Murió el escritor y sociólogo Juan José Sebreli, el intelectual más lúcido de Argentina

El sociólogo, historiador y escritor argentino murió a los 93 años. Se definía como un marginal o un outsider. Fue un polemista notable y un intelectual crítico que siempre molestó, tanto en la academia como en la sociedad y la política. Autor de más de 20 de libros, entre los cuales se destacan sus ensayos políticos y filosóficos, su pluma es inconfundible. Quien no ha leído a Sebreli, no entenderá nunca ni a la civilización ni al país.

Conocí a Sebreli cierta vez que fui a verlo a una charla que brindó en Biblioteca Franklin. Tuve la suerte de entrevistarlo. Hablamos, escuché más de lo que hablé. Apenas pregunté sobre un par de dudas acerca de su obra, la cual leí con la fruición de un huérfano errabundo.

Entre sus obras se destacan: Los deseos imaginarios del peronismo, editado en 1983, donde criticó el relativismo cultural y las contradicciones del partido justicialista.

En Martínez Estrada: una rebelión inútil, editado en 1960, un joven Sebreli ensaya un análisis de la obra de Ezequiel Martínez Estrada, pero aporta tanta claridad que se convierte en su sucesor y lo supera.

En El asedio a la modernidad, editado en 1991, repasa los inicios de la civilización hasta nuestros días y cuenta la evolución del pensamiento filosófico de casi todas las culturas del mundo.

En Las aventuras de la vanguardia: el arte moderno contra la modernidad, editado en el año 2000, desmitifica a los tótems sagrados de la cultura.

En El olvido de la razón, editado en 2006, acaso uno de sus mejores libros, critica la filosofía romántica y el posmodernismo. Además, puso su mirada inclaudicable sobre la religión y las ortodoxias de las diferentes corrientes filosóficas.

En El tiempo de una vida, editado en 2005, el maestro cuenta su vida, desde su infancia hasta la actualidad, y cómo su derrotero fue atravesado por los distintos momentos del mundo y los procesos sociales que vivió Argentina.

En Dios en el laberinto, de 2016, Sebreli arremete contras la fe ciega, los fanatismos y las utopías milenaristas.

Aprendí con Sebreli. Crecí con sus libros. Lo admiré. Abrí los ojos al mundo en cada una de sus obras y una mañana, como la de hoy, desperté y me di cuenta de que había muerto.

Pero el maestro Sebreli se queda con nosotros para siempre. Sus pensamientos son una luz señera que nos marca el camino. Un faro en la oscuridad, eso fue este liberal socialista, tal como él se definía.

En su autobiografía: El tiempo de una vida, cuenta todo lo que pasó, la Argentina que vivió y como se construyó a sí mismo, para ser ese pensador preclaro y ese hombre autodidacta que, sin hesitación, quedará para siempre en el imaginario colectivo de un país que aún se debate entre la civilización y la barbarie.

Gracias, Sebreli, los pocos que quedamos seguiremos sosteniendo el faro encendido de su lucidez, para aportar claridad allí donde la oscuridad y la trampa intentan imperar con la iracundia virulenta de los días que corren.

Hasta siempre, maestro.

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