Hoy está en el centro de la escena las consecuencias violentas y criminales de la oferta del narcotráfico.
A propósito de la violencia y narcotráfico en la ciudad de Rosario, es que me animo a compartir con usted, querido lector, estos garabatos que surgen como un eco doloroso de lo que expresaron los agentes pastorales arquidiocesanos de Barrios Populares y Drogadepencia de ese hermoso paraje de nuestra patria.
Ellos reclaman con firmeza "romper el silencio que mata". Pero ¿A qué silencios se refiere?
A los silencios de los distintos gobiernos cuando llevan 25 años sin realizar campañas de prevención a través de los medios de comunicación, de las redes sociales, en el sistema de educación y de salud.
A los silencios del sistema financiero que se nutre y se enriquece sin tomar medidas que prevengan el lavado del dinero manchado con sangre.
A los silencios de los observatorios estatales y de nuestras universidades que no generan datos sobre todo lo referido a los consumos problemáticos y adictivos y a las consecuencias que producen en la salud y en la sociedad en su conjunto. Silencian los femicidios como consecuencia de sobredosis.
A los silencios de la academia, no solo cuando no capacita (en las carreras afines a la problemática) a los futuros profesionales para hacer frente a una de las principales problemáticas de la ciudad, sino también cuando no genera conciencia crítica al interior de su propia comunidad.
A los silencios de la Justicia cuando no fortalece sus estructuras federales y provinciales con cargos, infraestructuras y tecnología suficiente para investigar los entramados del poder corrupto público y privado.
Tal vez la detención de unos pocos poderosos, prevenga que miles de pobres terminen llenando las cárceles, los hospitales y los cementerios.
A los silencios que como sociedad hacemos cuando no hablamos en familia de lo que nos pasa, acerca de los consumos, sobre cómo, prevenir el abuso de psicofármacos y el uso de alcohol en los menores.
Hoy está en el centro de la escena las consecuencias violentas y criminales de la oferta del narcotráfico. Pero todo el sistema que sostiene la demanda permanece en silencio. En un silencio que mata.
Estamos en tiempo favorable para hacer un planteo integral del flagelo del narcotráfico.
¡Rompamos el silencio!
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