En el PJ tampoco cayó bien el discurso de Fernández

En las altas esferas del Partido Justicialista se preguntan quién fue el que asesoró al Presidente Fernández para que de en el Congreso un discurso tan flojo.

En la sede del PJ nacional, situada en Matheu 130, se rumorea que la mayoría de los gobernadores, intendentes y sindicalistas no están conformes con el discurso que ofreció el presidente en el Congreso.

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"Le queda grande el traje", comentó un viejo dirigente peronista, hoy jubilado de privilegio, que deambula cada mañana por la sede del PJ.

Lo que señalaron varios gobernadores, quienes pidieron mantener en reserva su identidad por cuestiones de coparticipación, es que Alberto Fernández sigue atado a los intereses de Cristina, aunque en diferentes reuniones había prometido despegarse un poco.

Es evidente que el discurso estuvo apuntado más a darle explicaciones a Cristina Kirchner que a los argentinos y argentinas.

Desde el sindicalismo mostraron una preocupación especial por este gesto del presidente, que deja abierta la puerta para que Máximo y Cristina digiten el armado de listas en las provincias y, sobre todo, en provincia de Buenos Aires, donde el vástago de la vicepresidenta busca desde hace rato hacer pie.

En el peronismo, un dirigente hiperinformado, mencionó que el discurso del presidente tuvo hasta bajo encendido en la tele, algo que desde hace tiempo no ocurría. "A Macri lo mirábamos todos para ver aunque sea cómo lo puteaban, pero a este tipo ni eso", disparó el afilado peronista en la sede de Matheu 130, en pleno centro de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Todavía nadie se explica cómo fue que al presidente se le pasó en su discurso hablar así de un procesado. Fernández recordó que "un fiscal sigue en funciones pese a estar procesado", y señaló que "no le fue aplicada la doctrina que habría posibilitado su detención". Olvidó quizá, con esmerada torpeza, que a su lado estaba la Vicepresidenta Cristina Kirchner, que también está procesada y sigue en su cargo, no fue detenida y, es obvio decirlo, está en la misma situación que el fiscal aludido.

Es sabido que desde el kirchnerismo duro intentan dinamitar el acuerdo de Martín Guzmán con el FMI. La explicación es sencilla: Cristina necesita abrir frentes de batalla para construir el relato épico que tanto gusta a los jóvenes militantes y que tan buen rédito dio durante sus años de presidencia.

Es por eso que mientras Fernández se muestra conciliador y dialoguista, Cristina manda a su tropas a dinamitar frentes. Un ejemplo es el ataque casi sistemático al Poder Judicial, amagando con una reforma que conduzca indefectiblemente a la impunidad de Cristina, su familia, y todos los funcionarios que la acompañaron durante su cleptocracia.

El otro punto donde aparecen los hilos de Cristina es en el enfrentamiento con el empresariado, con el Campo y con los medios, enemigos que garantizan capacidad de respuesta en el ring y la ubican en un cuadrilátero en el que, recibir golpes, suele redituar con creces.

Hace unos días el kirchnerismo mostró que está en condiciones de modificar el Gabinete del presidente. Bástenos mirar el Operativo Candor que lanzó el Perro Verbitsky, el cual dio paso al caso Vacuntario VIP y apresuró la salida del inefable Ginés González García, un chanta doble pechuga.

Por ahora Fernández ha resistido al embate contra su gente de confianza, pero en el PJ saben que no podrá aguantar el sablazo por mucho tiempo más.

La permanencia en sus cargos de Santiago Cafiero, Marcela Losardo y Gustavo Beliz son la prueba de que por ahora el Tío Beto está decidido a aguantar.

El plan del núcleo duro del kirchnerismo es seguir desgastando la imagen de Fernández hasta conseguir llevarlo a la lona, en un ring de box donde a veces el oponente es invisible y suele ser del mismo equipo.

Ni la oposición macrista ha logrado tanto poder de daño como Cristina. Tan así es la cosa que el plan para licuar la imagen del presidente tuvo un éxito monumental. En el Instituto Patria festejan a viva voz, aunque cuidando las formas, cuando miran las encuestas: la última medición de Giacobbe & Asociados lo muestra a Fernández con un 55,7% de imagen negativa, contra un 26,5% de positiva.

Pasada esta etapa, ahora llega la segunda parte del plan que incluye debilitar a Alberto Fernández y someterlo para hacerlo terminar su mandato sin nada de poder. Una vez lograda la faena, mamá Cristina impondría al heredero Máximo Kirchner como candidato a presidente en 2023.

Mirando un poco más acá, este año se realizarán las elecciones de medio término y en el peronismo están azorados, nunca pensaron que a Fernández le faltaba tanto coraje para enfrentar a la jefa. De seguir así, le será imposible detener el avance del kirchnerismo núcleo duro.

Esto sin dudas complicará el proceso de armado de listas y dejará abierta la puerta para que La Cámpora ubique a sus referentes en lugares importantes. ¿Y qué hará Fernández cuando llegue ese momento? Sencillo: hará lo que viene haciendo desde que asumió la presidencia, quitarse los guantes de box y bajarse del cuadrilátero.

Así nos va.

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