Minucioso análisis de Sergio Crivelli sobre el escenario político en Argentina con miras al 2023

Contra las previsiones que hacían hasta hace poco políticos y politólogos, han comenzado a aparecer señales de que las presidenciales de 2023 no serán ya entre dos grandes coaliciones, una peronista y otra opositora.

Parece difícil que el Frente de Todos subsista hasta entonces y que la voluntad de cambio mantenga unidos a radicales, macristas y cívicos.­

Hay un proceso de fragmentación en curso que puede desembocar en un escenario llamativamente parecido al de 2003.

En aquellas presidenciales el peronismo fue dividido en tres: Menem 24%, Kirchner 22% y Rodríguez Saá 14%. Y el no peronismo también tuvo tres candidatos: López Murphy 16%, Carrió 14% y la UCR 2%. Fueron en rigor unas PASO sin generales, ni segunda vuelta por la retirada de Menem.­

Si bien en dos décadas algunos de aquellos candidatos desaparecieron físicamente y otros políticamente, ambas situaciones tienen un rasgo común, la crisis que asoló a las fuerzas tradicionales y desconfiguró al sistema político.

La principal diferencia es que en 2003 el populismo era todavía viable porque quedaban activos para liquidar, mientras que hoy la economía está agotada por exacciones populistas llevadas al límite y porque el nivel de pobreza ha reducido el margen de maniobra de los políticos de manera drástica. Más populismo significa hiperinflación segura con todas sus consecuencias.­

En este marco, las coaliciones oficialista y opositora han comenzado a desintegrarse. La primera por obra de Cristina Kirchner que primero le quitó el respaldo a Alberto Fernández y ahora lo hostiga.

Va camino a rearmar Unidad Ciudadana con los peronistas que la quieran seguir. Parte de una base del 20% del voto nacional y del 40% en la provincia de Buenos Aires. De la famosa unidad que llevó a Fernández al poder no queda nada. Hoy es mal negocio hacerse cargo de una gestión inepta y devastada por la inflación.­

En Juntos por el Cambio la tarea disgregadora está a cargo de Gerardo Morales. Más allá de su sociedad con Sergio Massa, el radical ve cerca el poder y no quiere hacer de comparsa de Mauricio Macri. Viene bombardeando al macrismo desde hace tiempo y tiene intereses concurrentes con la corporación política (Massa, Monzó, Carrió incluida, aunque opera en solitario).

Esos intereses son más fuertes que cualquier ideología. El cambio que buscan estos opositores es el cambio de manos del poder, no de modelo económico.­

El PRO, por su parte, se encontró con una competencia inesperada, la de los libertarios, que han crecido fuerte ante la burocratización de algunos sectores del macrismo como el "larretismo", propensos a la "rosca" con la "casta".

Con la profundización de la crisis económica la rosca es tóxica en términos electorales, algo que parece no haber entendido del todo Rodríguez Larreta.

­La incipiente disolución de este espacio es producto de la falta de un candidato atractivo que pueda conducir un proceso unificador. En los próximos meses se verá si ese candidato aparece o la oposición va a las urnas atomizada como veinte años atrás.

Fuente: Sergio Crivelli, diario La Prensa
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