El Tío Beto ha logrado hacer que la función sea continua e ininterrumpida: los argentinos asistimos a una seguidilla de fracasos que marcan el hilo narrativo de una sátira política caracterizada por lo más bajo del kirchnerismo.
El cuarto Gobierno kirchnerista, encabezado por Fernández, Massa y la condenada Cristina, ha mostrado en 2022 que el show debe continuar, y no ha dejado de ofrecer al ciudadano un espectáculo penoso y denigrante, casi ridículo, que muestra a las claras una cadena de actos fallidos ensamblados con buena voluntad y pagados con la sangre y sudor de todos los argentinos.
La economía fue protagonista de una farsa que parece no tener fin
La economía criolla no pasó un buen año. Los datos que dejó el 2022 son inequívocos y fatales.
El dólar fue sin dudas el protagonista maldito de una serie que parece renovar tomparada cada año. La moneda verde terminó el año marcando un nuevo récord en lo referido al blue.
La última semana de 2022 el dólar blue tocó los 360 pesos. Por suerte, sobre los días finales cedió y terminó cerrando el año en 346 pesos.
Según las consultoras, el dólar blue subió en el año un 66%, mientras que la inflación anual llegó a un 95%.
Si bien la moneda americana perdió frente a la inflación, hay que tener cuidado, porque el mensaje es elocuente: el dólar va a seguir ganando posición durante el 2023 y los plazos fijos pueden transformarse en una trampa para los ahorristas. Cuidado, el peligro en Argentina está a la vuelta de cada esquina.
Inflación y emisión de deuda pública
Hay que recordar que el inútil Mauricio Macri dejó una inflación anualizada de más del 50%. Parece que Fernández no quiso quedarse atrás y la duplicó, subiéndose así al podio de los ineptos.
Ahora el problema es más serio: el Banco Central de la República Argentina ha empeorado su balance drásticamente.
Los pasivos remunerados, es decir: los bonos de deuda emitidos por el Banco Central que luego absorben los bancos privados y el Nación, pasaron, en un año, de 4,8 billones de pesos a más de 10 billones de pesos.
Es más, las tasas de interés que se pagan actualmente hacen suponer que el número de 10 billones probablemente se duplique durante el 2023, lo cual implicaría una brutal emisión monetaria para los meses venideros. Qué Dios nos ayude, porque Massa no va a poder con todo.
Empleo y desempleo
El empleo se ha mantenido estable. El nivel salarial ha empeorado, sobre todo en quienes trabajan en negro, que son casi el 50% de los argentinos y argentinas.
Según datos del Indec, la desocupación en Argentina, en el segundo trimestre del 2022, fue del 6,9%. Esto constituye la cifra más baja registrada desde 2016.
Un dato no menor: el desempleo sigue en una cifra porque cuando asumió Fernández la presidencia de la Nación, en 2019, sólo habían 500.000 planes Potenciar Trabajo. El 2022 termina con 1.500.000 Potenciar Trabajo, los cuales no entran en la medición como desempleados. Es decir que si no triplicaban la cantidad de planes, el desempleo estaría quizá en dos cifras.
Por ahora, la falta de inversión y la inseguridad institucional han desalentado a nuevas inversiones en el país. Por lo tanto, no hubo y no habrá creación de empleos de calidad, algo que viene sucediendo en Argentina desde hace una década y media.
Fallo inédito
En el escenario judicial, la sentencia contra la ladrona Cristina Kirchner y la investigación llevada adelante por el Fiscal Diego Luciani marcan una situación inédita en el país: se condenó a una vicepresidenta en ejercicio de la función pública.
La coparticipación como botín de guerra
El conflicto de la coparticipación se convirtió en una nueva bofetada para el Presidente Fernández, quien mostró que su Gobierno está signado por un fracaso anticipado y el debilitamiento natural que otorga la derrota prematura. El destino de los ineptos es ineludible y siempre el destino final es el fracaso estrepitoso. El Tío Beto es la muestra fidedigna de tal premisa.
En tiempos de pandemia rigurosa, Fernández torció el brazo de Rodríguez Larreta, el cyberborg que gobierna Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El episodio fue sencillo: el Presidente Fernández le quitó casi 2 puntos de coparticipación a Ciudad de Buenos Aires y se los pasó a Axel Kicillof, quien tenía sublevada a la Policía de provincia de Buenos Aires y no tenía como compensar los reclamos de una fuerza enfurecida y peligrosa, casi mafiosa.
Dos años más tarde, la Corte Suprema de Justicia falló en favor de la Ciudad, lo cual dejó a Larreta bien parado frente a un Fernández que nuevamente era abofeteado al mejor estilo de los culebrones protagonizados por Arnaldo André, el paraguayo que daba cachetadas a las actrices argentinas en novelas ochentosas que ya destiñen, no por viejas, sino por retrógradas.
Fernández se negó a acatar el fallo de la Corte Suprema pero luego tuvo que ceder frente a la inminencia de un juicio político que lo dejaba a las puertas de abandonar la Casa Rosada, inmueble que, por cierto, siempre ocupó de prestado y cuya verdadera inquilina es la condenada Cristina Kirchner.
El episodio generó un conflicto institucional grave y deja al descubierto la precaria preparación que tienen los dirigentes argentinos que llegan al Gobierno.
Fernández no está preparado para ser presidente, así como tampoco lo estuvo Macri, Néstor o Cristina. Es muy triste ver como llegan los mediocres enfermizos con pretensiones de estadistas, gente vulgar y avara que solo buscan poder y plata, sobre todo lo segundo: cash.
Desde este espacio ya habíamos anticipado el fracaso prematuro de Fernández
El 30 de diciembre de 2020, anticipábamos en este mismo diario el fracaso prematuro del inútil Alberto Fernández. (Ver nota aparte).
"El Tío Beto, un constitucionalista que está cada vez más lejos del pueblo y más cerca del kirchnerismo de Cristina, se desvanece en la pálida sombra de un fracaso prematuro y un destino de olvido", escribimos en aquel pálido artículo de opinión.
También explicábamos que apenas había pasado "un año desde que asumió como presidente" y que ya habían sucedido "hechos que marcan la agenda de un político sin poder. Recordarlo es innecesario, y hasta parece un ejercicio que anticipa el fracaso de un Gobierno que se desinfló antes de empezar a cruzar el río".
Evidentemente tan lejos del pronóstico incómodo no estábamos. Parece que el vaticinio se cumple con la pulcritud menesterosa y la dedicación devota de alguien que pudo asomarse y ver un poco más allá de la coyuntura chata.
Habrá entonces que tener paciencia con Alberto Fernández y dejarlo fracasar tranquilo, tal como se lo dejó fracasar también a Mauricio Macri.
Así nos va.
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