Recientemente se conoció la noticia de la salida de Guillermo Nielsen de YPF, la empresa petrolera estatal. En su reemplazo llegó un kirchnerista furioso: el exvicegobernador de Santa Cruz, Pablo González.
Esta es, sin dudas, una señal que deja en evidencia cómo avanza el kirchnerismo de Cristina sobre un devaluado Alberto Fernández.
Esta última jugada ha sido comprendida perfectamente por los mercados del mundo. Además confirma un anticipo que había dado El País Diario hace tiempo: Cristina Kirchner prepara el terreno para que su hijo Máximo sea el próximo presidente de los argentinos y argentinas.
También se contó en este diario sobre el avance del parásito Máximo Kirchner sobre el PJ bonaerense. Busca desbancar a los jefes comunales del conurbano, sobre todo a Fernando Gray, Intendente de Esteban Echeverría y Presidente del PJ de Buenos Aires, quien por ahora es el único que se resiste a la coronación del hijo haragán de Néstor y Cristina.
Máximo sabe que necesita conducir el peronismo bonaerense, porque allí es donde se adquiere el poder, en la provincia argentina que concentra más del 40% de los votos del país.
Además, el plan de Cristina para garantizar impunidad para sí misma y para la Banda de Cacos que la acompañó durante su gobierno, incluido su hijo, incluye otras jugadas silenciosas que se volvieron elocuentes.
Una de esas claras señales es la asunción de Jorge Ferraresi como Ministro de Hábitat en reemplazo de María Eugenia Bielsa, quien se volvió popular por el famoso videito donde reconocía que durante el Gobierno de Cristina se robó.
El kirchnerismo no se ha quedado quieto desde que asumió Alberto Fernández como jefe de Estado. Buscan modificar el plan económico que tiene en carpeta el Ministro de Economía Martín Guzmán. Los esbirros de Cristina no están de acuerdo con los congelamientos de ingresos, los subsidios y las restricciones que evalúa el joven ministro.
La empresa estatal Aysa, AFIP, Puertos y hasta la propia Cancillería son hoy un campo de batalla donde el kirchnerismo busca ganar territorio y vencer al enemigo que, paradójicamente es su aliado político: el Tío Beto.
Ya es tema habitual de conversación en todas las sedes del Instituto Patria, manejados por Cristina y su hijo, donde se habla de avanzar sobre la empresa estatal de aguas, Aysa, hoy manejada por Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa.
Sucede que el vicepresidente de Aysa, Martín Reibel, responde abiertamente a la Vicepresidenta Kirchner.
Por otra parte, en el Ministerio de Transporte de la Nación está otro hombre de Mantequita Massa, Mario Meoni, quien sabe claramente que los buitres sobrevuelan sobre su cabeza.
Ese ministerio es reclamado por otro hombre de Cristina: el exsubsecretario de Puertos, Horacio Tettamanti, quien públicamente no hace mucho se mostró crítico con la política "entreguista" del Presidente Fernández, sobre todo en lo referido a la gestión portuaria. Hizo referencia directa al acuerdo con el canal de Montevideo.
Otro que vio tambalear su sillón fue el actual Canciller argentino, Felipe Solá, quien además de ser un mentiroso profesional siente el serrucho cada vez más cerca. Ése lugar sería ocupado por un kirchnerista, aunque no ha trascendido el nombre.
Habrá que ver cómo sigue este enrevesado tablero de ajedrez donde la política criolla galopa a caballo y busca darle jaque mate al rey para que gobierne la reina.
Así nos va.
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