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Claudio Zuchovicki en La Radio Ataca: "¿Va a mejorarla microeconomía"

Claudio Zuchovicki pasó por La Radio Ataca y dejó conceptos que describen el pulos de la economía actual de Argentina.

Zuchovicki es uno de los analistas financieros y economistas más influyentes de Argentina, con más de 30 años de trayectoria en el mercado de capitales.

Actualmente es Gerente de Desarrollo de Mercado de Capitales de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, presidente de Bolsas y Mercados Argentinos y reconocido docente universitario.

En una entrevista exclusiva ofrecida al programa La Radio Ataca, Zuchovicki dio algunas claves de cómo deberíamos leer la economía argentina actual.

Claudio Zuchovicki fue invitado a San Juan por le empresa Más Negocios, CASEMI, el Concejo Profesional de Ciencias Económicas de San Juan y la Bolsa de Comercio de San Juan.

La entrevista fue realizada en el programa La Radio Ataca que conduce Ernesto Simón, de lunes a viernes, de 19 a 21.30 horas, por Estación Claridad.

La Radio Ataca: ahora en vivo por Estación Claridad

Mirá en vivo La Radio Ataca, el programa que conduce Ernesto Simón, de lunes a viernes, de 19 a 21.30 horas, por Estación Claridad.

El programa, conducido por Ernesto Simón en la radio de mayor audiencia de San Juan, se emite de 19 a 21.30 horas en el 97.1 del dial.

En su cuarto año consecutivo, el programa contiene editoriales sobre todos los temas, sin ocultar ni omitir nada, además de la opinión de los oyentes durante toda la tarde noche y toda la información del minuto a minuto desde la redacción de El País Diario.

Tambien se puede escuchar la mejor música de todos los tiempos, bajo el comando del inigualable Sebastián Oro, un verdadero consagrado.

Sin dudas, La Radio Ataca ha ocupado un lugar importante en las tardes de San Juan, convirtiéndose en el programa de mayor audiencia en su franja horaria.

Argentina intolerante: la dificultad de permitirnos pensar

La intolerancia en Argentina a quienes piensan distinto, tanto de un lado como del otro de la grieta, hacen que cada vez sea más difícil la convivencia.

¿Se puede pensar sin ser considerado un enemigo de quienes se ataron a un dogma y fanatizaron su posiciones?

Hoy, más que nunca: Disculpen por Pensar.

Disculpen Por Pensar invita a reflexionar los temas de la semana con la impronta particular de Ernesto Simón, director de El País Diario.

En tiempos de incertidumbre, vértigo, ansiedad y aturdimiento, el ciclo surge desde las trincheras de la razón para presentar resistencia en los campos de batalla del meme.

Producción y conducción periodística: Ernesto Simón Producción y realización audiovisual: Facundo Ortiz

Dirección general: Reynaldo Ortiz

➕ Más infor: elpaisdiario.com.ar

Adorni, un hombre con vuelo propio

Como funcionario, le faltó vuelo. La figura de Manuel Adorni empieza a generar ruido y desgaste dentro del Gobierno de Javier Milei.

En Disculpen por Pensar, Ernesto Simón mezcla información, ironía y humor para poner el foco en uno de los nombres más comentados del gabinete.

En tiempos de incertidumbre, vértigo, ansiedad y aturdimiento, el ciclo surge desde las trincheras de la razón para presentar resistencia en los campos de batalla del meme.

Producción y conducción periodística: Ernesto Simón Producción
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Economía Argentina, un enigma insoluble

Cuando asumió Milei la presidencia, en 2023, hubo un plan de estabilización que aparrentemente funcionó. Los números de la macroeconomía muestran un equilibrio importante. Pero en apariencias no hay plan de desarrollo. ¿Cuándo llegará el beneficio a la economía cotidiana de los argentinos, es decir a la micro?

La economía argentina ha sido siempre un enigma sin resolución. Insoluble, problemático y frustrante. ¿Será esta la excepción?

En tiempos de incertidumbre, vértigo, ansiedad y aturdimiento, el ciclo Disculpen por Pensar surge desde las trincheras de la razón para presentar resistencia en los campos de batalla del meme.

Los argentinos esperan el despegue de la economía, que tarda en llegar y deja fuera de la supervivencia mínima a los más vulnerables, los pobres, las personas con discapaciedad y a jubilados y pensionados.

La macro despega pero la micro parece no reaccionar: ¿tiene un límite la paciencia?

Editorial emitida en el canal de streaming Nexo Media.

Producción y conducción periodística: Ernesto Simón
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"Felices Pascuas, la casa está en orden", la frase que inmortalizó el expresidente Alfonsín

En 1987, un alzamiento carapintada, comandado por el Teniente Aldo Rico, mantuvo en vilo al país mientras transcurría Semana Santa.

Durante aquellos inolvidables cuatro días de 1987, que tuvieron su inicio el 19 de abril, el Teniente Coronel Aldo Rico y sus carapintadas tomaron la Escuela de Infantería de Campo de Mayo.

Todo terminó en la rendición de las tropas sublevadas frente a la presencia de Raúl Alfonsín, que había volado hasta el lugar en el helicóptero presidencial.

En aquel tenso momento en que la joven democracia argentina estaba en peligro, hubo negociaciones y una charla entre el golpista Aldo Rico y el entonces Presidente Raúl Alfonsín.

La aeronave trasladó al presidente desde Casa Rosada a Campo de Mayo y, tras lograr que las tropas sublevadas depusieran su actitud, Alfonsín fue de nuevo a Casa Rosada y desde el balcón dio un mensaje a la ciudadanía, intentando llevar tranquilidad a todos los hogares argentinos.

Hubo dos discursos de Alfonsín, uno antes de ir a Campo de Mayo y otro al regresar, ambos ofrecidos desde Casa Rosada.

Fueron 9 minutos que luego se convertirían en una lección de educación cívica y de compromiso con la democracia para todos los argentinos y argentinas de buena entraña.

Malvinas: la guerra que perdimos todos

Cualquier cifra que se busque para intentar entender esta etapa de la historia argentina, no alcanzará para dimensionar el tamaño de la tragedia que significó la Guerra de Malvinas.

El enfrentamiento bélico ocurrió en el año 1982, duró 74 días y murieron 649 soldados argentinos, 258 ingleses, 1.810 bajas totales para Reino Unido, y 3 civiles.

Quienes se quedaron allí para siempre, enterrados bajo la indiferencia de la corrupción y el olvido, están en el Cementerio argentino de Darwin.

Los historiadores no pueden explicar aún por qué Argentina enfrentó a Reino Unido sin buenos armamentos, sin recursos económicos y sin aliados de peso que le permitieran al país especular con un posible triunfo.

Argentina fue a la guerra mientras estaba sumergida en una crisis política y económica. El país era cuestionado por organismos internacionales por la falta de libertades cívicas y por violación a los derechos humanos.

La Junta Militar estaba desprestigiada y ya sin posibilidades de continuar en el poder. Leopoldo Galtieri, por entonces presidente de facto en Argentina, soñaba con ser el nuevo Perón. La coincidencias no eran pocas. Ambos habían participado de golpes militares a la democracia, los dos surgieron desde el poder castrense y a ninguno de los dos les había interesado nunca la democracia.

La dictadura cívico militar en Argentina llegaba a su ocaso. El desembarco en las Islas Malvinas era la excusa perfecta para volver a legitimarse y reconquistar la adhesión de la mayoría de los argentinos y argentinas.

No en vano Galtieri salió al balcón de la Casa Rosada, anunció la toma de Malvinas, levantó los brazos emulando al Pocho Perón y hasta se podría decir que intentó imitar el tono de voz del fundador del Partido Justicialista.

Sin dudas el nivel de improvisación era alto, y los chicos argentinos, sin entrenamiento ni equipo, fueron enviados al matadero. Describir la Guerra de Malvinas como una trampa mortal es casi un eufemismo: aquello fue una matanza anunciada.

No en balde ninguno de los jefes de las fuerzas armadas argentinas fueron a pelear a las islas. Ellos se quedaron en Buenos Aires, siguiendo la marcha de la batalla y leyendo revista Gente, que anunciaba en su portada la victoria de los criollos sobre los ingleses.

Por su parte, en Reino Unido, la Primera Ministra Margaret Thatcher también atravesaba una crisis política. La guerra fue un elemento clave en su recuperación política y en su reconciliación con los ciudadanos británicos.

Los hechos

El 2 de abril, durante la madrugada, las fuerzas armadas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas.

El 3 de abril, la Primer ministro británica Margaret Thatcher, por entonces bautizada como La Dama de Hierro, mandó una flota hacia el Atlántico Sur con el fin de recuperar el territorio ocupado por Argentina.

Esa semana, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 502, exigiendo el retiro de las tropas argentinas de las islas y el inicio de negociaciones entre ambos países.

Entre el 5 y el 28 de abril se llevaron adelante una serie de acciones diplomáticas en las que Argentina advirtió que apelaría al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca si Gran Bretaña atacaba las islas.

El entonces Presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, ofreció como mediador a su Secretario de Estado, Alexander Haig, quien fue aceptado por ambos países. Mientras tanto, Gran Bretaña anunció el bloqueo a las Islas Malvinas.

Asimismo, la primer ministro británica advirtió a Haig que cualquier negociación requería primero el retiro de las tropas argentinas, y el entonces dictador argentino Leopoldo Galtieri amenazó que habría batalla si los ingleses invadían Malvinas.

En la primera etapa de la guerra, Gran Bretaña recuperó las islas Georgias de Sur y parte del archipiélago del Atlántico Sur. Fue entonces cuando el órgano de consulta del TIAR aprobó una resolución solidaria con Argentina y sus derechos sobre Malvinas.

La decisión del TIAR no fue respetada por Estados Unidos, que decide apoyar a Gran Bretaña en el conflicto bélico.

El 1 de mayo se declaró formalmente la guerra, cuando aviones británicos bombardearon la pista de aterrizaje de Puerto Argentino.

El 2 de mayo, el submarino nuclear Conqueror hundió al crucero General Belgrano, que se encontraba fuera de la zona de exclusión. En esa acción bélica murieron muchos soldados argentinos.

El 4 de mayo, varios aviones de la Armada argentina bombardearon al destructor inglés Sheffield, que se hundió unos días después.

El 6 de mayo, el Secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, propuso un plan de paz que consistía en la presencia de un administrador de la ONU en Malvinas mientras duraran las negociaciones, y que flameen las banderas de Argentina y de Gran Bretaña.

El 9 de mayo, los bombardeos británicos en Puerto Darwin se volvieron virulentos, provocando daños severos en las fuerzas argentinas.

El 14 de mayo, un grupo comando inglés destruyó 11 aviones argentinos y al día siguiente, naves británicas bombardearon la isla Borbón y destruyen otras 10 aeronaves criollas.

El 16 de mayo los ingleses hundieron al mercante argentino Río Carcarañá y dañaron el Bahía Buen Suceso. En tanto, los ataques aéreos y navales a las islas se volvieron más intensos.

El 20 de mayo, Pérez de Cuéllar anunció la gestión de la ONU fracasó, sin embargo, Perú presentó otra propuesta de paz, la cual también fue rechazada.

El 21 de mayo, los británicos establecieron una cabeza de playa en Bahía San Carlos y las bajas argentinas fueron numerosas. Fue hundida la fragata Ardent y dañadas otras cuatro naves. También fueron derribados 3 aviones Harrier y 2 helicópteros ingleses.

El 24 de mayo fue hundida la fragata inglesa Argonaut y quedó seriamente dañada la fragata Antelope.

El 25 de mayo, aviones argentinos averiaron al buque de transporte inglés Atlantic Conveyor y al destructor Coventry. El contrataque inglés consistió en un virulento ataque a Puerto Argentino.

El 1 de junio comenzaron los combates terrestres, cuerpo a cuerpo, a 20 kilómetros de Puerto Argentino. Las tropas inglesas avanzaron sobre Darwin y Ganso Verde.

El 8 de junio, la Fuerza Aérea argentina hundió la fragata Plymouth y los transportes de tropas Sir Galahad y Sir Tristan.

El 11 de junio, en medio del conflicto, el Papa Juan Pablo II llegó a Argentina y ofreció un mensaje de paz mientras en Malvinas masacraban a jóvenes que no tenían casi chances de defensa.

El 12 de junio se produjeron violentos combates, muchos de ellos cuerpo a cuerpo, en Monte Kent, Monte Dos Hermanas, Monte Longdon, Tumbledown, Monte Harriet y Moody Brock, que eran las últimas defensas terrestres que quedaban para proteger Puerto Argentino.

El 14 de junio, el militar Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición de las tropas argentinas.

Réquiem

El fracaso de una guerra innecesaria y perversa dejó al desnudo a una dictadura cívico militar que había causado estragos en Argentina.

La vuelta de muchachos jóvenes al país, mostró la atrocidad irresponsable que había cometido Leopoldo Galtieri junto a la plana mayor de las fuerzas armadas.

Amputados, heridos y con daños psicológicos irreparables, los chicos de la guerra volvieron a un país que ni siquiera supo ponerlos en el lugar que merecían: eran héroes tratados como parias en una Argentina lastimada que aún sigue sin encontrar su rumbo.

En Malvinas perdimos todos, porque una parte de nuestra frustración se quedó allá, hundida en el frío mar del olvido, para siempre.

Así nos va.

A pocos les interesa la noticia, todos buscan opiniones

Una vez me tocó entrevistar a Tomás Abraham. Fue maravilloso conversar con este filósofo argentino que cada vez que habla despierta un interés inusitado.

Me dijo: "Lo que sucede con el periodismo en nuestro país no es parte de la eterna discusión sobre neutralidad, subjetividad o imparcialidad. Se trata de fascismo".

Con insolencia tautológica le pregunté si eso ponía en riesgo a nuestro rudimentario sistema republicano y me respondió que "las democracias existen para proteger a la ciudadanía de la arbitrariedad de los poderosos. Los que mandan son los que tienen armas y dinero. Con estos recursos pretenden hacerse dueños de las palabras".

La charla que mantuve con Tomás Abraham me llevó directo al documental del cineasta Martin Scorsese: Public speaking. En esa obra maestra, el director de cine entrevista a la escritora norteamericana, Fran Leibovitz, quien explica que "el mundo de la información está apagado". La intelectual sostiene que "a nadie le interesan las noticias, todos buscan opiniones. No hay más noticias".

Visceral y taxativa, Leibovitz asegura que "la opinología se ha convertido en la máxima aspiración comunicacional", al tiempo que sostiene: "Se ha perdido el arte de construir la noticia".

Tomás Abraham escribió una vez: "Cuando una sociedad se maneja con mensajes propagandísticos, al estilo fascista, se vuelve imbécil, escupe afiches, no piensa más, elige muñecos y los quema, se regodea en su fanatismo".

Estas cosas sucedieron durante años en Argentina, con casi todos los gobiernos.

Unos por ladrones y tramposos, los otros por inoperantes, farsantes y codiciosos, finalmente todos estos años terminaron provocando un sufrimiento brutal que cayó sin piedad sobre la fatigada espalda del pueblo argentino.

Los ciudadanos y ciudadanas ven a la democracia degradada, atravesando un periodo de ocaso luctuoso.

Habrá que ver cómo desactivamos el discurso minado de odio sobre el que caminamos a diario. Por ahora, la violencia verbal y salvaje, que es la cepa de todas las violencias, está proliferando con crueldad furibunda frente a los ojos de una sociedad todo terreno.

Así nos va.

Golpe de 1976: De la canallada del Pocho Perón a la etapa negra de la Junta Militar

Argentina: 24 marzo de 1976. El país deja de ser una república. Lo que era inminente se concreta. La violencia impera en las calles y se vuelve cotidiana, aunque todo ya estaba sucediendo desde mucho antes. El peronismo necesitaba el golpe de Estado para tapar así su propia inoperancia y sus crímenes. Todo había empezado mucho antes del 24 de marzo.


La historia da cuenta de una maniobra deliberada para invisibilizar el terrorismo de Estado del Gobierno peronista de Isabel Péron. Ya había empezado a correr la sangre y los desaparecidos se contaban por cientos.

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Isabel Martínez, viuda del Pocho Perón, no puede dominar la furia con que la historia se comporta. Cae, o, mejor dicho, es derrocada. Ni la diplomacia de Ítalo Lúder, ni la astucia esotérica de López Rega pueden frenar la caída. El poder es débil como la carne: se esgrime trémulo, se estaciona, se mantiene algún tiempo, finalmente, se deteriora y muere. Con la Triple A, comandada por funcionarios justicialistas, en democracia, ya habían empezado a secuestrar y desaparecer ciudadanos argentinos. Pocho, fuiste un chanta, nos dejaste en manos de una lunática improvisada y muerta de miedo. El periodismo observa la marcha de los hechos. Unos graban. Otros escriben. Casi todos recordamos.

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Cada año, cuando se cumple un nuevo aniversario del golpe, aparecen imágenes que retrotraen a la fecha. Los principales canales de televisión realizarán producciones especiales. Ediciones fantasmas aparecen en la pantalla. Testimonios nunca antes mostrados serán editados con música incidental. Como si no bastara con lo que sucedió. Años pasados, algunos canales se animaron a pasar la propaganda oficial con la que aquel gobierno ilegítimo e ilegal se autoproclamaba patriótico y necesario. El poder de los medios legitima, morigera, mata.

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Los diarios se ponen a tono. Todos preparan algo. Muchos hacen un despliegue exagerado, como si la ecuación fuese directa: a más páginas, más rápido se enjuaga la conciencia sucia. Aparecen artículos valiosos y notas que más de un lector guarda. Alguno pensará en mostrarle el material a sus hijos y nietos. La historia se escribe en casa, eso pensé el día que se lo llevaban en un Falcon verde. 

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Algo molesta: luego de tantos años, el periodismo todavía no hizo su autocrítica. A su modo, muy sutilmente, cada sector ya hizo la suya. Las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, alguna porción minúscula de la dirigencia política y una ínfima fracción del sindicalismo. Son muchos los que ya se sacaron el peso de encima. ¿Sirvió? Tal vez sí, tal vez no. La historia se escribe constantemente. Las conclusiones son como los días: cambian a cada rato. Jefes montoneros y dirigentes guerrilleros ya aceptaron lo suyo. Empresarios y funcionarios involucrados con la dictadura, todos dijeron algo. Hipócritas o sinceros, se animaron a hablar. Estuvimos ahí, parecen haber dicho. Fui parte, acepto mi cuota de responsabilidad, piensan y lo dicen. Arrepentidos y soberbios hicieron su descarga en la tele. El periodismo sigue mudo al respecto. Que alguien lo advierta: los errores se repiten. Lo que no se larga afuera, se pudre adentro. 


Siguen vivas hoy las campañas de prensa interesadas, la degradación del lenguaje, el escarnio gratuito, la deformación de la verdad, la alteración de datos, el incumplimiento del principio que obliga a respetar la pluralidad de las fuentes y la invasión de la intimidad. Pecados de juventud, parece ser la justificación que usa el periodismo. Pasaron décadas desde que volvimos a vivir en democracia y el tiempo hace que las cosas se vuelvan rancias: en ocasiones los pecados se convierten en maldiciones.

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Un 23 de marzo de 2006, el entonces presidente ladrón, Néstor Kirchner, pidió a la prensa nacional que "algún 24 de marzo, los medios también hagan autocrítica". Al día siguiente, solo el diario Ámbito Financiero respondió al reto presidencial y publicó una columna en su portada titulada: "Autocrítica". Hipocresía argentina. Tradición que no lleva poncho: los mismos diarios y canales que acompañaron en silencio a los militares, hoy dedican páginas enteras a las víctimas del proceso. Ferocidad de la palabra. Narrativa que va y viene empujada por el viento. Todo puede significar una cosa u otra. A eso los saben todos. 

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Es menester un sinceramiento para llegar a un balance equilibrado de los hechos. La historia espera hasta el final, y cuando se cansa, se vuelve en contra. La gran mayoría de los argentinos no tenemos nada que ver con las especulaciones perversas que se hacen. Pero para pensar un futuro en libertad, es necesario que desatemos el debate. 

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Aún conservo la edición de un número del año 1995 de la revista Humor. Andrés Cascioli, director de la publicación, tituló en tapa: "¿Qué hiciste tú en el proceso, papá?". En ese número escribió sobre el rol del periodismo. El artículo se tituló: "Del elogio a la hipocresía". Entre otras cosas, puso que "algunos medios y periodistas que, sin arrepentimiento ni autocrítica, primero apoyaron el golpe de 1976 y ridiculizaron la cuestión de los derechos humanos, luego hablaron de crímenes y terrorismo de Estado". Menciona algunos ejemplos: "Editorial Atlántida, revistaExtra, dirigida por Bernardo Neustadt, revista La Semana, y los diarios Clarín y La Nación". Mientras el Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, los medios criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono. Mariano Grondona, quien alguna vez redactó comunicados para los golpistas, hizo luego un tibio mea culpa. Neustadt fue casi un vocero de los poderosos de entonces.

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El periodista Carlos Ulanovsky, un gran recopilador de la historia de los medios, dijo lo suyo hace rato. Nos recordó que el terror no empezó con la irrupción de Videla y la junta militar en marzo de 1976, sino antes. Después de la muerte del Pocho Perón, en julio de 1974, fueron clausurados los diarios El MundoNoticias, y los semanarios Satiricón y Chaupinela.

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Otras revistas y diarios tuvieron que cerrar tras el golpe: Mayoría, Cuestionario y Crisis. Humor fue una de las pocas que ofreció resistencia. Dijo lo suyo a tiempo y con dignidad. Hoy, en plena democracia, ya no está en la calle. Ingratitud de los que olvidan con afanosa prisa. Lectores invisibles de una historia que se desdibuja en la memoria porosa de los argentinos.

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Réquiem fatal de los que pagaron con su vida. No quiero terminar sin recordarlos: Enrique Raab, Edgardo Sajón, Rodolfo Walsh, Julián Delgado, Vicky Walsh, Hernán Ferreirós y Héctor Oesterheld, autor de El Eternauta.

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En aquel entonces, la vida en el país no se detuvo. Siguió. Los que podían rajaban a Miami a comprar televisores a color. Otros se emocionaban con Galtieri cuando dijo que a los ingleses: "les presentaremos batalla". Canal 13 no hablaba de la noche que imperó en las calles. Argentino Luna cantaba: "vea que lindo mi país paisano, si usted lo viera como yo lo vi". Palito Ortega entonaba: "La felicidad". Revista Gente, la que hoy pone en tapa a modelos esculturales, durante la guerra de Malvinas titulaba: "Estamos ganando". Es verdad: hubo censura. Nadie olvida. Y para los que olvidan, es bueno recordárselos: La Razón, Clarín y La Nación fueron, además de cómplices, socios del Gobierno en el fabuloso negocio de Papel Prensa S. A. En San Juan, algunos periodistas que ahora se presentan como progres exudaban alegría frente al micrófono. Muchos de la prensa gráfica vernácula hoy extrañan íntimamente aquellos tiempos en que los argentinos éramos "derechos y humanos". Medios locales de tradición fascista hicieron notas verdaderamente festivas frente a la llegada al poder de los militares. Ningún periodista del país se animó a leer al aire la carta que dejó Rodolfo Walsh antes de que lo asesinaran. Antes de amagar con cualquier especial sobre el golpe, primero los medios deberían hacer una profunda y sincera autocrítica.

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Muchos argentinos presentían lo que vendría. Un tiempo abominable y terrible. Trágico. Algunos periodistas esperaban el golpe con indisimulable ansiedad. Lo cierto es que el 24 de marzo de 1976 los medios no se animaron a titular lo que realmente estaba ocurriendo. Era la instauración de un régimen militar totalitario que había tomado el poder por asalto. Las urnas quedaban guardadas bajo llave.

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Eufemistas empedernidos: casi nadie usó la palabra "golpe" o "dictadura". El ultraje no sólo fue para muchos conciudadanos, también le ocurrió al lenguaje. Algunos medios no hacen autocrítica porque creen que actuaron bien. Otros porque piensan que sería una acción poco aconsejable para el marketing de la empresa. El consumo es uno de los peores enemigos de la memoria.

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Chicos y chicas de 12, 15, 17, 20, 26 o 30 años, hoy se preguntan qué hacíamos cada uno de nosotros cuando sucedió el golpe. Yo tenía 7 años e iba a la escuela. Para ustedes escribí esta nota.

(Esta nota fue publicada por primera vez en marzo de 2013 y cada año es actualizada en El País Diario).

Raúl Alfonsín: El último presidente honesto

Un 31 de marzo de 2009 murió Alfonsín, pero la historia lo recordará por aquel 10 de diciembre de 1983, cuando Argentina recuperaba la democracia. Fue el último presidente honesto.

Aquel 12 de marzo de 1927, cuando Raúl Alfonsín nació en Chascomús, nadie imaginaba que llegaría a ser presidente. Mucho menos su padre, Serafín Raúl Alfonsín, comerciante minorista, nieto de inmigrantes gallegos, ni su madre, Ana María Foulkes.

Hace algunos años, en 2009, el ciclo de su vida terminó en el sentido biológico. Pero en el sentido histórico, su emblemática figura quedará grabada en la memoria colectiva de todo un pueblo. "Murió Raúl Alfonsín", titularon casi todos los diarios en aquel entonces. Fue una tristeza subrepticia que recorrió el país, "a lo largo y a lo ancho", como le gustaba decir a él cuando en campaña rumbo a la presidencia no dejó un sólo pueblo por visitar.

Asumió después de ganar las elecciones con el 51% de los votos. Veníamos de una cruenta dictadura cívico militar que se extendió desde 1976 hasta 1983. Cuidó siempre la democracia. Supo aceptar errores, escuchar voces disonantes. Durante su gobierno nunca censuró. Lo más importante: no hizo negocios personales con la plata del Estado, cosa que, no cabe duda, sí hicieron los presidentes que lo sucedieron.

Es necesario decirlo: hace algunos años moría el último presidente honesto de la República Argentina. Fue el infatigable labrador de la libertad en un país tantas veces generoso y otras tantas ingrato; mezquino casi siempre.

Terminó su educación secundaria en el Liceo Militar de la Nación. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó como abogado en 1950. Allí comenzó a profesar su convicción ideológica en la Unión Cívica Radical, a la que había ingresado atraído por el discurso de su líder, Ricardo Balbín. Se convirtió rápidamente en baluarte de la juventud radical.

Fue electo diputado provincial en 1958 y luego en 1963 llegó al Congreso de la Nación y fue distinguido con la vicepresidencia del bloque radical en la Cámara de Diputados. Dejó su banca en 1966, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de Don Arturo Illia, otro hombre honesto a quien el país no supo cuidar. Ese mismo año fundó el Movimiento de Renovación y Cambio.

Bajo la dictadura cívico militar se distinguió por la defensa de los derechos humanos, algo que luego pesaría a la hora en que le tocó disputar la presidencia de la Unión Cívica Radical. Alfonsín se casó con María Lorenza Barreneche. Tuvieron seis hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, María Marcela, María Inés y Javier Ignacio.

Cuando a los asesinos de la dictadura ya no les quedaba opción, llamaron a elecciones. Año 1982: enfrentó junto a su candidato a vicepresidente, Martínez, la fórmula del peronismo integrada por Lúder y Bittel. Ganó con el 51% de los votos. El 10 de diciembre de 1983 asumió la presidencia de la Nación siendo artífice y protagonista de una fiesta cívica que marcó el retorno de Argentina a la vida democrática.

Entre sus primeras medidas, creó la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP), que concluyó su investigación con el libro “Nunca Más”. Llevó adelante el juicio a los integrantes de las Junta Militar golpista y asesina. Implementó importantes planes que dieron al país un gobierno que promovió la igualdad de oportunidades: Plan Nacional de Alfabetización (premiado por la UNESCO), Plan Alimentario Nacional, cuyo modelo interesó y se puso en varios países de América Latina, y Plan Deporte con Todos.

Quijote republicano, enfrentó tres levantamientos militares, dos de ellos encabezados por Aldo Rico y el Coronel Alí Saineldín, quienes estaban disconformes con el castigo que se había aplicado a las cúpulas castrenses. Se sobrepuso a doce paros nacionales de la CGT liderada por el inefable Saúl Ubaldini, quien posteriormente fue premiado con una diputación nacional por el partido Justicialista.

Un golpe financiero de los poderosos de la economía argentina lo dejó mal herido. Faltaban 7 meses para entregar del mando. Pero ante el riesgo de las instituciones democráticas y la eventualidad de un nuevo golpe militar, Alfonsín renunció el 9 de julio de 1989 para anticipar la entrega del mando al peronista Carlos Menem, quien había ganado las elecciones.

El pueblo lo ovacionó en un sólido adiós por las calles de Buenos Aires, dándole un último saludo fervoroso y pasional. Sin movilizaciones hipócritas, ni plata para que la gente vaya a su velatorio: fue saludado con aplausos y lágrimas. No era para menos: los argentinos despedíamos al último presidente honesto.