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La dictadura cívico militar y el nacimiento del "periodismo independiente"

David Graiver, accionista mayoritario de Papel Prensa.

Una vez producido el golpe de Estado de 1976, la línea editorial ofreció lo que llamó un "consenso expectante" a la dictadura cívico militar.

Apoyó la "restauración del orden" y reclamó que se implementaran las soluciones redentoras anunciadas. En ese sentido Clarín coincidía con el anhelo refundacional manifestado por el régimen militar.

En marzo de 1976, en los tramos finales del Gobierno de Isabel Perón, y en sintonía con la ya desembozada voluntad golpista de las Fuerzas Armadas, Clarín juzgó como "inevitable" el golpe de Estado, no solo por la "ineficacia" del Gobierno, sino también por lo que juzgaba como una crisis de legitimidad de todos los actores tradicionales del sistema institucional, que les impedía ofrecer una salida duradera a la "crisis nacional".

Para el diario, las soluciones emanadas de tales actores tradicionales y de una sociedad civil a la que consideraba "enferma" y presa de un extravío "moral", no eran capaces de emprender la "refundación" que necesitaba el país a través de la aplicación de "soluciones desarrollistas".

Una vez producido el golpe, la línea editorial ofreció lo que llamó un "consenso expectante" a la dictadura cívico militar, apoyó la "restauración del orden" y reclamó que se implementaran las soluciones redentoras anunciadas. En ese sentido Clarín coincidía con el anhelo refundacional manifestado por el régimen militar.

La compra del paquete accionario de Papel Prensa por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, combinó política y negocios en una oscura trama de intereses.

Luego de la sospechosa muerte de David Graiver, accionista mayoritario de Papel Prensa, en un confuso accidente aéreo en agosto de 1976, la dictadura encabezó una cruzada para confiscar las propiedades que habían pertenecido al empresario y ofreció las acciones de Papel Prensa a los cuatro diarios de mayor circulación del país: La Nación, Clarín, La Razón y La Prensa (este último rechazó el ofrecimiento).

El 2 de noviembre de 1976, la dictadura obligó mediante presiones y amenazas a la viuda de Graiver, Lidia Papaleo, a firmar el pre boleto de venta de las acciones a Fapel S.A., la empresa que habían constituido los tres diarios en 1974, con peso mayoritario del Grupo Clarín.

Esta empresa, que se había creado para construir una planta ante la eventualidad de quedar fuera del proyecto de Papel Prensa, solo tenía en 1976 una existencia formal.

Lidia Papaleo no tuvo más opción que ceder las acciones y el gobierno apuró la resolución de la venta, para inmediatamente secuestrar a la familia Graiver y a otros colaboradores del grupo por sus relaciones con la "subversión".

La Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial incautó la mayor parte de los bienes de Graiver. En el caso de Papel Prensa, la operación se concretó el 18 de enero de 1977.

Con esta asociación entre el Estado y los diarios, las Fuerzas Armadas, que ya tenían en sus manos a los medios radiales y televisivos, se aseguraron un control directo sobre la estratégica producción de papel, ya que el 25 por ciento del paquete accionario que mantuvo el estado le otorgaba derecho a veto sobre sus socios privados.

Las irregularidades denunciadas en el traspaso de las acciones son demasiadas para tratarse de una transferencia normal. Por ejemplo, la compañía Fapel S.A. utilizada por los diarios Clarín, La Nación y La Razón para comprar las acciones, no registró ninguna actividad desde su creación, el 10 de julio de 1974, hasta el 2 de noviembre de 1976, cuando se realizó la operación.

Fapel S.A. no se encontraba, al momento de la transacción, legalmente regulada ante la Inspección General de Justicia. Como la empresa no contaba con capital suficiente para comprar las acciones, por el total de 7.345.400 dólares en que la habían valuado los propios compradores, se hizo efectiva con un adelanto de 7.000 dólares, es decir, menos del 0,1% del total. La última actividad de Fapel S.A. fue el 10 de noviembre de 1976, ocho días después de la adquisición, cuando vendió esas acciones adquiridas a los diarios La Nación, Clarín y La Razón en partes iguales. El 1 de julio de 1988 fue disuelta por "impracticable su objeto".

Otra circunstancia totalmente inusual tiene que ver con que al momento de la compra se desconocía la cantidad de acciones involucradas en la negociación. Recién el 5 de noviembre de 1976, en el juicio por la sucesión de David Graiver, se ordenó realizar un inventario de las acciones de Papel Prensa S.A. que se encontraban en el Banco Nacional de Desarrollo.

Ese inventario fue entregado casi un mes después de firmada la cesión. A los cuatro meses, el 24 de marzo de 1977, el asesor de menores de María Sol Graiver, hija del empresario asesinado, pidió informes acerca del valor de las acciones, y el 4 de agosto el Banco Nacional de Desarrollo presentó un informe sobre el precio de las acciones compradas por Fapel S.A. que demostraba que el valor pagado había sido "sensiblemente inferior" al real.

El acta número 14, de diciembre de 1976, de la Junta Militar daba un plazo de noventa días para que los acreedores reclamaran sus derechos, pero esto no pudo concretarse, ya que exactamente cuando se cumplía ese plazo comenzaron las detenciones ilegales y desapariciones de los integrantes del grupo Graiver.

En abril de 1977 fue designado el General de Brigada Oscar Gallino como "preventor militar" de la investigación sobre el tema que encabezó la CONAREPA; al día siguiente de ser designado Gallino recibió la visita de los directores de Clarín, La Nación y La Razón. Le exigieron que el paquete accionario del grupo fundador de Papel Prensa S.A. no fuera incluido en la investigación. Dos días después fue visitado nuevamente, esta vez por los directores y sus abogados.

En medio de la masacre que los militares dirigían, la posibilidad de condicionar a la prensa nacional a través del papel, una prensa ya autocensurada por cuestiones de supervivencia en relación con la cuestión de las desapariciones y las disputas inter e intrafuerzas, era una significativa herramienta política.

Al mismo tiempo, los dueños de los diarios habían tenido que agradecer que se les permitiera continuar funcionando, y solo se les exigía a cambio mantener silencio sobre ciertos temas sensibles y colaboración cuando les fuese requerida.

El acuerdo final sobre Papel Prensa incluyó diferentes privilegios, protección y exenciones de parte del Gobierno de facto. Sobre todo, se destacó el decreto que gravó con aranceles de hasta el 53% a la importación de papel, lo que constituía una protección estatal arbitraria que contradecía el discurso de libre mercado y eficiencia competitiva adoptado por la conducción económica. Esto acarrearía controversias con otros funcionarios del gobierno, como el Secretario de Hacienda, Juan Alemann, durante 1979, y con los diarios que habían quedado fuera del negocio.

Las concesiones que el Gobierno militar otorgó a los grandes diarios, y en particular a Clarín, Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto, contaban con el control del 82% de las acciones, pueden integrarse en el marco de la existencia, durante la dictadura, de ámbitos privilegiados de acumulación que beneficiaban a grandes grupos económicos afines a la gestión.

Clarín apelaba, al igual que hoy en día, al efectista argumento de la necesidad de contar con un periodismo "independiente" y garantizar la libertad de prensa. Si bien ambos reclamos son legítimos, poco tienen que ver con las acciones y la política de Clarín, especializado en conspirar contra gobiernos populares y democráticos, y florecer al amparo de las bayonetas y el genocidio, incrementando así sus pingües negocios privados.

Además, no debe olvidarse que, en lo referido a la libertad de prensa, Clarín había aceptado voluntaria e interesadamente su restricción, atendiendo a las circunstancias "excepcionales" de la "lucha antisubversiva" que atravesaba el país.

Los familiares de Graiver e integrantes de su grupo fueron detenidos ilegalmente y desaparecidos por las fuerzas de seguridad a partir de marzo de 1977: el día 8 de marzo Juan Graiver de Papaleo; el 12, Dante Marra, Julio Daich y Enrique Brodsky; el 14, Lidia Papaleo, Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi; el 15, Jorge Rubinstein; el 17, Isidoro Graiver; el 22, Martín Aberg Cobo; el 1 de abril, Edgardo Sajón; el 12, Rafael Ianover; el 15, Jacobo Timerman y Osvaldo Papaleo; el 19, Orlando Reinoso; el 22, Eva Gitnacht. Todos ellos fueron llevados al centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Banfield, donde sufrieron torturas de todo tipo para que "confesaran" su relación con Montoneros e informaran dónde se hallaba el dinero del secuestro de los hermanos Born. Algunos de ellos continúan desaparecidos, otros murieron a causa de las torturas aplicadas, mientras que varios integrantes de la familia Graiver pasaron a estar detenidos legalmente y sometidos a un proceso militar, acusados de estar vinculados con la "subversión".

Los diarios Clarín y La Nación coincidieron en presentar una conveniente explicación que los liberaba de culpa y cargo: las detenciones de la familia Graiver se habrían debido a la vinculación de David Graiver con la organización guerrillera Montoneros y no con la venta/cesión de Papel Prensa, que había ocurrido cinco meses antes.

La relación entre Clarín y la Junta Militar puso de relieve la importancia de los intereses económicos en la acción concreta de las empresas periodísticas. Se dio una articulación de intereses empresarios y perfiles ideológicos particulares.

Clarín fue el principal divulgador de las políticas de la dictadura, formador de una opinión pública favorable y legitimante de la gestión y recibió como compensación la sección fraudulenta de Papel Prensa, que le permitió consolidarse como grupo mayoritario y así iniciar el proceso de construcción de su oligopolio mediático.

La propaganda permanente del régimen estuvo ligada, la mayor parte de las veces, a la construcción en sentido público de enemigos de la causa nacional. Esto no debe ser pensado como una acción homogénea y coherente del conjunto de las Fuerzas Armadas, ya que la única acción publicitaria consensuada remitió a su pretendida lucha contra la subversión.

En las demás cuestiones, las diferencias se acrecentaban a medida que avanzaba el plan de Gobierno. La competencia entre el Ejército y la Marina, especialmente, fue una constante del período, pero no la única.

También se registró, dentro del Ejército, la puja entre "duros" y "moderados". La subversión era enemiga no solo porque implicaba un modelo de construcción social y económica muy diverso del chauvinismo de derecha, conservador, católico y liberal exportador que imponía la dictadura, sino que además se remarcaba que la militancia social, la izquierda y la guerrilla respondían a intereses foráneos. Era la "subversión apátrida", que no pertenecía a la "argentinidad" que se arrogaban para sí los genocidas y los beneficiarios de sus crímenes.

En este sentido, el conflicto limítrofe con Chile por las islas del canal de Beagle, que fue impulsado por la Marina en 1978 y llevó a Argentina al borde de la guerra con el país vecino, fue explotado con fines chauvinistas y propagandísticos. Puede considerarse un antecedente en términos de manipulación de la opinión pública de lo que luego sería la Guerra de Malvinas.

Paralelamente a la necesidad de propaganda interna para adoctrinar a una población inmovilizada y amedrentada por el terror, aumentaban el descrédito externo y las críticas internacionales.

En función de estos dos aspectos fue planificado el Mundial de Futbol de 1978. En lo que respecta a política internacional, 1977 fue un momento amargo para los conductores del Proceso Militar, debido a la asunción como presidente de Estados Unidos del demócrata James Carter, quien alentó una política exterior vinculada al respeto y control de los derechos humanos.

Además, grupos de argentinos exiliados, desde el momento mismo del golpe, hacían acusaciones públicas de las acciones de una dictadura sangrienta y se reiteraban las denuncias de organismos internacionales como Amnesty International. Ante las múltiples imputaciones, el Gobierno estadounidense optó, en 1977, por reducir los créditos hacia Argentina y, en 1978, le efectuó un embargo de armas.

En este contexto de presiones internacionales se puso en marcha una poderosa propaganda con el fin de deslegitimar las denuncias realizadas desde el exterior, así como las que comenzaban a surgir internamente.

El Campeonato Mundial de Fútbol realizado en 1978 en el país pretendió ser el trasmisor de una imagen de gobierno equilibrado y de una sociedad comprometida con la causa.

Frente a las acusaciones de violación de los derechos humanos, la propaganda oficial exclamaba: "Los argentinos somos derechos y humanos". El gobierno procuraba ocultar cualquier indicio sospechoso y demostrar que los argentinos vivían libres, en paz y disfrutando de la "fiesta de todos".

Comunicador de San Juan quedó entre los 30 más votados como mejor periodista del año

 El sitio Impacto Periodismo, de Buenos Aires, dirigido por Sebastián Turtora, lanzó hace semanas una votación para que la gente elija quién había sido el mejor periodista del año. El primer lugar quedó para Baby Etchecopar. La sorpresa fue que el periodista de San Juan, Ernesto Simón, quedó en el puesto número 25 entre los elegidos por el público nacional.

Una de las premisas de la votación era que los lectores elijan "¿quién informó mejor?" en lo referido a temas como la crisis política, el coronavirus y la muerte de Diego Maradona.

El propio Ernesto Simón agradeció en su cuenta de Twitter a quienes lo habían votado.

Curiosamente, el periodista sanjuanino quedó posicionado por encima de notables comunicadores, tal el caso de Cristina Pérez, Hugo Alconada Mon, Marcelo Longobardi, Daniel Santoro, Carlos Pagni, Nicolás Sanz, Rolando Graña, Laura Di Marco, Claudio Savoia y Rodrigo Alegre.

Mas info: Consultar votación completa acá.

Yo escribí contra Gioja cuando el periodismo local fue cómplice de todo

Escribí contra Gioja cuando supe que vendería a la Patria. Lo hice cuando era el patrón de San Juan y estaba armado con todo el poder del feudo que gobernó.

Enfrenté y denuncié desde el periodismo y las letras a ese hombre alto, adusto e intolerante, que manejó durante una década el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, más los medios de comunicación, los gremios, las empresas y las hinchadas de fútbol.

Lo hice sin temor, aún a riesgo de ser segregado, atacado o lo que fuera que pudiese hacer en mi contra un cobarde con poder. Sé lo que es enfrentar a Gioja mientras el periodismo vernáculo agachaba su cabeza y sepultaba el oficio hasta nuevo aviso. Hubo excepciones, fueron pocas. Muy pocas.

Convertidos en lisonjeros pagos, los periodistas locales fueron la peor calaña, el mal ejemplo, la ralea putrefacta y la prueba del miedo.

Hoy veo a los periodistas de la aldea golpear a ese pobre veterano acabado y frágil, que desvaría en política y reboza en plata pública confundida en cuentas privadas. Veo con lástima a ese pueblo ovejuno y sumiso atreverse a opinar luego de haberlo votado una y otra y otra vez, haciéndolo poderoso y abusivo, y a veces cruel.

Escribí contra Gioja sin saber cuál sería mi destino. Lo hice sin contar con la previsibilidad de un puesto en la administración pública y sin la tranquilidad de la pauta oficial. Escribí y dije al mandamás que era un vendepatria cuando el hombre atravesaba su mejor momento. Fui censurado en los medios, arrojado al ostracismo e ignorado por los colegas que se volvieron partisanos de la canallada y cómplices del robo al Estado. Parásitos bien pagos que arrojaron su honra a los perros inescrupulosos de vaya a saber qué ministerio.

Él era el hombre más poderoso de la comarca y yo uno de los más insignificantes. Pero alguien, acaso otro loco como yo, me enseño que con la pluma se puede ir al frente de batalla. Incluso a veces hasta se tiene chances de ganar. Gracias, Sarmiento, fuiste el loco más audaz e irremediable de este país emancipado que alguna vez quiso ser una república.

Escribí contra Gioja y lo volvería a hacer. Soy ese hombre rudimentario e iluso que enfrentó desde el periodismo escrito al hombre más poderoso del pueblo, aunque otros me creyeran loco y suicida. Lo hice mientras los colegas me miraban confundidos y sucios, esbozando con impudicia una sonrisa desagradable y grotesca, que dejaba al desnudo la cobardía mediocre que los impregnó para siempre.

Una legión de inmorales e hipócritas me vio caer y levantarme, y volver a caer. Pero fui testarudo y avancé sin reparo, sin dejarme llevar por el fervor apabullante de un hombre poderoso y ladrón a quien siempre creí cobarde y mentiroso. Un vendepatria siempre es, en el fondo de sus entrañas, un mentiroso avaro. A ése sujeto combatí sin temor.

Fui librepensador y entusiasta, aún en los peores momentos, y esa actitud me modificó para siempre. Fui, en adelante, más insensible y duro, menos humano. Agradezco la lección que la vida me ha dado. Aprendí mucho durante esa década de cacos en el Gobierno que dejó al país esquilmado y a la provincia saqueada. Supe de mis límites y cavilaciones y fui aquel inconsciente temerario que trocó miedo por escritura.

Escribí, escribo y escribiré para no tener miedo.

Fui, poco a poco, convirtiéndome en anarquista involuntario, librepensador desenfrenado, crítico infatigable y adversario inesperado. Quisieron desaparecer mis ideas y mi desgarbada letra escrita a fuerza de ilusiones, aún hoy algunos mediocres intentan fatigar mis esfuerzos. Pero no pueden. Fueron y son impotentes e ineficaces.

Esta nota ya no es una nota, es acaso una confesión tardía o una memoria anticipada. Quién sabe.

Quienes quisieron silenciarme terminaron por darme la lección más grande de mi vida: me mostraron cómo son ellos. Así supe que nunca quisiera ser como ellos. Me enseñaron a saber quién no quiero ser. Entonces por fin fui el que escribe inquebrantable hasta convertirse en lo mismo que está escribiendo.

Creyeron en el silencio los que permanecieron mudos. Alguien les hizo pensar que callando se está bien. La quietud de la palabra no lastima, dijeron mientras curaban en secreto sus abominables llagas invisibles.

Jorge Lanata: "El costo político por detener periodistas es muy alto"

El periodista cruzó al presidente de la Nación tras las declaraciones de Marcelo Longobardi donde alertó sobre las posibles detenciones.

A raíz de las recientes declaraciones de Marcelo Longobardi, en donde alertó por posibles detenciones a periodistas, en el marco de la causa por presunto espionaje ilegal, el conductor Jorge Lanata habló de un plan de persecución contra la prensa por parte del Gobierno, y se mostró sorprendido por el "silencio" del Presidente. "Alberto es todo menos ingenuo, el costo político por detener periodistas es muy alto", aclaró.

"¿Cómo nos van a cuestionar nuestras fuentes?", se preguntó Lanata anoche, en diálogo con TN, en donde analizó el riesgo que conllevaría el hecho de posibles detenciones de periodistas, en el marco de la causa a cargo del juez federal de Lomas de Zamora Federico Villena. "Cuando hay un gobierno autoritario lo primero que se hace es prohibir a la prensa", indicó el conductor.

"Detener periodistas por recibir información es ilegal", señaló Lanata y desatacó, además, que esto conlleva un gran costo político. Y en esa misma dirección, advirtió: "De nuestro lado se va a dar la pelea, aunque sea despareja".

"Nosotros hablamos con el Gobierno, la oposición, la policía, los militares, los médicos, con todos. Ese es nuestro trabajo", sostuvo el conductor. "Ninguna información que te dan es inocente y todo el que te cuenta algo tiene algún motivo. Como periodista, hay que chequear si es cierto. Lo importante es que quien te cuenta no te opere", aclaró al respecto.

Y continuó: "Ahora empezaron con un argumento completamente tonto: 'si un servicio de inteligencia le cuenta algo a un periodista se está violando un secreto de estado. Mentira, quien lo está violando es el servicio de inteligencia, pero el periodista no es ni empleado del Estado, ni de la Side".

El periodista apuntó también contra el proceso judicial que lleva adelante el juez federal Villena al que definió como "una causa a la carta" similar a "la de Dolores". Y en ese mismo sentido denunció: "Esto es parte del enojo personal de Cristina y de lo que llamamos el 'tribunal de la venganza'".

"No nos pueden cuestionar las fuentes. Pero también hay que decir que muchos de estos hechos ocurrieron dentro del gobierno de Cristina Kirchner. El mensaje es claro: aprendan a manejar la Side", concluyó.

Alfredo Leuco: El odio de Cristina al periodismo

Cristina odia al periodismo. Es un odio ciego, sin límites, absolutamente irracional. Cristina es la principal enemiga de los medios de comunicación independientes. Si pudiera, los borraría de la faz de la tierra.

Desde el origen de la dinastía Kirchner, en Río Gallegos, tanto Néstor como Cristina montaron un plan sistemático para comprar a los periodistas corruptos y para castigar a los cronistas independientes que no se vendieron ni se callaron. Hay cientos de ejemplos.

La imagen del látigo o la billetera fue muy utilizada porque ilustra muy bien la calaña de estos totalitarios que están en el poder por cuarta vez. En democracia, nadie hostigó ni atacó tanto a los trabajadores de prensa. Le doy un ejemplo muy claro de estos días, que me involucra. En ese video de ficción que publicó en las redes y con el que Cristina se auto engaña, solamente aparecen las caras de los periodistas.

En esa farsa que editó Tristán, el ministro de la propaganda y la venganza, Cristina, en tono melodramático miente con descaro y acusa a políticos, narcos, fuerzas de seguridad, jueces y medios de haber integrado una asociación ilícita para perseguirla.

La primera cara que aparece es de este humilde servidor en dos ocasiones y la “denunciadora serial” Mariana Zuvic, que tiene el dudoso orgullo de ser la única dirigente política escrachada. El resto son, somos, periodistas.

Inmediatamente se apunta a dos de los periodistas de investigación que con mayor coraje investigaron los delitos que llevaron a jueces y fiscales a determinar que Cristina fue la jefa de una asociación ilícita destinada a saquear al estado. Hablo de Nicolás Wiñazky y Daniel Santoro. Ambos fueron perseguidos y amenazados.

Nico tuvo custodia policial durante meses y un día su auto, en la puerta de su casa apareció con alambres de púas alrededor. Con Santoro, montaron una operación judicial llena de mentiras y lograron procesarlo con falsos testigos K y con un juez ultra K.

Nicolás y Daniel están en el programa La Cornisa, de Luis Majul, que hizo una denuncia penal porque le mandaron a su teléfono celular imágenes para intimidarlo. Se muestra también el libro La dueña, una radiografía que Nico escribió con su padre Miguel, que prueba que los Kirchner lideraron el robo del siglo.

No hubo en democracia una era en la que se hayan producido tantos delitos y por sumas colosales que enriquecieron ilícitamente al matrimonio Kirchner y todo su entorno del Cartel de los Pingüinos. No podía faltar Jorge Lanata en la lista de enemigos señalados por Cristina. Está en el programa de Maximiliano Montenegro en canal 26.

Jorge fue el primer periodista que en la televisión abierta, en canal 13, quebró el pánico que el kirchnerismo había instalado en gran parte de la sociedad. Nunca nadie mostró tantas pruebas, arrepentidos y testimonios sobre los ladrones de estado como el matrimonio presidencial, Amado Boudou, Julio de Vido, Lázaro Báez, Milagro Sala, José López y siguen las firmas de los integrantes de la banda.

Quedaron en la historia de la televisión las imágenes de La Rosadita contando dólares con maquinitas, el revoleo de bolsos al monasterio, el lavado de los hoteles vacíos, las camionetas sacando fortunas del banco de Jujuy, entre tantas rutas de todos los dineros K.

Finalmente Tristán y Cristina, muestran rotativas imprimiendo diarios. Cristina los nombra como “medios hegemónicos” pero se supone que la amenaza es para Clarín y La Nación.

Hace tiempo lo adelanté. Textualmente le dije: "Ojo que Mariotto, también habló de la ley de medios. No vaya a ser que en un par de semanas, Alberto sea hablado por boca de Cristina y diga que la información es un bien social y que van a expropiar algún medio de comunicación para garantizar “la soberanía informativa".

¿O la comunicación no es estratégica para el proyecto de Cristina? ¿O no acusa a los medios de ser parte de su persecución y del Lawfare? En sus mejores sueños, que son nuestras peores pesadillas, Cristina ve a Tristán como el gran editor de todas las noticias de la Argentina.

Una especie de Gran Hermano que utilice las cámaras solamente para elogiar y darle impunidad a Cristina y para fustigar y castigar a los argentinos que se atrevan a denunciarla o cuestionarla. Ya lo hizo con su burda película panfleto y ahora sigue en formato videos por episodios, como una serie de Neflix del nacional populismo o del chavismo K, ladri feudal.

Tristán es un ministro que debería fomentar la cultura de todos. Pero es solamente un fanático que no duda en involucrar muñecos, dibujitos animados para adoctrinar chicos con su ideologismo setentista y jurásico.

Mientras Alberto está tratando de evitar que los muertos se cuenten de a cientos, y la gente está preocupada por la cuarentena, Cristina le rodeó el rancho y le expropió el Sillón de Rivadavia. Este zarpazo metafórico de la banda y el bastón presidencial por parte de Cristina, es mucho más grave que el robo por encargo que se produjo en Vicentin. Lo de la agroexportadora es solo un síntoma.

La enfermedad es otra: la tiranía que avanza en silencio pero a mil por hora. Pronto se viene una Corte Suprema ampliada y con mayorías automáticas, un Congreso con diputados y senadores comprados y un avance brutal sobre la libertad de expresión. La tan añorada suma de poder público. Ese es el objetivo proclamado de ir por todo. O de la Cristina eterna.

Algunos advierten estos peligros anti democráticos y por eso hubo varias reacciones muy valiosas que encendieron las luces rojas de las alarmas del sistema republicano. Alfredo Cornejo y el resto de la conducción de juntos por el cambio emitieron un documento que denuncia esto que le digo.

Dicen que los K "solo buscan venganza e impunidad" y que tienen un plan "para eludir la justicia pese a que hay “pruebas abrumadoras del saqueo y la asociación ilícita".

Varios intelectuales y referentes sociales también suscribieron ese texto que intenta poner en guardia a la sociedad frente a "la venganza, con calumnias e injurias, que impulsan contra quienes los llevaron al banquillo de los acusados y al mismo tiempo quieren sembrar temor y desalentar futuras denuncias".

Joaquín Morales Solá, flamante presidente de la Academia Nacional de Periodismo, en su columna de La Nación recordó que esto está en el ADN de Cristina. En el 2103, hace 7 años, seis periodistas hicimos una denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Magdalena Ruiz Guiñazú, Nelson Castro, Pepe Eliaschev, Mariano Obarrio, Joaquin y yo, expusimos en un escrito detallado y minucioso, "las intimidaciones públicas, espionajes telefónicos y por mail y una red de propaganda oficial para difamar periodistas, con escraches y prepotencia callejera fomentados desde el estado".

El organismo de la OEA, conminó a la actual vice a "respetar la libertad y la integridad de los periodistas". Muchos recordarán que eran tiempos de patotas, de juicios populares en las plazas públicas, de afiches con el rostro de periodistas que incitaban a escupir, incluso a chicos, a fusilamientos mediáticos desde los medios públicos y otras salvajadas por el estilo.

Morales Solá tuvo el coraje de definir a Cristina como "un elemento tóxico para la democracia" y recordó que fue el mismísimo Alberto Fernández, el actual presidente "testigo", el que denunció a Cristina por espionaje, porque le habían "pinchado los teléfonos".

Le descubrieron una reunión reservada que había pactado con Julio Cobos, el vicepresidente de entonces. Y también recuerda que un juez federal encontró en la casa de Cristina carpetas con parte de inteligencia sobre varias personas disidentes de sus políticas.

La misma preocupación expresó Jorge Fernández Díaz y responsabilizó personalmente a Cristina "por cualquier incidente violento que los aludidos sufran en la calle". Cristina será querellante y asegura que le inventaron 4 causas por asociación ilícita con ella como jefa. Pero no coinciden las fechas.

Todos esos expedientes se iniciaron durante su propio gobierno. Por lo tanto es imposible que hayan intervenido Macri, y sus funcionarios o sus servicios de inteligencia. La falsa perseguida ahora anuncia que va a perseguir. Su grupo de tareas en las redes me acusan de hablar demasiado de Cristina. Y eso no lo niego.

Ya les dije que insisto con ella y voy a seguir insistiendo, porque creo que es la persona que más daño le hizo a la democracia y a la convivencia de los argentinos y la que más daño le puede seguir haciendo. Morales Sola, durante una entrevista con Clarín, aseguró que Cristina entiende que la única solución a sus problemas es "exterminar al periodismo".

Esto es lo que pienso de Cristina hace mucho tiempo. Incluso lo expresé con un libro donde planteo que "un juicio y castigo" es el camino democrático para combatir la mega corrupción de estado, el cristinato como régimen anti republicano, la fractura social expuesta de la sociedad y la profanación de los derechos humanos.

Ese es mi análisis político. Y para que no se gaste, le cuento que no conozco a ningún agente de inteligencia ni jamás me reuní con un espía. No frecuento ese mundo sucio al que nunca le creo nada. Mis críticas son producto del análisis político y no creo que en la Argentina se haya instaurado el delito de opinión. Por lo menos por ahora.

Mientras tanto seguiré diciendo lo que siento y lo que pienso sin ningún tipo de auto censura. No me dejo intimidar. No me arrodillo ante nadie y no me interesó jamás hacer arrodillar a nadie.

Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.

La caída de los grandes diarios y el ocaso del periodismo

Este pequeño anuncio en tapa de diario Clarín, publicado en abril de 2018, muestra una sola cosa: la caída estrepitosa de los grandes periódicos.

Sucede también con los canales de televisión y con las radios en formato analógico.

Estas empresas monstruosas ya no pueden sostener sus formidables estructuras. No saben cómo recortar gastos en un mundo cada vez más escaso y menos rentable. Tampoco saben cómo arreglárselas para pagar sueldos al personal cada mes.

Redacciones enormes, locales ostentosos y utilización de insumos irrecuperables. Están convirtiéndose en chatarra, en desecho de una civilización que terminará por darles la espalda para arrojarlos a la basura.

Fíjense sino: Clarín, el diario más poderoso de Argentina durante décadas, celebra que en 1 año logró 100.000 suscripciones. Es decir, gente que paga un importe mensual para acceder a toda la información del revulsivo periódico.

Miren bien los números. En un país de 44.000.000 de habitantes, durante todo un año, apenas lograron 100.000 suscriptores. Es sólo el 0,25% de los ciudadanos interesados en leer lo que escribe Clarín.

¿Se dan cuenta? Esto también es parte del Neodecadentismo Irreversible. La gente ya no le cree al periodismo, el cual pasó a ser un oficio más.

Nueva definición de Periodismo. Anoten, y recuerden que la autoría de esta definición se le deberá acreditar a este humilde servidor que hoy escribe esta rudimentaria nota.

Mi definición de Periodismo: Oficio interesado más en buscar la rentabilidad que en encontrar la verdad de los hechos.

Una pena.