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Alfredo Leuco: "Abrazo a los periodistas que no se venden"

Este domingo es el día del periodista, el mejor oficio del mundo, según la definición de Gabriel García Márquez.

El doctor Eugenio Zaffaroni nos hizo un regalo tenebroso. Uno de los hombres que más daño le hizo a la justicia, atacó al periodismo que llama "monopólico y hegemónico" porque "cumplen la función de un partido único, como el de Hitler".

Semejante salvajada provocó un repudio masivo encabezado por la DAIA y ADEPA "por banalizar el genocidio nazi" y negar "el rol del periodismo libre" en una República. Zaffaroni es el síntoma y la enfermedad del chavismo K.

Muchas veces le dije que desde la recuperación democrática de 1983 nadie había atacado con tanta ferocidad y ensañamiento a los cronistas y a la libertad de prensa en la Argentina como el matrimonio Kirchner.

En octubre del 2006, hace catorce años, escribí que había una libertad de prensa de bajas calorías, de baja intensidad. Fue en la tapa del diario La Nación y denunciaba que los Kirchner siempre en su vida política quisieron controlar todo para que nadie los controle a ellos.

Por eso persiguieron y siguen persiguiendo tanto a los periodistas como a los jueces y fiscales independientes. Porque no toleran que alguien denuncie los hechos de corrupción o les marque los errores políticos. No toleran. Por eso son intolerantes. Autoritarios.

Han agredido a medio mundo, pero sus principales objetivos a destruir fueron y siguen siendo los fiscales, los jueces y los periodistas que no se arrodillan ante sus latigazos ni se dejan domesticar por millonarias pautas publicitarias o prebendas.

Por eso Cristina y todos los que son citados ante la justicia con pruebas muy contundentes de los delitos que cometieron, responsabilizan a la justicia y el periodismo. Inventaron esa falacia del Lawfare. Y hasta ahora les viene dando resultados.

De hecho, los 8 juicios orales que tiene que enfrentar Cristina, están congelados por algún motivo. Hasta Luis D’Elía dice que el energúmeno del mortero es un perseguido político del Lawfare. Así lo dicen todo el tiempo. Mienten tan sistemáticamente que terminan por creerse sus propias mentiras.

Victor Hugo, por ejemplo, el gran relator del relato, ya superó la categoría de deglutidor de sapos y se convirtió en el abogado defensor de todo lo que hagan Cristina y sus muchachos. Igual que Horacio Verbitsky. Son la contracara de lo que realmente significa ser periodista. Hoy y siempre. Deberían celebrar el día del alcahuete. Verbitsky acaba de pegarse un tiro en los pies.

Carlos Pagni reveló que en la lista de los que "fugaron dólares", como dicen ellos, está lleno de amigos de Cristina y que la propia Cristina fue borrada a propósito de esa nómina. Es una mala práxis y una estafa al lector.

Durante esos más de doce años de terror, muchos periodistas hicieron muy bien su trabajo. Investigaron, indagaron, buscaron fuentes, revelaron testimonios que luego se verificaron absolutamente. Ese es el periodismo que en el día del periodista hay que reivindicar.

El que puede iluminar lo que el poder quiere ocultar. Y hablo de una mirada crítica hacia todos los poderes. El político y el económico. Y hacia todos los gobiernos. Esa es nuestra función. La mirada crítica que duda de lo que dicen los funcionarios está en el ADN de nuestro maravilloso oficio.

Lo digo porque estoy detectando muchos colegas jóvenes, buena gente, con buenas intenciones que se están convirtiendo casi en voceros de Alberto Fernández. Lo digo con la experiencia que me dan tantos años de oficio. Lo digo con buena intención, con el ánimo de ayudar. Hacen falta dos fuentes independientes entre sí para confirmar un dato, muchachos.

No hay que utilizar todo el tiempo el off the record con lo que le sopla el gobierno de turno. No somos una agencia de prensa. Somos periodistas. Después están los que chupan medias y se colocan las camisetas partidarias y esos no son periodistas. Son propagandistas, militantes en el mejor de los casos, o corruptos que cobran fortunas por mirar para otro lado.

¿Cómo fue el origen del feudalismo ladri progresista? En su momento, la orden que dio Néstor Kirchner a sus empresarios socios, cómplices y amigos fue muy clara: "Compren medios". Todos lo sabíamos, pero su secretaria más íntima lo confirmó ante la justicia. Miriam Quiroga lo escuchó y lo contó.

"Compren medios" podría ser el título de la estrategia histórica que el matrimonio Kirchner desplegó respecto de la comunicación y la información. Desde sus comienzos en Santa Cruz hasta la actualidad, los K y también Alberto Fernández, aunque se comporte menos brutalmente, todos, repito, han tenido una obsesión muy fuerte contra el periodismo.

Siempre les molestó. Y siempre trataron de domesticarlo, de amordazarlo. Por eso “compren medios” son dos palabras que demuestran con sinceridad brutal el tipo de régimen autoritario y con discurso único que siempre pretendieron instalar desde el nacional populismo chavista.

¿Qué significa compren medios? Varias cosas. Primero, el sentido literal. Que los empresarios que se enriquecieron súbitamente gracias a los K adquieran radios, canales de televisión, diarios, revistas y sitios de Internet. El negocio es clarito.

La transa es así: el Gobierno les da una fortuna de pauta publicitaria todos los meses y los dueños convierten a sus medios en operadores kirchneristas. Todo con el dinero del pueblo.

Otra manera de comprar, es apropiarse de los medios del estado. Por definición Radio Nacional, Canal 7 o como lo quieran llamar, o Télam, deberían ser de todos los argentinos y reflejar la pluralidad de voces de toda la comunidad. Así funciona la cosa en varios países del mundo.

Un medio es de un estado democrático cuando apuesta a la búsqueda de la verdad y abre el juego de las opiniones a todo el espectro político. La BBC de Londres es el mejor ejemplo y el más utilizado. Acá los Kirchner transformaron esos medios estatales en voceros partidarios, facciosos, casi solo de una agrupación: La Cámpora.

Allí solo se expresa el cristinismo en forma escandalosa. Dicen y hacen lo que quieren, como patrones del mal, que es su verdadera ideología. Y de paso, incorporan una novedad nunca vista en democracia. Con un dineroducto, convirtieron a sus medios en una maquinaria publicitaria gigante pero, también en un grupo de tareas de castigo a todo dirigente o periodista que tuviera la audacia de criticar al gobierno de Cristina.

Eso es autoritarismo mediático. Hegemonía partidaria. El caso más feroz, fue el de Diego Gvirtz, pauta dependiente y autor intelectual y material de los fusilamientos mediáticos desde 67chorro, entre otros medios.

Pero como no entendieron ni quisieron entender nunca el periodismo cometieron la torpeza de hacer un oficialismo chupamedias que le quitó las ganas aún a los más fanáticos. Sin embargo Gabriel Mariotto insiste con la Ley de Medios como instrumento de dominación de los medios y Dady Brieva le reclama a Alberto que le de leña y censura a los periodistas mientras vamos rápido hacia Venezuela.

Esto es lo que entiende Cristina por periodismo. Lo iguala con un enemigo. Y por eso ataca con todas sus fuerzas. La docena de años K fueron los de menor libertad de prensa desde 1983. Hubo libertad, por supuesto, de lo contrario, no podría haber dicho todo lo que dije. Pero fue una libertad vigilada, de bajas calorías y que todo el tiempo persiguió al que la ejerció.

Castigos de todo tipo: insultos desde los medios adictos y la brigada de la venganza de las redes, agresiones callejeras, juicios en plazas públicas, afiches con caras de periodistas a las que se incitaba a escupir, escraches, aprietes a los dueños de los medios para que censuren o excluyan a tal o cual periodista, presión a los empresarios para que no pongan publicidad en los medios independientes, hostilidad desde la AFIP y los servicios de inteligencia, cero apertura informativa, no hubo ni conferencia de prensa.

Estos son solamente algunos de los métodos que utilizaron. Por eso, en el día del periodista vale la pena reafirmar la lucha por libertad absoluta. Para que nadie nos diga lo que tenemos que decir y para que nadie nos haga callar. El principal insumo del periodista es la libertad. Y por eso hay que defenderla aunque se paguen las consecuencias.

Hay que denunciar siempre a los que roban para la corona. No importa quien tenga puesta esa corona. Frente a la orden de comprar medios hay que decir: el periodismo no se vende. Ni se alquila. Ni la dignidad ni la libertad tiene precio.

Feliz día a los verdaderos periodistas. Repudio a los alcahuetes de Estado que mancillan nuestro hermoso oficio.

Alfredo Leuco: "La patria está en peligro"

La libertad es la que nos obliga a denunciar que la patria está en peligro. Porque el autoritarismo chavista avanza todos los días a paso redoblado y tambor batiente, mientras gran parte de los argentinos está ocupado, preocupado y aterrado por la pandemia criminal.

Si "el pueblo quiere saber de que se trata", debe saber que todas y cada una de las medidas que se tomaron y se van a tomar en la justicia son para colonizarla, para ponerle la camiseta de Cristina y para que todos los corruptos de estado queden en libertad lo más rápido posible y para que los jueces, fiscales y periodistas que se animaron a investigarlos la pasen lo peor posible.

Ejemplos sobran. Y los venimos marcando desde el principio. Pero en los últimos tiempos, hay una orden de Cristina de pisar el acelerador a fondo. Saben que el virus es una gigantesca cortina de humo que les permite hacer casi cualquier cosa. Y aparecen situaciones insólitas por lo groseras.

En Tigre se amenaza con cárcel de 6 meses a dos años a aquellos que quieran protestar porque quieren volver a trabajar y en Mar del Plata y en muchos otros lugares, las perchas de los comerciantes son un grito de necesidad.

La pandemia es inédita. Y muchas de las cosas que permite, también. Amenazas de represión a los que quieren trabajar y absoluta libertad y cuidados a los que van al Obelisco a pedir más y más planes porque no quieren trabajar.

El sistema clientelar es tan poderoso que se ha convertido en un mecanismo capaz de poner en jaque a los gobiernos no peronistas y de actuar de dique de contención del cristinismo y sus aliados peronistas. Por eso no me asombra el cartel que el gobierno de los Fernández puso en todas las calles, contrabandeando propaganda proselitista e ideología detrás de medidas para atender la emergencia.

Dicen que el 50% de los salarios los paga el gobierno nacional. Primero, ese dinero no le llega a todos. Segundo, es lo menos que puede hacer un estado que te cierra las puertas de las fábricas y comercios y te prohíbe trabajar pero te sigue cobrando impuestos. Y tercero, ese dinero no es de Cristina ni de Alberto. Es dinero de todos los argentinos.

Parece que hoy dieron marcha atrás y van a cambiar la palabra “gobierno” por la palabra “estado”. Pero el daño ya está hecho. Y cuarto, encima la diputada Fernanda Vallejos, avisa que tal vez dentro de un tiempo, a cambio de esa ayuda, les van a pedir parte de las acciones de las empresas.

La patria está en peligro

Estamos atrapados sin salida. Es un círculo vicioso y confiscatorio. Cristinismo del siglo XXI. Chavismo santacruceño y pingüino. Un nuevo régimen contrario a la República. Pero eso no es todo.

La reforma judicial en ciernes y el consejo de presuntos notables, se preparan para impulsar el aumento de miembros de la Corte Suprema con jueces adictos para terminar de un sablazo con la justicia independiente.

Todo el aparato del estado está en función de construir auto amnistía e impunidad para Cristina, todos y todas y para edificar el modelo que describió Gabriel Mariotto con lujo de detalles. Por un momento me hizo acordar a Carlos Menem. ¿Se acuerdan cuando confesó que si decía lo que realmente iba a hacer, hubiera perdido las elecciones?

Salariazo y revolución productiva terminaron siendo Ladronazos y desocupación improductiva. Mariotto en otro sincericidio confesó que sin la simulación de moderado de Alberto, no hubieran ganado las elecciones. Pero exigió que se acabe la moderación. Axel Kicillof dice que se acabó la normalidad y Mariotto pide que se acabe la moderación. No andan con vueltas los muchachos.

Mariotto, vice gobernador de Daniel Scioli en una de las gestiones más desastrosas que haya tenido jamás la provincia, quiere estatizar las empresas de servicios, el comercio exterior y que se ponga en marcha la ley de medios que intentó, controlar y censurar a los medios y los periodistas independientes.

La frutilla de la torta de Mariotto fue la siguiente: “No podemos permitir que la concentración mediática nos imponga la agenda. No podemos perder la pulseada contra quienes nos acusan de tener una propuesta de expropiación comunista, marxista”.

Lo de Mariotto no fue un exabrupto. Fue un programa de gobierno. Un anticipo de lo que viene. Por eso en este 25 de mayo le digo que la patria está en peligro. Ayuda recordar que cuando la luz, el gas o los teléfonos, estaban en manos del estado, no había luz ni gas, ni teléfonos y los niveles de ineficiencia y corrupción superaban todos los límites.

Esas empresas en lugar de invertir para mejorar los servicios y llegar agua y cloacas a todos los argentinos más pobres, se convertían en cotos de caza del peronismo para meter la mano en los bolsillos de los demás y para llenar de militantes la nómina de empleados.

Nacionalizar el comercio exterior, con la Junta Nacional de Granos por ejemplo, como la que propuso Juan Grabois, implica que el gobierno les saque toda su producción a los sacrificados productores y que sean los Fernández los que decidan, cuánto vale su esfuerzo y si hay algún saldo, que se pueda exportar.

Reparten el dinero, la innovación y el sudor ajeno. Y eso hace que la producción baje los brazos y que los productores se vayan a otros países o tengan que caer en las sombras de las coimas a los funcionarios. Una degradación absoluta. Populismo de cuarta. Autocracia jurásica.

Imaginan a estos funcionarios manejando las empresas de luz, gas, teléfono, internet y televisión. La utilizarán para cumplir el sueño de controlar a todos los ciudadanos y llevarán su ineficiencia a todos los lugares de la patria.

Hay que pensar en el papelón que hizo este gobierno autodenominado como “de los científicos”. Quieren manejar lo que no le corresponde al estado y viven metiendo la pata en el manejo del estado. Primero deberían hacer bien lo que les corresponde y después pensar en meterse en la actividad privada que es el motor del progreso y el crecimiento.

No pudieron hacer bien ni un simple cálculo matemático. Ni una planilla de Excel. Mandaron fruta en las cifras que Alberto mostró con sus famosas filminas. Chile se quejó, pero el descomunal error de cálculo fue en la medición de todos los países. Y no es que le erraron por un milímetro.

Dieron cifras insólitas e incomprensibles. Y el presidente las repitió como si fueran verdades reveladas con la didáctica del profesor que dicta cátedra. Fue tan grande la metida de pata que tuvieron que sacar un comunicado reconociendo la equivocación.

Lo firmó el ministerio de Salud, del cada vez más ausente, Ginés González García. Creo que no alcanza con reconocer el disparate. Alguien se tiene que hacer cargo y renunciar. Debe rodar alguna cabeza. Porque el presidente no puede permitir que le hayan hecho decir una barbaridad semejante sin que haya consecuencias.

Pero en esa conferencia de prensa nefasta por lo imprecisa y por la politización oportunista que le metió Axel Kicillof, el jefe del estado también tuvo otros tropiezos graves. El furcio de decir "Skanska" en lugar de Scania fue directamente para sumar a las obras completas de Sigmund Freud.

Un acto fallido demoledor porque Skanska fue el primer gran caso de corrupción del gobierno de Néstor Kirchner e involucró a Julio de Vido mientras el actual presidente era Jefe de Gabinete. Pero lo más inquietante fue cuando Alberto, se convirtió en juez de las angustias de gran parte de los argentinos.

"Dejen de sembrar angustias", le enrostró a los periodistas y completó: "¿Es angustiante salvarse? Angustiante es enfermarse. Angustiante es que el estado te abandone".

En las redes sociales hubo una explosión de memes. Uno de los más creativos fue el que preguntó que aplicación hay que bajar para que nos permitan tener angustia. Y otro le contestó: "Angusti.Ar". Se cumplieron 210 años de aquel 25 de mayo.

No hay futuro sin una democracia moderna, con división de poderes, libertad absoluta, federalismo en serio y con igualdad de oportunidad para todos sin corruptos ni golpistas. Podemos y debemos apoyarnos en las ideas y pasiones de aquel 25 que fue el más glorioso de nuestra historia. Es que parimos la patria. Con mucho esfuerzo y sacrificio, dimos a luz como pueblo.

Dejamos de ser colonia para pelear por nuestra verdadera independencia. No podemos permitir que pongan a esa patria en peligro.

Julia Prilutzky Farny dijo que la patria es el primer misterio inapelable y que se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas: Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria.

Manuel Belgrano, que fue un gran patriota de verdad, lo definió así: "La patria es el sentimiento de libertad que es capaz de transformar en héroes a los ciudadanos más simples".

A esta epopeya estamos convocados todos los días. Ayer, hoy y siempre. Para que el sol del 25 siga asomando para todos y esa construcción colectiva llamada patria nos llene de orgullo y bizarría como esa bandera que a San Lorenzo se dirigió inmortal. Después de haber cruzado el continente, exclamando a su paso, libertad.

Alfredo Leuco: "Pandemia de impunidad K"

La información, es novedosa. La opinión, es la misma que vengo manifestando hace tiempo. Los Fernández firmaron un pacto de impunidad en ese matrimonio por conveniencia. Alberto al sillón de Rivadavia y Cristina hacia la impunidad absoluta.

La noticia dice que el titular de la Oficina Anticorrupción, Felix Crous, desistió de ser querellante en dos de las causas más emblemáticas de la cleptocracia de Cristina, sus hijos y el Cartel de los Pinguinos.

Crous, sin que se le cayera la cara de vergüenza, dijo que van a desistir de querellar también en otras causas con argumentos insólitos y vergonzosos.

Uno de ellos dice que necesitan más personal y que se van a dedicar a causas de mayor actualidad, en obvia referencia a la avanzada que los K ya están impulsando contra Mauricio Macri y sus funcionarios. Crous es de la línea fundadora de Justicia Legítima que yo prefiero llamar "Injusticia Legítima" porque son un grupo de tareas de jueces y fiscales dispuestos a ser soldados al servicio de su jefa: Cristina.

Todos los días hay una noticia respecto del avance a paso redoblado y tambor batiente del plan sistemático para lograr la Impunidad de todos y de todas. Lo vengo denunciando hace mucho tiempo. No tienen vergüenza ni medias tintas.

Cristina ordena que volteen todas sus causas, que destituyan a todos los jueces, que les devuelvan el dinero que robaron y lavaron, que limpien todos los prontuarios y que fulminen a todos los hombres de la justicia, de la política y del periodismo que se hayan animado a enfrentarla con opiniones o investigaciones rigurosas y certeras.

Todos probaron o denunciaron que Cristina comandó una asociación ilícita en el gobierno más corrupto de la historia democrática argentina. Los más de 12 años del matrimonio Kirchner en el gobierno están tapizado de sobre precios, coimas, lavado de dinero, estafas, enriquecimiento ilícito y corrupción de estado.

En la tapa de mi último libro, publicado en junio del año pasado llamado Juicio y Castigo, dice, con la foto de la abogada falsamente exitosa, que "Alberto es menos de lo mismo" y hablo de la "Megacorrupción de Estado". Junio del año pasado, insisto.

La frase que generosamente sumó Jorge Fernández Díaz tiene una actualidad extraordinaria: "Este libro es un combate contra la amnesia social que puede destruir la Argentina". Es lo que está ocurriendo ahora.

Hago otra advertencia: cuidemos por favor la democracia, la división de poderes y la república. Esta gente no tiene reparos en llevarse por delante el estado de derecho. En muchos aspectos son el anti sistema. Chavismo K.

La historia va a recordar al gobierno de los Fernández por tres pandemias: el coronavirus, la economía quebrada y la impunidad consagrada. Y solo los muy ingenuos o los tontos o directamente los cómplices podrán seguir diciendo que Alberto es bueno y Cristina es mala.

Los K utilizan distintos caminos y herramientas diversas. Pero todos los caminos conducen a santificar a Cristina y evitar que haya juicio y castigo que es lo que corresponde. Como si esto fuera poco lo hacen en medio de la cortina de humo y pánico que genera la pandemia entre gran parte de los argentinos. Yo avise en su momento. El barbijo no será mordaza, por lo menos en mi caso.

Alberto Fernández dijo con toda claridad en su momento: "Yo soy igual a Cristina". En su momento, apenas Alberto selló la alianza con Cristina, hizo declaraciones en apoyo a esa mentira del Lawfare que la actual vice utiliza como excusa. Alberto compró o fingió que compró que Cristina era inocente y le salió a dar duro a varios jueces.

Hace un año, dijo textualmente por televisión: "Algún día Ercolini, Bonadio (hoy fallecido),Irurzun, Hornos y Gemigniani van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno". Semejante apriete anticipó que "vamos a tener que revisar sus sentencias que carecen de todo sustento jurídico y de toda racionalidad jurídica. Las cosas que han dicho de Cristina, son dantescas".

Por eso ahora, Alberto y Cafierito van con dureza contra Macri y María Eugenia Vidal con Horacio Rodríguez Larreta sentado a su lado. "Es la consagración del pacto de impunidad", dijeron en un comunicado, las más altas autoridades de Juntos por el Cambio. Se lo anticipé la semana pasada por estos micrófonos y el martes en TN. ¿Se acuerda?

Si alguien quiere conocer en forma detallada, cual es el plan de Cristina para lograr la impunidad para ella, su familia y el cartel de los pingüinos, tiene que repasar una pieza antológica, cargada de autoritarismo chavista.

Hablo de su alegato de más de tres horas y media frente al tribunal que la está juzgando por ser la jefa de una asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado mediante las obras públicas direccionadas y con sobreprecios y coimas monumentales. Es una exposición histórica. Es el pensamiento más descarnado y prepotente de Cristina.

La causa está tapizada de pruebas, documentos y de testimonios que la incriminan. Pero ella, después de descalificar a medio mundo, terminó citando el discurso de Fidel Castro en 1953.

Miró en forma amenazante a los jueces y les dijo: "Este tribunal, el del Lawfare, seguramente tiene la condena escrita. No me interesa. A mí la historia ya me absolvió. La historia me va a absolver. Y a ustedes, seguramente los va a condenar la historia".

Cristina, altanera y enardecida alteró los tantos. Estaba en el banquillo de los acusados pero se transformó en acusadora. Tomó sus carpetas en forma enérgica, con bronca y comenzó a caminar hacia la salida. El presidente del tribunal le recordó, tímidamente que tenía la opción de responder preguntas. Ella pegó media vuelta, volvió sobre sus pasos, tomó el micrófono y gritó: "¿Preguntas?, preguntas van a tener que contestar ustedes".

Es el ADN de su proyecto y el motor que la mueve. El problema que apareció en estos días es la ansiedad y el apuro de Cristina. Ella exige impunidad ya. Es ahora o nunca. Y esa es la factura que le está pasando a Alberto. Dicen que este fue el tema central del último cruce que protagonizaron en la quinta de Olivos, a solas y por más de tres horas.

No dieron ninguna información de lo que hablaron. Es muy difícil reconstruir esa reunión. Pero varias fuentes de funcionarios cercanos y de colegas que siguen de cerca el tema, coinciden en que Cristina cuestionó fuertemente a Santiago Cafiero y a Marcela Losardo. Algunos dicen por lo bajo que llegó a pedirles la renuncia pero no puedo dar esto por cierto.

Casi, casi, sería un golpe palaciego. Pero, insisto, no lo tengo confirmado. Obligar a Alberto a que se desprenda de las dos personas más cercanas que tiene en el gabinete, es igual a ponerle una pistola en la mano para que se suicide políticamente. Cafiero, es su jefe de gabinete y mano derecha en todos los temas. Y Losardo fue hasta su socia en el estudio jurídico.

Todo indica que aquellas tres horas en Olivos fueron suficientes como para que Alberto se sumara sin chistar al operativo "Impunidad ya". Lo de Felix Crous de hoy, lo certifica. ¿De qué se queja Cristina con la agresividad que todos le conocemos?

De la lentitud en cumplir con el Pacto de Impunidad. El eje central del plan es colonizar definitivamente a la justicia. Ponerle camiseta partidaria. Transformar a los tribunales en Unidades Básicas K. Por eso en estos momentos tan complejos insisten con la idea de la reforma judicial. Y muchos jueces se van acomodando por las dudas.

Alberto Fernández, confesó por televisión que un grupo de expertos lo va a asesorar respecto de ampliar los miembros de la Corte. Es la vieja trampa que propuso el ex intendente de San Antonio de Areco, Francisco Durañona: llenar de militantes incondicionales la Corte y extirpar a los jueces débiles, independientes o vacilantes.

La frutilla del postre del asalto a la justicia, será el intento de poner como jefe de todos los fiscales a Daniel Rafecas. Sería un verdadero escándalo de complicidad que algún senador del radicalismo o del PRO, vote por este hombre que se movió con tanta parcialidad y que tantos favores importantes le hizo a los actuales gobernantes.

Ese pacto de impunidad, ese pacto negro, es el núcleo duro de coincidencias de Alberto y Cristina. Ella está sumamente apurada y no se fija en formalidades republicanas. Nunca respetó la Constitución. Mucho menos lo va a hacer ahora.

Alfredo Leuco: La Cámpora al gobierno, Cristina al poder

La frase de Karl Marx que complementa otra de Hegel, calza justo en este análisis: "La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa".

El 11 de marzo de 1973, Héctor Cámpora ganó las elecciones presidenciales. El último delegado de Perón, fue candidato porque el caudillo, en el exilio, no cumplía los requisitos que el general Lanusse había puesto por decreto y con toda intención.

La Juventud Peronista lo apodó Tío y Montoneros lo utilizó para llevar agua para su molino. En la campaña electoral la consigna principal fue: "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Y el país se conmovió cuando abrieron las puertas de las cárceles para que salieran los presos de las organizaciones armadas y muchos ladrones comunes y criminales que aprovecharon la volada.

Ese experimento de poder formal en la Casa Rosada y de poder real en el domicilio de Perón, terminó en tragedia. Cadáveres en los zanjones arrojados por la ultraderecha del ministro José López Rega y la criminal Triple A y la misma respuesta criminal y guerrillera de la "orga" de Mario Firmenich.

Los muertos caían mientras se cantaba: "La vida por Perón". La mayoría pacífica de la sociedad, aterrorizada, asistió a un túnel de horror que desembocó en la dictadura más feroz de la historia argentina. Esa fue la tragedia de la historia.

Cuando Alberto Fernández dudaba en aceptar la propuesta de ser candidato presidencial que le hizo Cristina, se debatió mucho este concepto del doble comando o del poder bifronte que en el peronismo nunca funcionó.

Hace justo un año, parece mentira, apenas un año, en una entrevista por radio, Alberto dijo textualmente: "No tengo ganas de que haya un títere en la Casa Rosada. O Cristina es candidata o se va a su casa. No puede haber votos prestados ni términos medios. No repitamos errores del pasado. No tengo ganas de que haya un títere en la Casa Rosada y que el poder esté en Juncal y Uruguay".

Hacía diez años que Alberto no le hablaba a Cristina. Fue su crítico más feroz. De traidor a empleado de Clarín para abajo, le decían de todo los cristinistas más fanáticos. Después de 10 años sin hablar, en una semana, Alberto le dijo que si a Cristina y se consumó el matrimonio por conveniencia que cambió el sillón de Rivadavia por impunidad para Cristina y todo el cártel de los pingüinos.

Se impuso esa bulimia y olfato histórico del peronismo por el poder y la consigna de "que con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede". Hoy parece que comienza la farsa, la segunda repetición de la historia. Solo cambian algunas palabras, pero el concepto es el mismo: "La Cámpora al gobierno, Cristina al poder".

Ocultos en la bruma dolorosa de la pandemia, Cristina y su guardia pretoriana, avanzaron a paso redoblado y a tambor batiente. Fueron comiendo piezas claves en este tablero de ajedrez de los cargos en el estado.

Nada detiene a Cristina ni a Máximo. Ni la reina ni el Príncipe heredero aflojan en su desesperación por quedarse con todo. Lo llevan grabado en su ADN. Desesperación por acumular dinero ajeno y poder propio. El poder debe ser total o no será nada. Así fue en la intendencia de Río Gallegos, en la gobernación de Santa Cruz y en las presidencias del matrimonio.

Van siempre por todo. Llegan hasta donde la sociedad se lo permite. Ni un paso, atrás. Y saben que es la única forma de zafar de la cárcel producto de haber liderado la mega corrupción de estado más grande de la historia argentina. De hecho a Alberto los cacerolazos lo preocupan porque erosionan su imagen. A Cristina la protesta la envalentona y redobla la apuesta.

El comandante en jefe de La Cámpora es Máximo Kirchner. Es una "orga", como decían los viejos Montoneros, que empezó como una secta de cuadros y hoy, a fuerza del dinero de Cristina y la militancia, han logrado un alto poder de movilización rápida. No han conseguido insertarse en la conducción de los gremios ni en los centros de estudiantes. Son muchos, pero representan poco

El peronismo los mira con recelo y sospecha. Los ven como el trampolín para una futura candidatura presidencial de Máximo o de Axel Kicillof. Máximo es casi la sombra de Alberto. Es el encargado de hacerle el test para chequear que no haya contraído el virus del neoliberalismo.

La operacion de copamiento de las mayores cajas del estado, se hizo sigilosamente. Pero se expuso con toda contundencia, a la luz pública cuando Fernanda Raverta se hizo cargo del Anses, que dispone del 40% del presupuesto. ¿Escuchó bien? El 40 % del presupuesto, alrededor de dos billones de pesos. Si con "b" larga.

Dos billones

Fernanda Raverta, casi sin experiencia administrativa, va a manejar una millonada superior a la que mueven la mayoría de los gobernadores. Pero esa fortuna, es solo una parte del poder que tiene ese puesto. Ella es la encargada de designar a 56 directores de empresas privadas donde su repartición tiene acciones después de aquella polémica estatización de las AFJP.

Cada uno de esos muchachos trabaja como espía en la reunión de directorio de las empresas y se lleva como mínimo 1.200.000 pesos por ir 4 veces al año a levantar la mano. Son lugares que le dan dinero para la militancia a los cuadros y que le dan espacio para acumular información sobre la actividad privada. De esos 56 lugares, hay uno que ya está cubierto.

Alejandro Vanoli, una semana antes de salir eyectado del Anses, se autodesignó en Edenor. Jorge Liotti escribió que Cristina se hartó de Vanoli porque no designó a Wado de Pedro en Telecom. Quería alguien confiable en una de las empresas del Grupo Clarín.

Pero eso no es todo el poder que tiene esa posición. También están las UDAI (Unidades de Atención Integral) que tienen oficinas en todo el país y donde pueden colocar cientos de militantes camporistas.

Claramente Raverta, es la mujer con más poder de fuego político y no mueve un dedo sin que Cristina o Máximo se lo indiquen.

Como si esto fuera poco hay que decir que Raverta integra el ala más dura de La Cámpora si es que existiera un ala blanda. Su historia personal la marcó. Su madre está desaparecida y era una importante dirigente de Montoneros y ella pasó varios años en la llamada "guardería" que Montoneros había establecido en Cuba para educar a los hijos de los guerrilleros.

La Cámpora no solo se mueve con sus soldados. Tiene un círculo de aliados que aunque no pertenezcan a sus filas, contribuyen llevando agua para su molino. Nunca está muy clara esa distinción. Horacio Pietragalla, el secretario de Derechos Humanos que aceleró la excarcelación escandalosa de presos, mostró su poder y la decisión de La Cámpora.

Ni le avisó a Losardo o al presidente. Sin embargo, nunca haría nada sin la venia de Cristina o Máximo. Lo mismo pasa con Juan Martín Mena, el segundo de justicia. Es miembro pleno de La Cámpora o integra el círculo de amigos y favorecedores? A los efectos prácticos de manejar el estado, da lo mismo.

Mena fue una pieza clave en el plan sistemático para liberar presos. Fue él que se sentó a negociar con los internos en la cárcel de Devoto y fue el lugarteniente de Parrilli en los servicios de inteligencia de Cristina.

La ministra de Justicia, Marcela Losardo, con semejantes personajes, tiene recortada fuertemente su capacidad. Lo mismo ocurre en todo el estado. Por eso resumimos: "La Cámpora al gobierno, Cristina al poder".

Porque la inmensa mayoría de puestos intermedios, les pertenecen. Y las cajas más importantes, también. No fueron tontos para elegir a la hora de que Alberto y Cristina se repartieron los cargos, lotearon los ministerios y le dejaron algunos lugares a Sergio Massa.

Anses será un gran centro de operaciones de La Cámpora. Sin Vanoli, nadie le pondrá límites. El segundo de Raverta es Santiago Fraschina, también de la "orga". Lo mismo pasa con Luana Volnovich, en otra de las cajas monumentales: el PAMI. Mucho dinero y poder territorial en todo el país.

Ahora juró como ministro de Kicillof, Andrés Larroque, alias El Cuervo, otro de los integrantes del estado mayor de Máximo junto al ministro del interior, Eduardo Wado de Pedro. Todos están en posiciones relevantes.

Larroque reemplazó a Raverta y con los dedos en "ve", cantaron la marcha peronista. La provincia es el principal territorio en el que crecen y se desarrollan con Cristina como madrina. Teresa García es ministra de gobierno y Axel Kicillof, también juega en ese equipo.

Mayra Mendoza ganó la intendencia de Quilmes y le estalló en la cara la salvaje suelta de presos porque una de sus funcionarias, Claudia Cesaroni, era de las más activas impulsoras. Después, tuvo que renunciar al municipio.

Juan Cabandié, un poco marginado del corazón de las grandes decisiones, es Ministro de Ambiente de la Nación. La mano derecha de Mariano Recalde cuando estuvo al frente de Aerolíneas Argentinas, ahora es el número uno de la empresa: Pablo Ceriani que hoy cerró Austral. Santiago “Patucho” Alvarez, fue comisario político de varios medios estatales durante el cristinato.

Hoy, en YPF, vigila de cerca al devaluado massista Guillermo Nielsen. Y el poder real en la petrolera, lo tiene un hombre de Cristina y Miguel Galuccio, Sergio Affronti. Según reveló Carlos Pagni, la tropa camporista asumió el manejo de todo el sistema informático del Poder Judicial. Eso incluye el tema de las elecciones. Peligro en puerta.

La Cámpora no se banca a Alberto. Lo consideran un mal necesario que no tiene proyecto ni estructura propia. Una especie de puente, una transición hacia un verdadero Gobierno nacional y popular (chavista agrego yo), encabezado por Máximo o Kicillof. Ese es el plan. No es tan fácil que lo logren.

Como siempre con el kirchnerismo, van por todo y el único límite que los frena es la sociedad. Ese es el gran desafío político de este país. Por ahora, la moneda está en el aire.

La rebelión de las cacerolas

Hace unos días, dije que el cacerolazo, amenazaba con ser masivo. Me quedé corto. Superó todas las expectativas.

Fue la protesta más ruidosa, más extendida territorialmente y por más tiempo, en mucho años. Fue uno de los tiros más graves en los pies que se pegó el gobierno de los Fernández. Cayeron en una trampa que ellos mismos armaron.

Fue impresionante la rebelión ciudadana que se generó apenas con conciencia social, las redes de Internet y con un utensilio tan familiar como es una simple cacerola. Es altísimo el costo político que va a pagar el presidente.

Se va a reflejar en su imagen de las próximas encuestas. Fernández demoró demasiado en tomar distancia y lo hizo a media lengua, sin repudiar fuertemente lo que estaban tramando y que el colega Claudio Savoia bautizó: "Impunocracia". Quiso quedar bien con Dios y con el Diablo. O con las víctimas y con Cristina y se llevó puesta una pared de críticas. Se veía venir.

Una actriz como la China Suárez, ajena a la política, tuiteó: "No liberen monstruos". Y tiene la friolera de 3.800.000 seguidores. Se veía venir. Alrededor de medio millón de personas habían repudiado en la plataforma change.org semejante salvajada que solo servía para sumar más miedo al miedo.

Se olfateaba en el aire la bronca por semejante despropósito. ¿A quién se le ocurre liberar alegremente a femicidas, asesinos, violadores, secuestradores y narcos? Ya le dije que el plan sistemático para excarcelar delincuentes tuvo a Cristina como autora intelectual.

El soporte teórico fue del abogado que más daño le hizo a la justicia, el que más torcido enseñó el derecho, el ex juez de la Corte, Raúl Eugenio Zaffaroni. Su pensamiento abolicionista que siempre está del lado de los delincuentes, tengan o no uniforme militar, a esta altura fue sepultado por el tiempo.

Es jurásico y profundamente reaccionario. Pero su prédica de años y su falso prestigio de falso garantista, penetró demasiado tiempo en la formación de abogados y militantes presuntamente progres.

Además de Cristina y Zaffaroni, llevaron este tema al precipicio funcionarios y dirigentes cristinistas. Ayer le di los argumentos para responsabilizar a cada uno.

Hoy solamente los enumero para que no olvidemos: Axel Kicillof, Julio Alak, Víctor Violini, Horacio Pietragalla, Juan Martín Mena, Roberto Cipriano García, Rodrigo Codino, Lucila Larrandart, Alejandro Slokar, Elizabeth Gómez Alcorta y Stella Maris Martínez, entre otros fueron parte de la justicia legítima que legitimó de una u otra forma que los delincuentes fueran privilegiados.

Pero quien mejor expresó ese pensamiento retrógrado, falsamente vanguardista, fue la militante kirchnerista Julia Mengolini. Y quien mejor le explicó lo que ocurre en la inmensa mayoría de la sociedad, fue la militante del sentido común, Lizy Tagliani.

Mengolini, en un solo tweet demostró como la ideologitis, es decir la inflamación de la ideología, te lleva a chocar con la realidad. Escribió que “Toda esa mitología sobre los monstruos siendo liberados de las cárceles, es una mentira y, sobre todo, una expresión del odio que sienten por los pobres”.

Es increíble que a esta altura, todavía sostengan ese prejuicio de que la lucha por más seguridad es una bandera de la derecha y de los ricos. Toda persona trabajadora y toda familia, quiere vivir en paz y en tranquilidad para estudiar, divertirse, amar, ganarse la vida con honradez, e incluso, para militar en política si lo desea. Y no hay dudas de que los que más sufren los delitos son los más humildes.

Solo hay que ir a los barrios populares para escuchar las quejas de las madres que odian a los soldaditos de los narcos que los envenenan a sus hijos con el paco y la merca. Solo hay que escuchar a los laburantes que se levantan de madrugada para ir a la fábrica, como se quejan del “peaje” que los pistoleros le hacen pagar con un reloj o un celular o unos pesos.

Solo hay que tener sensibilidad para comprender el grito en el cielo de las madres que sufren porque a sus hijos les roban la mochila o las zapatillas cuando vienen de la escuela. Y eso ocurre todos los días en todos los barrios más desprotegidos. Y es donde los repugnantes femicidas producen más crímenes porque se sienten impunes en lugares donde muchas veces no llega ni la policía.

Por el contrario, la gente de mayor poder adquisitivo, tiene más instrumentos para defenderse del delito. Alarmas, rejas, seguridad privada, luz en las calles, cámaras en la puerta de los edificios. Aunque los K crean que los presos son potenciales guevaristas y traten de reclutarlos, deberían leer un poco no a Vargas Llosa, deberían leer a Karl Marx cuando habla del "lumpen proletariado".

Define su rol contra revolucionario que siempre jugaron desde su resentimiento y falta de conciencia de clase. El sujeto histórico de las izquierdas siempre fue el proletariado y no la marginalidad de los malandras.

Los vecinos de los barrios más humildes lo comprenden perfectamente porque lo viven cotidianamente y lo sufren en carne propia. Lizy Tagliani fue muy contundente en su respetuosa respuesta a Mengolini: "Perdón, te voy a aclarar que mi familia y yo, venimos de ser muy pobres y ninguno visitó una comisaría más que para un certificado de domicilio. En nombre de muchos pobres te digo que tu tuit está lejos de defender a los más necesitados". Brillante explicación de Lizy. Y enseguida tuvo el visto bueno de mucha gente, incluso del mundo del espectáculo, como Gustavo Yankelevich y Viviana Saccone.

¿Dónde surgió que la cultura tumbera y la militancia forzada del Vatayón Militante conduce a la emancipación y al socialismo? Más bien refleja cierto sentimiento de culpa y búsqueda de la compensación por defender a millonarios y oligarcas como Cristina, Máximo, De Vido, Daniel Muñoz, Lázaro Báez, y una gran parte de los integrantes del Cartel de los Pinguinos y los jerarcas sindicales.

Muchos peronistas de base y algunos dirigentes entendieron esto. Por distintos motivos, muchos votantes de los Fernández repudiaron las excarcelaciones al igual que Sergio Massa, Sergio Berni y una parte del colectivo de Actrices Argentinas que se dieron cuenta que no podían callar frente a la liberación de criminales y violadores de mujeres.

El Ni Una Menos debe ser para siempre y en todos los casos. Hoy en esta radio, la valiente jueza de Quilmes, Julia Márquez reveló que desde que empezó la pandemia, soltaron a 176 violadores, más que en todo 2018. ¿Creerá Mengolini que esto es mentira? En 24 horas excarcelaron a 176 violadores.

La rebelión de las cacerolas fue un misil de la opinión pública que Alberto no había recibido hasta ahora. Su reacción culpando a los medios, fue para enterrarse más en el barro. Le sobró entorno y le faltó calle. Hasta Néstor Kirchner puso la foto de Axel Blumberg sobre su escritorio presidencial el día que 150 mil personas expresaron su indignación por esa ejecución cobarde.

Y otro tema: muchos de los que salieron de la cárcel por privilegios, no son pobres. Amado Boudou y Julio de Vido, por ejemplo. El negociador y delegado de los presos de Devoto es conocido como El Concheto, porque lideraba la "banda de los niños bien", hijos de gente pudiente que mataba por placer. Además es un asesino serial.

Carlos Dalmasso, el empresario misionero que violó a sus hijos no es pobre. El delincuente es delincuente. No es macrista, ni kirchnerista, ni pobre, ni rico. El que viola la ley comete un delito contra toda la sociedad, contra los que se esfuerzan todos los días por construir una comunidad más igualitaria, con más libertad y sin corruptos. Lo presos tienen derechos, por supuesto. Pero no deben tener privilegios.

Deben cumplir sus castigos porque es una forma de premiar a los argentinos de bien que no roban ni matan ni violan ni secuestran y que cumplen las normas.

Premios y castigos que hacen que una sociedad funcione sin salvajismo y que no haya venganzas ni intentos de hacer justicia por mano propia como pasó en Esquel cuando los vecinos vieron llegar a Pablo Summaruga, un secuestador serial, recién liberado y casi lo linchan. Ese también es el rol del estado. Impartir justicia. Separar a los que cometen delitos. Evitar el ojo por ojo.

Fue tan grande la exigencia de las cacerolas que seguramente obligará a Alberto a escuchar su mensaje. Ahora su matrimonio por conveniencia con Cristina está crujiendo. Es difícil mantener un pacto espurio que cambia el sillón de Rivadavia por impunidad.

Sobre todo, como le dije ayer y hoy se lo repito, cuando Cristina pretende ocultar sus propios delitos, liberando a otros delincuentes. Pero de nada vale que corra, el incendio va con ella.

Alberto, Sergio y Graciana, no causan gracia

Alberto no sabe, no puede o no quiere frenar a Cristina. Ya no solamente acata y calla lo que la vice ordena. Ahora, respalda y justifica todo. Trata de encontrar una explicación más o menos racional a los avances del autoritarismo más chavista.

Le doy un solo ejemplo pero hay varios casos: en cualquier gobierno del mundo, cuando un secretario de estado como Horacio Pietragalla se corta solo y toma decisiones trascendentes por su cuenta, sin avisarle a sus superiores, es eyectado inmediatamente de su cargo.

Porque erosiona la autoridad de la ministro Marcela Losardo, en este caso y del propio presidente de la Nación. Esa fue una y solo una, de las políticas de hechos consumados que produjo Cristina con su tropa y que obligan a Alberto a callar y otorgar.

Se siente extorsionado porque en medio de semejante drama de la pandemia no puede generar una crisis de gabinete o poner en riesgo el matrimonio por conveniencia con Cristina. Si Alberto le hubiera sacado tarjeta roja a Pietragalla, como correspondía, la sociedad con Cristina hubiera estallado por el aire. Por eso Alberto agacha la cabeza y mastica su bronca sin reaccionar.

Piensa que si expulsa a Pietragalla, el remedio puede ser peor que la enfermedad. Pero ayer, Alberto avanzó un casillero más. No solamente no echó de su gobierno a Pietragalla. Ahora lo respaldó. Su entorno había hecho trascender que en su momento lo había convocado de urgencia para retarlo o pedirle explicaciones.

Pero resulta que según confesó ayer, avaló la operación de Pietragalla para liberar al corrupto confeso y condenado Ricardo Jaime. Este mecanismo parece repetirse para transformarse en una forma de sumisión de Alberto y en un estilo de gobierno. Porque el presidente también salió a bancar la excarcelación de los presos que está impulsando a paso redoblado la militancia cristinista.

Citó las recomendaciones de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y la de la Cámara Federal de Casación Penal. Pero no se están respetando los requisitos para favorecer solo a los presos "por delitos de escasa lesividad o no violentos". Están saliendo, o a punto de salir, delincuentes peligrosos para la sociedad. Por eso la justicia los había encarcelado.

Y no solamente apuntan a liberar a los adultos mayores con enfermedades preexistentes o mujeres embarazadas. Amado Boudou es el ejemplo más claro que no cumple con ninguno de estos parámetros. Y porque además de ser joven y fuerte tiene condenas firmes en doble instancia.

Alberto mintió al citar como argumento la liberación de 1.300 presos en Chile por parte del presidente Sebastián Piñera. Ayer el abogado Fernando Soto de Usina de Justicia nos explicó que los liberados chilenos eran presos que reunían todas las condiciones para solicitar esa posibilidad y que la mayoría habían sido detenidos por destrozos en las últimas protestas sociales.

Chile no indultó a ningún ladrón o asesino. Axel Kicillof estudia la posibilidad de conmutar penas a medio mundo. Y no importa si cometieron delitos gravísimos. Y tampoco respetan la ley de la víctima, que los obliga a darle intervención a los familiares de los asesinados o violados o robados en el proceso de excarcelación.

Es tan grave lo que están haciendo los magistrados y funcionarios que responden a Cristina, ahora con el apoyo de Alberto, que hasta el mismísimo Sergio Massa se vio obligado a diferenciarse de sus compañeros de coalición.

El presidente de la Cámara de diputados dijo con toda claridad que los jueces que están soltando presos alegremente y sin respetar las normas, serán sometidos al correspondiente juicio político. Después veremos el nivel de sinceridad de esta declaración. Tengo mis dudas. Pero por ahora, Massa se sumó al reclamo de los familiares de las víctimas.

Nadie se puede comportar en forma irresponsable porque algunos por acción y otros por omisión están armando una peligrosa bomba social. Nada de eso le causa gracia a la inmensa mayoría de la sociedad. Y el papel de Graciana Peñafort, tampoco.

La abogada de Cristina y Boudou, instaló por primera vez la palabra sangre en un país que ya tuvo el más horroroso baño de sangre con el terrorismo foquista y el terrorismo de estado. Esa bravuconada antidemocrática de Graciana Peñafort va en línea con que fue la autora de la trampa para mandar al ex vice a su casa.

Por supuesto que en complicidad con el juez Daniel Obligado. Cortaron la feria para excarcelarlo sin ningún motivo que lo respaldara y apelaron a la feria para evitar que el fiscal apelara semejante fallo. Ese privilegio intolerable, llevó a todos los presos del país a decir: "Porque puede salir un condenado en segunda instancia como Boudou y nosotros, no".

Fue otro de los grandes disparadores de los motines y las revueltas en las cárceles. Peñafort es la que maneja la legalidad del Senado. El alter ego judicial de Cristina, como en otro momento fue el hoy silente Carlos Zannini. Ella llevó la batuta del ataque y presión a la Corte Suprema.

Primero dijo que tenían actitudes "cachivachescas" para proteger a los ricos y no permitir el debate del impuesto. Es verdad que Hebe Bonafini dijo cosas peores de la Corte pero no tenía ni tiene la responsabilidad institucional de Peñafort. Ya había tratado al “procurador general Eduardo Casal, de escudo protector de Macri, de Stornelli y de 12 mil millonarios”.

Después tiró más nafta al fuego. Con un rosario de tweets que Cristina respaldó y recomendó como "imperdibles", dijo esas palabras cargadas de pólvora: "Vamos a escribir la historia lo mismo. Con razones o con sangre".

Después quiso recalcular en chancletas diciendo que había querido decir que alertaba sobre la posibilidad de que hubiera muertos e incidentes callejeros. Pero otra frase redondita y sin ricota, le dio sentido a lo anterior: "Fijate, de qué lado de la mecha, te encontrás".

Sangre, mechas, una verdadera postura explosiva que tampoco tuvo la más mínima crítica de ningún dirigente justicialista. Un lenguaje setentista con la estirpe de "La sangre derramada no será negociada".

Aquella postal criminal de lesa humanidad, que la mayoría de los argentinos, queremos desterrar. Joaquín Morales Solá lo definió así: "Con un tuit desquiciado, Peñafort, amenazó la paz social y destruyó el contrato de 1983 que decía nunca más a la violencia política".

En Clarín Alejandro Borensztein calificó esa postura como "fascista" y fue a los bifes: "Peñafort debería participar de otro torneo: El Lopez Rega de Oro, o El Firmenich de Oro o directamente El Mussolini de Oro".

Waldo Wolff, Álvaro de Lamadrid y Fernando Iglesias, entre otros diputados de Juntos por el Cambio, denunciaron a Peñafort por "incitación a la violencia colectiva, atentado contra la autoridad y amenazas coactivas agravadas contra la Corte Suprema y el procurador general de la Nación".

Y a Patricia Bullrich, le alcanzó un tuit para decir varias verdades: "Convalidar el derramamiento de sangre es brutal. Que lo haga la vicepresidenta es peligroso para la democracia y muestra que este es un paso más para buscar un enemigo imaginario, mientras buscan colonizar la Justicia".

Lo dicho a lo largo de esta columna. Pueden ser el juez K Víctor Violini o Graciana Peñafort. Pero en realidad es Cristina. La que no se cansa de provocar a Alberto. La que lo tiene acorralado.

Alfredo Leuco: "Mundstock, al cielo de la alegría"

Ha muerto Marcos Mundstock y Argentina tiene muchas lágrimas más y un genio menos. Ha muerto Marcos, un querido amigo que, seguramente ya está instalado en el cielo de la alegría.

La estuvo peleando como un guerrero durante más de un año y finalmente, a los 77 años su cuerpo dijo basta.

Digo su cuerpo porque su alma, su corazón, su talento y su voz irrepetible, quedarán para siempre en la memoria de todos los que amamos la risa producida por un torrente de neuronas como era su cerebro y el de sus compañeros de Les Luthiers.

Era tan querible que levantaba carcajadas de afecto, solito y callado en el escenario. A un costado, con la luz cenital, parado con su smoking y el moñito, con la carpeta roja en la mano y frente a un atril.

Un solo gesto, una mirada pícara o la presencia imaginaria de Johan Sebastian Mastropiero, le alcanzaban para hacer estallar el teatro de felicidad. Cuando nació Marcos, se rompió el molde. No habrá ninguno igual.

Se las rebuscaba bastante bien con el idish, el idioma que hablaban sus padres, que eran judíos que llegaron a esta tierra, con pasaporte polaco y buscando libertad y esperanza.Marcos, además, fue un locutor sin igual y un creativo publicitario de padre y señor nuestro.

Somos privilegiados los que hemos tenido la posibilidad de admirar su arte y encima, como en mi caso, de tener una relación muy cercana.

El lunes hablé con Lu, su hija actriz, que me desmintió terribles rumores que estaban circulando. Es que ya estaba muy mal. Reviso mi teléfono y me encuentro con el último chat.

Mayo de 2019. Yo había escrito una columna sumamente elogiosa de “El cuento de las Comadrejas”, la película de Campanella.

Se llama: “Un monumento al cine”. Y celebraba que este país tuviera cuatro actores de la magnitud de Luis Brandoni, Graciela Borges, Oscar Martínez y Marcos Mundstock.

Marcos la escuchó como en general escuchaba Radio Mitre y me escribió lo siguiente: “Hola querido Alfredo. Te agradezco tus exaltadas opiniones sobre la película, aunque mi modestia me impide releer tu columna más de seis veces por hora. Gracias hermano”.

La sutileza que lo marcó para siempre, está en ese comentario. Me alegro profundamente de haberle podido contestar: “Te quiero y te admiro. Deseo profundamente que te mejores pronto”.

Por suerte se lo pude decir. Que lo quería y lo admiraba. Fue hace casi un año. Fue el año de la batalla descomunal que libró contra esa maldita enfermedad.

Que nadie se asuste porque no hay ninguna chance. Pero si un día me decidiera a convertirme en político, armaría mi propuesta y mi plataforma con la trayectoria de Marcos y de Les Luthiers.

Si señora, me gustaría recoger su nombre y llevarlo como bandera hasta la victoria. ¿Sabe porque se lo digo?

Porque los integrantes de Les Luthiers, además de haber generado uno de los hechos artísticos más importantes de los últimos 50 años en Argentina, además de todo eso que ya es muchísimo, Les Luthiers son un espejo para mirarnos.

Para reflejarnos en su ejemplo. Esa es mi pequeña utopía. Y se la paso a explicar. Porque su trabajo es para las multitudes, para las grandes mayorías. Podrían haberse quedado en el humor inteligente para pocos, en el elitismo culturoso.

En esa actitud de algunos presuntos intelectuales que se creen que mientras menos gente va a verlos más geniales son. Nunca fueron sectarios ni excluyentes.

Supe como llenaron la cancha de fútbol del Sevilla en España y pude ver en persona, con mis propios ojos, como emocionaron hasta las carcajadas a 12 mil personas en el Festival de Cosquín, en el que muchos subestiman la inteligencia del pueblo y van a hacer demagogia con palmas y temas pegadizos.

El otro día le conté a Jorge Fernández Díaz, en esta radio, que ellos me invitaron para que los acompañara a Cosquín. Estaban un poco inseguros, dudaban del recibimiento de un público con tanto amor por el folclore tradicional.

Se enfundaron en ponchos blancos y, desde bambalinas, pude ver sus espaldas y de frente, las caras de esa maréa humana festejando tanto ingenio y música de calidad.

A Jorge también le conté que Les Luthiers fue parte de la educación que le dimos a mi hijo. Diego vió tantas veces los espectáculos que tenía en una caja llena de VHS que se sabía muchos pasajes de memoria.

Yo como padre baboso, lo molestaba pidiéndole que los recitara delante de Marcos o de Daniel y ellos me decían: “Dejá tranquilo al pibe”.

Hablo de esa vocación por buscar la felicidad del pueblo a través de la risa. Uno sabe que volverán y serán millones de carcajadas. Pero Les Luthiers también tiene lo mejor de la ética para ejercer su tarea creativa.

Ganaron todo el dinero que se merecen por su trabajo, pero nunca cedieron a la tentación de la máquina de chorizos, de caer en el mercantilismo trucho que todo lo traduce a dólares y destruye el arte. Se respetaron a sí mismos y nos respetaron a nosotros.

Y además la democracia interna que ejercían cotidianamente.

Su propia existencia como grupo demuestra la posibilidad de la convivencia entre los distintos, la tolerancia, el pluralismo, esa manera tan maravillosa de enriquecernos con la opinión y la mirada del otro.

¿O alguien cree que es fácil que cinco talentos convivan durante tanto tiempo sin tener problemas entre ellos? La moraleja es: si un grupo de trabajo puede, un país también puede.

Y, finalmente, creo que Les Luthiers también tiene esa vocación por la igualdad, esa actitud mosquetero del todos para uno y uno para todos, ese elevar la palabra “compartir” a su máxima expresión y esa capacidad para discernir entre igualdad y uniformidad.

Todos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones pero todos respetan las características personales de cada uno, su propio pensamiento, la singularidad que los hace seres irrepetibles y cooperativos.

Tienen una ley interna que es sagrada: la ley del no jodas que se basa en el principio de la incomodidad respetable.

Un teorema científico que dice así: cuando a alguno le jode demasiado que lo jodamos un poco, no lo jodamos ni siquiera un poco porque sería joderlo demasiado. Brillantes, brillaron en el Lincoln Center de Nueva York y en nuestro Teatro Colón.

Pero ninguno olvidará y Marcos mucho menos, aquel recital en plena calle frente a 50 mil personas para festejar los 5 años de democracia recuperada cuando cambiaron el nombre del pirata Raúl por el de Fermín para que nadie interpretara nada raro teniendo un Raúl Alfonsín como presidente.

Ninguno olvidará y Marcos mucho menos, cuando Felipe González los invitó al Palacio de la Moncloa o cuando recibieron el premio Princesa de Asturias y les otorgaron la nacionalidad española por carta de naturaleza.

Me pongo de pié para nombrarlos, queridos Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich que en los escenarios del paraíso descansen y no se cansen de hacer travesuras bajo la dirección de su fundador, que también partió hace tiempo, Gerardo Masana.

¿Mi solidaridad en el abrazo fraterno y en el pésame en la despedida con Carlos Nuñez Cortes, Carlos López Puccio y Jorge Maronna, de la línea fundadora.

Ellos siguieron siempre en la huella, predicando con el ejemplo, no con el dedito levantado y sin bajar nunca una bandera y de la mano de Lino Patalano.

Por eso le digo que me gustaría tener un país Les Luthiers. Un país edificado por todos a su imagen y semejanza.

Un país donde construyamos nuestros propios instrumentos para ganarnos la vida con la frente alta y las manos limpias y que por eso seamos respetados y muy bien recibidos en cualquier país del mundo.

Un país en el que todos los argentinos cantemos la misma melodía y celebremos la vida con la alegría que no teme ni ofende, como la verdad.

Las risas y la admiración que vienen cosechando hace más de medio siglo 50 son transparentes y genuinas, valientes y sensibles. Muy argentinas.

Como el país que soñamos con Marcos como número cinco, repartiendo el juego en el medio campo. Porque era tremendamente futbolero.

Lamentaba los problemas de su rodilla que no le permitían pegarle de chanfle como quería. Marcos era tan patriota que nació un 25 de mayo.

Ha muerto Marcos Mundstock. Se nos fue una parte de la mejor Argentina. Me hacía cantar de risa.

Marcos y sus compañeros fueron admirados y amigos de Joan Manuel Serrat, Gabriel García Márquez, Yahuda Menuhim, Vinicius de Moraes, Toquinho, Manucho Mujica Lainez y la Negra Sosa, entre tantos.

Ha muerto Marcos Mundstock. Me duele el alma y me inclino para rezar en el altar de la alegría que seguramente comparte con Tato Bores, Jorge Guinzburg y el Negro Fontanarrosa. Ha muerto Marcos.

Acompaño en el sentimiento a Laura, su mujer y a Lucía su hija tan querida. Te juro que te vamos a extrañar, hermano.

Marcos Mundstock: no habrá ninguno igual, no habrá ninguno.

A sus 80 años, Luis Brandoni es prócer de la cultura y la libertad

El querido Luis Brandoni cumplió 80 años. A esta altura, es un prócer de la cultura y la libertad.

Vaya nuestro humilde homenaje a tan buen profesional y tan buena gente. Igual que su gran amigo Raúl Alfonsín es un canto a la honradez republicana y a la democracia. Y por supuesto, es uno de los más grandes actores argentinos de todos los tiempos.

Ahora está respetando las normas como hizo siempre. Está en cuarentena en su departamento de siempre. Miriam, la esposa del encargado del edificio, le da una mano en las tareas del hogar.

Es que su novia, Saula Benavente, la hija del legendario Saulo, está en su casa con su hijo Baldomero. Beto Brandoni tiene una primicia para dar.

Ya está en imprenta un libro donde va a publicar sus memorias. Quiere transmitir sus experiencias que son riquísimas desde el plano actoral y desde su militancia histórica en el radicalismo.

El libro se va a llamar "Antes de que se me olvide" y tiene dos prólogos, de dos gigantes del cine, la tele y el teatro: Sergio Renán, quien dirigió "La tregua", la primera película argentina nominada como mejor extranjera para un premio Oscar y Juan José Campanella, que con "El secreto de sus ojos" ganó el Oscar.

Como la primera parte del libro se escribió hace varios años, Renán pudo escribir ese texto antes de morir en el 2015.

Son testimonios profundos y emocionantes de toda su vida que además cuenta con 70 fotografías. Ahora aprovecha el confinamiento para leer mucho y ordenar su biblioteca.

Eso lo hizo repasar todas sus etapas y reflexionar sobre cada decisión. En su búsqueda estuvo viendo esas fotos en blanco y negro, que despiertan emoción y nostalgia.

Beto está esperando que termine el infierno de la pandemia porque tiene tres proyectos que lo apasionan.

Que salga el libro a la calle, de una vez por todas, la fiesta de su cumpleaños que tenía preparada en el Club Alemán para lo cual ya había pagado un anticipo del 50% y el estreno de "El acompañamiento".

Tenían todo listo y se vino la cuarentena. La escenografía, los ensayos que funcionaron como relojitos y la producción de Tomás Rottemberg, en el Multiteatro, propiedad de su padre, Carlos.

“El acompañamiento” no es cualquier obra. Es una genialidad de Carlos Gorostiza que subió a escena como un grito de gran resistencia a la dictadura en "Teatro Abierto".

Gorostiza fue el primer secretario de cultura de Alfonsín cuando regresó la democracia y en esta versión, Brandoni está acompañado por David Di Nápoli.

Pero es muy difícil olvidar a Parque Lezama. Es un ejemplo de exportación no tradicional. Son contenidos nacionales de la industria cultural llevados al exterior con un éxito tremendo. Eso es trabajo argentino, creatividad y valor agregado.

El debut de la obra de Juan José Campanella en el teatro “El Fígaro” de Madrid dejó a todos los espectadores de pie, devolviendo una ovación de agradecimiento a los actores y a todos los que hicieron posible esta maravilla que, en Argentina, tuvo 800 representaciones.

Eduardo Blanco, otro talento, hace tiempo que tiene un gran reconocimiento en España. Pero Luis Brandoni sobre las tablas se transforma en un manual del que cualquier actor puede aprender.

Su personaje de León Schwartz, que dice haber sido del Partido Comunista en su juventud, es un compendio de frases dichas en los momentos justos, de gestos mínimos pero que lo dicen todo y de inflexiones que nos conmueven desde las lágrimas hasta la risa.

Brandoni celebra porque dice que su actividad, es una de las pocas artesanales que quedan. El teatro se hace igual que hace 3.000 años y todavía no se inventó un botón o una inyección que les ayude a aprender la letra y los movimientos en la escena.

Pero el rol que jugó Beto en aquella multitudinaria y esperanzada marcha del 24-A, también lo colocó en un lugar de referencia.

Brandoni, ya fue distinguido como ciudadano ilustre de la ciudad y la provincia hace tiempo. Pero creo que se ganó largamente la condición de ciudadano ilustre de la República y la democracia.

Y no lo digo solamente por el aquel video que con su emoción, ayudó a movilizar a tantos argentinos preocupados por la posible vuelta de la cleptocracia y el chavismo K.

Lo digo por su trayectoria impecable como Actor de la Nación, como dirigente sindical valiente y perseguido por la dictadura y como ex diputado del radicalismo que hizo honor a la honradez de presidentes como don Arturo Illia o Raúl Alfonsín.

Adalberto Luis Brandoni nació en el Dock Sud, en el empedrado y con los sonidos de bandoneón arrabalero de los conventillos. Por eso es tan tanguero y miembro de la Academia del Lunfardo.

El destino le puso dos marcas que luego tomaron vida. Su casa estaba en la calle Leandro Alem y con el tiempo, él también fue orgulloso integrante de la Unión Cívica Radical.

Pero en los cines de barrio, el "Selec" y el "Eden", se enamoró de esa pantalla gigante y dedicó su vida entera a dignificar el oficio de actor.

Arrancó con los mejores y los que hicieron de la ética una bandera: en la Comedia Nacional Argentina dirigida por Luisa Vehil. Los argentinos decentes y democráticos le debemos mucho al Beto Brandoni.

Instaló para los tiempos en la memoria colectiva personajes y películas que son parte de nuestra identidad como pueblo. "Esperando la carroza", es una película de culto que hoy se ve más que nunca a través de las redes.

Todos repiten esas palabras de Antonio Musicardi, su personaje, el hijo de Mama Cora, cuando dice, falsamente compungido: “Me partieron el alma. Que miseria. ¿Sabes lo que tenían para comer? Tres empanadas… tres empanadas”.

Eso dice mientras va saboreando como si nada, una de esas empanadas. Una escena memorable del grotesco criollo costumbrista de Alejandro Doria.

Pero en la tele, el teatro y el cine, no hizo otra cosa que meterse en el corazón de la gente y dar cátedra con sus personajes y de ser un ejemplo de vida.

No alcanza una hora para recordar sus grandes éxitos profundos y populares a la vez. Cada uno elige: La Tregua, por ejemplo. Por ese trabajo, la Triple A, lo condenó a muerte y lo obligó a exiliarse por un tiempo en México.

Era una organización terrorista de ultraderecha que nació al amparo del estado peronista y de su jefe el ex ministro José López Rega.

La Triple A criminal (Alianza Anticomunista Argentina) tuvo su contracara con la Triple A luminosa, la Asociación Argentina de Actores de la que Brandoni fue secretario general de 1974 hasta 1983.

Había que tener los huevos del tamaño de la catedral cuando los fachos de López Rega y los criminales de lesa humanidad de Videla perseguían, secuestraban y asesinaban a mansalva.

Brandoni fue reelecto en su gremio, incluso estando en el exilio. Y eso muestra su lealtad con sus compañeros de trabajo, su pluralismo y su valentía a prueba de balas en todo el sentido de la palabra balas.

El terrorista de estado Aníbal Gordon secuestró a Brandoni y su esposa de entonces, Martha Bianchi. Los “chuparon” como se decía en aquellos tiempos macabros.

Fue llevado a "Automotores Orletti", un campo de concentración donde fue torturado y donde salvó su vida de pura casualidad.

Aunque suene increíble, durante los tiempos de cólera con K, Alejandra Darín y otros muchaches adoradores de Cristina fueron crueles en sus críticas cuando Brandoni renunció como afiliado a lo que definió como "Asociación Kirchnerista de Actores".

A un prócer que deberían reverenciar lo trataron como un traidor.

Otros compatriotas llevan en sus neuronas para siempre, obras maestras como "La Patagonia Rebelde", "Made in Argentina", el "Cuento de las Comadrejas" y el super éxito de "La odisea de los Giles", dirigida por Sebastián Borensztein.

¿Quién no disfrutó con Mi Cuñado o Buscavidas? Consideró a Raúl Alfonsín como su padre político. Fue su asesor en el tema cultural y un día inolvidable, en ese carácter tuvo una charla deliciosa con Jorge Luis Borges.

Jorge Miguel Couselo, Carlos Gorostiza, Sergio Renán, Manuel Antin y Santiago Kovadloff fueron los que apostaron a renovar democráticamente la cultura desde 1983.

Hincha de River, su máxima felicidad son Florencia y Micaela, sus hijas del alma. Y sus nietas, Olivia, Catalina, Macarena y Tomás, por orden de aparición.

Brandoni cumple 80 años. Este sí que es un argentino inmenso y ejemplar. Brandoni no se vende ni se alquila.

Se puede romper, pero no se dobla, según el testamento de Leandro Alem, justo el nombre de la calle en donde nació, en el Dock, con el corazón mirando al Sur...

Alfredo Leuco: "Más que un Arroyo de corrupción"

Un arroyo, en las sierras de mi querida provincia de Córdoba, es un cauce pequeño de agua cristalina.

Arroyo, por estas horas, es el apellido del responsable de un caudaloso y nauseabundo río de corrupción en la compra con sobre precios de oro de alimentos que ya arrastró a 15 funcionarios.

Y digo que Daniel Arroyo es responsable no solamente porque es el Ministro. Después la justicia se encargará de establecer si también es culpable del robo de más de 300 millones de pesos en una sola mega compra.

Arroyo fue el que designó a Gonzalo Calvo en un cargo donde se necesita la mayor honradez y eficiencia. Y Calvo hace apenas un año, fue despedido por Mariano Cascallares, el intendente de Almirante Brown, por sospechas de haber cobrado una coima.

La justicia no lo pudo probar pero una cámara oculta lo mostró quejándose porque no le habían cumplido con el trato delictivo.

En mi programa de TN, Patricia Bullrich reveló que varias de las empresas que fueron invitadas a vender sus productos alimenticios, tienen su sede en Almirante Brown. Qué casualidad tan casual.

Arroyo ya conocía a Calvo. Trabajaron juntos en el ministerio cuando lo encabezaba Alicia Kirchner.

Lo mismo pasa con otra funcionaria que está bajo la lupa llamada Cecilia María Lavot. Es la encargada de compras de suministros y dirigente de la agrupación Kolina encabezada por la tía Alicia, actual gobernadora de Santa Cruz, la tierra prometida.

Alicia Kirchner se quiso lavar las manos sin alcohol en gel y en un comunicado aclaró que “Calvo trabajó solo unos meses conmigo. El venía de la gestión anterior de Nélida Doga”.

De paso digamos que entre los 15 a los que le sacaron tarjeta roja está Carlos Montaña, amigo de Sergio Berni y uno de los vice presidentes de Independiente y ligado a Hugo Moyano, el dirigente inmenso y ejemplar.

Arroyo fue el que balbuceó frente a las cámaras explicaciones infantiles: “Les pedimos descuento, pero los proveedores se plantaron”.

El propio presidente Alberto Fernández defendió al ministro diciendo que le preocupaba la “cartelización de los empresarios” que ni siquiera en situaciones de grave emergencia eran capaces de aflojar con su codicia.

El presidente debería denunciar ante la justicia todo este chanchullo repugnante. El abogado del estado, Carlos Zannini debería denunciar a Daniel Arroyo y todos los funcionarios implicados y, por supuesto, también a los empresarios cartelizados.

Los más notables nombres que aparecen aquí son Víctor Lusardi y Osvaldo Assisa.

Dos intermediarios y proveedores históricos del estado que hicieron negocios con todos los gobiernos. Pero hay que investigar si hubo cartelización y la utilización de varias empresas fantasmas que pertenecen a la misma persona y que tenían el mismo domicilio.

Yo escuché a Víctor Fera y su denuncia me sonó como un alarido. Es un empresario de muchos años del supermercadismo mayorista que simpatiza con el peronismo y con este gobierno.

Sin embargo no tuvo pelos en la lengua para decir: “Aquí no hubo error, aquí se pagaron las coimas de siempre, de toda la vida en la Argentina”.

El gobierno no hizo ninguna denuncia. Pero Sergio Rodríguez, desde la Procuraduría de Investigaciones Administrativas ya tomó el caso por la acusación que hizo la abogada Silvina Martínez.

Los delitos son malversación de caudales públicos, incumplimiento de los deberes de funcionario y fraude a la administración”.

Suponemos que hoy mismo el fiscal va a citar a Daniel Arroyo y a por lo menos dos empresarios: Víctor Lusardi, el que vendió los productos con sobreprecios y a Víctor Fera, el que denunció este mecanismo perverso.

Arroyo no frenó esta operación ni siquiera ante dos claras advertencias de la Sigen. La Sindicatura General de la Nación les advirtió por escrito que estaban pagando mucho más.

Primero observaron la compra de aceite y después la de azúcar. Pero Gonzalo Calvo, insistió. Gambeteó las alertas de la Sigen y avanzó lo mismo con esas compras con el argumento de la emergencia alimentaria por la pandemia.

Arroyo no podía mantenerse al margen de una compra de esta magnitud. No se adquieren todos los días productos por 737 millones de pesos.

El presidente Fernández hace poco caracterizó a empresarios como miserables. Ayer Diego Cabot en estos micrófonos dijo que “no hay nada más miserable” que un funcionario que le roba el dinero para la comida a los pobres.

Mucho más todavía en esta situación tan grave. Y mucho más aún, escudándose en los decretos de excepción que se le dieron al gobierno para hacer más rápido las cosas. Pero eso no es un cheque en blanco para que puedan robar o estafar.

Un párrafo aparte para Diego Cabot y en el para todos los colegas independientes que investigan a fondo pese a los ataques y persecuciones a los que son sometidos. Diego es el periodista que hizo la denuncia más grave de la historia argentina.

Su riguroso trabajo destapó la olla podrida y millonaria de los cuadernos de Centeno. Las coimas de la obra pública que enriquecieron a la familia Kirchner y a su secretario Daniel Muñoz, entre otros.

En esta ocasión también fue el que iluminó este negociado oscuro y despreciable. En las redes lo insultaron de arriba abajo. Los fanáticos del cristinismo que odian al periodismo, tal como les enseñó su jefa, lo acusaban de gorila, golpista, oligarca.

Pero lo cierto es que gracias a su trabajo, este gobierno se va a ahorrar 300 millones de pesos. Alberto debería agradecer el trabajo de Cabot y de los periodistas independientes.

Porque fueron las cámaras de TN y los móviles de radio Mitre los que denunciaron las colas criminales a las que sometieron a los jubilados frente a los bancos aquel viernes negro.

Eso le permitió al presidente frenar de golpe, dar un volantazo y programar de otra manera los pagos.

Si Fernández hubiera estado mirando los canales K o escuchando las radios militantes, no se hubiera enterado nunca y esa situación peligrosa hubiera terminado con una tragedia y tal vez con varios adultos mayores muertos.

En ningún caso se pronunció ninguno de los dirigentes peronistas. Ninguno advirtió en voz alta lo que estaba ocurriendo y ninguno criticó o repudio lo que había pasado.

Los integrantes de la mesa contra el hambre, también se quedaron mudos y brillaron por su ausencia en el escenario público. Nadie dijo nada. Solo el periodismo independiente y los políticos opositores.

Ni en el caso de las colas rumbo al matadero, ni en esta estafa en la compra de alimentos. El que sí saltó como leche hervida fue Juan Grabois. Es un, chavista K y francisquista en la corte de Alberto.

Frente al escándalo por la compra de alimentos con sobreprecios por parte de Daniel Arroyo, disparó con munición gruesa: “Hay que fusilar al que hizo esto.”

Aunque aclaró que lo decía metafóricamente. Pero arremetió, agresivo y explosivo: “Algún h de p… compró fideos al triple de lo que valen y de la peor calidad. Es una estafa a los pobres. Estas son las cosas que me enferman y no se pueden dejar pasar. Confío en que Alberto va a ponerle los puntos al responsable”.

Se refería a que los fideos, el aceite y el resto de los productos eran marca Cuchuflito o Pindonga, como diría Cristina. Y los precios más bajos eran los de primer nivel.

Después, Grabois dijo que no le alcanzaba con los retos y que quería que rodaran cabezas para que los responsables no quedaran impunes.

Y finalmente felicitó a Alberto por haber echado a Calvo con el siguiente tweet: “el que las hace las paga. Sea corrupto o irresponsable. Hay que combatirlos porque atacan el bienestar general”.

Grabois también suele fustigar a los periodistas que no se callan. Esta vez él se enteró de lo que repudia con tanta vehemencia por el trabajo de un periodista. Y de un diario que él atribuye a la ideología de la oligarquía ganadera y los grupos concentrados.

La lección que este cuarto gobierno kirchnerista debe sacar, es que no se puede ahogar ni en un vaso de agua ni en un arroyo.

Que si de verdad Alberto Fernández quiere que se termine el país de los vivos, recuerde ese dicho popular de que el vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo.

Quien quiera oír que oiga. Y que de una vez por todas se acabe el país de los ladrones y los golpistas. Esos sí, que son los peores virus.

Ahogarse en un arroyo.

Peligro: Alberto endiosa a Moyano

El columna de opinión de Alfredo Leuco donde analiza la visita del Presidente Fernández al gremialista mafioso Hugo Moyano.

Parte diario: 1.054 contagiados, 28 muertos, 248 recuperados. Como periodista trato de tener una actitud responsable y prudente frente al combate contra la pandemia. Hay que acatar lo que las autoridades recomiendan, asesorados por los mejores científicos.

Pero eso no significa que los periodistas debamos callarnos ni mirar para otro lado cuando el Presidente comete alguna barbaridad o desmesura. Unificar nuestras acciones para derrotar al coronavirus, es lo que se debe hacer. Y lo estamos haciendo en esta radio y en este programa.

Pero Alberto, tal vez emborrachado de popularidad según dicen las encuestas, cree que puede hacer y decir cualquier cosa. Hace un par de horas acaba de cometer un error gigantesco. Y estoy seguro que más temprano que tarde, lo va a lamentar.

En el acto político de traspaso del sanatorio de Hugo Moyano, el presidente de la Nación dijo, muy suelto de cuerpo que el líder camionero es "inmenso" y es "un dirigente gremial ejemplar". Como si esto fuera poco, se dirigió a sus hijos y los instó a "no ceder" y a que sigan ese camino y que tomen la posta, cosa que Pablo sobre todo, ya hizo con toda contundencia.

Alberto, no conforme con esos elogios insólitos dijo que a Moyano "los empresarios no lo quieren porque cuida a los suyos, a los trabajadores. Porque Hugo pide de todo, pero para los trabajadores y no para él".

Fue muy temerario Alberto Fernández. Nadie se atrevió a elogiar tanto a Moyano que está entre las tres personas de mayor imagen negativa de la Argentina y es un oligarca sindical enriquecido que vive como un millonario. Es uno de los que mayor capacidad de daño tiene y lo ejerce cada vez que puede con actitudes y acciones patoteras y amenazantes.

Alberto no puede indultar a Cristina porque ahora es su socia. Alberto no puede ahora levantarle un monumento a Moyano, solo porque cedió su sanatorio para que las camas sean utilizadas en la emergencia sanitaria.

Las pandemias producen muchos cambios culturales, pero no borran los expedientes judiciales ni convierten en inocentes a los que son culpables. Cristina es el ejemplo más claro. Pero Moyano le sigue de cerca. Si Moyano, como dice Alberto, es el dirigente sindical ejemplar en el que se tienen que mirar todos sus pares, este país no tiene salida.

Hay tanto delegado de base, obrero y combativo pero honrado y democrático que colocar a Moyano en un altar es una metida de pata de la que se va a acordar toda su vida. Nadie obligó a Alberto a sobreactuar. Podría haber agradecido el gesto de Moyano y listo. Algo formal y sanseacabó.

Pero Alberto está cebado con el apoyo que cree tener de la sociedad. No registra que parte de ese apoyo es al solo efecto de que lidere la batalla contra el virus y nada más. Es una falta de respeto utilizar esta situación para llevar agua para el molino de la política o para intentar blanquear a personas absolutamente anti democráticas y nada transparentes.

A la salida del sanatorio, Alberto se fue manejando su propio auto pero no hizo declaraciones. Moyano se acercó al periodista de TN y con una sonrisa irónica, después de mirar el logo del canal, dijo dos veces: "Saludos a Leuco, saludos a Leuco".

¿Por qué lo hizo? Porque anoche en mi programa de la tele, el doctor Carlos Claa hizo un informe especial respecto de todas las irregularidades que hay en el sanatorio y sobre la causa que está en la justicia. Le cuento rápidamente. La obra social de camioneros compró ese edificio maravilloso en pleno Caballito, a pasos de Acoyte y José María Moreno. Lo compró muy barato en una quiebra.

Pagó 10,5 millones de pesos a fines del 2009. Hasta ahí, todo correcto. Pero tres años después, el sindicato de Moyano le compra ese edificio a la obra social, también de Moyano, en 334 millones de pesos. Todo queda en familia porque la encargada de remodelarlo y ponerlo en valor fue, sin licitación previa, la empresa Aconra SA cuya propietaria es Liliana Zulet, la esposa de Hugo Moyano.

Graciela Ocaña presentó una denuncia por la sospecha de un pase de manos, de un blanqueo o lavado de dinero porque ese mecanismo lo suelen utilizar para todas las compras del poderoso gremio.

Cero licitación, cero transparencia y siempre lo realiza una empresa propiedad de la Liliana Zulet. Qué casualidad tan casual. El sanatorio nunca fue habilitado porque tiene que cumplir con reglas muy estrictas vinculadas a la actividad. Moyano fue imputado por esta causa que en principio llevó el doctor Claudio Bonadi.

Cuando falleció, el expediente pasó al juzgado de Martinez di Giorgi. No sabemos si ahora va a dormir el sueño de los justos en los cajones de tribunales. Pero es muy probable. Esto fue lo que contamos en TN. Parece que a Moyano no le gustó y por eso me envió ese saludo tan cariñoso que por supuesto le retribuyo: Saludos don Hugo.

Un cronista le preguntó porque no estaba habilitado el sanatorio y Moyano mintió: "No sé, pregúntenle al gobierno de la Ciudad". ¿Cuál es la verdad? El sanatorio está habilitado desde el 18 de marzo en forma provisoria mientras dure la lucha contra la pandemia. Hay razones de fuerza mayor y 330 camas vienen muy bien para combatir semejante drama.

Si habilitan hoteles comunes o clubes, ¿cómo no iban a autorizar que funcionara el sanatorio de Moyano? Fue habilitado en carácter excepcional mientras dure la emergencia sanitaria. Una vez que termine este problema, el expediente volverá a su situación anterior. Esta resolución fue firmada por cuatro funcionarios de la Ciudad.

El propio Moyano contó que la gestión inicial fue del propio gobernador Axel Kicillof que cuando vió el sanatorio dijo "Esto es como encontrar agua en el desierto". Alberto también quedó maravillado con el nivel del Sanatorio. Dijo que no creía que hubiera muchos de semejante excelencia. Se ve que Alberto, sale poco. Pero, en fin, ese no es el problema.

Alberto aprovechó para bajar línea cristinista en esa ocasión. Primero reveló que él había nacido en ese sanatorio cuando se llamaba Antártida y al final miró a Moyano y su familia y les dijo: “Prometí que íbamos a volver mejores y volvimos mejores. Volviste mejor, Hugo. Gracias”.

Fue indignante. Mirar para otro lado frente a personajes nefastos está muy mal. Pero llenarlo de elogios y bendecirlos como paradigmas del sindicalismo que este país necesita es Too Much, diría Cristina.

Mientras una parte de la población pide austeridad y recortes a los sueldos y las prebendas de los funcionarios, Alberto aprovechó para retrucar ese planteo y dijo que el “problema de Argentina no son los políticos ni los sindicalistas. El problema son los que especulan”. En eso coincido. El problema no son los políticos ni los sindicalistas honrados.

Uno de los graves problemas son los políticos y los sindicalistas millonarios, antidemocráticas que se enriquecieron robando el dinero del pueblo. No se Alberto conoce a alguien que haya cometido esos delitos de lesa indignidad.

Después quiso bajar línea cultural y social. Dijo que el éxito no es ganar plata. Porque el bichito del virus los hizo perder fortuna. "¿Para que les sirvió acumular tanta plata?", se preguntó. Acumular plata, dijo. No estoy seguro, pero creo que hablaba de los Kirchner. ¿De qué les sirvió a Néstor y Cristina robar montañas de dinero?, me pregunto yo.

Moyano como siempre, después se quiso victimizar diciendo que no pueden creer que sea bueno porque es "morocho, feucho y laburante". Y eso no es cierto. Lo que produce rechazo es su autoritarismo que suele bloquear empresas para lograr sus objetivos, la prepotencia permanente y el hecho de que viva como un magnate y no como un laburante.

El día que este país obligue a los dirigentes sindicales a presentar su declaración jurada de bienes, tal vez esto cambien alguna vez. Hace poco, Moyano dijo que "los periodistas la van a pagar. Que han hecho mucho daño y que la tienen que pagar. No puede ser gratis lo que dijeron o lo que le mandaron a decir".

Lo que no aclaró Moyano es quien los va a juzgar y quienes son los periodistas que tienen que pagar. Por cuales notas van a tener que pagar ni cuál va a ser el castigo que les vá a imponer. Porque se supone que el será el juez supremo y el determinará y ejecutará el castigo.

La justicia y la democracia ya le dijeron claramente que sus deseos y denuncias son una atentado a la libertad de prensa y un intento de censurar al periodismo independiente. La Cámara Federal rechazó el pedido de Moyano de investigar las fuentes de varios periodistas, entre los cuales estaba quien les habla.

Moyano no puede confesarlo, pero lo único que busca es impunidad para poder cerrar todas las causas sobre corrupción que están abiertas por su comportamiento y el de su hijo Pablo tanto en el gremio como en el club Independiente. Hay muchas pruebas y en varios casos fueron descubiertas por el trabajo riguroso y valiente de muchos periodistas.

Pero para Alberto Fernández, Hugo Moyano es un "inmenso y ejemplar dirigente sindical". Que Dios y la patria se lo demanden.