En el abanico de colores que ofrece la Ley de Lemas en San Juan, ante un electorado desorientado frente a la cantidad de nombres que se adocenan en las listas para aparecer en largos votos variopintos, las encuestas empiezan a arrojar tendencias que traen dolor de cabeza a más de uno.
No debería sorprendernos la reacción de muchos candidatos al ver las mediciones, porque muchos advierten que pierden "por una cabeza", como sucede en el tango compuesto por Carlos Gardel con letra de Alfredo Le Pera.
Diría, si se me permite la digresión, que en ciertos casos, la expresión al ver los números será una suerte gritito agudo y profundo, como el de Loco Mía en la canción del abanico.
Es de esperarse que, en la recta final, los espacios políticos apelen a todo tipo de recursos para atraer la atención de un electorado desmotivado y harto, con el bolsillo deshilachado y la economía hogareña menguada hasta la humillación, producto de una serie de malos gobiernos que se extienden desde don Raúl Alfonsín, pasando por el Turco Menem, para hacer escala en De La Rúa, atravesar por Duhalde, recalar en Néstor Kirchner, transitando dos periodos de Cristina Kirchner, haciendo parada en Mauricio Macri, hasta desembocar en este esperpento del fracaso infalible que es Alberto Fernández.
Recorriendo un poco las distintas presidencias que tuvo Argentina desde el regreso de la democracia, en 1983, a la fecha, se puede explicar el por qué de un estado mental alterado de la ciudadanía, una situación económica lacerante que empobrece y mata, y una grieta donde no faltan bandos enfrentados buscando reventar al adversario, cual salvajes manadas de otros tiempos.
El panorama local rumbo al 14 de mayo
La elección en San Juan tiene un final abierto y la gobernación quedará en manos de Orrego o de Uñac, no hay otra chance. Nadie sabe a ciencia cierta quién gana y ninguno de los dos postulantes tiene el triunfo asegurado.
Circula un afiebrado rumor de que Gioja y Gramajo le estarían sacando unos puntos de ventaja a Uñac, versión delirante de corazones generosos que extrañan el despilfarro de billetes que se vivió durante los tres gobiernos de José Luis, el Michael Fox de esta elección que sueña con Volver al Futuro en afiches que despiertan más bien conmiseración que ganas de votarlo.
Mientras Uñac y Orrego se enfrentan en una pulseada definitiva, las especulaciones son muchas.
Si gana la oposición, se terminarían 20 años consecutivos de peronismo en San Juan, lo que implicaría la vuelta a la alternancia del poder.
Si gana Uñac, cumpliría entonces su tercer mandato y se concretarían, en 2027, 24 años de peronismo en San Juan.
Mientras Orrego y la oposición marcan ante los votantes el desastroso resultado de un Gobierno nacional que desparrama pobreza e inflación, Uñac busca provincializar la elección, exhibiendo logros y sacándole lustre a sus dos gestiones.
Son dos paradigmas, dos modelos, dos opciones: las urnas dirán, el 14 de mayo, qué eligen los ciudadanos.
Pero no toda la elección se focaliza en Uñac y Orrego, o viceversa. Están los que suman votos a la causa y los que meterían diputados proporcionales para una futura Legislatura que será tan agrietada como interesante.
Según algunas mediciones que aparecieron en los últimos días, Marcelo Arancibia podría meter un diputado, lo mismo que Cristian Jurado. Gioja también tendrá un mini kiosco con un par de legisladores y hasta Sergio Vallejos podría embocar un proporcional. El resto de la Cámara se completaría con diputados de Orrego y de Uñac.
También se anticipa el fracaso esperable de Paola Miers y Agustín Ramírez, candidatos libertarios que, cuando se abran las urnas, deberán trocar el estruendoso rugido del león por un sonido más modesto y apagado, casi imperceptible.
Final cabeza a cabeza
Como ya se dijo en esta modesta y rudimentaria nota de opinión, sin pretenciones de evangelizar corazones rotos y bolsillos convalecientes, el final es abierto y cabeza a cabeza, y la gobernación de San Juan quedará en manos de Orrego o de Uñac.
Resta esperar que quien gane entienda que la bronca en las calles es mayúscula, que el hartazgo no deja margen para la improvisación y que la pobreza no entiende ni de plazos y ni de tiempos.
Se deberán tomar medidas drásticas a sabiendas de que quien gane a nivel nacional impulsará un ajuste inevitable que repercutirá en las provincias.
Vienen tiempos duros y ambos lo saben. Por eso las promesas de campaña deberían ser modestas y prudentes, porque el sacrificio nos espera y la austeridad deberá ser la marca del próximo gobierno.
Si así no lo hicieran, que Dios, la Patria y los ciudadanos se lo demanden.
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