Tras 20 años de peronismo en San Juan, pasamos de un gobernador que usaba el avión de la provincia como taxi interurbano a otro que usa el avión de línea y hace fila como cualquier otro ciudadano.
Dos modelos, dos miradas diferentes para concebir la política. Uñac y Orrego, o viceversa, para que nadie se enoje por el orden de los factores.
El Gobernador Orrego viajó a la Ciudad de Buenos Aires en un avión de línea, hizo la fila para el check in como cualquier otro ciudadano vulgar y silvestre y esperó su turno para subir a la nave.
Atrás quedó el modelo de Gioja y Uñac, socios políticos que usaron el avión de la provincia de San Juan como un taxi a medida, para ir y venir con total disponibilidad, como si los bienes del Estado fuesen del patrón feudal y no de todos los habitantes que sostienen los gastos con sus impuestos.
Atrás quedó aquel episodio de un funcionario de Uñac intentando pasar una maleta con dólares para subirla en el avión sanitario de la provincia y traerla desde Buenos Aires.
No es solo una cuestión de forma, es una señal clara de qué consideración se tiene por la gente y hasta donde llega la decencia de un gobernante.
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