El Ciudadano

Ahora que se revisita Citizen Kane a través de la figura de su guionista Herman J. Mankiewickz, en el estreno de Netflix: Mank, de David Fincher, sírvanos este momento para hablar de uno de los grandes directores del cine mundial: Orson Wells.

Todos los años veo por lo menos una vez El Ciudadano. Hablar del aporte que hizo Orson Welles al cine es mencionar muchas de las cosas que este arte capturó para sí.

Desde el tratamiento con las imágenes hasta los aspectos narrativos, se extiende la influencia de este gran creador. El trabajo con el sonido, con el expresionismo en el encuadre, con la oscuridad y la luz en sus geniales contrapicados, contraluces, entre otras cosas, son algunos aspectos de su legado. La maravillosa manera de tratar el guión, con sus flashbakcs, sus elipsis y formas narrativas, son también aportes que se establecerán para siempre en el lenguaje del cine.

Al arte cinematográfico se lo puede estudiar desde los libros de teoría y técnica, como por ejemplo, los libros de Eisenstein, o por el contrario, viendo todas las películas que realizó Orson Welles.

Este maravilloso cineasta ingresó al cine un tiempo antes de hacer su primera película. A los 23 años realizó una proeza increíble: trabajando en una versión radiofónica de La Guerra de los Mundos (1938) de H. G. Wells, causó absoluto temor en los oyentes que sintonizaron la emisión de ese día. Todos pensaron que verdaderamente la tierra había sido invadida por seres extraterrestres.

En 1941 realizó Citizen Kane, conocida en Argentina como El Ciudadano. En ella cuenta la vida de Charles Foster Kane, personaje interpretado por el propio Welles, que se inspira en la trayectoria de un magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst. La ambición desmedida, la soberbia, las formas del poder, son analizadas por la inmensa lupa deformada y certera que es la mirada de Orson Welles.

Esta película, considerada hoy como una de las obras maestras del cine de todos los tiempos, en su momento fue muy bien aceptada por la crítica, pero no por el público de entonces.

Los años pasaron y vinieron genialidades como Macbeth (1948), Otelo (1952), El Proceso (1962) y hasta un film inacabado, como es la versión de este director sobre El Quijote de la Mancha (1969).

Welles vivió toda su vida a un ritmo frenético. Eso haría de él quien fue, eso lo llevaría a la muerte, un día, de un ataque cardíaco.

Decir que Orson Welles contribuyó al crecimiento del arte cinematográfico, es decir poco. Fue el que dio, como hacen los grandes maestros, una forma de entender lo que este instrumento artístico significa.

Muchos de estos maestros, aún hoy, nos hablan con un lenguaje que necesita ser descifrado, analizado, revisitado, por eso me parece saludable volver sobre sus films.

El estudiante, el aficionado, el crítico, no dejarán de asombrarse cuando en la comodidad de sus casas o en un ciclo de cine de autor, comience una vez más aquella película, como lo es El Ciudadano, que viene a hablarnos del devenir de hombres y mujeres a lo largo de la historia.

Sus vínculos, sus alegrías y tristezas, sus transformaciones, sus sueños y anhelos. Y de la manera más bella y certera posible.

Juan Carlos Carta Silva
Juan Carlos Carta Silva
Dramaturgo, escritor y crítico de arte.
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