflación que no permitía el trazado de un plan concreto de recuperación. Todo estaba mal, y el intento de copamiento de La Tablada empeoró las cosas, dejando al descubierto la fragilidad de una democracia de transición liderada por el último presidente honesto que tuvo el país.
Los militantes de izquierda, agrupados en el Movimiento Todos por la Patria, habían advertido que se lanzaron panfletos en la puerta del cuartel. En los volantes se reivindicaba al Coronel Mohamend Seineldín y al Teniente Coronel Aldo Rico, líderes de los levantamientos carapintadas que habían puesto en jaque al Gobierno radical de Raúl Alfonsín.
Desde ese sector de jóvenes revolucionarios, liderados por el cobarde Gorriarán Merlo, planeaban tomar La Tablada y doblegar al personal militar para alcanzar el poder por las armas, siempre y cuando el pueblo los apoyara.
Los historiadores contemporáneos hablan del "Operativo Tapir", el cual tenía como objetivo un plan trazado por Gorriarán Merlo, exjefe del Ejército Revolucionario del Pueblo. La idea era hacer creer a la sociedad que venía un golpe de Estado liderado por el movimiento de Carapintada, que tenían como mentores a Mohamend Seineldín y a Aldo Rico.
Los guerrilleros estaban convencidos de que cuando los ciudadanos y ciudadanas tomaran conocimiento de que estaba en marcha un intento militar contra la democracia, se produciría un levantamiento popular que reclamaría cambios drásticos en la economía y la política. Entonces, desde el MTP se presentarían como los salvadores de la patria proponiendo un gobierno revolucionario de izquierda.
Pero cuando avanzaban para tomar el Regimiento de Infantería 3 del Ejército, los atacantes encontraron una dura resistencia en el Casino de Suboficiales de la base militar, a lo que sobrevino una importante intervención de la Policía de Buenos Aires y el posterior despliegue de más de 2.000 efectivos del Ejército argentino, que cortaron cualquier posibilidad de repliegue.
En las primeras horas, hubo confusión en torno a quiénes eran los que intentaban el copamiento de La Tablada. Incluso se especuló con un ataque de los Carapintadas para desestabilizar la democracia.
Sin embargo, a las pocas horas se confirmó la noticia de que se trataba de un operativo del Movimiento Todos por la Patria.
Los noticieros informaron que participaban en la toma antiguos militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, la guerrilla que había operado en Argentina durante los sangrientos años 70.
El Ejército militar rodeó la unidad de La Tablada y tendió un cerco sobre los atacantes. Allí se libró un combate que duró 36 horas.
Se utilizaron morteros y proyectiles disparados desde tanques y hubo participación de la infantería mecanizada. El saldo fue lamentable: 32 militantes del Movimiento Todos por la Patria muertos, más 7 fallecidos entre militares y policías.
El pueblo, contrariamente a lo que planearon los militantes de izquierda, salió a las plazas para apoyar a la democracia. El Presidente Alfonsín llegó hasta La Tablada y fue testigo del desparramo que allí había quedado.
Como era de esperarse, el líder del intento golpista, Enrique Gorriarán Merlo huyó y se escondió en México, como buen cobarde y líder guerrillero. Fue encontrado en los años 90 y deportado al país.
Años después, en 2002, todos los detenidos por aquel episodio, más los presos por los levantamientos Carapintadas fueron indultados por el presidente mafioso Eduardo Duhalde, quien concedió el beneficio al exjefe guerrillero, Enrique Gorriarán Merlo, y al líder Carapintada Mohamed Alí Seineldín, además de indultar a una veintena militares detenidos por insurrección contra el Estado.
Fue una historia lamentable a la que los argentinos volvimos a decirle Nunca Más.
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